Revista Peruana de Reumatología: Volumen 2 Nº 2, Año 1996 LIMA-PERÚ

 

Editorial

Osteoporosis

 

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Felipe Becerra Rojas
Reumatólogo 
Hospital Rebagliati IPSS

Cesár Pastor Asurza
Reumatólogo
Hospital G. Almenara IPSS

Los últimos años han sido testigos de un desarrollo sustantivo en el diagnóstico, prevención y tratamiento de la osteoporosis. Las fracturas son la consecuencia clínica primordial de esta enfermedad ósea metabólica y si bien tenemos desde hace mucho años estadísticas válidas de prevalencia en población norteamericana y de Europa Occidental sólo recientemente se han establecido perspectivas epidemiológicas en América Latina. Así en nuestro continente se estima para el año 2025 un dramático incremento en la incidencia de fracturas de caderas secundarias a osteoporosis en mujeres (250,000/año), las mismas que se duplicarían hacia el 2,050 ligadas a variaciones en la expectativa y estilo de vida (1).

La osteoporosis debe entenderse como un problema de escasez de masa ósea determinante de una no inexorable, pero sí probable eventualidad de fracturarse. A partir de los 30 a 35 años en que finaliza el crecimiento radial de los huesos (2), lo que sobreviene es una gradual y paulatina pérdida de masa ósea. El primer nivel de intervención habrá de ser pues el preventivo. El pico de masa ósea si bien influido por factores genéticos demanda aporte dietético de calcio el mismo que se estima en 1 g/diario, entre los 1 a 8 años y 1,6 g/diarios entre los 9 a 17 años (3). Los efectos de la desnutrición sobre la consecución del pico de masa ósea no han sido aún adecuadamente estudiados. El papel del ejercicio en personas de mayor edad no ha sido tampoco claramente definido pero, tendría un influjo benéfico sobre el riesgo de sufrir fracturas de cadera (4). El hábito de fumar debe ser desaconsejado por su efecto estimulante de la 2-hidroxilación del estradiol (5); igualmente es desaconsejado el abuso en el consumo de alcohol que independientemente de su correlato de malnutrición tendría un efecto deletéreo directo sobre el metabolismo óseo (6). Un aspecto adicional ligado a la prevención es la comprensión y divulgación que la osteoporosis está asociada a los mecanismos patogénicos de diversas entidades clínicas relativamente frecuentes y al empleo de fármacos de uso común.

Un segundo nivel es sin duda el desarrollo de estrategias diagnósticas. La definición de la osteoporosis en base a la medición de la densidad mineral ósea se justifica y es útil.

Comercializada desde 1987, la absorciometría de rayos x de energía dual es la técnica líder en este terreno, siendo sus ventajas la baja irradiación a la que es sometido el paciente, su alta precisión y versatilidad (7). Las indicaciones clínicas para practicar una densitometría ósea señaladas por la National Osteoporosis Foundation recordemos son las siguientes: Deficiencia de estrógenos secundaria a menopausia, ooforectomía o amenorrea prolongada cualquiera fuera su causa; anomalías morfológicas vertebrales u osteopenia radiológica; terapia prolongada con, corticoides y finalmente hipoparatiroidismo primario (8). Pero hay otras indicaciones potenciales como el diagnóstico precoz en poblaciones en riesgo llámense síndrome de malabsorción, alcoholismo, inmovilización prolongada o enfermedades difusas del tejido conectivo y por supuesto el monitoreo de la respuesta al tratamiento. Este tercer nivel ?el terapéutico?, se sustenta en el empleo de fármacos antiresortivos: Estrógenos, bisfosfonatos y calcitonina. Los agentes capaces de estimular la Osteogénesis como los factores de crecimiento y la paratohormona (9) apenas han sido evaluados a nivel clínico. En el sentido estricto el tratamiento sólo puede evaluarse en función de su capacidad de afectar ?para beneficio?, el riesgo relativo de fracturas por osteoporosis.Este riesgo relativo sólo puede entenderse dinámicamente definiendo para cada grupo racial y etáreo lo que ya Ross planteara en 1987 para e caso de osteoporosis de columna: un umbral de fractura basado en curvas que permitan predecir a que valor particular de densidad mineral ósea se multiplica el riesgo de sufrir una fractura (10). La finalidad de nuestra intervención terapéutica es elevar dicho umbral. Hablamos pues no de tratamiento, sino de prevención secundaria. (11)

En nuestro medio es indudable el creciente interés por el tema de la osteoporosis y sus consecuencias y ha dejado de ser un problema propio de otra latitudes y otras razas. Una idea preliminar de la prevalencia de este diagnóstico la brindan las estadísticas de los dos hospitales nacionales del IPSS en Lima. En el hospital Edgardo Rebagliatti el diagnóstico de osteoporosis en la consulta externa del servicio de Reumatología, aumentó de 3,8% en 1993 al 8,7% en 1994 y 10,2% 1995 (12). El Programa Preventivo Promocional de Osteoporosis del Hospital Guillermo Almenara Irigoyen, iniciado a partir del 21 de julio de 1995, obtuvo sobre un total de 1022 estudios densitométricos en pacientes con factores de riesgo individual izados, un 67% de diagnósticos de osteoporosis (13).

En este número E. Acevedo, F. Villanueva y colaboradores reportan su experiencia con el uso de calcitonina y suplemento de calcio en 21 pacientes con osteoporosis involutiva senil. Este tipo de osteoporosis también designado como tipo II ?por oposición a la tipo I o postmenopáusica?, se describe en personas mayores de 70 años siendo la pérdida ósea tanto de hueso cortical como trabecular y teniendo como rasgo cardinal el riesgo de fractura de fémur proximal (14). A pesar de ser un estudio abierto no controlado, y con un número pequeño de pacientes los hallazgos de una disminución en la incidencia de nuevas fracturas y del dolor después del tratamiento con calcitonina deben ser considerados y guardan concordancia con lo referido en la literatura mundial (15) (16) (17).

 

BIBLIOGRAFÍA