VIII

LA ILUSIÓN DE LAS CORTÉS DE CÁDIZ

 

Pero ni el sacerdocio frustrado, ni el Derecho, ni la brillante carrera docente en el Seminario de Arequipa, ni la encendida pasión amorosa por absorbente que ella pareciera, eran los únicos motivos que impulsaban la animación de Melgar en esa época. Soterrado tal vez al principio, vacilante en los años juveniles, pero cada vez más preciso e intenso conforme alcanzaba madurez, crecía en él su interés por los problemas cívicos y se iba perfilando su conciencia de patria. La leyenda creada sobre la base de su amor a "Silvia", y robustecida en el siglo XIX por los arrebatos sentimentales del romanticismo, ha hecho creer algunas veces que su vocación política, si no secundaria, fue tardía y que en gran parte su decisión de incorporarse a la lucha por la independencia se debió al abatimiento o a la desesperación que le produjo su amor contrariado.

Si se analiza bien en cuanto a la cronología, puede pensarse tal vez lo contrario1 . O, al menos, que el interés político y patriótico de Melgar no fue tardío, sino surgió en él, por temperamento y por ambiente, simultáneamente con el surgimiento de su ardor amoroso. A los veinte años, con una sensibilidad indudablemente fácil de encenderse y en un momento en que en las colonias españolas de América se afianzaba el deseo de libertad y despertaba la conciencia de la singularidad americana, los diversos sentimientos que entusiasmaban a Melgar no se puede decir que se suceden, sino que se entrecruzan.

Es difícil señalar el momento en que se inicia su interés por los temas políticos. Hay una leyenda, que no inspira mucha confianza, que cuenta que en la casa de Melgar había un retrato del rey Fernando VII colocado en un lugar preferente en la sala de recibo y que el mozo, rebelde, "no pudiendo tolerar que se guardara tanto respeto por el retrato de un hombre a quien se le creía superior a los demás, arrebató el retrato y por una ventana lo arrojó al interior de la casa"2 . Al supuesto episodio no se le da fecha, y consultado sobre él el sobrino del poeta José Moscoso Melgar, contestó en una forma reveladoramente evasiva: "algo debió pasar", "conservo una idea muy confusa"3 .

Sin necesidad de buscar tales anécdotas, verosímiles en lo sustancial del sentimiento pero que no se pueden comprobar en cuanto a la realidad del hecho mismo, lo evidente es que desde los primeros años del siglo XIX la invasión napoleónica en España, la abdicación de Carlos IV en su hijo Fernando VII, el cautiverio y la sumisión de ambos en Bayona, la imposición del rey francés José I, hermano de Napoleón, y las reacciones populares consiguientes, tuvieron definida resonancia en América. La pérdida de la autoridad, antes encarnada en el monarca, produjo de una parte desconcierto y de otra creciente agitación y vehemente deseo de mayor participación popular en las decisiones de gobierno. Paralelamente a los que las circunstancias determinaban en España, el rotundo discurso de Juan José Castelli, por ejemplo, en el Cabildo de Buenos Aires el 22 de mayo de 1810, planteó como doctrina, que iba a ser cada vez más fuerte, que la ilegitimidad del gobierno en España hacía que la soberanía revirtiera al pueblo, con lo que se daba fundamento jurídico a la autoridad de las Juntas locales.

La situación geográfica de Arequipa, además, la hacía muy cercana a los acontecimientos que se desarrollaban en el Alto Perú y en Buenos Aires. Los sucesos de Chuquisaca y de La Paz en 1809, con la formación de la Junta Tuitiva, por frustrados y breves que ellos fueran, favorecieron una afirmación de la naciente conciencia nacional. La proclamación de la Junta de Buenos Aires en 1810 y sus triunfantes expediciones al Alto Perú, con la sublevación de las cuatro provincias de Cochabamba, Potosí, Chuquisaca y La Paz, levantaron aún más los espíritus y, aunque con alternativas de victorias y derrotas, movilizaron decisivamente a los elementos criollos y cultos que años antes habían estado muy renuentes cuando la violenta rebelión de Túpac Amaru, de carácter predominantemente indígena.

En Arequipa es fácil suponer las reacciones encontradas que estos sucesos producían. De un lado era el recuerdo de las protestas de treinta años antes contra arbitrios gravosos e injusticias:

¿Hasta cuándo, ciudadanos
de Arequipa, habéis de ser
el blanco de tantos pechos
que os imponen por el Rey?4 .

De otro, el entusiasmo que despertaba el creciente sentimiento de afirmación americana que, al principio bajo las banderas de la defensa del rey español frente a la invasión del emperador de los franceses, fue afianzando cada vez más su autonomía y se manifestaba en proclamas y emisarios a los pueblos vecinos. Pero, por otra parte, no había unanimidad en las opiniones: eran muchos los que querían refrenar ese entusiasmo, los que se reconocían con sincera adhesión a la Corona, los que tenían temor a los cambios en lo político y en lo religioso. Influía también la vanidad local de saber que un arequipeño, el brigadier José Manuel de Goyeneche, había sido encargado por el virrey Abascal, con el título de general en jefe del ejército, de sujetar a los rebeldes5 .

El obispo de Arequipa, monseñor Encina y Perla, ejerció además su indudable influencia para luchar contra la insurrección. A diferencia del espíritu liberal y renovador de Chaves de la Rosa, a él le tocó entonces usar de las armas religiosas para mantener el viejo régimen, como Abascal lo hacía con las armas políticas y Goyeneche con las militares. En su elocuente pastoral del 22 de febrero de 1811 atribuyó la culpa de todo el daño a las intrigas de Napoleón y al engaño y el cisma que querían introducir sus agentes en América, y propició la unión de los que llamaba "co-vasallos", españoles europeos y españoles americanos, para que otorgaran su respaldo al Consejo de la Regencia, en el que sostuvo que se hallaba depositada la soberanía hasta la instalación de las Cortes Generales6 .

No todos lo entendieron así, sin embargo. La agitación había crecido mucho; las noticias favorables de Buenos Aires halagaban la idea –"falsa y perniciosa", decía Encina– de la independencia, y el 20 de junio de 1811 se produjo en Tacna la sublevación de Francisco Antonio de Zela, que se tituló Comandante Militar de las Milicias de América. La insurrección se habría extendido por todo el sur del Perú, con las conexiones que tenía en Moquegua y Arequipa, si la noticia del triunfo de Goyeneche en Guaqui, que llegó sólo días después, no hubiera determinado la reacción realista y el apresamiento del caudillo rebelde.

No se sabe cuál fue la actitud de Mariano Melgar en esos días. El sacristán mayor de la catedral de Arequipa y acompañante constante de Encina, Antonio Pereyra y Ruiz, iba a escribir más tarde, en su importantísima Noticia de la ciudad de Arequipa, que los colegiales del Seminario de San Jerónimo se habían "corrompido" tanto con "la idea del liberalismo e independencia" que el obispo se vio en la necesidad de cerrarlo después y "echar fuera a todos los colegiales"7 . Melgar entonces no había llegado a tanto, y su posición parece haber sido la de los liberales como Corbacho, partidarios de la unión y la concordia entre españoles y americanos, pero sobre la base de reparación de agravios, de intervención mayor de los americanos en el gobierno y de reconocimiento de los méritos y las necesidades reales de los habitantes y pueblos de América.

Así se desprende sobre todo de su participación en los festejos con que se celebró en Arequipa la noticia del nombramiento del limeño José Baquíjano y Carrillo, conde de Vista Florida, como consejero de Estado en España8 . Son bien conocidos el entusiasmo que esa designación despertó en Lima y las fiestas triunfales que se realizaron en la capital del virreinato. El 4, el 5 y el 6 de julio de 1812 se desarrollaron las celebraciones, convocadas por el Cabildo, y entre las luminarias y las músicas, las colgaduras de paños en las casas, los bailes con asistencia del virrey Abascal y los cantos y danzas de los negros, descollaron los versos de alabanza de los ingenios –incluso femeninos– de Lima. El argentino José Antonio Miralla, que acababa de graduarse de bachiller en artes en la Universidad de San Marcos y de estudiar anatomía y fisiología en San Fernando con una beca costeada por Baquíjano9 , publicó una laudatoria corona poética: Breve descripción de las fiestas celebradas en la capital de los Reyes del Perú con motivo de la promoción del Excmo. Señor D.D. José Baquíjano y Carrillo...al Supremo Consejo de Estado10 . Por sobre la retórica banal y los elogios convencionales de los versificadores limeños destacó la Oda valiente y expresiva de José Faustino Sánchez Carrión, que entonces tenía veinticinco años y firmó sólo con las iniciales "J.S.C.":

Atado estaba el Continente nuevo
trescientos años con servil cadena ...11 .

Festividades semejantes se celebraron en Arequipa y los mejores versos fueron también recogidos por Miralla: una canción del secretario de la Intendencia, José Piñeyra, o de Piñera, que se entonó en la calle de Gobierno; una oda del clérigo Mariano José de Arce, "maestro público de latinidad y retórica"; un soneto (y al parecer también una décima endecasílaba) de José María Corbacho, asesor del Ayuntamiento, quien dispuso una orquesta en la plazuela de la Merced; y tres composiciones de Mariano Melgar, "catedrático de Filosofía y Matemáticas del Colegio de San Gerónimo", que fueron una oda de 16 liras, un soneto y un brindis en octava real12 .

Era la primera vez que Melgar tenía la alegría de ver sus versos en letras de imprenta.

En esa Oda, que por su mismo carácter y extensión es la más representativa del pensamiento del poeta13 , Melgar no ataca a España. Se conduele, al contrario, de que "la mejor monarquía" atraviese por graves infortunios y la Península se halle "presa de la traición y tiranía" como consecuencia de la invasión y de las intrigas napoleónicas. En sus posesiones de uno y otro lado del mar, España "sufre la dura mano de la suerte", pero precisamente ello suscita una mayor compenetración entre ambos mundos. Melgar renueva su fe en la metrópoli al ver, con orgullo de criollo, que en esa época de tantas turbaciones "el indiano requiere y el ibero", al punto de que designa consejero de Estado a un limeño como Baquíjano:

Ilustre Americano,
honor eterno del peruano suelo.

En Baquíjano se ha depositado "el bien del suelo patrio y del ageno", y su sabiduría y su "sensible pecho" harán ver que, al acercarse al trono augusto,

hablará el hombre justo,
y el mal que padecemos
tornaráse en placer y eterno gusto.

El mismo sentimiento de satisfacción y de confianza se manifiesta en la octava del Brindis14 , pero el optimismo de Melgar se acentúa en el Soneto15 , que de una parte anuncia que terminará la opresión americana y de otra ve a Baquíjano como salvador de la propia vida política de España:

Figurarme solía un magistrado
que hoy sostuviese a la nación entera:
¡qué luces, qué virtudes no exigiera
un empeño tan grande y elevado!
Sólo el poder de un Dios a tanto grado
las prendas de un mortal llevar pudiera;
mas ya en nuestras desdichas ¿quién espera
un prodigio tan raro y acabado?
Dixe: y "miradlo aquí", contesta ufano,
señalándome al gran Vista-Florida,
el Genio tutelar del pueblo indiano;
"la América no más será oprimida
"con este Consejero, y el hispano
"a este patricio deberá la vida".

Aún encendido el entusiasmo por el nombramiento de Baquíjano, la satisfacción y la confianza tuvieron otro motivo para manifestarse: la elección directa de Cabildos, establecida por decreto del 23 de mayo de 1812, como consecuencia de la Constitución liberal aprobada en Cádiz y promulgada el 19 de marzo. El espíritu amplio e idealista de las Cortes de Cádiz, en las que tuvieron tan notoria influencia los diputados americanos (uno de ellos, el limeño Vicente Morales Duárez, al morir súbitamente como presidente de las Cortes, fue sepultado con honores de majestad) y la doctrina cada vez más firme del restablecimiento de la soberanía nacional en los Cabildos, perdida la autoridad del monarca cautivo, tuvieron una vasta resonancia en América. En Arequipa, el juramento de la Constitución se hizo solemnemente el 22 de diciembre de 1812, en la sala consistorial por el intendente y las corporaciones y en la catedral por el obispo, las autoridades, el clero y el pueblo, con repique de campanas, salvas de artillería y regocijo público16 .

La elección de Ayuntamientos se hizo en diversas fechas, por razón de la distancia, en las ciudades en que correspondía. En la exaltación de ese momento y con la ilusión puesta en la Constitución de Cádiz y en disposiciones de las Cortes como la libertad de imprenta, la abolición de la "mita" y los "repartimientos" de los indios, Melgar escribió una Oda de 33 estancias, que en el manuscrito que perteneció a Martín Ureta se titula expresivamente: En la primera elección constituyente del Ayuntamiento de Arequipa17 . El sobrino del poeta Manuel Moscoso Melgar, al recogerla en su edición de las Poesías, le dio un título aún más expresivo: A la Libertad18 .

En esa Oda Melgar lleva su pensamiento mucho más adelante de lo que hasta entonces había manifestado. Poniendo un acento político evidente en el afecto y el interés generoso por los indios, ve a los humillados aborígenes con "rostros abatidos", víctimas infelices de tres siglos de despotismo y de miseria. "Esclavos oprimidos"

del cielo y de la tierra sin consuelo,
cautivos habéis sido en vuestro suelo,
exclama.

Como contraposición a ese cuadro dramático, las Cortes de Cádiz, o "el Congreso", abren un nuevo cauce a la reforma feliz y al optimismo.

La india llorosa,
el sabio despreciado, el orbe entero,
saben que expiró el mal, y que hemos dado
el primer paso al bien tan suspirado,

canta Melgar con cierta emoción premonitoria. Para ello hay la ventaja de que se puede ya hablar con libertad:

Por fin libre y seguro
puedo cantar. Rompióse el duro freno,
descubriré mi seno,
y con lenguaje puro
mostrará la verdad que en él se anida
mi libertad civil bien entendida.

El nuevo espíritu de libertad y la expresión de la voluntad popular en la elección de los nuevos Cabildos, de donde habían de salir los representantes de las posesiones ultramarinas que acudirían a participar en la Cortes de España, iban a lograr "extinguir la miseria", que el amor enlazara a los habitantes de ambos mundos y que la paz y la virtud triunfaran sobre el error y la discordia. Ante tan hermosa perspectiva, América se halla "llena de gozo y de contento", los "incas sepultados" saltan "alborozados" de sus tumbas y el poeta puede anunciar no sólo la reconciliación hispanoamericana, sino hasta una especie de fraternidad universal.

Así, será y gozosos
diremos: es mi Patria el globo entero;
hermano soy del indio y del ibero.

La actitud de Melgar se halla marcada así por un concepto liberal, igualitario, filantrópico, y no por un rencor o una beligerancia de rebelde. Si hay justicia y razón, si los gobernantes representan de verdad y dirigen con amor a sus pueblos, si se unen "Mayta, Iberia y Minerva"19   (el Perú, España y la Sabiduría), no habrá temor de violencia, venganza o crueldad en los gobernados. Hasta los hombres de armas que sean necesarios en América pueden convertirse en emisarios del amor y la paz.

Tal era el caso, por ejemplo, del teniente general Juan de Henestrosa, subinspector de las tropas del virreinato, quien debió suceder a Goyeneche cuando éste dimitió la jefatura general del ejército después de la derrota de las fuerzas realistas en Salta, pero que no llegó a ocupar el cargo porque puso excesivas condiciones20 . Melgar fue amigo suyo, y confió al parecer en su posible actitud conciliatoria. No se sabe en qué fecha (posiblemente cuando se creyó que iba a reemplazar a Goyeneche, en mayo de 1813) celebró a Henestrosa en una oda, un romancillo y tres sonetos21 :

Y vos, único entre ellos, sois humano,
sin perder vuestro honor sois apacible,
y esto es lo soberano,
lo raro, lo indecible:
esto es sellar tu gloria
y triunfar del valor y la victoria22 .
... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ...
Lo cierto es que si en ser rectos y humanos
los cortesanos fueran Henestrosas,
los filósofos fueran cortesanos23 .
... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ...
Todo pecho español celebre ufano,
ya sea americano, ya de Europa,
al que es de Europa y es Americano24 .

Las odas y los sonetos laudatorios, sin embargo, no podían librarse del tono convencional y la retórica de las poesías de circunstancias. Para expresar su pensamiento en forma más directa, Melgar encontró otro camino en el que, junto con la observación psicológica precisa, podía utilizar el sentido irónico de que ya había dado muestras en la Tertulia Literaria: las fábulas. Diestro conocedor de los poetas españoles de fines del siglo XVIII, Melgar había leído sin duda las fábulas de Iriarte y Samaniego y las de otros poetas menores españoles, como Pablo de Jérica, Dionisio Solís o Francisco Gregorio de Salas, por ejemplo. Su bien conocido Arriaza escribió otras intencionadas, como "La raposa y los perros de Román" o "El ruiseñor, el canario y el buey". Este tipo de composiciones, que gustaban no sólo por la amenidad, sino por la sátira, tuvo también entonces mucha difusión en América y dio lugar en las colonias ultramarinas a una nutrida promoción de fabulistas. Las fábulas de Félix María de Samaniego (1745-1801), sobre todo, por su carácter didáctico y moral, en la línea tradicional de Esopo y Fedro, que había recogido en Francia La Fontaine, tuvieron larga descendencia americana. Las de Tomás de Iriarte (1750-1791) lucían mayor gracia formal, pero sus temas eran predominantemente literarios y sus apólogos, como él mismo decía,

hablan a mil naciones,
no sólo a la Española,
ni de estos tiempos hablan.

Las fábulas de Melgar, en cambio, sí estaban intencionadamente dirigidas a su tiempo. Antonio Cornejo Polar, ha observado con razón que son las fábulas "las que permiten calibrar mejor el grado de compromiso de Melgar con el proceso histórico" que él vivía25 . Aunque sus fábulas políticas no fueron publicadas en su vida, en el mismo año en que se publicó por primera vez la Carta a Silvia, o sea, en 1827, en El Republicano de Arequipa aparecieron cinco fábulas de Melgar, escogidas precisamente por "fábulas políticas", y a ellas siguieron otras tres en el mismo periódico en 1830 y 183126 , lo que ha permitido conocer este riquísimo filón de su producción literaria.

La moraleja que se desprende de cada una es ostensible. En "Los gatos" ("uno blanco, uno negro, otro manchado"), que se arañan y gritan entre ellos hasta que un perro se los come, la consecuencia es obvia:

Si a los gatos al fin nos parecemos,
paisanos, ¿esperamos otra cosa?
¿tendremos libertad? Ya lo veremos...

En "El murciélago" la crítica es contra los acomodaticios y engañadores que "juegan a dos ases".

En "El cantero y el asno", tal vez la más representativa por su emoción indigenista, un hombre carga al asno, no le da de comer y luego se queja porque es lento, a lo que el borrico le increpa justamente:

"¡Tras cuernos palos! ¡Vaya!
Nos tienes mal comidos,
siempre bajo la carga,
¿y exiges así el brío?
¿Y con azote y palo
pretendes conducirnos?
¿Y aun nos culpas de lerdos
estando en ti el motivo?";

para concluir con una reflexión muy expresiva:

Un indio, si pudiera,
¿no dijera lo mismo?

En "Las abejas", escrita según se cree a raíz de la elección del Ayuntamiento de Arequipa, la conclusión es que hay que ser comprensivo y no exigente con los posibles defectos del gobierno. En "El asno cornudo", tal vez con el mismo motivo, se recomienda, para que la elección del pueblo sea acertada,

que le den los literatos
unas cuantas leccioncitas.

En "Las cotorras y el zorro" se critica la garrulería y la indiscreción de las primeras, en tanto que el zorro, más práctico, declara:

Yo robo mis pollos,
pero despacito.

En "Las aves domésticas" se burla de la vana pompa de los pavos, o sea, de los hombres presuntuosos. En "El ciego, el sordo y el mudo" la crítica es contra las luchas intestinas de los que deben ser afines:

Reventaba de risa un pobre ciego
al ver que a un sordo le gritaba un mudo.
El caso es increíble, no lo niego;
pero ¿negarás que suceder pudo,
si un esclavo se ríe de su hermano
al verle lamentarse del tirano?

Y en "La ballena y el lobo", sólo publicada después de encontrarse el manuscrito con poesías de Melgar de la Universidad de Indiana, se ríe donosamente de la ballena fanfarrona que dice que puede tragarse a un elefante, hasta que un lobo ingenioso descubre que no puede tragar sino anchovetas27 .


Notas

1 Francisco Mostajo, en "El poeta Melgar, prócer de la independencia", en Revista Universitaria, número 38 (Arequipa 1953), págs 115-125, niega con razón que Melgar fuera a la inmolación patriótica impulsado solamente por el desengaño amoroso que le causó "Silvia", y llega a suponer que el argumento puede revertirse: "El amor a Silvia estuvo a punto de apartarlo de la lucha y la muerte, lejos de arrojarlo a ella"

2 Gerardo Holguín, "Apuntes para la biografía de Mariano Melgar", en La Bolsa, Arequipa, 7 y 9 de septiembre de 1891.

3 Carta de J. Moscoso Melgar a Gerardo Holguín, publicada a continuación del artículo biográfico de éste y reproducida en Album del centenario de Melgar, cit. págs. 132-133.

4 En Melchor de Paz, Diálogo sobre los Sucesos acaecidos en este Reyno, ms. en la Public Library de New York. Reproducido por Luis Antonio Eguiguren en Guerra separatista, tomo I (Lima, 1952), pág. 158.

5 Para los elogios poéticos a Goyeneche véase Luis Herreros de Tejada, El Teniente General D. José Manuel de Goyeneche, primer Conde de Guaqui (Barcelona, 1923).

6 La Pastoral del Obispo Encina y Perla, del 22 de febrero de 1811, ha sido publicada por Vladimiro Bermejo en "El Iltmo. Señor Luis Gonzaga de la Encina VIII Obispo de Arequipa y el fidelismo del clero arequipeño", en La causa de la Independencia del Perú (Lima, 1960), págs. 362-380.

7 Antonio Pereyra y Ruiz, Noticia de la muy noble y muy leal ciudad de Arequipa, cit. folios 5r y v. –Citado por Enrique Carrión Ordóñez en su completo estudio Pereira y el Perú, págs. 54 y 74.

8 José de la Riva-Agüero, Don José Baquíjano y Carrillo, primera versión en El Ateneo, tomos VI y VII (Lima, 1905 y 1908); versión definitiva en La Emancipación y la República, tomo VII de sus Obras completas (Lima, 1971), págs. 21-109.

9 En el Libro de matrículas del Rl. Colegio de Medicina de Sn. Fernando de Lima, 1808-1817, folio 10 (tomo 252 del Archivo de la Universidad de San Marcos de Lima), se consigna la siguiente certificación, publicada por primera vez por Aurelio Miró Quesada S. en "Del constitucionalismo a la Revolución libertadora", en El Comercio, Lima, 30 de octubre de 1960, suplemento dominical: "D. José Antonio Miralla, natural de la ciudad de Cordova del Tucuman, despues de haver concluido el estudio de latinidad, Filosofía y parte de Teología en el Rl. Colegio de Sn. Carlos de Bs. Ayres como consta de los documtos. n-9 Legajo A. entro a estudiar anatomia en el Rl. Anfiteatro el año de 1811 y la concluyo a fines del mismo año. Continuo en el estudio de la fisiologia en posecion de la beca qe. costeo el Sr. D. D. José Baquijano, Conde de Vistaflorida, y oydor de esta Audiencia en 2 de Mayo de 1812, se graduó de Bachiller en Artes en la Universidad de San Marcos en 29 de Mayo de 1812, dio examen en la Rl. Universidad de Sn. Marcos de anatomia, fisiologia e Historia natural y fue aprobado, dexó la carrera y salio del colegio". –Manuel Lorenzo de Vidaurre en su Plan del Perú (Philadelphia, 1823), en una nota al capítulo XI, "Universidad", cita a Miralla entre los hombres de más genio y conocimientos en el Perú, junto con José Cavero y Salazar, Hipólito Unanue, Baltasar de Villalobos, Vicente Rocafuerte, el Marqués de Casa Calderón, Manuel Pérez de Tudela y José Jerónimo de Vivar. Sobre Miralla véanse también: Juan María Gutiérrez, Breves apuntamientos para la biografía de D. José Antonio Miralla, en Biblioteca Americana, t. VII (Buenos Aires, 1860), págs. 95-116; Eduardo Labougle, José Antonio Miralla (Buenos Aires, 1924).

10 Breve descripción..., cit. Lima, Imprenta de los Huérfanos. Año de 1812.

11 Ibid., págs. 22-24.

12 Sobre la poesía cívica de Melgar: Aurelio Miró Quesada S., "Del constitucionalismo a la Revolución libertadora", cit.

13 Breve descripción, cit. págs. 30-32.

14 Ibid., pág. 32.

15 Ibid., pág. 29.

16 Comunicación del Obispo Encina al Virrey, Arequipa 23 de diciembre de 1812, en Vladimiro Bermejo, El Iltmo. Señor Luis Gonzaga de la Encina, cit. págs. 384-388.

17 Rada y Gamio, Mariano Melgar y apuntes...,cit. pág. 230. –La primera versión conocida es la de El Republicano, Arequipa, 23 de junio de 1831, con el encabezamiento de: "Oda. En la primera elección constitucional del Ayuntamiento".

18 Nota en la edición de 1878, págs. 103-104: "Esta Oda debió de ser compuesta después de la promulgación de la Constitución Española de 1812; y con motivo de la elección del primer ayuntamiento constitucional de Arequipa. Así se deduce de su contexto; y aunque no tiene título, le hemos puesto tomándolo de la primera estrofa".

19 En la edición de las Poesías de 1878 y en las reediciones posteriores se lee: "Manco, Iberia y Minerva".

20 Sobre Juan de Henestrosa, ver Mendiburu, Diccionario histórico-biográfico del Perú, tomo IV (Lima, 1880), págs. 123 y 127.

21 Francisco Mostajo, "Poesías desconocidas de Melgar", en El Pueblo, Arequipa, 12 de marzo de 1915. –Pedro José Rada y Gamio, Mariano Melgar y apuntes..., cit. págs. 252-256.

22 La más antigua publicación es la de La Bolsa, Arequipa, 10 de noviembre de 1891: "Oda, al Excmo. Sr. D. Juan de Henestrosa y Orcasitas, Teniente General de los Ejércitos Nacionales y Sub-Inspector General". –En vez de "único entre ellos sois humano" (como en todas las reproducciones posteriores y como parece lo correcto) se lee allí: "sois hermano".

23 En La Bolsa, Arequipa, 10 de noviembre de 1891: "Soneto. al Excmo. Sr. D. Juan Henestrosa y Orcasitas".

24 En El Pueblo, Arequipa, 12 de marzo de 1891, como "Soneto III".

25 Antonio Cornejo Polar. "La poesía de Melgar y la Emancipación", en El Peruano, Lima, 28 de julio de 1971. –Ver también el acertado artículo de Francisco Mostajo, "El poeta Melgar fabulista", en La Crónica, Lima, 2 de diciembre de 1951.

26 Nota de la Edición española, en El Republicano, Arequipa, 16 de junio de 1827: "Han llegado a nuestras manos varias poesías inéditas del desgraciado Dn. Mariano Melgar... Mientras qe. algunos de ntros. compatriotas se encarga de su redacción y de la biografía de este paisano qe. nos hace honor, ntros, insertaremos sucesivamente en este periódico sus fábulas políticas". –Las fábulas se publicaron en las siguientes fechas: "Los gatos" y "El murciélago", 16 de junio de 1827; "El cantero y el asno", 23 de junio de 1827; "Las abejas", 30 de junio de 1827; "El asno cornudo", 7 de julio de 1827; "Las cotorras y el zorro" y "El ciego, el sordo y el mudo", 27 de noviembre de 1830; "Las aves domésticas", 6 de agosto de 1831, con la anotación: "Con cierto motivo que no sufre mucha claridad". –Véase también: Artemio Peraltilla Díaz, El periodismo arequipeño en la Emancipación del Perú (Arequipa, 1971).

27 En Poesías de dn. Mariano Melgar, Cuaderno 2.º cit.


back.gif (71 bytes) Regresar