V

"POSEER, SI DABLE ES, TODAS LAS CIENCIAS"

 

La variedad de las materias de las cátedras que se encargaron a Melgar no solamente era una muestra de su capacidad intelectual, sino de la amplitud y seriedad de los estudios que desde la reforma del obispo Chaves de la Rosa, se llevaban a cabo en el Seminario de Arequipa. Es cierto, sin embargo, que muchos de los cursos eran inevitablemente elementales, que para pasar de una materia a otra los estudiantes no tenían sino un corto período de tres meses; que el estudio incipiente de las ciencias no tenía un carácter autónomo, sino era como un desprendimiento de las doctrinas filosóficas. Entre las Ciencias de la Naturaleza y la Ontología de la Naturaleza, entre la observación de los fenómenos y la especulación sobre sus causas, no había fronteras bien trazadas.

El curso mencionado del padre Isidoro Celis, basado en François Jacquier, que al parecer fue el que introdujo los principios newtonianos en los centros de estudios del Virreinato del Perú y que fue utilizado por Mariano Melgar en Arequipa, partía de la exposición de las reglas filosóficas para llegar después a las experimentaciones objetivas. La Filosofía se dividía en cuatro ramas cuyo estudio se desenvolvía gradualmente: Lógica, Metafísica, Etica y Física. Esta última se dividía, a su vez, en dos partes: la Física General y la Particular. La primera estudiaba las propiedades universales de los cuerpos, su extensión, la impenetrabilidad, la divisibilidad, la Estática y la Mecánica. La segunda examinaba las propiedades particulares de los cuerpos, su fluidez, su equilibrio; el tratado del aire y el sonido; lo perteneciente a la luz y los colores; y luego la Cosmografía, la Astronomía y lo tocante a la esfera celeste1 .

Una importante referencia de lo que se entendía entonces por Filosofía y Matemáticas y la resonancia de los Philosophiae Naturalis Principis Mathematica, de Newton, se encuentra en la descripción de un acto público realizado unos años antes en la Universidad de San Marcos de Lima2 . De la Historia de la Filosofía, la Lógica, la Etica (Dogmática, Característica y Parenética), la Ontología, la Psicología, la Teología Natural, se pasa al campo de la Física, que se "arma de los principios del Cálculo y la Geometría". Al Cálculo se le divide en cuatro partes: Aritmética, Algebra, Analogía y Análisis. A la geometría se la divide en tres partes: Longimetría, Planimetría y Estereometría. De allí se continúa a la Física General y la Particular. Todo termina con la Cosmografía, donde se siguen los conceptos de Newton sobre posiciones de la esfera, movimiento de los planetas, gravitación universal, flujo y reflujo de la mar, y en la segunda parte de la Cosmografía, nociones esenciales de Geografía Histórica, Astronómica y Física.

Es de suponer que, dada la vastedad de los estudios, la formación elemental de los alumnos y los pocos años de aprendizaje y luego de enseñanza de Melgar (cuando asumió el curso 11 de Filosofía sólo tenía veinte años de edad), en el Seminario de Arequipa sólo se podía aspirar entonces a una exposición muy general en el campo científico. Los libros de texto o de consulta eran, por otra parte, muy escasos en toda la extensión del Virreynato. En las Constituciones del Seminario de San Jerónimo se había dispuesto que siempre hubiera una pieza destinada a librería, armada de los estantes necesarios y con los libros colocados según el orden del catálogo3 ; pero ese catálogo, inevitablemente, no podía ser muy copioso. El propio obispo Chaves de la Rosa había dado una prueba material de su interés por aumentarlo cuando a los cuatro años de llegar a Arequipa, al otorgar su testamento el 24 de noviembre de 1792, dispuso que sus libros fueran dejados al Seminario4 . El ofrecimiento lo cumplió, y cuando renunció la mitra y salió de Arequipa su colección particular enriqueció los estantes, no muy nutridos, de la biblioteca5 .

Las Constituciones indicaban también que "para que la Librería se mantenga con cuidado, limpieza y el orden y disposición que dexamos notado, queremos que de los Seminaristas Pasantes de Filosofía se elija por el Rector y Catedráticos el que sea más a propósito para el empleo de Bibliotecario". Y nadie mejor para ello que Melgar, quien fue elegido para el cargo a fines de 1811, con lo que no sólo cuidó los libros, sino los tuvo más al alcance para su propia preparación intelectual. Cuando se retiró del Seminario, se pudo añadir por eso en su constancia de servicios "qe. ha servido de Bibliotecario mas de año y medio, en cuyo tpo. ha hecho un Indice nuevo y encargado libros qe. no constaban en el inventario"6 .

La leyenda de Melgar, basada en la realidad, pero idealizada por la resonancia de su vida y su obra, se ha extendido también en este aspecto. El mismo, en una declaración autobiográfica, ha dicho expresamente:

Desde que mi razón tuvo ejercicio

procuraba adquirir sabiduría;

......................................................

Poseer, si dable es, todas las ciencias

fue toda mi ambición y mi codicia7 .

Y ese deseo se hizo realidad.

Su hermano y alumno Juan de Dios, por ejemplo, al presentar la primera edición de la Carta a Silvia, habló de "un compendio geográfico en verso y un nuevo método para estudios"8  escrito por Mariano, que no se han encontrado nunca. Otro de sus hermanos, José Fabio, en las Noticias biográficas que escribió para la edición oficial de las Poesías, a los cincuenta años del fusilamiento de Melgar, elogió "su ardor por abrazar todos los ramos del saber", y añadió a sus estudios de Filosofía, Matemáticas, Ciencias Eclesiásticas, Teología, Derecho, Historia, Idiomas, Bellas Letras y aun Artes Mecánicas la siguiente información sobre las artes:

"Dibujó y pintó sin maestros, porque no los había, y porque él sabía tomar las lecciones de la naturaleza. No le fue extraña la escultura ni nada de lo que atrae y encanta la imaginación. En arquitectura hizo algunos bellos ensayos. En música debía quedar estéril en teoría, porque no nació en tierra italiana. Pero enseñaba las reglas del arte y gustaba y hacía gustar de algún pobre concierto, de los que en su tiempo era dado gozar en Arequipa"9 .

Es muy difícil distinguir ahora lo que hay de idealizada tradición familiar y lo que hay de realidad en este campo. José Gregorio Paz Soldán, en los Anales universitarios del Perú, agregó que Melgar había escrito "un compendio en latín de la Historia de la Filosofía" y que el ya aludido compendio geográfico era "en verso castellano un compendio de Geografía de Arequipa"10 . El mismo José Fabio Melgar precisa que cuando faltó el arquitecto del templo de San Camilo, Melgar tomó bajo su protección al oficial de albañilería Lorenzo Domínguez, le trazó líneas, le dibujó adornos y bajo su dirección se levantó la cúpula11 . Pero no hay ninguna prueba documental que lo confirme.

Otra de esas informaciones, por su parte, añade que Melgar fue el primero en aprender y luego enseñar taquigrafía en Arequipa, y que fue en esos caracteres como escribió su Carta a Silvia12 , posiblemente para mantenerla en discreta reserva. Aunque esto último parece indudablemente una exageración, de ser de Melgar en verdad la canción que comienza "Dónde estás, bien de mi vida", del manuscrito propiedad de Patricio H. Ricketts, podría haber una indirecta comprobación de esos conocimientos entonces tan nuevos. La canción termina en el manuscrito con una línea de signos taquigráficos, en la que parece que se pueden descifrar, o adivinar, algunas palabras: "ojos negros", "ayuda", "noche" y tal vez "Siv" o "Silvia"13 .

También puede haber una confirmación de la noticia sobre sus conocimientos músicos, aparte del acompañamiento musical que forma parte viva de sus afamados "yaravíes" y del supuesto aprendizaje de vihuela y de órgano con su maestro Francisco Tomás de Quiroz, en la partitura que encontró el investigador Arndt von Gavel en el archivo de la Sociedad Musical de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro de Arequipa. Se trata de un "Miserere", que no es el manuscrito original, sino una copia, que a pesar del carácter de música eclesiástica von Gavel considera que puede haber sido la adaptación a fines religiosos de una canción profana, y que en la música y la letra lleva escrito el nombre de "Mariano Melgar"14 . Por lo menos la letra, que comienza:

Ten mi Dios, mi bien, mi amor,

misericordia de mí,

la forman dos décimas que por el tono sentimental y aun el error de confundir el tratamiento de "tú" y "vos" está dentro de la línea de otras composiciones melgarianas.

Mayor seguridad ofrece su fama de orador, muchas veces citada. Las actuaciones frecuentes en el Seminario pudieron servirle de palenque, y en su certificado de estudios se dice que varias ocasiones llevó la voz de su plantel "con aplauso y reputación pública". Su fama en ese sentido está además corroborada con el elogio de un contemporáneo ilustre, su amigo y compañero José María Corbacho, quien –es verdad que en la fecha tardía de 1833, cuando se llevaron los restos de Melgar al nuevo cementario de la Apacheta– habló de sus "copiosos torrentes de elocuencia"15 .

Su hermano Juan de Dios, en su introducción a la primera edición de la Carta a Silvia, mencionaba también que, además del latín, Melgar aprendió el francés, el inglés y el italiano. No hay prueba de los dos primeros idiomas, aun cuando algunos de los libros de la biblioteca del Seminario han debido de ser ediciones francesas como era frecuente entonces en lo relacionado con los libros de estudio. Pero de su conocimiento del italiano hay una prueba en la curiosa octava bilingüe que se publicó por primera vez en La Bolsa de Arequipa en 1891, con un texto muy estropeado que ha podido reconstruir Estuardo Núñez en su estudio sobre la influencia italiana en Melgar, en Las letras de Italia en el Perú16 :

Giá non si puó ascoltare il dolce nome

de la felicidad ni del consuelo;

ya no podemos esperar que asome

la riservata pace in nostro cielo.

Corrucciato ha sconfitto Dio le Home

con que fijó la dicha en este suelo;

ya no hay otro recurso en tanta pena

che pianger sopra il ferro e la catena.

En cambio, de su cabal conocimiento del latín no hay duda alguna. No sólo porque era imprescindible en los estudios del Seminario, y más en quienes como Melgar estaban preparados para seguir la carrera eclesiástica, sino porque el propio Melgar estuvo encargado de la clase de Latinidad antes de cumplir los veinte años y hay el bien conocido testimonio de sus traducciones del latín. En algún caso puede tratarse de un simple ejercicio de Retórica, como los que se recomendaban en el Seminario con los textos de Horacio, de Virgilio, de Cátulo o de Ovidio; y así parece que fue la traducción en romance endecasílabo de un trozo del Libro IV de las Geórgicas, de Virgilio, versos 450 a 530.

Melgar vierte las palabras de Proteo, cuando éste responde a la pregunta de Aristeo y le anuncia con voz atribulada la segunda pérdida de Eurídice. Con ampulosidad a veces, por el mismo carácter del idioma castellano a diferencia de la sintetizadora elocuencia del latín, Melgar traduce en otras partes ajustadamente, como cuando el

te, dulcis conjux, te solo in litore secum,

te veniente die, te decedente canebat,

se convierte en:

a ti, dulce consorte, a ti en la aurora,

a ti al anochecer, clamó afligido.

Y al terminar, cuando en las propias puertas de la muerte Orfeo llama a Eurídice, hundida entre las sombras de la laguna Estigia, Melgar traduce las últimas frases de Proteo:

Dijo Proteo; y al profundo abismo

del mar saltó, formando con el golpe

en el agua espumosa un remolino17 .

De poesía religiosa en latín hay también traducciones de Melgar. Una de ellas, que no inspira mucha confianza en su autenticidad, es la que con el título de Profecía del mar Atlántico, y con un texto muy deteriorado, publicó Rada y Gamio, con la advertencia de que no es una traducción del Apocalipsis de San Juan, sino "una paráfrasis deducida de la exposición de dicho libro sagrado hecha por el P. Pastorini"18 . Otra es la glosa del "Docebus malignos vias tuas et impios ad te convertentur", que Melgar vierte en una décima:

Yo mismo, yo, enseñaré

a los malos tus caminos;

de sus torpes desatinos,

Señor, los apartaré.

Yo con tu luz guiaré

los tristes hijos de Adán,

ya que tan ciegos están

en los locos desvaríos

de su error; y los impíos

a ti se convertirán19 .

Mayor importancia tiene la traducción del Salmo XII de David (según la numeración de la Biblia Vulgata), el "Usque quo Domine oblivisceris"20 . La versión latina del salmista se desenvuelve en la traducción castellana de Melgar con la contenida emoción y las imprecaciones refrenadas que ostenta el canto hebreo. Hay algo de majestuosa serenidad herreriana en la segunda estrofa, cuando junto al reproche por los males ejemplos propuestos a sí mismo se pregunta el salmista si todo el día

este error llenará de pena el pecho.

La traducción de Melgar, oscurecida por sus propias producciones y relegada además por el desdén con que es común considerar las simples versiones o paráfrasis, constituye una expresión magnífica dentro del panorama literario del Perú de su tiempo. Si se le compara con la traducción posterior de José Manuel Valdés, que en 1833 publicó la primera versión de su Salterio, habitualmente elogiado por la crítica, se apreciarán las diferencias a favor de Melgar. Lo que en Valdés es suave y lento, explicativo y abundoso, en el mozo poeta arequipeño tiene vigor conciso, castigado decoro, brío íntimo:

¿Hasta cuándo, Dios mío,

me tienes olvidado en tanto extremo?

¿Hasta cuándo de mí tu rostro pío

apartas enojado?...

Y donde el doctor Valdés dice con elocuencia:

Considera mi estado,

¡oh Señor y Dios mío!,

y atiéndeme piadoso,

porque salen del alma estos suspiros.

Ilumina mi mente

para que de improviso,

embriagado en la culpa,

no me arroje la muerte en el abismo.

No dejes que algún día

contrarios tan inicuos

se complazcan diciendo:

ya sobre él y su Dios prevalecimos...21 

Melgar sólo expresa sobriamente:

Ilumina mis ojos:

no vuelva yo a dormir entre las sombras

de la horrorosa muerte;

ni mi enemigo viendo mis despojos

diga: "Ya le venció mi mano fuerte."

 

Ninguna, sin embargo, de tanta importancia dentro de la obra poética de Melgar como su traducción de los Remedia Amoris de Publio Ovidio Nasón. Por su calidad formal, por su fidelidad al espíritu y a la riqueza lírica más que a la letra misma del poema latino, y sobre todo porque los sentimientos de amor y de angustia, de queja honda y de olvido imposible, se enlazan con los afectos y con las circunstancias reales del propio Melgar, esta traducción descuella con un relieve singular sobre otras versiones o paráfrasis de éste u otros poemas ovidianos. Puede compararse, por ejemplo, la versión tan ceñida de Melgar (que sólo excede al texto original en corto número de versos) con la abundancia perifrástica de un poeta de tanta notoriedad en el siglo XVIII como Eugenio Gerardo Lobo, que cambia en liras y en romance endecasílabo los dísticos de las cartas ovidianas de Enone a Paris y de Dido a Eneas en su colección de las Heroidas22 .

Melgar, además, acierta con el título: Arte de olvidar o Remedio de amor. Es decir, Arte de olvidar como un complemento o una contraposición del Ars amandi que había compuesto el mismo Ovidio. En castellano, ni la antigua versión de Luis Carrillo de Sotomayor: Versión de los Remedia Amoris (Madrid, 1613), ni la muy leída en el siglo XVIII de Diego Suárez de Figueroa: Remedios del amor impuro (Madrid, 1733), habían imaginado el título menos fiel, pero indudablemente más poético, que escogió el poeta arequipeño23 .

Melgar acierta también con el Sumario, al parecer creación suya, donde resume el poema en 30 líneas, con 27 aforismos y consejos, que no existían en el texto ovidiano; y que por su eficaz concentración y para facilidad de los lectores se han colocado después como epígrafes de las 27 estrofas del poema (también subdivididas personalmente por Melgar) en todas las reediciones posteriores:

Dicta leyes de olvido el amor mismo...24 

Tierra por medio pon contra el cariño...

Recuerda agravios y defectos mira...

Coteja con mejores a tu joven...

Rompe retratos; huye de los sitios

que te hagan recordar dichas pasadas...

A pesar de la fidelidad de la versión, Melgar suprime por escrúpulos morales 84 versos del texto de Ovidio al terminar la estrofa V; y explica su decisión en una nota en latín: "Loci istius lascivi versus videri possunt in suo textu originali" (los versos lascivos de este lugar pueden verse en su texto original)25 . Por la misma razón, en la estrofa XX transcribe en su latín original dos de los versos: "Hic fuit, hic cubuit, thalamo dormivimus isto, –Hic mihi lasciva gaudia nocte dedit" (aquí estuvo, aquí se acostó, en este tálamo dormimos, aquí durante la noche me dio goces lascivos)26 . Pero no se alcanza a comprender por qué dejó de traducir otros dos versos de la estrofa VI, que conserva también en latín:

¿Quid lacrimas, odiosa senex? bene convenit illis

Officio natam laedis, inepte, tuo27 .

No se sabe la fecha en que Melgar tradujo el poema ovidiano. De haberse escrito durante sus años en el Seminario, a ello podrían deberse sus escrúpulos ante las frases lascivas de Ovidio; aunque no sea éste un argumento muy seguro. Es posible que, como en el fragmento de las Geórgicas, de Virgilio, se trate también en este caso en buena parte de un ejercicio de Retórica como los que se recomendaban en el Seminario, escogido por predilección estrictamente artística y sólo de modo secundario en conexión con la experiencia personal del traductor. Pero la leyenda sentimental que acompaña a Melgar no puede desprender el argumento central del poema de lo que fue en realidad su intenso amor y el supuesto deseo de compensar con el olvido el desvío de "Silvia". Aunque no se pueden deducir conclusiones con referencia a ese aspecto biográfico, siempre habrá la tendencia a considerar que el sello personalísimo de la traducción de Melgar y el cálido aliento humano que revela se deben a que ha buscado en el poema de Ovidio "un lenitivo a su dolor más que una versión artística"28 .

Notas

1 "Análisis del curso filosófico del Padre Celis", en Mercurio Peruano, tomo IX (Lima 1793), págs. 122-129.

2 "Noticia de un acto público de Filosofía y Matemáticas, dedicado a la Real Universidad de San Marcos, y breve extracto de las Teses que ofreció sustentar el Actuante" (Carlos Pedemonte), en Mercurio Peruano, tomo VIII (Lima 1793), págs. 277-278, 280-297.

3 Constituciones del Seminario de Arequipa, cit. Parte I, Título IX, "De la Bibliotheca y su Prefecto".

4 Testamento otorgado en Arequipa ante el notario público don Rafael Hurtado. Ver Santiago Martínez, La diócesis de Arequipa y sus Obispos, cit., pág. 218; Pablo Macera, Bibliotecas peruanas del siglo XVIII, p.14.

5 Enrique Carrión Ordóñez, en Pereira y el Perú, cit., pág. 53, cita una carta del canónigo M. Menaut (Biblioteca Nacional de Lima, D. 11820) donde se elogia la biblioteca que había dejado Chaves de la Rosa antes de salir de Arequipa.

6 Certificación del 5 de julio de 1813, que se copiará en su integridad más adelante.

7 Mariano Melgar; Carta a Silvia, 1ra. edición, Ayacucho 1827, pág.16.

8 Ibid. Presentación, pág. 3.

9 "Noticias biográficas", en Poesías de Don Mariano Melgar, cit., págs. 47-49.

Las Noticias biográficas, escritas por José Fabio Melgar, aunque aparecieron sin su nombre, están fechadas en Lima el 5 de setiembre de 1865. Del 22 de abril del mismo año de 1865 es la "Introducción" de don Francisco García Calderón. Sin embargo, el libro sólo se publicó en 1878, impreso en Nancy, Francia, pero con pie de imprenta de Lima.

10 Citado en Lira arequipeña (Arequipa 1889), pág. 301.

11 Noticias biográficas, cit., págs. 50-51.

12 Lira arequipeña, cit., pág. 301.

13 Nota en Mariano Melgar, Poesías Completas, ed. Academia Peruana de la Lengua, cit., pág. 139.

14 Arndt von Gavel, "El ´Miserere´ de Melgar", en El Comercio, Lima, 21 de octubre de 1973, suplemento dominical.

15 José María Corbacho, "A Melgar", en Album del centenario de Melgar, cit., pág. 165.

16 La Bolsa, Arequipa, 7 de noviembre de 1891. Estuardo Núñez, "Mariano Melgar y sus posibles fuentes itálicas", en Las letras de Italia en el Perú (Lima 1968), pág. 41.

17 Bajada de Orfeo a los Infiernos. La más antigua versión conocida de esta traducción es la del manuscrito de Poesías de Dn. Mariano Melgar. Cuaderno 2.º, que se conserva en la Biblioteca Lilly de la Universidad de Indiana, Bloomington, Indiana, USA. Reproducida en Poesías de Don Mariano Melgar, edición Lima-Nancy, págs. 125-129.

18 Rada y Gamio, Mariano Melgar y apuntes para la historia de Arequipa, citado, págs. 178-182.

19 En Arequipa Ilustrada, núm. 111, Arequipa, 1 de agosto de 1914.

20 Se publicó por primera vez en El Republicano, núm. 47, Arequipa, 19 de noviembre de 1831, con el título de "Traducción del Salmo XIII", que es el número que le corresponde en los códices hebreos. Se le recogió en las Poesías de Don Mariano Melgar, ed. Lima-Nancy (1878), con el número XII, que es el que tiene el Salmo en la Biblia Vulgata.

21 José Manuel Valdés, Salterio Peruano o paráfrasis de los ciento cincuenta salmos de David y algunos cánticos sagrados, Lima 1833.

22 Varias poesías y entre ellas muchas del Excmo. Señor Don Eugenio Gerardo Lobo, tomo II (Madrid 1769).

23 La primera edición de la traducción de Melgar tiene la siguiente portada: Arte de olvidar o Remedio de amor de P. Ovidio Nasón. Traducido en versos castellanos por D. Mariano Melgar. Obra posthuma. Primera edición. Conforme al manuscrito autógrafo del traductor. Arequipa, 1833. Imprenta de Pedro Benavides. En la introducción a la primera edición de la Carta a Silvia (Ayacucho 1827) se menciona ya la versión de Melgar sólo como Arte de olvidar, y así ha seguido apareciendo –sin el título doble– en las reediciones posteriores.

24 En la edición princeps y en casi todas las reediciones posteriores se lee: "Dicta leyes del olvido el amor mismo"; pero evidentemente es una errata, porque sobra la "1" de "del", que altera el endecasílabo.

25 Arte de olvidar o Remedio de amor, ed. cit., pág. 22.

26 Ibid., pág. 24.

27 Ibid., pág. 39.

28 Germán Torres Lara, Mariano Melgar, traductor de Ovidio (Lima 1952), pág. 12.


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