Revista Peruana de la Facultad de Farmacia y Bioquimica
Vol. 34/Nº 109/diciembre 1998

 

INVESTIGACIÓN CIENTÍFICA Y PATENTES: REFLEXIONES
DE UN INVESTIGADOR

Dr. ANTONIO MONGE VEGA

Invitado Especial de la Facultad de Farmacia y Bioquímica
Director del Instituto de Recursos Naturales de la
Universidad de Navarra, Pamplona, España


Rev. Fac. Far. Bioq. 1998; 34(109): 59-66



L
a justificación de cualquier sistema de patentes se hace en razón de la posibilidad que ofrece al inventor de proteger un invento, de manera que pueda obtener una compensación económica adecuada por el esfuerzo y el ingenio desarrollado en la obtención de las reivindicaciones que propone.

Son estos, al menos los parámetros tradicionales. También los que se entienden en foros económicos y mercantilistas. Son los temas a discutir en un despacho de abogados.

Sin embargo, una reflexión atenta sobre el tema, permite darse cuenta que hay matices que frecuentemente no se consideran y que son fundamentales desde la perspectiva del protagonista de la historia, el investigador que ha encontrado aquella novedad que se patenta.

La primera cuestión que debe plantearse es si es lógico desarrollar un sistema tan complejo como el de las patentes para cuidar la obtención de compensaciones, que siendo importantes, implica a tan pocos. Podría argumentarse sobre el interés económico de lo protegido y su incidencia en la sociedad. Nosotros creemos que debe ser considerado con atención el método desde la posibilidad de un sistema que permite el progreso tecnológico. El progreso industrial de un país, y su mantenimiento, está muy relacionado con su sistema de patentes.

En los últimos años la investigación y desarrollo se encuentran muy intensamente relacionados, apareciendo este último como una consecuencia de la primera.

Un índice del desarrollo de un país es también su sistema de patentes. Puede plantearse qué fue primero: si el desarrollo o la patente. Lo que está fuera de todas dudas es que están muy interrelacionados.

Es el momento de considerar la investigación como un índice del desarrollo de los pueblos. El I+D son siglas que se han introducido en nuestros vocabularios y
hoy son coloquiales.

“Investigación,
patentes, desarrollo
son tres palabras
que van unidas,
íntimamente
entrelazadas. No es
posible prescindir de
alguna de ellas”

Una pregunta que puede plantearse es si puede haber I+D sin patentes. En el mundo de la farmacia esto no es posible. Queda ahora donde colocar la P de patentes. Nuestra propuesta es I+P+D. Investigación, patentes, desarrollo son tres palabras que van unidas, íntimamente entrelazadas. No es posible prescindir de alguna de ellas, en nuestra opinión, sin que las dos palabras que quedan tengan sentido.

Así, investigación-Patentes parece que es quedarse a mitad de camino. En la publicación. Es el patentar quedando a la espera de que alguien considere el invento, que se reconozca la utilidad industrial. Tiene un sonido de melodía incompleta.

Patentes y desarrollo tampoco tiene sentido. Sería una situación desafortunada, de copia o algo similar, al faltar la investigación no se entiende que se desea o se puede patentar.

Investigación y desarrollo, pese a lo común de la expresión, supone la falta de reconocimiento de la protección. Puede estar bien para actividades publicitarias, por ejemplo, que tienen una vida muy limitada en el tiempo. Pero no es posible cuando se considera un esfuerzo importante como el que se debe poner en el descubrimiento de un medicamento. Además debe considerarse que la falta de la patente va a suponer el secreto sobre lo investigado que ahora se desarrolla y en consecuencia la no divulgación de conocimiento.

De otra parte enunciado de la forma tradicional I+D, da la impresión de que se investiga para la sociedad en general. Situación altruista, de mérito, pero poco viable en la actualidad en que son precisos recursos importantes para la investigación experimental.
El I+D clásico nos aparece incompleto y en nuestra opinión debe incluirse la P de patentes para que tenga completo sentido, tanto la investigación, como el desarrollo.

De esta forma, la patente aparece con un significado muy importante, que con frecuencia se olvida. Como un sistema que permite el desarrollo. Y es que la investigación sin patentes puede condicionar el desarrollo de la sociedad, al frenar la difusión de la investigación, para defender con el secreto las inversiones realizadas. De otra parte la propia investigación se sentirá condicionada, ya que los fondos a ella destinados tendrán limitaciones. Las patentes implican también la posibilidad de investigar en libertad. Reconociendo la necesidad de dinero para investigar, se plantea desde esta realidad la posibilidad de recuperar las inversiones con la aplicación de sistema de patentes. El sistema no va contra nadie, simplemente favorece al que desea ver protegido su hallazgo.

La sociedad actual se ha hecho universal, y esto especialmente en lo referente a aspectos tecnológicos y científicos. La libre circulación de mercaderías y personas es una realidad en nuestra sociedad. También la de ideas. Gran parte de la investigación farmacéutica se realiza en las empresas. A nadie se le oculta la opacidad que tendría cualquier trabajo realizado en los mismos de no estar previsto el sistema de patentes. La realidad es que del trabajo de investigación que realizan los laboratorios farmacéuticos, solamente aquello que se patenta se llega a conocer. Sin la patente el desconocimiento de importantes aproximaciones al descubrimiento del medicamento sería manifiesto. Cuando una empresa tiene protegidos sus descubrimientos pasa a considerar la difusión general de su investigación. Esta protección permite la realidad de que los investigadores de las empresas publiquen en revistas científicas, den conferencias y presenten comunicaciones en foros de debate.

Las ideas son precisamente el fundamento para el desarrollo de la ciencia y de la tecnología. Es la piedra sillar de todo el quehacer del investigador y de la investigación. Y las ideas recogen del ambiente en el que se realiza el trabajo profesional; en las bibliotecas y en los centros de trabajo; en los medios de comunicación; en la sociedad en fin. Pero estas ideas no circulan con fluidez, ni tampoco en el tiempo adecuado, si no se encuentran protegidas. Si no se garantiza la autoría y se reconoce los posibles beneficios consecuentes. También los económicos.

La patente en consecuencia, es una garantía de circulación libre de la ciencia, al ser ésta un documento público, su lectura y conocimiento se hace universal. La necesidad de coincidencia entre lo experimentado y las reivindicaciones que se solicitan hacen necesaria, en la situación actual, una difusión de métodos y sistemas que de otra forma quedarían en el desconocimiento.

Consecuencia de la reflexión anterior es la necesidad de preguntarse sobre los límites que debe tener un sistema de patentes. ¿Puede patentarse todo y/o debe aplicarse la protección de la patente únicamente a una parte del saber científico? ¿Deben ponerse límites temporales a la reserva que se propone con una patente o debe tener una duración indefinida? Son cuestiones importantes que deben plantearse en una discusión a fondo sobre la protección de los inventos.

Y es que el hombre es hijo de su tiempo y en consecuencia su formación se reconoce en la época en que vive. Es deudor con las aportaciones realizadas por los demás, con la sociedad, que ahora tiene dimensión mundial. Es forzoso reconocer que aunque la luz del invento corresponda a una persona o grupo de personas reducido, la energía que ha hecho encenderse a la bombilla no es patrimonio de nadie en particular.

Se reconoce que la investigación actual, no es posible con personas aisladas, sino que más bien es el resultado del trabajo en colaboración. Nuestra opinión en este punto es que la colaboración a que nos referimos tiene también unos contribuyentes difusos pero ciertos que han dejado sus saberes en la biblioteca, conferencias y reuniones, que no deben ser olvidados en el momento de considerar la reserva de propiedad que implica la patente.


PANORAMA HISTÓRICO

   
La protección de los inventos ha evolucionado con el desarrollo industrial y la investigación científica. También con la globalización de las actividades humanas. Esta situación es especialmente importante en lo que se refiere a los productos farmacéuticos. Un bien que se considera patrimonio de la humanidad. Y es que ningún país está dispuesto a prescindir de un medicamento cuando lo necesita para sus ciudadanos.

Esta evolución en la protección contempla, en nuestro caso, etapas como el procedimiento de preparación, que ahora se considera insuficiente en razón de la evolución de la química. El siguiente paso fue la necesidad de plantear la inversión en la carga de la prueba. La situación actual considera la patente del productor para una actividad biológica determinada. Es decir, el objetivo actual es que la patente tenga la fuerza suficiente como para proteger adecuadamente lo que se está protegiendo.

Pero en estos últimos tiempos la realidad de las patentes está planteando la necesidad de revisar la autoría del invento. Y es que éste no lo realiza una institución determinada, sino más bien los investigadores de esta institución. En la realidad actual, en que la empresa farmacéutica ha decidido derribar sus muros, imaginarios en unas ocasiones y en otras ocasiones reales, para establecer contacto con instituciones y científicos externos, este problema, se hace especialmente importante.

Postulamos que en la patente se reconoce una reserva de propiedad sobre algo, pero también una reserva intelectual sobre el descubrimiento. Los dos son muy importantes. Los reconocimientos profesionales son de justicia y deben ser considerados al menor nivel que los económicos.

Hay una institución que pone los medios, pero son las personas las que ponen las ideas y el trabajo y éste debe ser reconocido. Esta situación se plantea de forma muy clara en los reconocimientos de la sociedad a instituciones e investigadores, diferenciándolas. Los premios Nobel, por considerar la más alta distinción científica, se conceden a personas individuales que pueden trabajar en universidades o en empresas, sin que se haga a estas ningún reconocimiento especial, a parte del de haber puesto los medios para hacer posible el trabajo que se premia. El registro del medicamento por las autoridades sanitarias, de otra parte, se concede a las empresas sin consideración alguna respecto al investigador.

En la patente se presenta la posibilidad de considerar a ambos, institución e investigador. Y es que en el documento se considera a la “empresa solicitante” que se entiende va a recibir los beneficios derivados del invento y que aparece porque ha puesto a disposición los medios. Pero también se considera a los “inventores”. En este punto se ofrece la posibilidad de considerar a todos los que han participado en el trabajo. Es por otra parte una situación de justicia.

Fórmulas como cesión por parte de los investigadores a la empresa solicitante de los derechos derivados, son o pueden ser aceptables para evitar situaciones incómodas y en algunos casos injustas. De otra forma, pueden quedar protegidos dentro del documento tanto el promotor como el investigador.

Es necesario reconocer que en la situación actual aparecen matices nuevos que será necesario solucionar al ritmo que resulte más eficaz. Una de estas situaciones es la derivada de la circunstancia de que el trabajo de investigación es el resultado de la colaboración de centros y personas que no trabajan en la empresa solicitante de forma permanente. También que en muchos casos estos      centros colaboradores son universidades y centros de investigación que reconocen tradicionalmente parámetros de trabajo distintos a las empresas comerciales. Consecuencia de lo anterior, es considerar circunstancias nuevas y legítimas en el planeamiento de la relación universidad-empresa, tal es la necesidad de publicar, los plazos académicos como lectura de tesis doctorales, oposiciones, ..... que pueden no coincidir con los de la empresa, y que de alguna manera deben ponerse de acuerdo.

El reconocimiento de la realidad es el primer paso para la solución de los problemas. Si hay alguna necesidad en la empresa farmacéutica, es la de ideas nuevas de interés para el hombre enfermo. En estos momentos se reconoce que las ideas pueden aparecer en cualquier centro, en cualquier país. También que es necesaria la cooperación para desarrollarlas. Las sociedades no son las mismas, los intereses tampoco, sin embargo la necesidad del trabajo en común está presente. La patente aparece nuevamente como el resultado final de un acuerdo que se establecía al comienzo del trabajo.

Puede apreciarse que el sistema de patentes es una realidad imprescindible en el desarrollo de la sociedad industrial moderna, pero su aplicación debe estar matizada en razón de planeamientos no únicamente económicos.

EL SISTEMA DE PATENTES EN LA SOCIEDAD DEL FUTURO

Establecida la necesidad de la patente, es necesario ahora reflexionar sobre sus consecuencias. Dicho de otra manera, es necesario considerar tanto el interés del inventor como el de la sociedad ante la cual se pide la reserva de propiedad.

De otra forma se está considerando lo individual “versus” lo general o mejor lo individual en lo general.

Un ejemplo puede ser interesante en estos momentos. Se trata de las invenciones relacionadas con los organismos vivos, también con sistemas, partes o manipulaciones humanas como las técnicas quirúrgicas. De alguna forma el problema que estamos planteando como referencia para enfrentar intereses personales a generales, se relaciona con la apropiación, reserva, de la vida.

En todas las civilizaciones se ha establecido una diferenciación clara entre las cosas sagradas y las de uso común. Entre otras diferencias, puede establecerse que en el hombre no puede apropiarse para su uso exclusivo de las primeras, y sí de las segundas. La carga de lo sagrado implica un comportamiento muy concreto. La relación del hombre con el objeto también. Así por ejemplo, cuando el hombre primitivo pensaba que aquella montaña era sagrada, la reservaba a los dioses y no intervenían en ella, cuando no lo es la cultiva o construye en ella su casa. Ejemplo de lo que se quiere expresar se puede plantear también en nuestros días con las vacas sagradas en la India.

En el hombre se pueden plantear reservas relacionadas con funciones humanas en la medida en que el cuerpo pierde un sentido sagrado o de respeto. Es esta una observación que debe ser valorada adecuadamente en la sociedad moderna. En la medida en que se valora al hombre en su más íntimo ser, se podrán sacar conclusiones sobre la posibilidad de hacer reserva de propiedad sobre el todo o sus partes.

Por eso, los sistemas de patentes reconocen como límites en la investigación con el hombre “las buenas costumbres”, lo que en general es bastante confuso y su apreciación puede ser diferente según el país que deba tomar su decisión. En todo caso, y pese a su ambigüedad, no está de más considerar que existe esta limitación. En algunos casos puede orientar la solución de un conflicto sobre la viabilidad de un tema.

También para el investigador es este un punto donde puede centrar su atención sobre qué cosas puede pedir reserva de propiedad y por extensión incluso, dónde debe poner los límites en su búsqueda y en las formas en que intenta alcanzar el descubrimiento de la verdad.

Aunque ahora se está comentando las posibles limitaciones sobre el bien en el que se pide la reserva de propiedad, el tema no es puntual, de aplicación a los productos farmacéuticos. Tiene un carácter mucho más universal. Así por ejemplo, ¿puede siquiera plantearse la propiedad sobre el tratamiento de la angina de pecho o la forma en que debe ser operada una apendicitis?

Pensar en la reclamación de propiedad sobre la vida presenta también perfiles interesantes. Así puede plantearse la diferencia entre lo creado y aquello en lo que el hombre interviene en su creación. En los últimos tiempos el hombre está pasando a ser creador y pedir reserva sobre lo que crea. Así en los microorganismos, en vegetales e incluso en animales.

Se está considerando para estas aproximaciones una diferencia entre la creación y el soporte sobre el que se aplica la creación. Un ejemplo sobre este problema se plantea en relación con la creación artística. Un músico es el propietario de la melodía que ha creado y los diversos soportes en los que se apliquen deben reconocer esta propiedad. Un pintor que vende el cuadro por él pintado, pierde la propiedad del mismo, pero puede retener la propiedad de su reproducción.

Otra controversia interesante que se está planteando en estos últimos tiempos, es la que relaciona, o mejor diferencia, entre descubrimiento e invención. El continente Americano se descubrió no se inventó. Especial interés tiene esta consideración en el marco de los productos naturales con acción biológica de origen vegetal.

Normalmente se patentan los inventos y no los descubrimientos. Se reservan la posibilidad de patente como explícita la Oficina Europea de Patentes para la utilización de los descubrimientos con fines prácticos. En los momentos actuales en que las manipulaciones biológicas tienen un papel tan importante se pueden encontrar muchos ejemplos. Una secuencia de aminoácidos en una enzima no sería susceptible de patente. Sin embargo, la descripción de la misma frecuencia con una función útil si que podría ser patentable.

De alguna forma se podría plantear una aproximación al tema reconociendo que se puede patentar un descubrimiento siempre que pueda seguirse con él una aplicación industrial.

Otra cuestión que puede plantearse en estos momentos se establece sobre la patentabilidad de los seres vivos. El debate sobre el onco-ratón es un ejemplo del problema que deseamos plantear. El Convenio de la Patente Europea en su artículo 52.4 establece la no patentabilidad de los métodos de tratamiento quirúrgico o terapéutico del cuerpo humano o animal, no obstante lo anterior no se puede conducir la exclusión de aquello en lo que se actúa en su constitución de material biológico.

La cuestión de someter a un ser vivo a la reserva de una patente es cuestión discutible. Entre otras razones, puede argumentarse que el descubrimiento de la aplicación de una parte de un constituyente de materia viva no debe permitir la reivindicación de propiedad sobre un todo ya que resultaría difícil la descripción de la totalidad de la materia sobre la que va a aplicarse la patente. Si no puede describirse la vida, ¿cómo puede reservarse una propiedad? El depósito del espécimen como alternativa, ¿es suficiente?

Puede plantearse ahora otras cuestiones no menos importantes. Por ejemplo, una de las características de los seres vivos reside en su capacidad de reproducirse. Una reserva sobre seres vivos ¿también se tendría sobre sus descendientes?. Y es que sabemos que modificaciones poco significativas sobre el prototipo pueden ser susceptibles de nueva patente. La cuestión ahora es plantearse si las diferencias ciertas de los descendientes respecto a sus progenitores lo hacen susceptibles de nuevas patentes. Que decir de la descripción del método de preparación, tan importante en el sistema de patentes. ¿Es que alguien puede afirmar conocer como se reproducen los seres vivos en todos los extremos?.

Por último, desearíamos hacer una reflexión sobre la aplicación de las biotecnologías y sus patentes derivados de la agricultura.

La obtención de plantas de interés para el consumo animal y humano ha sido muy importante en la historia de la humanidad y lo seguirá siendo. Sin embargo, en los últimos años se están apreciando cambios muy importantes como consecuencia de la industrialización del campo pero también por la aplicación de la biotecnología en la producción vegetal y animal. Desde fuera, da la impresión que se está oponiendo la obtención espontánea, cuidándose de las mejoras en calidad, de la prevención de enfermedades, ...... a la producción tecnológica que considera modificaciones no naturales en los seres vivos. Con las patentes aplicadas a estos sistemas se legitimizan, por decirlo así variedades fruto de la creación por parte del hombre. Puede plantearse en esta aproximación una diferente concepción de la relación entre el hombre y la naturaleza. Reservándose además los beneficios consecuentes de esta intervención en la creación de un nuevo ser vivo. De esta forma u otra está claro que el investigador necesita hacer una reflexión ética en este momento de su actividad.

Al final de esta reflexión sobre la aplicación de patentes a los seres vivos debe considerarse también si se está frente a la defensa de intereses públicos o simplemente se están contemplando intereses privados. La patente debe tenerse en cuenta siempre que afecte al bien común. Puede plantearse ahora si las patentes que se han presentado sobre seres vivos realmente tienen interés en determinada sociedad o si son de aplicación general. Una reflexión sobre estos resultados aplicados a la agricultura es muy importante.

Si comenzábamos estas reflexiones sobre la sustitución del I+D por I+P+D, ahora quisiéramos completar la secuencia con un BC (Bien Común) I+P+D+BC, que da sentido al trabajo del investigador a las patentes y al desarrollo. De aquí nuestra conclusión final, desde el investigador, las patentes si para algo valen, serán para el desarrollo y divulgación de una ciencia cuyas consecuencias deben establecerse en beneficio de la humanidad. De otra forma, para qué esforzarse en proteger lo que no sirve al hombre.


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