Neurolingüística: aspectos conceptuales Dr. ARTIDORO CÁCERES VELÁSQUEZ.
DEFINICIÓN Neurolinguística es el nombre de una interdisciplinar que reune fundamentalmente intereses, objetivos, métodos neurológicos y, más específicamente, neuropsicológicos, con intereses, objetivos y métodos lingüísticos. En otras palabras, la Medicina y la Lingüística caminan convergentemente, encontrando en su camino a la Psicología, y centran sus esfuerzos para desentrañar los misterios de ese proceso mental que transformó al Horno faber en Horno sapiens, haciéndolo Horno loquens.
La Neurolingüística es una rama de las ciencias del hombre que se sitúa en las fronteras de las ciencias naturales, de las ciencias exactas y las ciencias sociales. El núcleo de su interés es el estudio del lenguaje tanto durante los procesos de integración, normales, como de desintegración patológica, y establecer una relación con los mecanismos nerviosos encefálicos y más particularmente cerebrales. Como se comprenderá claramente, en este campo de estudios, investigación y enseñanza, no tienen nada que ver los charlatanes, sectarios, fanático se iluminados, que han intentado apropiarse del término Neurolingüística, a veces con éxito, dando los ambientes de descerebración cultura¡ y de crepúsculo de la razón que van socavando y contaminando a las sociedades de diferentes países del mundo. Neurolingüística es, pues, una interdisciplina extraordinariamente importante para ser enmalecida por exóticos y esotéricos buscadores de fortuna desde la ignorancia, el fanatismo, la paranoia y el caimanismo.
La Neurolingüística tiene antecedentes lejanos que datan desde hace mas de un siglo. En sus raíces podríamos considerar el esfuerzo de Francis Gall por localizar el lenguaje primero en el cerebro y, después, por obra de su discípulo Spurzheim, en el cráneo, a nivel de los párpados inferiores. Esto ocurría a comienzos del siglo XIX. La descripción clínica de los trastornos del lenguaje y su relación probable con el cerebro aparecen a mediados de 1600. Un enfermo, paralizado en la mitad derecha M cuerpo, dice Schmidt, su médico en 1673, es incapaz de expresar su pensamiento a través de las palabras, sustituye una palabra por otra, es incapaz de leer y escribir, pero -hecho curioso- puede escribir bajo dictado y silabear, aunque es imposible para él leer lo que ha escrito. Numerosas otras descripciones clínicas fueron presentadas ese siglo y el siguiente refiriendo trastornos en el lenguaje e intentando, tímidamente, relacionar síntomas con lesión. Jean Baptiste Bouillard, médico francés, trabajando en el Hospital de La Charité en París, escribe entre 1839 y 1848 un artículo histórico que vale la pena mencionar. En el gran Diccionario Universal Larousse, en su edición de 1888, se afirma que el trabajo titulado "Sobre la localización del sentido M lenguaje articulado" le asigna a Bouillard el mérito de haber reconocido y delimitado -en alguna forma- dice el diccionario, la lesión anatómica que produce el trastorno del lenguaje y que se localizaría en una parte de las circunvoluciones cerebrales. Pero no fue este médico francés el que haría tal demostración. Este mérito lo tuvo Paul Broca, que un 18 de abril de 1861 presenta a la Sociedad de Antropología de París el primer cerebro con una lesión en la parte posterior M lóbulo frontal que daba cuenta de un severo trastorno M lenguaje verbal expresivo al que él llamó Afemia y que después fue bautizado como Afasia por Armand Trousseau en 1865. Este es el origen de la neuropsicología como disciplina científica. Después, numerosas descripciones, tanto clínicas como anatomopatológicas han enriquecido este campo. Desde Francia, Alemania, Inglaterra y Austria se investigaba, se describía, se publicaba numerosos casos de alteraciones en el lenguaje verbal, tanto expresivo como comprensivo, así como en el lenguaje gráfico, a nivel de la lectura como de la escritura. Sigmund Freud mismo participó en la discusión escribiendo un notable libro "Sobre la Afasia" en el que prevenía de los excesos local localizacionistas y llamaba la atención sobre la difícil tarea de superponer el proceso verbal en las cartas anatómicas del cerebro enfermo. Este mismo clarinazo ya lo había anunciado desde Inglaterra Hugh1ingsJackson cuando afirmó que no era lo mismo localizar una lesión que localizar una función. Los años finales del siglo XIX y los primeros 40 del XX han significado un enriquecimiento notable de la neuropsicología del lenguaje. Estos han sido los sólidos cimientos sobre los que se construiría el edificio que vendría a constituir más tarde la Neurolinguística. PRESENTE la carta bautismal de la Neurolingüística lo constituye, a mi parecer, el libro de tres investigadores que se juntan desde procedencias al parecer disímiles pero convergentes para elaborar un trabajo novedoso y serio. Por primera vez, tres especialistas con formación diferente, juntan esfuerzos y gestan un proyecto que se transforma en la primera obra con todas las características de lo que hoy aceptamos y llamamos Neurolingüística. El título del libro: 'Le Syndrome de desintegration phonetique dans l'aphasie"; año de publicación, 1939; los autores Thomas Alajouanne, neurólogo, en ese momento Profesor Agregado a la Facultad de Medicina de París y Médico del Hospicio Bicetre; André Ombredane, Director adjunto del laboratorio de Psicobiología de la Infancia de la Escuela Práctica de Altos Estudios y con una sólida formación psicológica, y Marguerite Durand, lingüista, asistente del Instituto de Fonética. La neurología, la psicología y la lingüística, se habían juntado por primera vez para complementar sus méritos y cosechar esa joya bibliográfica que publicó la editorial Masson de París. En la Introducción de este libro, dedicado a Charles Foix, se lee lo siguiente: "Hemos considerado que el problema (de la Afasia) era doble: de una parte ¿en qué medida el momento de la elocución puede ser atacado electivamente por la enfermedad?; de otra parte, ¿qué mecanismos pueden comprometera la elocución dando trastornos constantes que no se explican por una alteración de la representación de la palabra? En estas condiciones - agregan los autores - hemos preguntado al análisis fonético de las emisiones verbales del enfermo, si existían características fonéticas que permitieran concluir por un compromiso del proceso locutorio, inclusive en los casos en los que el trastorno expresivo no se presente en estado puro o haga imposible que esta presentación patológica sea pura". En el contenido del libro están los detalles del análisis de 4 pacientes y la conclusión que se ha individualizado un síndrome nuevo, de compromiso del sistema expresivo verbal locutorio, al que denominaron "Síndrome de Desintegración Fonética". "Hemos llegado a esta conclusión -dicen los autores- para remarcar que conforme al principio Jackson ¡ano de la disolución, la enfermedad reduce las posibilidades de expresión locutoria a niveles primitivos que se encuentran en los primeros estadios de la evolución del lenguaje". A partir de entonces, los encuentros entre neurólogos, psicólogos y lingüistas, se hacen más frecuentes y fructíferos. Desde la neurología se había ya constituido una poderosa rama del saber que era la neuropsicología. La psicología se agregó a esta corriente y formó cuerpo cada vez más sólido e integrado. Los neuropsicólogos se generaban desde la neurología o desde la psicología; los lingüistas se unen a los neuropsicólogos. Roman Jakobson es un bello ejemplo de solidez y riqueza al unirse a Alexander Luria en la Unión Soviética de aquel entonces. J. Dubois se asocia a Henry Heca en en París y en los años sesentas, tal vez en el primer trimestre de 1967 , ambos, Hecaen y Luria, publican simultáneamente artículos con el mismo título: "La Neurolinguística". A mi parecer, ellos dos son los creadores del término y del concepto de esa importante rama del conocimiento. La Psicología, de otro lado, y su rama la Psicolingüística, consolidaron su unión a la nueva disciplina evitando así el total engullimiento por las hoy llamadas "ciencias cognitivas". ¿Cómo reseñar los centenares de investigaciones hechas ya en casi todo el mundo científico y culto, y cómo precisar las numerosas corrientes diseñadas en los últimos 30 años de producción neurolingüística? Diré, por un lado, que han predominado las investigaciones que se interesan en la patología del lenguaje desintegrativo en los adultos y trataré de otro de ofrecer ejemplos demostrativos de estos avances dejando constancia que la elección no jerarquiza ni prioriza cualitativamente los temas, sino que, en el marco limitante de esta presentación, he escogido casi aleatoriamente algunos ejemplos. ANÁLISIS NEUROLINGÜÍSTICO DE LA ESTRUCTURA DEL LENGUAJE Una importante cantidad de trabajos, en especial a partir de la segunda guerra mundial, centraron su atención en la estructura fónica, lógico-gramatical y pragmática del lenguaje. Tanto en Rusia como en Francia, y después en los Estados Unidos de Norteamérica, se reunió un abundante material que se obtenía del análisis lingüístico del lenguaje de pacientes con lesiones cerebrales en el hemisferio izquierdo. Trataré de señalar algunas conclusiones de estos numerosos trabajos. Desde la época de las investigaciones clásicas de N. Troubetzkoi (1939), continuadas por Román Jakobson, se sabe que el lenguaje consiste en unidades elementales, los fonemas, organizadas según un sistema de oposición fonológica. Se ha determinado que estas oposiciones se fundan en factores que dependen según las lenguas y que a las oposiciones clásicas entre los sonidos se agregan otros. La neurolingüística plantea una pregunta a esta opinión puramente lingüística: ¿A qué mecanismos cerebrales corresponden estas oposiciones? Las investigaciones hechas en pacientes con lesiones en el hemisferio izquierdo, en especial en la escuela rusa, demuestran que una de las zonas implicadas en este trabajo es el lóbulo temporal, en especial en las zonas postero superiores de la cara externa (A.R. Luria, 1947). Los enfermos con estas lesiones son capaces de distinguir y de repetir sonidos muy diferentes como R y T; M y J, pero no pueden ni distinguir ni repetir correctamente fonemas en oposición fonológica y los confunden en la pronunciación y en la escritura (b-p; d-t). las lesiones en otras zonas de la corteza cerebral no provocan estas deficiencias. Investigaciones posteriores han llegado a demostrar que para poder aislar y reproducir claramente los fonemas en oposición era fundamental la repetición del fonema y que el aprendizaje de la oposición necesitaba de factores quinestésicos, para su articulación. En otras palabras, el factor motor, quinestésico, era necesario para la identificación auditiva. Las lesiones de las zonas inferiores de la circunvolución parietal post central del hemisferio izquierdo provocaban un síndrome en el que la articulación de sonidos, quinestésicamente vecinos, no era posible y condicionaban a que el paciente tuviera serias dificultades para escribir diferencialmente palabras con b-m y d-l, por ejemplo. En consecuencia: el factor sensitivo quinestésico era necesario para el análisis auditivo de los sonidos del lenguaje y, por lo tanto, se necesitaban por lo menos dos niveles para la articulación, selección e identificación de sonidos elementales del lenguaje: un auditivo y otro quinestésico. Investigaciones complementarias de la escuela de Luria y de Hecaen llegaron a demostrar, además, un tercer factor fonológico. El pasaje armonioso de un fonema a otro requería de un proceso cerebral diferente. Para tal acción se necesitaba de un factor inhibitorio del fonema pronunciado (denervación) y un factor anticipatorio y facilitador del segundo eslabón fonemático a pronunciar. Se le dio a ese proceso el nombre de "articulema" y se demostró que tal trabajo lo hacían las áreas corticales premotrices del lóbulo frontal y que una lesión en estas regiones rompía la melodía quinéstica necesaria para la armonía articulatoria. Los trabajos de E.P. Vinarskaja muestran claramente que lesiones relativamente pequeñas de estas áreas cerebrales provocan una perturbación del pasaje armonioso de una articulación a otra y que la pronunciación de una palabra pierde su fluidez, lentificándose o acelerándose. Sobre esto y otros elementos Luria pudo aislar después su afasia "dinámica" por lesión frontal del hemisferio izquierdo. Una de las preocupaciones mayores de la Neurolingüística fue establecer las posibles relaciones entre la forma (morfología) de una palabra y su contenido o semántica en la estructura de la lengua. Desde fines del siglo pasado el lingüista sueco Svedelius proponía que todas las formas de comunicación podrían ser clasificadas en dos grandes grupos: en el primero estarían las formas de procedimiento" y en el segundo las Me relación ". En el primero están los hechos factibles de reconocimiento por medios visuales o extralingüísticos. "la niña llora" es un ejemplo de construcción lingüística de este tipo. En el segundo están los hechos que son explicados por medios puramente lingüísticos y abstractos. "Sócrates es el hombre" es un ejemplo de esta construcción. La neurolingüística se preguntó si estas categorías de construcción son realmente distintas y si descansan sobre mecanismos neurofisiológicos diferentes. Las lesiones de las áreas parietooccipitales del hemisferio cerebral izquierdo, sitio del sistema cortical de análisis y de síntesis espaciales, provoca un cuadro clínico de gran ayuda para resolver esta duda. En ellos las comunicaciones de "procedimiento" en regla están intactas mientras que las comunicaciones de "relación" se desintegran totalmente. La construcción “la niña llora" les es accesible mientras que "Sócrates es un hombre" es imposible de ser comprendida. Ellos asimilan bien el enunciado "un pedazo de pan" pero son incapaces de comprender "el hermano del padre" y las construcciones simétricas "el hermano del padre y el padre del hermano" son señaladas sin duda como idénticas. Como se sabe, estos pacientes pierden muy a menudo el sentido de la orientación, confunden derecha con izquierda y son incapaces de seguir el sentido de las agujas del reloj así como no pueden identificar el este del oeste ni orientarse en un mapa; tienen importantes dificultades en el cálculo y no pueden operar dibujos a tres dimensiones. Estas constataciones permiten definir un factor particular en el que se funda la estructura lógico-gramatical que Roman jakobson llamó "operaciones de aproximación de formaciones lingüísticas sobre la base de una organización simultánea". La Neurolingüística, pues, ha puesto un muy grande interés en los aspectos fonéticos, morfológicos, gramaticales y sintácticos del lenguaje, e igualmente se ha interesado por esclarecer el papel que juega el lenguaje no solamente en la transmisión de información sino también en la influencia que el lenguaje ejerce sobre el hombre que percibe el lenguaje y, en especial, en el que se habla. Esta función "reguladora" la adquiere el niño en el curso de su evolución a través del lenguaje explícito, primero, y del lenguaje Interior", después. A partir de este hecho la Neurolinguistica se ha planteado las preguntas: ¿cuáles son los mecanismos neurológicos que aseguran la función "reguladora" del lenguaje? y, estos mecanismos ¿son los mismos que aseguran la formación de las estructuras fónica, nominativa y lógico-gramatical? Diversos trabajos, tanto de la escuela soviética como de la francesa, belga y norteamericana y, en estos últimos años, también de la latinoamericana, han demostrado que las lesiones en las regiones clásicas del lenguaje en el hemisferio izquierdo no provocan trastornos en esa función llamada "reguladora" del lenguaje. Los pacientes portadores de esas lesiones no dejan ni de obedecer a las instrucciones verbales a las que son sometidas, en la medida naturalmente en que las asimilan, ni dejan de poder controlar su propia actividad. Es por eso que pueden ser sometidas, en cierta medida, a una reeducación sistemática. Por el contrario, los pacientes portadores de lesiones en las zonas prefrontales del cerebro no demuestran dificultades en el lenguaje expresivo pero sí tienen importantes problemas en la función reguladora del lenguaje - en especial cuando las lesiones son bilaterales. Por ejemplo, comprendida fácilmente y reteniendo largo tiempo la orden “levante la mano", o su forma más complicada "cuando Ud. escuche un sonido, Ud. levantará la mano!, estos pacientes cumplen una, o máximo dos veces, la orden y después dejan de hacerlo o repiten la orden verbal y no hacen nada por cumplir el gesto pedido. Estos resultados confirman la estrecha relación que tienen los lóbulos frontales y, más particularmente, los prefrontales en las funciones reguladoras de la palabra y cómo una lesión puede disociar las variables fundamentales de la cadena lingüística en la conducta de los pacientes. NEUROLINGÜÍSTICA Y HEMISFERIO DERECHO Desde la clásica demostración de Broca en 1861 se aceptó que los mecanismos cerebrales básicos que procesan al lenguaje se encontraban en el hemisferio cerebral izquierdo. Sin embargo, desde los inicios se discutió y planteó la posibilidad participatoria del hemisferio derecho, por lo menos en algunas particularidades del lenguaje. Ya Hughlings Jackson, en 1876, había planteado que una lesión en el hemisferio izquierdo alteraba la capacidad para hacer enunciados, para expresarse "proposicionalmente" y que en estos pacientes quedaba intacta la capacidad de emitir expresiones que él llamó "automáticas, así como también se mantenía la participación emocional como factor facilitador de la expresión. Esto suscitó, casi de inmediato, la deducción que el hemisferio cerebral derecho podía participar en algunas actividades lingüísticas. El mismo Broca ya había reconocido en 1865 que si bien el hemisferio izquierdo era dominante también había una importante participación del hemisferio derecho en el lenguaje. Sobre salió rápidamente el hecho que los zurdos tenían más que otros esta capacidad. Luego las investigaciones posteriores trataron de dilucidar la mayor o menor importancia de ese hemisferio llamado por entonces "menor". Actualmente se ha llegado al convencimiento que el hemisferio cerebral derecho participa en forma importante en el procesamiento de la expresión y de la comprensión del lenguaje, tanto verbal como gráfico. Lesiones en el hemisferio cerebral derecho ocasionan cambios en la articulación de las palabras, errores de denominación, dificultades en el aprendizaje de nuevo material verbal (M. Chritchley), tendencia a la precipitación de la expresión, monotonía, alteraciones en la prosodia, tendencia a la repetición silábica, disfemia (Ardila y col), "disprosodia impresiva", es decir, imposibilidad de reconocer información dada por la entonación; dificultades en la lectura, escritura y ortografía (Alexia y Agrafia espacial, H. Hecaen y colab.); desautomatización de la escritura lo cual es muy notorio en el trazado de la firma, el grafismo tal vez más automatizado de todos (Simernitskaya), lo que es incluso referido por el mismo paciente que se queja de no poder hacer su firma con facilidad. Se ha referido también dificultades en el reconocimiento de voces, timbres y cambios entonacionales. Todos estos hallazgos se juntan a las demostraciones de pacientes con lesiones en las zonas de¡ lenguaje en el hemisferio izquierdo, que conserva expresiones emocionales automatizadas como, por ejemplo, palabras soeces, canto y oraciones, y repeticiones de series automáticas como números, días de la semana y hasta meses del año. Uno de los trastornos más frecuentes por lesiones en el hemisferio derecho son los relacionados con la prosodia. Uno de los primeros en analizar este hecho fue Monrad Krohn, en 1947, quien se refirió a una "alteración en la línea melódica" producida por la variación del tono, del ritmo y del acento en la pronunciación, que trasmiten cierto valor semántico y emocional al habla más allá del vocabulario y de la gramática. Elliot Ross y colaboradores han dedicado su atención al estudio de los trastornos de la prosodia en lesiones del hemisferio cerebral derecho. Se ha llamado a la conclusión que es en este hemisferio en el que se procesan los aspectos lingüísticos relacionados con la conducta emocional; y que la capacidad de comprender y apreciar las emociones en otras personas así como de sentir emocionalmente al expresar palabras y frases, son actividades fundamentales del hemisferio derecho. Muchos de los pacientes se quejaban de su frustrante incapacidad de expresar las emociones que sentían en "su interior". La localización de la organización anatómica de esta función es semejante a la del lenguaje proposicional en el hemisferio izquierdo. El mismo Elliot Ross ha propuesto una clasificación del "Síndrome aprosódico" por lesiones en el hemisferio cerebral derecho. (Aprosodia motora, aprosodia sensorial, aprosodia global, aprosodia transcortical). NEUROLINGUÍSTICA Y BILINGÜISMO La preocupación neurológica por el análisis del bilingüismo es relativamente reciente. Sin embargo, hay algunos antecedentes dignos de recordar. No todos saben por ejemplo, que uno de los investigadores preocupado por el tema fue un neurocirujano eminente, Wilder Penfield, Profesor de la Universidad de McGrill y Montreal y el primer Director de Montreal Neurological Institute. Antes de iniciar sus estudios médicos, Penfield había sido profesor de alemán en un colegio secundario y tal vez desde esta época data su interés en averiguar como es que el cerebro procesaba el aprendizaje y el manejo de dos o más lenguas. En el último capitulo de su clásico libro publicado en edición inglesa en 1959 "Speech and Brain Mechanismes" y en edición francesa en 1963 "Language et Mechanismes Cerebraux", el Dr. Penfield propone algunas hipótesis que han sido bien aprovechadas por los investigadores que le han sucedido, en especial por ¡ves Lebrun de Bélgica. Por un lado, se ha estudiado la desintegración del lenguaje en pacientes bi y multilingües antes de la enfermedad y, por otro, se ha evaluado las respuestas denominativas bajo estimulación cortical en personas sometidas a intervenciones neuroquirurgicas. De ambos tipos de investigación se ha concluido que los procesos neurofisiológicos que subtienden al manejo de varias lenguas son diferentes para cada lengua y que, al parecer, cada una de estas redes funcionales se establece bajo variables diferentes. Los criterios de Ribot (1881) y de Pitress (1895) en el sentido que los conocimientos lingüísticos más precozmente adquiridos son los que mejor resisten a la lesión cerebral no han soportado la investigación neurolingüística. Ni la precocidad de las adquisiciones verbales ni la frecuencia de su utilización son una garantía de mayor preservación en casos de destrucción de las zonas cerebrales del lenguaje. Tampoco las actividades verbales cotidianamente repetidas, de manera más o menos estereotipada, son más perturbadas que las actividades verbales más complejas y más elaboradas. Por ejemplo, una religiosa que fue víctima de un traumatismo encefalocraneano y que fue estudiada por M. Paradis en 1981 recupera, después de cierto tiempo, la posibilidad de expresar en francés y en árabe mientras que estaba totalmente incapacitada de rezar el Ave María en latín a pesar que ella lo hacía varias veces por día durante más de 15 años antes del traumatismo. Con frecuencia el cerebro lesionado de un polígiota no conserva, o no recupera, sino la posibilidad de utilizar una sola de las lenguas que él conocía. En otras palabras la enfermedad transforma en unilingüe a un plurilingüe. Pero es también sorprendente comprobar que una persona monolingüe pueda, después de la lesión, adquirir el acento y la entonación con la, que hablan los extranjeros esa lengua. Este hecho lo había ya anunciado en 1947 MonradKrohn cuando examinó un paciente noruego que después de una lesión hemisférica por traumatismo encéfalo craneano, se puso a hablar con el acento típico con el que hablan el noruego los alemanes. T. Alajouanine publicó en 1968 y 1969 el resultado de varias observaciones en la Salpétriére que, según dice el autor, "hablaban" (después de su enfermedad) con un acento que recordaba más o menos fielmente el acento inglés, alemán e inclusive belga. Aronson llega a las mismas conclusiones después de revisar varias historias clínicas en la Clínica Mayo de los Estados Unidos, en 1980, agregando que estadísticamente estos hechos son mucho más frecuentes en pacientes mujeres que en los varones. Aronson encontró en los 25 pacientes estudiados acentos poloneses, alemanes, suecos, noruegos, españoles, escoceses, franceses y hasta eslavos. También se ha encontrado que en pacientes multilingües podía presentarse el hecho aparentemente insólito que su afasia en una lengua fuera de un tipo diferente para otra lengua. Todos estos hechos han planteado la probabilidad que puedan existir diferentes topografías funcionales para la representación cerebral de diversas lenguas que aprende y maneja una persona multilingüe. Estos resultados son parecidos y convergentes con el método, diferente, de estimulación eléctrica cortico cerebral. Desde 1978 Ojeman y Whitaker y más recientemente R. Rapport y C. Tan (1983) han retomado las investigaciones de Penfield y han concluido que, en ciertas zonas de la corteza cerebral, la estimulación eléctrica perturba la denominación por igual en las dos lenguas; en otras regiones la perturbación es única o predominante en una u otra lengua y en otras lo es mas que en una que en la otra. En varios lugares la estimulación de la corteza cerebral predominantemente izquierda, no perturbaba a ninguna de las lenguas habladas por el paciente sometido a craneotomía bajo anestesia local. Todos estos trabajos plantean nuevas perspectivas en la investigación neurolingüística del bilingüismo, del multilingüismo y, naturalmente, proyectan algunas luces y abren nuevos horizontes en el aprendizaje de lenguas. Dada la extensión de este trabajo, debiera detenerme aquí. Para terminar, sólo mencionaré una nueva, interesante y muy prometedora vía de análisis neurolingüístico. Se trata de las investigaciones fundamentalmente francesa, belga y canadiense, relacionadas con la traducción. Como en todo, hay aquí también antecedentes antiguos pero, a decir verdad, escasos, sobre el tema. J.M. Charcot, por ejemplo, describía en 1887 a un paciente que antes de su afasia hablaba correctamente cinco lenguas, pero que en su enfermedad había perdido la capacidad de expresar en francés, su lengua materna, si no era traducido previamente del alemán o del español. Igualmente Kauders, en 1929, relata el caso de un paciente que cuando no podía expresar palabras en alemán, su lengua materna, lo podía hacer evocando el equivalente en la lengua extranjera que él conocía. El mismo Roman Jakobson describe, en 1964, que cuando tuvo su afasia como consecuencia de un accidente automovilístico, no podía impedir utilizar la traducción de una palabra o una frase que no podía expresar en una de las cinco lenguas que este notable lingüista conocía. Sin tener que mencionar en detalle las numerosas e interesantes investigaciones que se realizan en estetema diré que todo parece indicar que la capacidad de traducir es, neuropsicolingüísticamente independiente de la capacidad de hablar dos o más lenguas a tal punto que "La comprensión de dos lenguas puede existir sin la capacidad de traducción y que la capacidad de traducir puede existir sin la capacidad de comprender dos o más lenguas". La autonomía neurofuncional de la traducción parece, pues estar establecida.
La Neurolingüística es una interdisciplina que analiza al lenguaje en sus relaciones con el cerebro humano, estableciendo los procesos funcionales que subtienden la trama biológica, de un lado, y lingüísticas, del otro, con el objetivo de aclarar el laberinto y descubrir el misterio o la incógnita de la manera cómo se construyó el lenguaje en la evolución filogenética, cómo la adquiere el niño en su integración y cómo la pierde y perturba el paciente en su desintegración. Se vale, entonces, de métodos científicos, neurológicos, neuropsicológicos y lingüísticos. Uno de sus más prácticos intentos es el de elaborar métodos terapéuticos que permitan reeducar, rehabilitar y restablecer la función perdida, así como diseñar métodos de aprendizaje que lleven más adelante al Homo Sapiens en su camino evolutivo desde el Homo Loquens. |