Revista Peruana de Cardiología : Mayo - Agosto 1995

 

MEMORIA DEL PRESIDENTE DE LA SOCIEDAD PERUANA DE CARDIOLOGÍA

PERIODO 1993 - 1995

DR. SALVADOR SIALER


Rev. Perú Cardiol. 1995; XXI (2): 123-7

 

PANORAMA HISTÓRICO

Hemos tenido el inmenso privilegio y la enorme responsabilidad de conducir una de las Sociedades Cardiológicas más antiguas del mundo y la Sociedad Científica de mayor prestigio en el país, cuando el Perú se encuentra todavía en vías de superar la crisis socioeconómica más profunda, más prolongada y más grave, no sólo de su historia, sino una de las más severas del mundo contemporáneo. Y todo ello ocurre sin dejar serias secuelas de toda clase.

Las condiciones en que se desenvuelven no sólo nuestras vidas, sino también nuestra profesión y nuestra especialidad, han cambiado substancialmente.

En no muchos años, ha aumentado nuestra población médica aceleradamente; como resultado de la multiplicación no controlada, indebida y hasta irresponsable de las Escuelas de Medicina, sin que se satisfagan —en los más de los casos— los requisitos mínimos indispensables, humanos y materiales; ante la indiferencia, o por lo menos la pasividad, de las autoridades llamadas competentes. Asistimos pues, en nuestros días, con seria preocupación, al posible deterioro de la calidad profesional y —en particular ética que este crecimiento desordenado— pueda traer.

Ya se asoman indicios de una ciudad menos altruista ante la vida, y de un claro interés por el beneficio económico, reflejos del materialismo desenfrenado del mundo que nos rodea.

Igualmente, la selección de la especialidad hecha teniendo en cuenta los posibles ingresos económicos que ella pudiera proporcionar —como tal a través de procedimientos costosos y no siempre indispensables para el paciente— es una realidad que ya tenemos que confrontar.

Las fuerzas y las leyes del mercado, en una economía en crisis, en recesión, están jugando un papel muy importante en el quehacer médico nacional. Pero ellas no son aplicadas en forma ordenada, racional y humana; sino en forma caótica o calculadamente fría, con grave falta de respeto y consideración para con las personas del médico y del paciente, por quienes: tienen el poder o astucia para manipularlas. El acto médico devaluado en las más diversas formas, así como las bajas remuneraciones; hospitalarias y universitarias, hacen muy difícil mantener un estilo de vida razonable y decoroso. Todo esto contribuye a crear un clima propicio para la puesta en marcha de otros variados mecanismos de abuso para con el médico por parte de cínicos empresarios —que, lamentablemente, no pocas veces son también médicos—, movidos por la necesidad o por un basamento ético poco firme, puedan medrar inescrupulosamente anteponiendo su provecho personal a la seguridad, bienestar y conveniencia del paciente que se pone en sus manos; o recurran a la publicidad, hasta sensacionalista, para ofrecer directamente, al gran público, innovaciones diagnósticas o terapéuticas, exagerando sus virtudes probables; o persigan notoriedad pública, mediante la participación o el liderazgo en instituciones o actividades médicas, de relumbrón, creadas ex profeso.

Circunstancias tan difíciles: para el mejor ejercicio, digno y elevado, de nuestra profesión, debieran más bien llevarnos a mantener una apropiada perspectiva de nuestro quehacer y de nuestra vida. Los aspectos económicos, siendo básicos, no son los más importantes de la Medicina. No debemos dejar de lado otros aspectos, tales como la atención compasiva y humanitaria del enfermo, la docencia dedicada y generosa, o la investigación comprometida sólo con la ciencia. Es muy importante que tengamos siempre presentes algunas de las razones idealistas por las que escogimos ser Médicos; obteniendo más satisfacción en lo que hacemos, que en la paga que recibimos por nuestro trabajo. Adherirá todo esto puede ser más difícil hoy que en el pasado; pero es posible, y tiene el alma de satisfacción.

En tiempos muy recientes asistimos a un fenómeno preocupante: la multiplicación inútil, innecesario e irrazonable de las Sociedades Médicas, con lo que se establece competencia y superposición de actividades, inconvenientes desde todo punto de vista. Y que, además, está contra el Reglamento de Instituciones Médico-Científicas del Colegio Médico del Perú, que legisladores justos y previsores, redactaran en defensa de los más altos intereses de la Medicina Nacional.

Este es parte del panorama histórico en el que vivimos y en el que se desarrolla el ejercicio de nuestra profesión y de nuestra especialidad; y en el que se han desenvuelto las actividades de la Sociedad Peruana de Cardiología en los últimos dos años.


EL DIRIGENTE Y SUS RESPONSABILIDADES

Hace dos años, al llegar el momento en que debíamos asumir la Presidencia de la Sociedad Peruana de Cardiología, un colega y amigo me preguntó por el calendario de actividades a ofrecerse como elemento fundamental del Discurso-Programa que debía pronunciar en la Ceremonia de Instalación de la nueva junta Directiva. Ello me sorprendió, porque no consideraba entonces, ni considero ahora, que conducir una institución como la nuestra era tener una lista con fechas y temas de conferencias por dictarse o ya dictadas.

Siempre vi el rol del dirigente, de otra forma. Además de lo que señalan los Estatutos y Reglamentos de la Sociedad, complementándolos y perfeccionándolos, existen otras normas, otros principios éticos, universales y de siempre, que lo delinean.

Entre estos, el principio más importante es que no se es elegido, más exactamente no se pide ser elegido, para ser servido o servirse sino para servir. Jesucristo, hace casi 20 siglos, demandó que «el mayor debe ser el servidor de los demás» (Mt. 23,11 y Mc 10,43) y hasta exigió que «el que quiera ser el primero, sea esclavo de todos» (Mc 10,44). La exigencia cristiana no sólo tiene trascendencia espiritual, sino también en todas las actividades humanas.

Otros principios generales para quien ejerce la responsabilidad de gobernar fueron desarrollados por Pericles en Atenas, 450 años antes de Cristo, hace 25 siglos. Y que podemos resumir y adaptar:

- Servir al mayor —no al menor— número de los miembros.
- Procurar la igualdad de oportunidades para todos.
- Prestar especial atención a los menos fuertes.
- Realzar el mérito, la sabiduría, el esfuerzo, la abnegación y la entrega.
- Procurar el armonioso equilibrio entre el interés de la institución y el de los miembros que la componen; garantizando el desenvolvimiento y el desarrollo en todo orden de cosas; protegiéndola contra los egoísmos individuales, al mismo tiempo que evitando la arbitrariedad.
- No sólo defender la supervivencia de su institución contra los que la quieren destruir, disminuir, postergar, subyugar o dividir, desde fuera o desde dentro; sino también, preservar su independencia, tratar de desarrollarla y engrandecerla.

Y pudiéramos añadir que se requiere humanismo y espiritualidad en todos, pero más urgentemente en quienes tienen el encargo de dirigir a otros. Siempre lo ha sido necesario, pero ahora lo es más que en el pasado.

 

CONDUCCIÓN NACIONAL E INTERNACIONAL

Hemos procurado tenaz y persistentemente mantenernos adheridos a todas estas normas, no sólo porque las consideramos válidas sino porque nos identificamos absolutamente con ellas; más aún cuando por hacerlo, algunas veces fuimos incomprendidos, por alguno o algunos que se sintieron disgustados porque esperaban.

Así, hemos dado participación, en cuanta actividad hemos desarrollado, al mayor número de Miembros de la Sociedad, muchas veces a más del doble que lo usual, procurando la participación general y dando oportunidades a miembros jóvenes.

Ello felizmente se acompañó y, hasta podríamos decir, se recompenso con asistencias históricamente inusitadas en numerosas ocasiones, como para el VII Curso de Cardiología para el Consultor o el XV Congreso Peruano de Cardiología, para mencionar dos ejemplos solamente.

Hemos aumentado hasta a 19 el número de Consejos Científicos de la Sociedad, con distinguidos Miembros en la Presidencia de cada uno de ellos, tanto para honrarlos como para dividir y compartir las oportunidades de participación entre el mayor número de colegas que fuera posible.

Hemos puesto particular interés en los Residentes de Cardiología y Cardiólogos jóvenes, aún cuando no fueran miembros de la Sociedad (ni en la condición de Adscritos). Para ellos han estado abiertas las puertas de la institución. Para ellos ha habido, cada año el Curso de Cardiología para Residentes y las series de Controversias en Cardiología, como eventos particularmente diseñados para Médicos y Cardiólogos jóvenes.

Hemos perseguido dar el sitial de honor correspondiente, en cuanta ocasión hemos tenido a nuestros Presidentes Honorarios, Miembros Fundadores y Ex presidentes.

Para el último Congreso, abandonamos la costumbre de designar un Comité de Honor integrado por ilustres personalidades políticas y académicas, que no pocas veces ignoraban lo que era nuestra Sociedad, y que en otras tantas no podían concurrir a las Ceremonias a las que hablan sido invitados. Las reemplazamos por los miembros fundadores, los hombres que nos dieron esta Sociedad, y los ex Presidentes, los hombres que —particular y especialmente— juraron servirla y dar lo mejor de si para su unidad y engrandecimiento, defendiéndola y preservándola.

Igualmente, hicimos que esas mismas personalidades estén presentes en el Estrado de Honor durante las ocasiones más solemnes de la vida de nuestra Sociedad, como lo fue para la Ceremonia Inaugural del mismo y como lo es hoy en la Ceremonia de Transmisión de Cargos de la Junta Directiva, para que las nuevas generaciones de Cardiólogos y nuestros invitados conozcan la importancia que ellas tienen y el aprecio y el afecto que nuestra Sociedad les guarda.

Creamos la «Medalla de Oro de la Sociedad Peruana de Cardiología» por Servicios Extraordinarios. A ser otorgada bienalmente y a ser entregada durante la Ceremonia Inagural del Congreso Nacional de Cardiología, la circunstancia más solemne de nuestra vida institucional, en la que se reúnen no solo los Miembros de ella sino además los más ilustres invitados nacionales y extranjeros. La primera condecoración fue conferida al Dr. Carlos Rubio y le fue impuesta por la más alta personalidad de la Cardiología Institucional mundial, el Dr. Elliot Rapaport, como todos pueden recordar.

A los premios ya existentes para estimular la investigación científica, hemos añadido uno más: el Premio Víctor Alzamora Castro para el investigador joven, dotado en un incentivo pecunario proporcionado por la propia Sociedad Peruana de Cardiología.

Se han incorporado 21 Miembros a la Sociedad en este bienio. Ocho de ellos como Miembros Activos y uno como Miembro Asociado; los demás como Miembros Adscritos.

Hemos tenido la fortuna de conseguir que un número importante de verdaderamente connotados visitantes participen en nuestras actividades, otorgándoles una calidad científica excepcional; y a los que hemos incorporado a nuestra Sociedad como Miembros Correspondientes u Honorarios.

Las relaciones con las Sociedades Internacionales de Cardiología han alcanzado el más alto nivel. Así, por ejemplo:

Con la Sociedad y Federación Internacional de Cardiología el grado de la amistad existente permitió la concurrencia a nuestro Congreso no sólo del Presidente Actual, sino además de los Presidentes Saliente y Electo; ocurrencia infrecuente que sólo se va a repetir, en forma parcial, con ocasión del próximo Congreso Interamericano. A ellos hemos hecho conocer y comprender, desde hace tiempo, un asunto que nos preocupa sumamente, consiguiendo su aprobación y respaldo: Nuestra posición con respecto a algunas instituciones que debieran estar vinculadas con la nuestra o cuyas actividades interfieren con las de la Sociedad Peruana de Cardiología (situación comparable a la que enfrentan no sólo en otros países, sino también a nivel internacional).

Igualmente, ellas son excelentes con la Sociedad Interamericana de Cardiología y con la Unión de Sociedades de Cardiología de América del Sur. El Dr. Thomas Ryan, presidente de la Sociedad Interamericana de Cardiología, quien estaba imposibilitado de concurrir a nuestro último Congreso, quiso conseguir un reemplazante del más alto nivel; declinando nosotros su ofrecimiento por ya contar con la aceptación confirmada de un número suficientemente importante de otros invitados. El Dr. Luis Moya, Presidente de la Unión de Sociedades de Cardiología de América del Sur, estaba comprometido para asistir a nuestro Congreso, no pudiendo hacerlo por haber sufrido una neumonía en vísperas de viajar a Lima.

Desde hace una década la Sociedad Peruana de Cardiología es contribuyente doble (como Sociedad Científica y como Fundación) a la Sociedad y Federación Internacional de Cardiología, en representación del Perú. Ello sumado a la reconocida labor de educación y prevención que nuestra Sociedad viene realizando, condujo a que ella forme parte, como Institución Fundadora, de la Fundación Interamericana del Corazón. Con lo que ya son 4 las organizaciones internacionales de las que la Sociedad Peruana de Cardiología es miembro representante del país.

Desde hace 2 años iniciamos contactos personales y oficiales con las Sociedades Internacional e Interamericana de Hipertensión; como es sabido, ellas no afilian Sociedades; sin embargo, el Presidente de la Sociedad Peruana de Cardiología ha sido oficialmente invitado para representar al Perú en los Foros Consultivos de la Sociedad Internacional de Hipertensión los años 1994 y 1995. Por otra parte, fuimos la primera institución peruana en buscar filiación con la Liga Mundial de Hipertensión.

Hemos establecido excelentes relaciones con el Instituto del Corazón de Texas, lo que facilitó la visita no sólo de 3 distinguidos miembros sino hasta del Presidente de esa institución para el VII Curso de Cardiología del Consultor; de invalorable ayuda para esto fue el Dr. Bernardo Treistman. E igualmente, lo hemos hecho con la Fundación Favaloro, permitiendo un programa de visitas de 4 miembros de ella durante el año 1994; y que tanto el Director de Asuntos Internacionales, como el mismo Presidente de la Institución, Dr. Renó Favaloro, asistieran al XV Congreso Peruano de Cardiología, después de no pocos años y de haber declinado otras invitaciones para venir al Perú. En los casos de estas 2 últimas instituciones, se contó además con subvenciones, para los gastos correspondientes, durante el año 1994.

Se han mantenido las más cordiales relaciones con el American College of Cardiology y la American Heart Association.

 

ACTIVIDADES CIENTÍFICAS

De ninguna manera vamos a fatigarlos enumerándolas o detallándolas. Si podemos recordarles que todas ellas aparecen publicadas en la revista Peruana de Cardiología. Y con respecto al número de ellas, habíamos querido seguir el aforismo latino «Non multa, sed multum» (no vale el número sino la importancia de las cosas); sin embargo, el tiempo transcurrido nos ha dado un balance de muchas actividades realizadas; y no pocas de ellas de importancia realmente mayor, para no usar otros adjetivos superlativos que consideramos no corresponde ser empleados por nosotros mismos.

Entre las actividades más grandes y de carácter internacional tenemos:

El XV Congreso Peruano de Cardiología, de prácticamente una semana de duración.
El VII Curso de Cardiología, de 3 días de duración.
El Curso Internacional de Ecocardiografía, de casi una semana de duración.
El Curso Internacional de Electrocardiografía, de casi una semana de duración.
8 Simposios Internacionales en Lima.
2 Simposios Internacionales en Trujillo y Arequipa.


Otras actividades importantes, de carácter nacional han sido:

Doce Sesiones Científicas.
11 Sábados Cardiológicos.
08 Controversias en Cardiología.
08 Reuniones Mensuales de Ecocardiografía.
02 Cursos de Cardiología para Residentes.
02 Encuentros de Hemodinamistas.
02 Cursos de Reanimación Cardiopulmonar.
15 días de Jornadas Cardiológicas en Filiales
02 Meses del Corazón (el V y el VI), durante los cuales la Sociedad Peruana de Cardiología hizo un importante esfuerzo en la lucha por la prevención y control de las enfermedades cardiovasculares en la población general, actuando así más allá de la práctica tradicional de la recuperación de la salud perdida por individuos enfermos. Un gran número de abnegados, hombres y mujeres participaron en esta tarea a lo largo y ancho del país. Instituciones altruistas y filantrópicas dieron su noble apoyo a esta cruzada. Los medios de comunicación masiva prestaron una invalorable e indispensable colaboración. Además de una gran difusión de información apropiada, se determinó la presión arterial gratuitamente a millares de personas y se pudo organizar una caminata motivacional para personas de la tercera edad, que contó con la concurrencia de centenares de entusiastas participantes, entre otras actividades.

Señores Miembros de la Sociedad Peruana de Cardiología: Ustedes: hicieron que no sólo algunas, sino que todas y cada una de estas actividades fueran un éxito.

 

REVISTA PERUANA DE CARDIOLOGÍA

La reanudación de la publicación de la Revista Peruana de Cardiología es una satisfacción y un orgullo excepcional para nosotros. Se ha cumplido una promesa. Se ha hecho realidad un sueño largamente acariciado y que parecía inalcanzable. Este logró se debe al trabajo, tesón y entusiasmo del Comité Editorial y, particularmente de su Editor el Dr. Oscar Alvarado.

La continuidad de la Revista está garantizada, si se prosigue por el camino iniciado y trazado.

El reconocimiento más grande no sólo de la Sociedad Peruana de Cardiología, sino además, de la comunidad médica del país, ¿y por qué no?, de todo el Perú para los que han logrado dejar este hito en nuestra historia.



LAS INDUSTRIAS VINCULADAS A LA CARDIOLOGÍA

Un reconocimiento muy especial merece la industria farmacéutica. Y me estoy refiriendo a la industria farmacéutica más importante, la de avanzada, la de investigación. Ella no sólo nos proporciona importantísimas armas en la lucha para restaurar la salud pérdida de nuestros pacientes, sino que su apoyo ha sido fundamental para la realización del programa desarrollado durante estos dos años. Nunca antes jamás la Sociedad Peruana de Cardiología había conseguido tan grande ayuda noble, generosa y decidida, de parte de la industria farmacéutica; al mismo tiempo manteniendo independencia, soberanía y respeto mutuo.

 

Estas excelentes relaciones y este reconocimiento, conducieron a que, por primera vez en muchos años, por iniciativa y decisión nuestra, la Industria Farmacjutica de Investigación tiene la exclusividad para publicidad en nuestra Revista y Congreso con la sola excepción de la industria de Equipos Médicos.

Estamos seguros que esta colaboración se prolongará, aumen-tará y perfeccionará en el futuro.

 

 

ECONOMÍA DE LA SOCIEDAD

 

Manejar la economía de una familia o de una institución en nuestro país en nuestros tiempos; no es nada fácil. Somos todos perfectamente conscientes de ello.

 

La Sociedad Peruana de Cardiología no es una institución con fines de lucro, pero tiene necesidades económicas que satisfacer y prever.

Aunque los costos; de todos los servicios han sido y son crecientes, hemos mantenido las cuotas que debe aportar cada Miembro de la Sociedad, en el mismo monto en que estaban fijadas cuando nos hicimos cargo de la Institución. Debemos hacer constar que, considerando los gastos; por mantenimiento del local, personal, todos los servicios que la Sociedad ofrece a cada Miembro (telefonía, fax, fotocopiado, biblioteca, hemeroteca, videoteca, informática avanzada), la Revista Peruana de Cardiología y las aportaciones a las Sociedades Internacionales a las que la Sociedad Peruana de Cardiología -y todos sus Miembros por consiguiente- está afiliada, el monto real de las aportaciones tie cada socio debiera ser 10 veces mayor. Por consiguiente, las económicas no son las razones que impiden a un Cardiólogo ser Miembro de la Sociedad Peruana de Cardiología.

Igualmente, las cuotas de inscripción a nuestros Simposios, Jornadas y Cursos, así como al XV Congreso Peruano de Cardiología han sido nulas o sólo simbólicas. Baste poner como ejemplo que la cuota de inscripción para los Miembros de la Sociedad Peruana de Cardiología a nuestro último Congreso fue inferior al costo por persona de sólo la recepción inagural del mismo.

De manera semejante, dada la alta categoría de este Congreso, los gastos consiguientes fueron importantes e incrementados por el aumento del costo de los; servicios hoteleros, incentivado por el creciente turismo receptivo en nuestro país.

 

Sólo algunos; de los Profesores Extranjeros Invitados tuvieron firmas patrocinadoras. La mayor parte, los más importantes y notables de ellos, fueron huéspedes de la Sociedad. Nosotros cubrimos el transporte, el alojamiento, las atenciones y los obsequios, o las visitas a Cusco y Machu Picchu, de ellos y de las esposas que les acompañaron. Y lo hicimos considerando la categoría y dignidad propios de nuestros huéspedes, y el decoro y la sobriedad propios de la Sociedad Peruana de Cardiología.

Se ofrecieron, en el mismo Hotel, el tradicional Almuerzo para las Filiales y por primera vez el Almuerzo de ex Presidentes.

La Cena de Clausura tuvo un gran número de invitados, como una muestra de nuestro reconocimiento por su participación o apoyo.

 

Quizá todo esto, y no quisiéramos creer otra cosa, motivó que se originara la especie de que se habría o se había agotado, no sabemos si hasta dilapidado, las reservas monetarias de la Socie-dad Peruana de Cardiología. Como suele suceder, los aludidos -nosotros- fuimos quizás los últimos y los peor informados sobre los detalles del cuento. No sabemos, no hemos querido ni quere-mos saber cómo se origino, ni cuánto ni en qué forma se difundió. Si estamos seguros, sin haberlo indagado, que los miembros de la Sociedad que nos conocen y que nos eligieron por unanimidad para dirigirla, no lo creyeron.

 

Nosotros perdonamos al autor o autores. Cómo quisiéramos creer que sólo fue un juicio precipitado, mal informado y que se pareciera no bien intencionado. No quisiéramos que se aplicara a nadie la divisa que, para la Orden de Jarretera, creara, dos siglos antes del descubrimiento del Perú, Eduardo III, soberano de Inglaterra: «Honni soit qui mal y pense» (Deshonrado, o vil, sea quien mal piense). Y mal pensar no es pensar mal o pensar equi-vocada o erróneamente. Malpensar es juzgar aviesamente, torcidamente. El que quiera crecer ante la opinión de los demás, no debe intentar deslucir la obra edificada trabajosamente por otros, ni demostrar contra ellos; más bien debiera leer a Cervantes y seguir al Quijote cuando dice: «Un hombre no es más que otros no hace más que otros

Quienes nos conocen más y mejor, saben muy bien cuánto hubiéramos querido no tocar este tema ni decir estas palabras. Él o los que lanzaron esta especie, debieran saber que el honor es el mayor y más preciado bien para el resto de la humanidad, y en particular para nosotros todos. Él o ellos han provocado esta respuesta, que considerábamos indispensable y al mismo tiempo mesurada.

Repetimos, la Sociedad Peruana de Cardiología no es una institución con fines de lucro. De sus actividades va quedan una reserva económica para cubrir futuros crecimientos o nece-sidades. Y esa reserva puede irse incrementando en cada periodo del gobierno de ella. Así, la junta Directiva anterior, al término de una gestión exitosa, la incrementó en 30% aproximadamente. Y nosotros, aunque todavía hoy no tenemos una cifra exacta, ni es imprescindible precisarla en este momento, si podemos afirmar enfáticamente, que al término de nuestra gestión, luego de toda la labor realizada, y en la forma en que se hizo, sin quedar de la alguna, estamos dejando a la Sociedad Peruana de Cardiología, felizmente, no sólo la reserva total que recibimos, sino que la hemos incrementado, no en 30%, no en 40%, no en 50%, ni en 100%, sino la hemos aumentado en más del 180%. Ello ha sido logrado gracias al manejo juicioso de nuestra economía, comen-zando por la mayor austeridad para con nosotros mismos. Por poco no llegamos a dejar en las arcas de la Sociedad Peruana de Cardiología, el triple de lo que recibimos. Sin embargo, no es mucho para todo lo que quisiéramos para ella.

 

ELECCIONES

A fines del mes de marzo se nominó al Comité que convocó y condujo Elecciones inobjetables el 10 de junio último. Como resultado de ellas fue elegida una nueva junta Directiva integra da por un grupo de distinguidos Cardiólogos, de larga y presti-giada trayectoria institucional, que la Sociedad supo aquilatar, respaldar en forma categórica. Nos congratulamos inmensamen-te por todo esto. Guardamos una antigua y dilecta amistad, y un aprecio muy grande, para con Waldo Fernández y muchos de los miembros de su lista; y para con todo ellos, el conocimiento de su probidad intachable y de su cariño para la Sociedad. Cuentan con nuestro apoyo decidido con el respaldo de toda la institución.

 

GRACIAS

Antes de terminar este Discurso quiero expresar mi agradecimiento a la junta Directiva 1993-1995, por su respaldo incondicional. Cada uno dio lo mejor de sí. Nunca olvidar cada uno de los instantes vividos juntos en la magnífica experiencia de trabajar, luchar y soñar por la Sociedad Peruana de Cardiología.

Igualmente, a nuestro Secretario, el Sr. Alberto Inga, muy querido y apreciado por todos nosotros, por su lealtad, gran preocupación e identificación con nuestra Sociedad.

Por último, sin ser menos importante, debo expresar la gratitud más grande a nuestras familias. Y yo quiero hacerlo muy especialmente a mi familia toda, a mi esposa Elida y a mis hijos, María Elena, Ursula, Salvador y Agustin, por su paciencia, tolerancia, comprensión y apoyo, en una palabra por su amor. Sin ellos, yo no hubiera podido hacer lo que he hecho por la Sociedad Peruana de Cardiología.

 

CONCLUSIÓN

Hace 2 años, al asumir la Presidencia de la Sociedad Peruana de Cardiología, terminamos nuestro Discurso Programa haciendo una invocación a Dios para pedirle que nos ayudara en la labor por acometer y que nos diera:

- paciencia y tenacidad ante las dificultades,

- lucidez, serenidad y ecuanimidad en los juicios y decisiones que tuviéramos que hacer, y

- fortaleza y firmeza en la ejecución de las resoluciones que debiéramos tomar.

Hoy, al terminar nuestro periodo de responsabilidad en la conducción de la Sociedad Peruana de Cardiología, con templado todos los hechos grandes o pequeños, públicos o reservados, oficiales; o privados, fáciles o difíciles, simples o complejos, sombríos o luminosos, trascendentes o triviales, ocurridos a lo largo de estos 2 años; quiero y debo hacer, desde lo más profundo de mi corazón, un acto solemne, sincero y reverente de agradecimiento al Señor.

Porque, en atención no a nosotros, sino a la entrega, dedicación, voluntad de servicio que quisimos ofrecer, y a la honestidad y rectitud que pretendimos para nuestras intenciones y nuestros actos, guió.

- nuestros pasos,
- nuestros afanes y trabajos,
- nuestros juicios, resoluciones: y ejecuciones, para el mejor servicio y honra de la Sociedad Peruana de Cardiología.

Alabado sea Dios.

La Sociedad Peruana de Cardiología ha sido servida.

Muchas gracias a todos.

Transmisión de cargo realizado en el Colegio Médico del Perú el 7 de Julio de 1995