III

MARIANO MELGAR ESTUDIANTE EN EL SEMINARIO

 

Entre tanto, después de las primeras enseñanzas recibidas en el hogar, Mariano Melgar había comenzado sus estudios formales. En la Arequipa de entonces había para la primera etapa de los estudios siete escuelas gratuitas: una Escuela Real de Latinidad para niños, una Escuela Real de primeras letras para niños, una Escuela de primeras letras para niños fundada por el obispo Antonio de León a fines del siglo XVII, una Escuela de niñas fomentada por el Ayuntamiento, otra igualmente para niñas en el convento de Santa Catalina y otras dos escuelas para niños en los conventos de San Francisco y la Merced, donde se leían cursos de Latinidad y Filosofía para la juventud religiosa y seglar1 . Fue el de San Francisco el primer colegio público al que asistió Mariano Melgar, no sólo por el prestigio que tenía sino posiblemente por la circunstancia material de que la Iglesia y el convento quedaban sólo a unas tres calles y en la misma recta de su casa.

No se conoce exactamente cuándo empezó a estudiar allí. Sólo se sabe que en 1807, terminado ese aprendizaje y cuando ya había cumplido diecisiete años de edad, hizo su ingreso en el más alto centro de estudios de Arequipa: el Seminario Conciliar de San Jerónimo2 . El dato concreto de ese ingreso está consignado en el acta de examen que se conserva en el respectivo Libro de estudios del Seminario arequipeño3 y que a la letra dice así:

"Examen privado de Filosofía de Don Mariano Melgar manteísta.

"En el Colegio S(eminari)o de S. Geronimo de esta ciudad, a 19 dias del mes de septiembre de 1807 años, D. Mariano Melgar, manteísta, se presentó ante mí el Vice-rector Lic. D. Eusebio Nieto, pa. ser examinado de toda la Filosofía qe. cursó en el Convento de Ntro. P.S. Francisco de esta ciudad, haviendo obtenido de antemano licencia del Sor. Rector pa. dho. efecto, y haviendosele examinado al citado D. Mariano merecio la aprobacion pr. haver contestado sobre las materias qe. se le tocaron: en virtud de esta examen fue admitido a cursar la Teologia en calidad de manteista pagante. Y pa. qe. conste y obre los efectos qe. convengan se pone esta partida, fha. ut supra.

"Lic. Eusebio Nieto"

El Seminario Conciliar de Arequipa, fundado en el primer cuarto del siglo XVII por el obispo Pedro de Perea y reformado vigorosamente al terminar la centuria siguiente, en 1791, por el obispo Chaves de la Rosa, constituía evidentemente uno de los centros de estudios –no sólo religiosos sino de cultura general– que había alcanzado prestigio más notorio en el Virreinato del Perú. Era en verdad como una etapa casi obligatoria en la carrera de formación humanista y católica de las poblaciones del sur del Virreinato. Al Seminario acudían, además de los mozos de Arequipa, los procedentes de Tacna y de Puno, de Arica y de Moquegua, que o bien allí concluían sus estudios o quedaban aptos para continuar luego en las Universidades de Lima o el Cuzco materias de Derecho o Teología.

Aunque su importancia intelectual databa de su misma fundación, el Seminario de San Jerónimo alcanzó su mayor renombre con las referidas reformas introducidas por el obispo Pedro José Chaves de la Rosa Galván y Amado, titular de la diócesis de Arequipa de 1786 a 1804, y cuya labor en tal sentido se ha podido equiparar a la reorganización de vasto alcance efectuada en el Convictorio de San Carlos de Lima por Toribio Rodríguez de Mendoza4 . El ilustre y enérgico prelado (nacido en Chiclana, España, pero vinculado profundamente a la historia cultural americana) impulsó una renovación trascendental en los temas de estudio, en el personal y en los sistemas. Con arraigado sentido religioso, pero con el espíritu ampliamente abierto a los nuevos conceptos de acrecentado objetivismo que se extendían por el mundo, el Seminario de Arequipa alcanzó gracias a él un carácter de centro de experimentación, de lugar donde al lado de las especulaciones metafísicas había interés por la ciencia natural, preocupación por los problemas sociales y económicos, atención hacia los hechos reales y concretos. Y aunque es verdad que la reforma del Seminario de San Jerónimo fue más de carácter ético y científico que de despertar de problemas políticos, es también cierto que la aireación intelectual que la nueva actitud representaba tuvo que producir una posición de crítica frente a las realidades circundantes y la formación de un equipo parejo que se sintió pronto ya maduro para pasar del campo teórico a las realizaciones de orden práctico. Equiparable también en esto a Rodríguez de Mendoza, monseñor Chaves de la Rosa demostró una intensa capacidad proselitista; y discípulos suyos fueron hombres ilustres que iban a tener especial figuración en los primeros años republicanos del Perú: Francisco Javier de Luna Pizarro, Mariano José de Arce, Benito Laso, José María Corbacho, Francisco de Paula González Vigil, Andrés Martínez, Manuel Cuadros.

En cambio, Mariano Melgar no lo alcanzó directamente. Ingresado en el Seminario en 1807, hacía ya tres años que el obispo había salido de la ciudad para presentar la renuncia de su cargo y que había quedado como vicario general del Obispado el doctor Juan José Manrique, precisamente rector de San Jerónimo en el momento de la iniciación de los estudios de Melgar5. Al cabo de un largo interinato, fue sólo en julio de 1810 cuando hizo su entrada en Arequipa su sucesor, el obispo Luis Gonzaga de la Encina Díaz y Perla, después que en noviembre del año anterior había tomado posesión de la diócesis a su nombre el deán don Saturnino García de Arázuri6.

Se desvanece por lo tanto la leyenda de haber ingresado Melgar al Seminario por el favor y con el apoyo de monseñor Chaves de la Rosa. Lo que encontró sin duda allí fue la huella profunda de su recuerdo como obispo y como reorganizador de los estudios; que se conservaba además particularmente en esos años por la circunstancia de que, aunque renunciante, el prelado siguió viviendo en Lima hasta embarcarse para España en 1809. Pero lo cierto es que el encuentro directo y personal no se produjo; y por eso, en el primer examen público de Melgar, el 23 de diciembre de 1807, quien presidió la prueba fue el doctor Manrique, como gobernador del Obispado.

Así aparece en el acta que se conserva en el Libro de estudios del Seminario de Arequipa:

"Examen de Religión, curso 7.º

En la ciudad de Arequipa, en veintitres días del mes Dcbe. del presente año de mil ochocientos siete, el L.D. Diego Villavaso y Huerta, Abogado de las Rs. Audic. del Reino y catedrático de Sagrada Theología presentó a los semina-ristas Dn. Matheo de Cosío y Urbicaín, Dn Anselmo Reyes, D. José Leandro Casapía, D. José Manl. Paredes, D. Pedro Antonio Salamanca D. Toribio Linares, D. Narsiso Velasques, y a los escolares D. Eusebio Bengoa, D. Fermín Pando, D. Manuel Leiva, D. Luis Leiva, D. Ildefonso Menendes y D. Mariano Melgar, todos los quales fueron examinados pr. el Sor. Govor. del Obispado, Maestros del Seminario y otros Doctores, obteniendo gral. aprobación, en el tratado de Religion, pr. haver desempeñado cumplidamente: lo que firmo para qe. asi conste y obre los efectos qe. combengan, a 24 días del mes de Dice de 1807.

"Franc.º Xvr. de Luna Pizarro.

"Manuel Villavaso y Huerta, Pro-Srio."

En 1808 Mariano Melgar fue aprobado en otros dos exámenes. El primero, el 16 de julio, versó sobre las materias: "De Deo uno et atributis, visione Scientia, voluntate, predestinatione, de reproba-tione", a lo que se unió el tratado "De Trinitate", o sea la primera parte de los temas de la fundamental Summa Theologica de Santo Tomás de Aquino; y tanto él como sus condiscípulos se desempeñaron "con lucimiento", sosteniendo "todas las proposiciones del curso Lugdunense a presencia del Sr. Provisor Doctor Don Mariano Barrios, del Vicerector cura de Torata Doctor Francisco Javier Luna Pizarro y de los catedráticos del Seminario". El segundo examen se realizó al finalizar el año, el 19 de diciembre, y las preguntas versaron sobre la segunda y la tercera parte de la Summa, los tratados "De Deo creatore" y "Verbo Incarnato", también según el curso lugdunense

El licenciado Diego Villavaso continuó como su maestro el año siguiente. Era rector del Seminario el doctor Juan José Manrique, quien seguía encargado del Obispado, y ante él fue Melgar examinado de las materias "De Gratia Christi" y "Justificatione" (es decir, la cuarta parte de la Summa según el mismo curso), el 13 de junio de 1809. Cuatro meses después, el 30 de octubre, se presentó Melgar junto con otro manteísta, Ildefonso Menéndez, para ser ambos aprobados en examen privado, y no en la acostumbrada función pública, sobre la siguiente materia de la Summa: "De Sacramentis in genere" y especialmente de Bautismo y Confirmación.

El año de 1810 tuvo singular trascendencia para Mariano Melgar –que entonces llegaba a los veinte años– en su carrera en el Seminario de San Jerónimo. Manteísta pagante, o sea alumno externo, desde su ingreso en 1807, alcanzó a obtener la beca de Colegial de gracia, que lo vinculaba definitivamente con la casa de estudios, al mismo tiempo que como comienzo de su ascenso de alumno a profesor se le encargó en forma interina la enseñanza del curso de Latinidad y Retórica. La disposición del deán García de Arázuri (gobernador entonces de la diócesis en nombre del nuevo obispo Encina y Perla), refrendada por el prosecretario del Seminario Francisco de Paula González Vigil expresa así:

"Dn. Mariano Melgar, Colegl. de Gracia.

"El Sr. Dr. D. Saturnino García de Arázuri, governador de esta Diócesi exa. mandó qe. Dn. Mariano Melgar sirviese interinamente en la clase de Gramática de este Real Seminario y juntamente se le diese la Beca como efectivamente se le dio pr. el S. Vice-Rector el día 11 de marzo del presente año, visto el decreto del S. Governador del dia diez del mismo mes y año, y pa. qe. conste y obre los efectos que convengan está firmado, ut supra.

"Eusebio Nieto.

"Franc.º de Paula Gonz. Vigil. P. secretario del RI. Semin.º"

Una certificación de estudios del 16 de mayo confirma que Mariano Melgar tenía la cátedra de Latinidad y Retórica que se le había encargado interinamente7 .

Desde aquella fecha, la vida de Melgar tuvo por otros años su marco permanente en el local del Seminario, que funcionaba en la calle de San Francisco8 . Según las Constituciones aprobadas el 1 de julio de 1807, expedidas a solicitud y según el texto del obispo Chaves de la Rosa pero llegadas a Arequipa cuando hacía tres años que el prelado había renunciado9 , no sólo eran severas las condiciones exigidas a catedráticos y alumnos y lo referente al gobierno espiritual, sino muy minucioso lo relativo a vestidos, horarios, salidas, colaciones. La ropa de los seminaristas, por ejemplo, tenía que reducirse a lo siguiente: bonete negro, chupa y calzón del mismo color o azul obscuro, sobretodo azul con mangas y sombrero negro para las salidas al campo, zapatos gruesos con botones o cinta ordinaria, medias que no fueran de seda (las de seda estaban prohibidas aun para los pagantes); y como vestido de ceremonia loba de paño u otro género azul y beca roja con un escudo, en el que se llevaba bordada o de plata al martillo la imagen de Nuestra Señora de la Asunción 10 . El menaje no lo constituían sino "mesa, estante pequeño y asiento, caxa o petaca, dos toallas, y cubiertos con dos platillos y dos servilletas, con los otros utensilios de necesidad moderados". Para dormir: "cuxa o catre, colchón, sábanas y sobrecama de lana"11 .

El horario de las labores era el siguiente: primera campanada a las cinco y media de la mañana en el invierno y a las cinco en cualquier otro tiempo; segunda campanada a las seis, cuando ya todos debían estar lavados y peinados; Santa Misa; retiro a las habitaciones para repasar las lecciones del día; nueva campanada a las nueve para entrar en las aulas, donde ya esperaría el catedrático, quien debía rezar una antífona, arrodillado como los alumnos, ante la imagen de la Virgen; clase de nueve a diez, estudio de diez a once en las habitaciones; descanso hasta el momento del almuerzo, que se servía a las once y media; reposo de una a dos; estudio de dos a tres; clase de tres a cuatro; recreo; toque del Angelus; rosario; estudio hasta las ocho y media en las habitaciones "con las puertas abiertas, como deben estar siempre"; cena; oración en la capilla, y a las nueve y media toque de silencio y "al punto apagar las luces"12 .

En cuanto a la alimentación, las Constituciones entraban en detalles expresivos de las costumbres de Arequipa. "El desayuno ordinario será una xícara de chocolate con pan francés; en los días festivos y de asueto será alguna vianda caliente de carne o pescado, u otro guiso del país, conformándose con el estilo y gusto de los naturales". "Al mediodía, sopa de arroz o fideos..., puchero con vaca, cordero, tocino y garbanzos, y otro plato de miniestra y postre; y en los días festivos verduras, que son costosas en el país, y mejor postre". "Para merendar, se les dará fruta del tiempo sazonada y de buena calidad en cantidad prudente". "La cena será ensalada, un guiso y postre". "En los días de comida de Viernes se darán cuatro platos". "Los días clásicos (o sea el de San Jerónimo, el cumpleaños de los Reyes, la consagración de los prelados, el Santo del Rector y del Vice-Rector, según el Título 6.º, artículo 1), se añadirá un extraordinario de arroz con leche u otro manjar delicado" y a los superiores vino, "cuyo uso se permite a éstos y se prohibe en cualquier día a los colegiales"13 .

Los cursos que propuso el obispo Chaves de la Rosa fueron Gramática Latina, Castellana, Griega, Hebrea y Arábiga (sólo nociones de estas últimas14 , Filosofía, que comprendía Lógica y Etica basadas en Heinecio y Metafísica del abate Para; Física (sobre la base del Diccionario de Física de Brison y las difundidas versiones de Newton por el padre Isidoro Celis, del convento limeño de la Caridad de Agonizantes); elementos de Matemáticas (con los Principios del cálculo y de la geometría, o curso completo de Matemáticas elementales, del abate Para du Faujas); Astronomía; Sagrada Escritura; Teología, en sus diversas ramas; Historia Eclesiástica; Ritos y Cómputos; Derecho Canónico; y además Derecho Natural, de Gentes y Civil, cuyo proyectado estudio se suprimió por la Real Cédula de 180715 . Para los estudios de Retórica se recomendaban traducciones de Ovidio, Virgilio y Catulo, poesías y epístolas de Horacio, oraciones de Cicerón, Salustio y Tito Livio, el De ars dicendi de Francisco Sánchez de las Brozas. Para la lectura en el refectorio al mediodía se recomendaba el Antiguo y el Nuevo Testamento, la Historia Eclesiástica, la Historia general de España y las Historias del Perú y de México del Inca Garcilaso de la Vega y de Antonio Solís; y para la noche, el Catecismo Romano o el de Puget16 .

La amplitud y la seriedad de los estudios correspondían en el campo intelectual a la inflexibilidad de la doctrina y a la severidad de las costumbres en lo que se refería a la formación moral y espiritual. Los catedráticos debían ser "para sus discípulos un dechado de modestia, urbanidad y compostura"17 ; y debían atenerse permanentemente a los rigores del plantel. Para ello se les inducía, además de los actos externos, a reflexionar sobre sí mismos y escuchar la voz de su conciencia. Una interesante hoja suelta manuscrita, que guarda en Arequipa Eduardo Ugarte y Ugarte, parece contener un revelador acto de contrición de un seminarista de aquella época. Todos los párrafos comienzan con una "A" que, por el texto que le sigue, puede interpretarse como "Acúsome". Se declaran pecados, olvidos, jactancias, imprudencias; hasta un acto carnal, "con el agravante de haberse excedido ese día en la bebida". Parece así el esquema de la confesión de un seminarista, fechada al margen: "Dom.º 13 de 7e", que puede ser el domingo 13 de septiembre de 180818 . De Mariano Melgar o de algún otro seminarista de su edad, la inesperada confesión pone un calor de realidad y hasta un temblor de arcilla humana en la aparente rigidez de los alumnos del Seminario de Arequipa.

 

Notas

1 Hipólito Unanue, Guía política, administrativa y militar del Virreynato del Perú para el año de 1793 (Lima), pág. 268.

2 El primero en dar a conocer las certificaciones de los estudios de Melgar en el Seminario fue Salvador Cornejo en su tesis universitaria de 1915. Ver "Mariano Melgar, su vida escolar", en Prosistas e historiadores, Primer Festival del Libro Arequipeño, cit., págs. 149-158. La mayor parte de las partidas, y algunas de ellas literalmente, las reproduje del Libro de Estudios del Seminario, en "Mariano Melgar, estudiante y maestro", en Mar del Sur, núm. 13 (Lima, setiembre-octubre 1950, págs. 1-17). Poco después se publicaron textualmente también en la obra póstuma de Pedro José Rada y Gamio, Mariano Melgar y apuntes para la historia de Arequipa (Lima 1950), págs. 238-248.

3 Seminario Mayor Metropolitano de San Jerónimo, Arequipa. Libro general: 1.º Constitución del Sr. Pedro José Chaves de la Rosa; 2.º Matrículas y Exámenes de alumnos; 3.º Oficios aprobando las cuentas, etc.; 4.º Lista de Rectores y Profesores 1791-1865.

4 Véanse, en sus partes pertinentes, el libro clásico de Benjamín Vicuña Mackenna, La Revolución de la Independencia del Perú (Lima 1860); el artículo de Manuel de Mendiburu en el Diccionario histórico-biográfico del Perú, t. II (Lima 1876); el folleto de Mariano Ambrosio Cateriano. Sr. Dr. Don Pedro José Chaves de la Rosa (Arequipa 1888); el estudio de Jorge Guillermo Leguía El Precursor, sobre Toribio Rodríguez de Mendoza (Lima 1922); la recopilación de estudios sobre Chaves de la Rosa en el Boletín del Museo Bolivariano, núm. 15 (Lima, abril-mayo 1930), que incluye el elogio pronunciado por Andrés Martínez en la Academia Lauretana en 1822; y Santiago Martínez, La diócesis de Arequipa y sus Obispos (Arequipa 1933).

5 Santiago Martínez, La diócesis de Arequipa y sus Obispos, cit., pág. 221.

6 Para la actuación del Obispo Encina y Perla véase: Enrique Carrión Ordóñez, "Pereira y el Perú", en Boletín del Instituto Riva-Agüero, núm., 8 (Lima 1969-1971), págs. 21-76, -véase también Santiago Martínez, La diócesis de Arequipa y sus Obispos, cit., y las cartas de monseñor Encina y Perla citadas por Rubén Vargas Ugarte en Manuscritos peruanos del Archivo de Indias (Lima 1938), pág. 315.

7 Rada y Gamio, Mariano Melgar y apuntes para la historia de Arequipa, citado, pág. 241.

8 Sobre la adquisición de las casas de Miguel Garcés por el obispo Pedro de Perea, para instalar el Seminario en 1622, véase Juan Domingo Zamácola, Apuntes para la historia de Arequipa (Arequipa 1888). El doctor Santiago Martínez, en La diócesis de Arequipa y sus Obispos, cit., pág. 62, dice "Miguel Garcia".

9 Constituciones del Seminario de Arequipa, remitidas al rey con carta de 30 de agosto de 1802 y firmadas por "Pedro Josef, Obispo de Arequipa" el 30 de enero de ese año; en Real Academia de la Historia, Madrid, Colección Mata Linares-70, fs. 193-210. Las Constituciones aprobadas y en muy poco enmendadas por el monarca se publicaron en: Reales cédulas en favor del Seminario Consiliar de San Geronimo de Arequipa, y aprobacion de los Reglamentos de Visita, Ereccion, Constituciones, y método de estudios (Lima 1808); las Constituciones, en págs. 27-188.

10 Lámina 10 de la citada Colección de Figuras que demuestran usos y costumbres de Arequipa, varios muebles de casa y alaxas de Iglesia, &, tomo 2.º de Antonio Pereyra y Ruiz, Noticia de la muy noble y muy leal ciudad de Arequipa. La lámina presenta a un colegial de San Jerónimo y tiene la siguiente leyenda: "Colegial. El Manto es de paño azul, la Beca de grana, y en ella bordada, ó de plata al martillo la imagen de la Asuncion. El Bonete de paño."

11 Constituciones del Seminario de Arequipa, presentadas por Chaves de la Rosa, cit. Parte II, Título II, "Del vestido interior y exterior de los seminaristas", artículo 2.º

12 Ibid. Parte II, Título IV, "De Distribuciones", arts. 2° al 23.

13 Ibid. Parte II, Título VIII, "Del Refectorio y cocina".

14 Según Antonio Pereyra y Ruiz, en su Noticia..., el sucesor de Chaves de la Rosa, doctor Encina y Perla, dispuso que se estableciera una catédra de Quechua para los colegiales que hubieran de seguir la carrera eclesiástica; pero fue sólo por corto tiempo, porque, sin fondos de la mitra ni otros, "duró poco esta enseñanza en el que se ofreció para ella" (Noticia, cit., f. 38 v.).

15 Mariano Ambrosio Cateriano, Recuerdos del Ilmo. Sr. Dr. Don Pedro José Chaves de la Rosa, cit.

16 Constituciones del Seminario de Arequipa, cit. Parte II, Título IV, art. 10.

17 Ibid. Parte I, Título V, art. 3º.

18 Nota de A. M. Q. S. en Mariano Melgar. Poesías completas, ed. Academia Peruana de la Lengua (Lima 1971), págs. 280-281.


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