IV

MARIANO MELGAR MAESTRO

 

En julio de 1810, después de nueve meses de su partida del puerto de Cádiz, hizo su ingreso en Arequipa el sucesor de Chaves de la Rosa, el ya mencionado obispo Luis Gonzaga de la Encina y Perla. Al parecer el deán García de Arázuri, que había encargado poco antes a Melgar –aun cuando fuera interinamente– la cátedra de Latinidad y Retórica en el Seminario, lo escogió para que en nombre de la institución pronunciara la oración de saludo al nuevo prelado. Según la tradición, recogida por algunos biógrafos, Melgar pronunció su discurso en latín1 ; y aunque no haya constancia documental a este respecto la información es verosímil y puede explicar la simpatía que le demostró después el nuevo obispo.

El 9 y el 16 de agosto vuelve a aparecer Melgar como catedrático, en las certificaciones de estudios de dos alumnos, pero ya no en el curso de Latinidad y Retórica sino en el de Física y Matemáticas, posiblemente encargado también a él en forma interina2 . Y si estas designaciones revelan el buen concepto que de los méritos de Melgar y su capacidad docente se tenía, de las esperanzas en él cifradas como sacerdote, con el estímulo notorio de su padre don Juan de Dios, da prueba la información de haber recibido las órdenes menores por ese mismo tiempo. Efectivamente, Melgar preparó su expediente de admisión; y el 21 de septiembre de 1810, el obispo Encina y Perla, que acababa de hacerse cargo de su diócesis, le confirió las órdenes menores3 .

Aún más: el nuevo prelado –seguramente por las muy favorables opiniones que recibió de García de Arázuri durante su visita a la casa de estudios, más que por el presunto discurso en latín– lo designó para regentar, en forma estable, el nuevo curso que se abrió entonces. Era el curso 11.º de Filosofía, al que Melgar iba a dedicar sus afanes durante todo el tiempo que continuó en el Seminario. El curso se inició el 21 de enero de 1811, como consta del acta respectiva:

"Apertura del curso 11.º "El día 21 del mes de enero de mil ochocientos once Dn. Mariano Melgar dio principio al curso de Filosofía (pr. elección verbal del I. S. Obispo), al que entraron los Colegiales qe. dieron el examen de Gramática y el manteísta, a qe. se agregaron previo el examen de Latinidad los seculares Andrés Fuente, Bartolomé Betanzos, Blas Chaves, Bernave Zegarra, Casimiro Montes de Oca, Celedonio Barra, José Manl. Chaves, José Manl. Gala, Juan de Dios Melgar, Juan José Somocursio, Juan Manl. Sumarán, Lucas Bega, José Riveros, José Gomes, Manl. Arenas, Manl. Balcarcel, José Ballibian, Manl. Muñoz, Manl. Rsas, Manl. Tinajas, José Loaysa, Jacinto Salasar, Mariano Delgado, Mariano Laso, Martín Cano, Pedro Cano, Migl. Carpio, Pedro Bedrigal, Sebastián Llosa, Nasario bustamante, Tadeo Llosa, y pa. qe. obre los efectos qe. convengan está firmada ut supra.

"Lic. Eusebio Nieto.

"Franc.º de Paula Vigil. P. Srio. del Rl. Semin.º"4 .

Melgar dirigió a ese equipo de discípulos (entre los que se contaban, como se ve, su hermano Juan de Dios, seis años menor que él, y su sobrino Miguel del Carpio y Melgar, hijo de su hermana paterna Manuela) a través de cerca de tres años de disquisiciones y de estudios. Cada curso comprendía entonces, no la enseñanza estricta de una materia especial o determinada, sino la preparación de un grupo constante de discípulos para conducirlos, bajo las indicaciones y con el apoyo de un maestro, por los diversos campos que comprendía genéricamente el curso; en este caso la Filosofía. No había así profesores particulares para cada sección específica del curso, sino un maestro encargado, por un período de tiempo, de la educación y la enseñanza completas de todo el grupo que se le encomendaba. Como el licenciado Diego Villavaso lo tuvo por alumno de Teología de 1807 a 1809, así a Melgar le correspondió dirigir el curso 11.º de Filosofía de 1811 a 1813. Y a las interpretaciones escolásticas y a la consideración de los altos problemas metafísicos le tocó unir en ese curso –como consecuencia, sobre todo, de la reforma introducida de los finales del siglo anterior al nuevo siglo– el estudio de ciencias experimentales: Física y Aritmética, Algebra y Geometría, Trigonometría y Secciones cónicas, incorporadas a la Filosofía como ciencia esta última totalizadora y especulativa por antonomasia5 .

Por entonces también e inesperadamente, al cabo de diez años de un aparente olvido de la capellanía en el pago de Guarango, el padre de Melgar, don Juan de Dios, creyó llegada la oportunidad de revivir el litigio. El 14 de febrero de 1811 se dirigió en ese sentido al provisor y vicario general del Obispado. En acuerdo, o hasta posiblemente en desacuerdo, con su hijo (cuya firma, significativamente, no vuelve a aparecer en el proceso), se presentó "como Padre Legítimo de D. Mariano Melgar, Clerigo de menores ordenes, y Catedratico de Filosofia en este Real Seminario"6 .

No eran sólo un legítimo orgullo paternal y un explicable interés económico los que animaban a don Juan de Dios. Desde las primeras líneas se ve que adopta un tono beligerante y agresivo. Denuncia que se había resuelto anteriormente contra su hijo violentando el derecho, por "mero capricho", con grave daño y por presiones de los poderosos. "Quando a mi hijo se le dio el nombramiento del V(enerabl)e Dean y Cavildo –expresa– vivía en la inteligencia de que el Capellan havia sido el Illmo. Señor D. Francisco Matienzo. A este Señor, hecho ya Obispo, le escribió el Cabildo sobre esta misma Capellanía recordándole no podía ya obtenerla, y la respuesta fue consentir en que se nombrase otra persona por el Cavildo".

La capellanía inicial, además, en realidad se había perdido. Desde hacía un siglo, cuando el fundador licenciado Beamud se fue a España el patronato había correspondido por prescripción al cabildo eclesiástico de Arequipa, que había venido ejerciendo, año tras año, ese derecho. No tenía por lo tanto nada que hacer el obispo; ni menos había podido el doctor Matienzo, por sí y ante sí, ceder el beneficio ni a su primo ni a nadie. Lo que ocurría era, sencillamente, un detestable abuso de influencias. Tadeo Bravo del Rivero, el nuevo e injustificado beneficiario, no sólo era hijo del oidor don Pedro Bravo del Rivero y hermano del oidor Diego Miguel, sino procurador de Lima en la Corte de España, pariente de los condes de Montesclaros de Zapán y de los marqueses de Fuente-Hermosa, San Lorenzo de Valleumbroso y Rocafuerte y por eso –según don Juan de Dios– lo había favorecido la Audiencia limeña. A todos constaba, sin embargo, que "el cavallero D. Tadeo jamás ha seguido por la Iglesia; que se fue a los Reynos de España a pretensiones de Empleos Seculares". Y algo mucho más grave: "que en Madrid ha hecho ostentación de sujetarse a empleos y servicios de un Rey intruso (José Bonaparte); que por estos hechos tan públicos y notorios, la Nación lo ha declarado revelde y ha mandado embargar sus bienes"; (acusación externamente exacta, de la que iba a ser vindicado más tarde en 1816, por el Rey Fernando VII)7 .

Recurrió además don Juan de Dios a una acusación inesperada. Contrariando la creencia habitual, que se ha hecho leyenda en más de un siglo, por la que el obispo Chaves de la Rosa aparece casi como descubridor y benefactor de Mariano Melgar, su padre Juan de Dios denunció al prelado chiclanense como el oculto motor de toda la intriga. "El Fiscal de este Juzgado –escribió en su recurso–, q‘ fue D. Bartolomé Pérez Muchotrigo, fue el que salió pidiendo los Autos, y más la fundación de esta Capellanía, pero el resorte que todo lo movió fue el Illmo. Señor Obispo D. Pedro José Chaves de la Rosa, por los sentimientos publicos q. tubo conmigo". "Solo el respeto del Illmo. Señor Chaves –añadió–, agitado de sus sentimientos para conmigo, propendió al despojo del dr.º que a mi hijo le asistía". Por eso se anuló la concesión de la capellanía al joven Mariano; por eso se dejó de oír al deán y al cabildo eclesiástico; y por su "poderoso respeto" se favoreció a quien, como don Tadeo, "ni tenía nombramiento del Cabildo, ni era capaz de obtenerlo, por haber seguido tantos años atrás la Carrera secular con empleos públicos en Madrid".

La respuesta del capitán Agustín Velarde, que seguía de apoderado de don Tadeo, no tardó en producirse. El 4 de marzo protestó por la "insolente pluma" de don Juan de Dios Melgar; pidió que se testaran las frases ofensivas, que tuvo buen cuidado en subrayar; y, ofendiendo a su vez, dijo que la "precipitación y ligereza" del belicoso Melgar quedaban "bastantemente castigada(s) con el desprecio público". En cuanto a su representado, Tadeo Bravo, afirmó que este siempre había sido leal al Rey Fernando VII; pero, si ocupado Madrid por los franceses, "oprimido del modo más fuerte e irresistible, se ve precisado a ceder, y obtener empleos del Rey intruso", estas acciones "hechas en tales circunstancias ¿merecen culpa? ¿Merecen el odio de la Nación? ¿Está en su mano el no hacerlas?". Y con malévola intención, que resulta un testimonio importantísimo para adivinar las ideas patrióticas que animaban a los Melgar, comprensiblemente estimuladas por los acontecimientos de 1810 en el Río de la Plata, el capitán Velarde agregó: "Yo supongo a Melgar (don Juan de Dios) adicto como debe estar a las miras del Perú y distante de las ideas de Buenos Aires. Si la casualidad de las armas hiciera que esta Ciudad se ocupara, y se violentaran y oprimieran sus vecinos, viéndose él obligado a admitir empleos: ¿No disimularía al menos sus sentimientos? ¿Quando estuviese en estado de vindicarse, no alegaría la fuerza como su más poderosa excepción?".

El escrito –autorizado por el "Dr. Quiros"– terminó con el pedido de que se escarmentara a Melgar y no se le admitiera más recursos si es que no venían en buena forma autorizados por letrado de estudio abierto y conocido.

Don Juan de Dios Melgar no vaciló. El 22 de noviembre de 1811 presentó un nuevo escrito, autorizado esta vez por el letrado "Dr. Pacheco", pero del mismo fuerte tono. Se quiere que "con el miedo cierre la boca" –exclamó–, mas en vano. Monseñor Chaves de la Rosa y su dignidad serán venerables, pero "ningún súbdito –decía enérgicamente– es obligado a acatar los vicios y mal humor del Prelado". Había esperado hasta entonces, por un largo período de diez años –agregaba–, "hasta el tiempo en que mis quejas fundadas no se mirasen como delitos de lesa magestad para oprimir un sentimiento". Nadie puede quitar sin injusticia un derecho concedido en justicia por el deán y el cabildo. Y menos si don Tadeo nunca había pensado en ordenarse, en tanto que Mariano Melgar, "mi hijo, está in via pa. ello".

La rotundidad del alegato y la vehemente defensa del padre, del mismo modo que el aprovechamiento de la oportunidad porque monseñor Chaves de la Rosa con su viaje había desaparecido de la escena peruana, al parecer hicieron su efecto. El 21 de marzo de 1812 el fiscal general del Obispado de Arequipa, doctor Agustín Calatayud, criticó que las partes se hubieran perdido en ataques personales y propuso un problema de jurisdicción no aclarado hasta entonces: ¿a quién correspondía en realidad el patronato, y por lo tanto la adjudicación de la capellanía: al obispo, o al deán y el cabildo? El 9 de setiembre, como envalentonado por la pregunta, don Teodoro Pastor, a nombre del cabildo, se dirigió al provisor y vicario general del Obispado y con nutridos documentos que databan desde 1762 sostuvo que el cabildo eclesiástico era el patrono y que por lo tanto "está enteramente en su dr.º a presentar Capellanes para esta Capellanía". La cesión del doctor Matienzo a su primo Tadeo Bravo del Rivero era nula: "el nombrar Capellanes es acto peculiar del Patrón y no del Capellán". Lo más que podía entenderse, en todo caso, era que hubo cesión de réditos por los días de su vida; pero como el obispo Matienzo había muerto, el nombramiento de su sucesor, "sugeto apto", quedaba firme y subsistente. "D. Mariano Melgar –concluía– es el nombrado por el Cavildo, mi parte, y que tiene la colación legítimamente dada, y con esto lo he dicho todo"8 

El capitán Agustín Velarde no supo ya qué responder. El 4 de diciembre pidió los autos, pero fue sólo el 12 de junio del año siguiente cuando presentó un nuevo escrito, por lo demás bastante débil. Tres días después, el 15 de junio de 1813, pasaron los autos a la parte contraria, con una anotación que parecía que diera por resuelto a favor de Melgar el asunto de la jurisdicción: "traslado al Capellán nombrado por el Ve. Dean y Cabildo". Los autos, sin embargo, no fueron precisamente al capellán, sino a quien en nombre suyo había peleado en tantos años. El último proveído, con el que se cortó bruscamente el complicado y nutrido expediente, decía así: que pasen a "D. Juan de Dios Melgar, como pad. del caplln. d. Mariano Melgar".

En efecto, el joven Mariano, que era aparentemente el protagonista del enredo y en cuyo nombre se hicieron todas las denuncias, se había mantenido expresivamente apartado del litigio. Desde su escrito de 1798, cuando tenía menos de ocho años de edad, no vuelve a encontrarse su firma en el proceso, que parece haber sido sólo un desahogo de amor propio y una batalla personal de su padre. Iniciador del curso undécimo de Filosofía en el Seminario, el Libro de Estudios de la casa lo muestra íntegramente dedicado a su labor. Así, el 2 de julio de 1811, en la mañana y en la tarde, presentó a sus alumnos, becarios y manteístas respectivamente, a un examen público de Lógica, en el que obtuvo medalla de plata el colegial Anselmo Quiroz. El 26 de octubre los volvió a presentar, con feliz éxito (todos "merecieron ser aprobados por haberse desempeñado con lucimiento"), a examen público de Metafísica, en el que Anselmo Quiroz volvió a ocupar el primer puesto, seguido por Andrés Martínez y Pedro José Gamio9. 

El año de 1812 continuó el curso undécimo, aunque dejaron de seguirlo algunos de los 31 alumnos iniciales y empezó a no figurar en las actas el nombre del hermano de Melgar, Juan de Dios. Comenzaron a anotarse también, junto a los que obtuvieron la "A" de aprobados, los de la "R" y la "M", de reprobados y medianos. El 2 de mayo de ese año el examen correspondió a Filosofía Moral o Etica; a lo que siguieron preguntas sobre otras materias, que casi todos absolvieron "con desembarazo", pero hubo cinco que no supieron contestar. Por circunstancias especiales, ese mismo día Melgar presentó al colegial porcionista Tomás Nieto para que fuera examinado sobre Historia de la Filosofía y materias de Lógica. Cuatro meses después, el 11 de setiembre, fue el examen de Aritmética y Algebra, en el que hubo cinco reprobados, en tanto que el colegial Juan Bautista Villalobos "obtuvo un elogio grande por haber resuelto problemas que no se presentaron en tabla"10 .

El 17 de agosto del mismo año de 1812 se expidió el certificado de estudios y conducta del que iba a ser ilustre Francisco de Paula González Vigil, "natural de la villa de Tacna", en el que apareció Mariano Melgar como catedrático de Filosofía y Matemáticas11 . Era el título completo del curso que, como se ha visto, comprendía no sólo temas especulativos, sino materias de rigor científico preciso. Según las actas que se guardaban en el Seminario de Arequipa, con ese carácter volvió a presentar Melgar a sus discípulos en 1813: el 30 de enero para su aprobación en Geometría, Trigonometría y Secciones cónicas; y luego, el 29 de abril, a examen de Física general (a lo que debía seguir la Física particular), que fue la última prueba a que alcanzó a presentar a sus alumnos12 .

El acta respectiva revela los alejamientos producidos entre quienes habían iniciado el curso 11 de Filosofía con Mariano Melgar:

"En el Colegio Seminario de S. Gerónimo de esta Ciudad, D. Mariano Melgar, Catedrático de Filosofía y Matemáticas, presentó ( p. orden verbal del señor Obispo) ante el señor Provisor y Vicario José Cáceres, Rector de dicho Colegio, para ser examinados de Física General, a los siguientes alumnos: Pedro José Gamio, Andrés Martínez, José María Balliván, José Joaquín Zeballos, Anselmo Quiros, Celedonio Barra, y D. Tomás Nieto, y a los manteístas D. Manuel Tinajas, Tadeo Chávez, Bartolomé Betanzos, Blas Chávez, Miguel Carpio, José Manuel Gala, Manuel Muñoz, Manuel Arenas, Andrés Fuente y José Manuel Chávez. Todos los cuales, habiendo sido preguntados sobre dicha materia por los examinadores, merecieron ser aprobados, excepto de los colegiales José Joaquín Zeballos, y de los manteístas Andrés Fuentes, que fueron reprobados, y de dichos manteístas D. Blas Chávez y D. Manuel Muñoz, que lo hicieron medianamente, y para que conste y obre los efectos que convenga lo firmé a 29 de abril de 1813, día en que se verificó el referido examen.

"Dr. Mariano Martínez."

 

Notas

1 Alberto Ballón Landa, Estudios de sociología arequipeña, en Prosistas e historiadores, Primer Festival del Libro Arequipeño, cit., pág. 117.

2 Pedro José Rada y Gamio, Mariano Melgar y apuntes para la historia de Arequipa, cit., págs. 241-242.

3 Santiago Martínez, Arequipeños ilustres, cit., pág. 71.

4 Seminario de Arequipa, Libro de Estudios, cit., f. 136.

5 Fernando Romero, Rodríguez de Mendoza, hombre de lucha (Lima 1974), págs. 273-274.

6 Biblioteca Nacional de Lima, Manuscritos, C. 4290. Aurelio Miró Quesada S., Un litigio desconocido de Mariano Melgar, cit.

7 Manuel de Mendiburu, Diccionario histórico-biográfico del Perú, tomo II (Lima 1876), págs. 79-80.

8 Biblioteca Nacional de Lima, Ms. C. 4290, cit.

9 Seminario, de Arequipa, Libro de Estudios, fs. 139 y 144; actas transcritas por Pedro José Rada y Gamio, en Mariano Melgar y apunte para la historia de Arequipa, cit., págs. 243-244.

10 Ibid., fs. 144 y 148.

11 Ibid., f. 147.

12 Ibid., fs. 153 y 154; reproducidas por Rada y Gamio, loc. cit., págs. 247-248.


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