IX

EL VIAJE A LIMA

 

A mediados de 1813 Mariano Melgar no sólo se había madurado a sí mismo, sino había logrado una figuración especial en su ciudad. Era secretario de la Tertulia Literaria, donde se reunían los mejores ingenios de Arequipa1 . Estaba por concluir el programa del curso 11.º de Filosofía y Matemáticas, al que además de introducir innovaciones en la materia había añadido principios de química. Era, con Corbacho, el abanderado del espíritu cívico, como se revelaba en su oda a la elección del Ayuntamiento de Arequipa y en su participación en los actos públicos que había organizado el Seminario. Y no sólo tenía renombre en Arequipa, sino también en Lima, la capital del virreinato, donde se había hecho conocer por la publicación de sus poesías a Baquíjano en la Breve descripción de las fiestas que hizo imprimir Miralla.

En cambio de estos aspectos agradables, su juventud se amargaba también con desazones y dificultades. Tenía que decidir por fin sobre la aceptación o el abandono de la carrera sacerdotal, a lo que lo llevaba el largo litigio de su padre, y no de él, por la capellanía, pero que estaba subordinado a lo que él y no su padre, don Juan de Dios, resolviera. Lo angustiaba sobre todo el problema de su apasionado amor por "Silvia", con vicisitudes y tropiezos que él se empeñaba en atribuir a influencias ajenas, pero en el que no quedaba sino una alternativa: o el rompimiento o la reconciliación sobre una base económica segura, que no le podían dar los versos ni la enseñanza pero sí podía conseguirle el Derecho.

Ante estas circunstancias y estos problemas que se entrecruzaban, la solución inmediata que se le presentó fue el viaje a Lima. Así, por el momento, se le despejaban diversas incógnitas: descartaba la ordenación sacerdotal y se olvidaba de la capellanía2 ; se apartaba de "Silvia", con el consejo aprendido en Ovidio ("tierra por medio pon contra el cariño"); se alejaba también de las inquietudes políticas y las dificultades que para los jóvenes de espíritu abierto, como él, se presentaban por los avances de los "insurgentes" argentinos en el Alto Perú, y aprovechaba –o esperaba aprovechar– las amistades literarias que, a través de Corbacho y de Miralla, le habían logrado sus poesías a Baquíjano. Para graduarse en Derecho, además, todos los estudiantes de Arequipa tenían que acudir a alguna Universidad y a alguna Audiencia, y para Melgar no había nada mejor que ir a la capital del virreinato.

Al terminar el mes de junio el viaje de Melgar estuvo definitivamente decidido. Le faltaba todavía presentar a sus alumnos al examen de física particular, pero Melgar aceleró sus trámites, pidió y obtuvo el necesario permiso para ausentarse, y solicitó del vicario general del Obispado y rector del Seminario de San Jerónimo, doctor José de Cáceres, la certificación de su aprendizaje y su enseñanza en la casa de estudios. El importante documento –del que se dio por primera vez noticia hace unos años en la tesis juvenil del Salvador Cornejo y que está fechado el 5 de julio de 1813– expresa a la letra lo que sigue:

"Certificado del catedrático D. Marº Melgar.

"El Dr. D. José de Caseres, Abogado del Ilustre Colegio de Lima, Provisor y vicº gral. de este Obispado, Capellán primº del Monastº de Sta. Catalina y Rector del Seminº de S. Gironymo de esta ciudad; D. Manuel Teod. Leyva, vice-Ror. interino y Catedcº de Latinidad. y Retórica; D. José Isdº Montúfar, catedrático de Filosofía y Matemáticas; todos en actual exercicio, certificamos en qto. podemos y por dro. se nos permite, cómo D. Mariano Melgar, naturl. de esta ciudd., después de haber dado examn. generl. de Filosofia pribada, fue admitido al curso de Sagrada Theologia, en el que presentó los examenes siguientes: de Religion, de Escritura, Tradicion, Padres Iglesia, Atributos, Vision Ciencia, Predestinacion, Trinidad, Creacion, Encarnacion, Gracia, Sacramentos in genere, Bautismo y Confirmacn., y no siguio con los demas por qe. el S. Govor. del Obispado Dr. Dn. Saturnino Garca. de Arazuri, Dean de esta Sta. Igla. Catedr., por sus grandes talentos le confió la Catedr. de Latinid. y Retórica, y habiendo manifestado su contraccn. y habilid. en las Disertacions. y réplicas, mandando qe. antes se le vistiese la Beca de gracia, y luego siguio con el curso 9º de Filosofia, en el que dictó la Física gral. y particular, y no presentó el último examen pr. haber determinado antes el Ilmo. S. Dr. Dn. Luis Gonzaga de la Encina, ntro. actual Prelado, qe. abriese el curso 11° de Filosofia, en el que ha dictado la Hista. de la Filosofia, Logica, Metaphysica, Etica, Aritmética, Algebra, Geometa. Trigonometr. Y Seccions. cónicas, Física gral. y particular, y no presenta este examen por haber determinado irse a la capit. de Lima, pº lo deja explicado en la mayor parte; ha añadido los principios químicos en esta mata. Asi mismo ha arengado en vars. ocasions. pr. el Seminº con el aplauso y reputacn. pública; sin qe. en todo este tiempo haya desmentido inenpdnte. el informe qe. presentó para ser admitido en las Ordens. menores. Todo lo que consta del Libro de caxa y Seminº a que en caso necesario nos remitimos. Y en virtud de la Rl. Cédula fha. en Madrid a primero de Julio de mil ochocientos siete años, en la qe. S.M. se digna incorporar a los jóvens. de este Seminº con todas las Universidads. de estos sus Dominios, suplicamos a los Señores Rectors. y a las mismas Rls. Universdads. tengan a bien admitir al interesado esta certificacn. en los mismos términos que si hubiera cursado en esas aulas. Y tambien añadimos qe. ha servido de Bibliotecario mas de año y medio, en cuyo tpo. ha hecho un Indice nuevo y encargado Libros qe. no constaban en el inventario. Y pa. qe, conste y obre los efectos que convengan damos la presente en virtud del Decto. que antecede del S.I. ntro. Prelado, firmado de mi mano, sellada con el del Colegio y refrendada por el Pro-Secretº del mismo, en Arequipa a 5 de julio de 1813. – Dr. José Cáceres,– Manuel Teodº Leyva. –José Isiro Montúfar.

"Rudesindo Lopes.–Pro-Secº del Colegio"3 .

Con tan honrosa credencial en las manos, Mariano Melgar estuvo listo para emprender su viaje a Lima. No se conoce la fecha de su partida de Arequipa, ni pueden señalarse con certeza las etapas del recorrido. Después de cruzar el anchuroso puente de piedra sobre el río, los viajeros que iban a la costa tenían que pasar, necesariamente, por la torcida calle del Beaterio, donde se encontraba la casa de "Silvia". La tradición oral insiste en que Melgar –quizá por la emoción que le produjo ese mismo motivo– volvió a la ciudad por unos días, por la angustiosa dificultad de conformarse con la dramática separación que las circunstancias le imponían. La huella poética de ese retorno se ha creído encontrarla, con suficiente autenticidad, en algunos versos de la Elegía I4 :

Mejor hubiera sido que este cielo
no volviera a mirar...

... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ...

¿Para qué, pues, por verme satisfecho,
vine a hacer más agudos mis dolores
y a herir de nuevo el corazón deshecho?;

y sobre todo en las palabras reveladoras del terceto inicial:

 

¿Por qué a verte volví, Silvia querida?
¡Ay triste, para qué! Para trocarse
mi dolor en más triste despedida.

Aunque los versos de Melgar, por más cargados que se encuentren de indicaciones personales, no pueden considerarse desde luego como una exacta guía autobiográfica, esas vibrantes frases de la Elegía I se pueden estimar como que encierran unos datos cabales. El hermano del poeta José Fabio Melgar, en sus Noticias biográficas de 1865, y el sobrino Manuel Moscoso Melgar –si son de éste las notas a su edición de las Poesías5– afirman que Melgar llegó hasta Quilca, pero en vez de embarcarse allí "buscó algún pretexto para no seguir su viaje y regresar a Arequipa". Ambos añaden que fue en Quilca, puerto sobre el Pacífico, donde tuvo su primer contacto deslumbrador con el océano y "entonó su himno Al autor del mar"; y así aparece también en una nota al pie de página de la primera publicación conocida de la oda en El Republicano, de Arequipa: "la primera vez que el autor vio el mar por la bahía de Quilca, compuso esta oda en la misma orilla"6 . Don Francisco García Calderón, en cambio, en su introducción a la misma edición de las Poesías, dice que, según la tradición, Melgar vio por primera vez el mar a los dieciséis años7 , lo que adelantaría, si no la composición, el pensamiento de esa oda. Descartando lo que pueda haber en ello de interpretación algo tardía, es fácil imaginar el hecho cierto de la impresión profunda que ha de haberle producido al poeta la primera visión del ancho océano. La Oda al autor del mar, de Melgar, tiene no sólo un valor poético indudable, sino alcanza también, en cierto modo, un sentido de símbolo. En efecto, en una literatura casi por completo carente de la descripción directa del paisaje, y en la que el mar sólo había aparecido en algunos poemas como un telón de fondo de descubrimientos y piratas, es un poeta como Melgar, que sólo tenía en sus pupilas la visión de su marco de montañas, el primero que nos revela la impresión personal del encuentro con el mar y, como consecuencia, la admiración al Creador:

¡Qué grande, qué estupenda maravilla!
¡Asombroso crear! El pensamiento
se abisma...¡Oh elemento!
¡Oh grandeza, en que brilla
sin poderse borrar, en sumo grado
la grandeza del Dios que la ha creado!

Esta poesía de Melgar se ha querido equiparar, en cierto sentido, a la oda Al mar del poeta Manuel José Quintana (1772-1857), que por la sonoridad de su voz y su prestigio se cree que pudo haber influido en el mozo poeta arequipeño. Fuera de la semejanza relativa del tema y de la antecedencia de la oda de Quintana, escrita en 1798, hay en verdad algunas parecidas expresiones. La "infinita llanura" de Melgar se emparenta con la "inquieta llanura" de Quintana; lo que en contraste con el mar es "el humilde Manzanares" del poeta español, se asemeja "al Chili miserable" del vate arequipeño, y en la descripción del mar hay una fresca y vigorosa equivalencia de visión.

Así, observa Quintana:

este hervir vividor, estas oleadas
que llegan, huyen, vuelven,
sin cansarse jamás; tiembla la arena
al golpe azotador, y tú rugiendo
revuélveste y sacudes
una vez y otra vez: al ronco estruendo
los ecos ensordecen,
los escollos más altos se estremecen;

en tanto que Melgar, con menos concisa resonancia pero con igual entonada fuerza lírica, nos relata a su vez que:

el mar inmenso viene todo entero,
... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ...
y en eterno hervidero
choca, vuelve a chocar; ya sobre el mundo
mayor que el primer golpe da el segundo.
Porque una peña firme le resiste,
contra ella va, la mina, la combate;
si su furor rebate,
con furor nuevo insiste,
de un salto dan sus agua en la peña,
y un salto a otro más alto las empeña
En su batir, de ruido el aire llena;
... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ...
y en las colinas que le ven temblando
de una a otra el eco corre retumbando.

Pero en estas palabras descriptivas termina toda la semejanza entre las dos composiciones. Lo que es destreza técnica y estructura homogénea en Quintana, se cambia en sencilla imperfección y desordenado desarrollo en Melgar; quien, junto al auténtico nervio de poeta de las estrofas iniciales, cae en prosaicas consideraciones cientifistas sobre la atracción de la luna y el flujo y reflujo de las aguas, que había aprendido en el Seminario en el texto del padre Celis, y sobre la condensación del vapor de agua, el ascenso de nubes a los Andes y la lluvia en raudales que alimenta a los ríos como "el Marañón tan respetable". Lo que en el poeta español es elocuencia, amplio empuje retórico, en el poeta arequipeño es al cabo modesta reflexión, humana sensación de pequeñez ante una fuerza natural que en el primer instante lo entusiasma y después lo cohíbe. La oda de Quintana es como un canto al mar del hombre, en la paz y en la guerra. La poesía de Melgar empieza y termina con un himno no precisamente al mar, sino a su autor, a Dios, "eterno Rey del mar", al que loa con voces de salmista y del que solicita su clemencia en el último trance:

Cuando al profundo mar me haya entregado,
ni niegues a tu hechura tu cuidado8 .

La nota explicativa que se publica en la edición de las Poesías de 1878 al pie de la Elegía I agrega que, después del regreso de Melgar a Arequipa, "su padre le ordenó inmediatamente volviese a emprender su camino por tierra hasta Lima"9 . No se conoce cuáles fueron las etapas del viaje ni la fecha en que pudo hacer su entrada en la capital del virreinato. Considerando la distancia, y teniendo en cuenta la lentitud de los viajes terrestres de entonces, Melgar no pudo llegar a Lima sino a finales de agosto, o tal vez a principios de setiembre. Las mencionadas Noticias biográficas precisan que "en cuatro meses y medio hizo su viaje de ida y regreso, permaneciendo cincuenta y dos días en Lima"10 . Pero todo lo que se diga sobre su estada en Lima sólo se halla basado en la tradición familiar o en la leyenda, y no hay documentos que comprueben los acontecimientos esenciales de un viaje que pudo haber tenido tanta trascendencia en su vida.

La tradición más constante es la que afirma que su ida a la capital tuvo como primer motivo la obtención del título de abogado, o su "entrada en el foro"11 , a lo que algunos agregan que lo obtuvo. La carta dirigida en 1891 por el sobrino del poeta José Moscoso Melgar a Gerardo Holguín da noticia de un expediente familiar, de 1823, sobre la actuación patriótica y heroica del "Bachiller don Mariano Melgar"12 . La miniatura con el retrato de Melgar citada en esa misma carta –cuya pintura se atribuye, aunque no con mucha verosimilitud, al propio poeta– se afirma que tenía la expresiva inscripción: "Mariano Melgar en el día del grado en ambos Derechos, de 23 años". (Es decir, los Derechos civil y canónico). Por último, en el proceso seguido en Lima en 1814 a Francisco de Paula Quirós (Francisco Paula de Quirós", como él firmaba)13 aparece que Lucía Delgado, esposa del vehemente y rebelde conspirador, pidió que el alcalde constitucional de primer nombramiento de Arequipa citara a declarar como testigos, en nombre de Quirós, al "Dr. Dn. Mariano Arce, elector; Dr. Dn. José María Corbacho, elector; Dr. Dn. José Benito Laso; y Dr. Dn. Mariano Melgar"14 .

Sin embargo, los estudios de Melgar en Arequipa y el corto tiempo de su estada en Lima no autorizan a dar por cierta la información tradicional, mientras no se encuentren los documentos que la corroboren. La mencionada constancia de sus estudios en el Seminario revela que Melgar se hallaba apto para optar sus grados en Teología, lo mismo que –como una consecuencia general de sus estudios– el Bachillerato en Artes. En cambio, no sólo no hay prueba escrita de que siguiera cursos de Derecho, sino que la Real Cédula de 1 de julio de 1807, que puso en vigencia el plan de estudios propuesto por el obispo Chaves de la Rosa, aceptó dicho plan con la exclusión de las materias de Derecho natural y de gentes. Es cierto que el cura de Caima, Licenciado Juan Domingo Zamácola, se burlaba de que los arequipeños conseguían fácilmente los grados de doctor a los dieciocho o veinte años; y que Pereyra y Ruiz, en su pormenorizada Noticia de Arequipa, decía que en el Seminario de San Jerónimo se enseñaba también "algo de Derecho"15 y que había en la ciudad más doctores en leyes que en Salamanca. Es cierto también que como se hace constar en la certificación de Melgar, los alumnos del Seminario podían incorporarse, con sus estudios válidos, en todas las universidades. Pero sus conocimientos serían muy escasos, y ya Vidaurre en su Plan del Perú, escrito inicialmente en 1810, decía con crudeza que "el que sale del colegio sin más que unos ligeros rudimentos de instituta romana y unos exámenes precipitados de Derecho natural y canónico, se queda siempre ignorante"16 .

Parece por lo tanto materialmente imposible que en sólo pocos meses Melgar haya podido viajar a Lima, obtener el bachillerato, conseguir la constancia o por lo menos la exensión de práctica forense, alcanzar el grado mayor y posterior de doctor en leyes e incorporarse al Colegio de Abogados17 . No pudo, a lo que parece, llegar a tanto en Lima; ni su actuación posterior como auditor de guerra en el ejército de Pumacahua, en la urgencia de una campaña revolucionaria, puede ser prueba de un título en regla. Más aún: a esa no culminación de sus estudios se puede referir el expresivo pasaje de la Carta a Silvia en que declara la frustración de sus empeños con estas palabras elocuentes:

Allí en la tierra donde fui arrojado,
pude satisfacer mis ansias vivas,
y dejé la esperanza de llenarlas
por volver a mirarte...

Por desgracia, hasta ahora no se han encontrado documentos que aclaren sin dudas esos días. Ni en el Archivo de la Corte Superior de Lima (hoy en el Archivo General de la Nación), ni en los libros del Colegio de Abogados, ni en los manuscritos de actos académicos de 1789 a 1816 que se conservan en la "Memoria Prado", ni en el Seminario de Santo Toribio, donde por relación pudo haberse acercado, hay una huella siquiera indirecta de ese paso. La respuesta segura tiene que hallarse en los libros de grados de la Universidad o en los minuciosos libros de cuentas que consignan hasta las planillas de propinas de bachiller y de doctor y donde debe de figurar forzosamente el nombre del poeta. Pero ocurre que el libro de cuentas correspondiente a 1813, que se conserva en el Archivo Central "Domingo Angulo", de la Universidad Mayor de San Marcos, sólo alcanza hasta el semestre de San Juan, o sea, hasta el mes de junio18 , en tanto que Melgar no pudo haberse graduado sino en el semestre de Navidad o de diciembre. Hasta que se descubra el tomo que falta habrá que resignarse, por lo tanto, a que continúe en el misterio esta valiosa y ansiada respuesta.

Por otro lado, la situación que halló Melgar en Lima era distinta de la que había imaginado al partir de Arequipa. El apoyo que pudo esperar por su participación en los homenajes a Baquíjano se encontraba frustrado, porque Baquíjano no sólo ya había viajado a España, sino llevaba consigo, como secretario, precisamente al recopilador y poeta Miralla. De haberlo alcanzado, sin embargo, no habría logrado mucho, porque, tal vez para neutralizarlo, el virrey Abascal le había pedido informes, junto con otras "personas de concepto", sobre varios posibles sospechosos de intervención en los incidentes que se produjeron en Lima con motivo de la elección de Ayuntamiento y diputados. El conde de Vista Florida, quien por lo demás ya había implorado "la real clemencia" por las audacias de su célebre Elogio del virrey Jáuregui cuando su recibimiento en la Universidad de San Marcos19 , citó entre varios a Francisco de Paula Quirós, arequipeño y amigo de Melgar, como uno de los que "se ha manifestado de un modo el más público y descarado", aunque no conviniera prenderlo porque había sido elegido por la parroquia de San Marcelo20 .

El ilustre Baquíjano y Carrillo, que tanto había ilusionado a Melgar sólo unos meses antes, no era así tan "liberal" como se imaginaba; para usar la palabra que, a partir de las Cortes de Cádiz, había pasado de su originaria acepción de "dadivoso" a significar también "reformista político", "partidario de la libertad" en los Estados21 .

Había por eso que andar con tiento y ser cuidadoso con las amistades. Por lo demás, la explosión popular que determinó el saqueo de la Inquisición en septiembre de 1813, a poco de hacerse oficial la noticia de la abolición del odiado Tribunal del Santo Oficio, reveló cuál era el espíritu público, pero aumentó el recelo y la vigilancia de las autoridades. El riesgo era aún mayor para un arequipeño inquieto y joven como Melgar por las circunstancias que agitaban todo el sur del Perú, donde el virrey temía que se hostigara por la retaguardia a Goyeneche y se apoyara la campaña de las tropas independientes de Belgrano en el Alto Perú.

El temor no era vano, porque en octubre de 1813 el levantamiento de Enrique Paillardelle en Tacna había revivido la rebelión de Zela de dos años antes y había amenazado con sublevar las provincias del sur y adherirlas a la causa de la Junta Suprema de Buenos Aires. Paillardelle fue sojuzgado por las fuerzas enviadas de Arequipa. Pero en esa ciudad sus agentes y él mismo habían preparado también un alzamiento, que debía haber estallado en conexión con el de Tacna. El 27 de setiembre, por una delación que le llegó, el intendente de Arequipa, José Gabriel Moscoso, apresó al regidor del Ayuntamiento, Manuel de Rivero y Araníbar, y al subteniente Antonio Ferrándiz, acusados de tramar sublevarse "con sorpresa de los cuarteles, deposición del gobierno y en favor de los revolucionarios de Buenos Aires"22 . La inquietud de ese día y esa noche la iba a relatar después el sacristán mayor, Antonio Pereyra: "Reunidos en casa del Sor. Encina el día de su cumpleaños el General Goyeneche, el Gobernador Intendente, el Cabildo eclesiástico y los principales sujetos del Pueblo, intentaron los partidarios del desorden apoderarse de las armas del cuartel, y con ellas ir a aprisionar al Señor Obispo y demás autoridades para remitirlas a Buenos Aires; pero descubierto el golpe con anticipación en la misma mañana, fueron presos todos los comprehendidos, y remitidos a disposición del Virrey los cabezas"23 .

En cuanto al mencionado Francisco de Paula Quirós, vibrante y osado animador de las rebeldías de Arequipa (y cuyo hermano menor Anselmo fue alumno de Melgar en el seminario), Mariano Melgar no pudo coincidir con él en Lima. El 8 de mayo había salido con el pretexto o el motivo del fallecimiento de su madre y de la necesidad de estar presente en la partición de los bienes paternos y maternos24 . Se detuvo en Camaná; fue a ver sus haciendas en la banda de Aplao del valle de Majes, donde estuvo acompañado por José María Corbacho25 ; volvió a Camaná, "desde fin de Setiembre hasta últimos de Noviembre"; siguió a Arequipa, donde fue elegido segundo síndico en la elección que se efectuó en el Ayuntamiento el 28 de diciembre de 1813; pero el gobernador intendente, José Gabriel Moscoso, detuvo su toma de posesión, lo envió preso a Lima el 10 de enero de 1814 y quedó encerrado un tiempo en las Casas-Matas del Callao.

En cambio de su obligada discreción en el campo político, por esos difíciles momentos, Melgar tuvo una amplia vinculación con los elementos literarios de Lima. En un pasaje de su Carta a Silvia hay expresivas referencias a esa grata acogida: "Minerva me halaga", "a los sabios ilustres yo veía". En El Verdadero Peruano, que había terminado su vida en agosto de 1813, se publicaron precisamente ese año dos artículos de tema o autor arequipeño: "Exploración del volcán de Arequipa hecha por un curioso" y "Discurso sobre la subsistencia de los gobernadores, por un letrado de Arequipa"26 . Si cuando llegó Melgar a Lima ese periódico semanal, literario y defensor de la Constitución, en el que pudo colaborar, ya no aparecía, en cambio en El Investigador, el meritísimo diario limeño que prácticamente lo sucedió, hay un importante dato que puede servir para precisar y aclarar los perfiles de las actividades intelectuales del joven poeta arequipeño.

Se trata de la fábula "El ruiseñor y el calesero", que apareció sin firma en el número del 2 de octubre de 1813 27 . Esa misma fábula fue atribuida a Bernardino Ruiz por José Toribio Polo en su Parnaso Peruano, pero aparece como de Melgar en el manuscrito que perteneció a su contemporáneo Martín Ureta y como inédita de él se publicó en La Bolsa, de Arequipa, en 189128 . Estas dos últimas versiones tienen erratas evidentes, como la del segundo verso, que contrasta con la regularidad métrica y con las consonancias de la silva; pero los defectos se salvan y el sentido se explica con la lectura de la publicación original, que dice a la letra como sigue:

Fábula

El Ruiseñor y el Calesero

Con toda la expresión de su dulzura
un Ruiseñor cantaba
su amor y su ternura,
a tiempo cabalmente que pasaba
por la calle vecina un calesero,
que despreciando tan divino canto,
corrió a escuchar a un loro majadero,
no porque hiciese más, ni aún otro tanto
sino porque sin gracia, ni destreza,
como quiera decía:

Chapín de la condesa.

El Ruiseñor al ver su melodía
por una patarata despreciada,
le grita: "No perdono:

Usted no tiene orejas, camarada".
Debió gritar el ave con mal tono;
porque el buen calesero avergonzado
pudo a penas decir: "no señorito,
el buen gusto mis amos me han formado:
De la Nina y su amor se les da un pito:

pero el teatro elevan a los cielos,
y hay bravos y palmadas a porfía,
cuando hay encantador, diablos y vuelos".
Vaya que el calesero lo entendía.

Fuera de las variantes secundarias, hay un verso cuya intención se aclara con la lectura de la publicación original. Se trata del verso 20, que en la versión de Martín Ureta y de La Bolsa es una frase vaga y sin sentido, carente de explicable relación con el contexto de la fábula: "de la niña y su amor se les da un pito". En cambio, con la lectura de El Investigador se descubre que es una alusiva referencia a la "Nina y su amor", es decir, a la célebre cantante Catalina Griffoni, que hacía por entonces las delicias del público de Lima y cuyo más resonante éxito lo obtuvo en el papel de "Nina", la enamorada de "Lindoro", en la ópera La loca por amor del tarentino Giovanni Paisiello, que se estrenó en el teatro limeño el 29 de julio de 1813 29 . Precisamente en el mismo Investigador hay otras referencias a la cantante y hasta un número, el del 12 de agosto, íntegramente dedicado a la publicación de una Oda al canto de la señorita Carolina baxo el nombre de Nina, firmada con las iniciales "M.L.R.", a la que se acompaña una Nota del amigo del poeta (firmada "F.A.S.") que elogia el buen gusto de los amantes de la ópera, en contra y por encima "de las antiguas tonadillas, guaraguas, y otras rancias músicas"30 . Se explica así perfectamente el diálogo o debate entre las dos voces contrapuestas del ruiseñor y el loro majadero en la expresiva fábula.

¿Es efectivamente esta poesía una composición de Mariano Melgar? Aunque, como era habitual entonces en los versos, se publicó sin nombre de autor, la atribución a Melgar es perfectamente verosímil si se tiene en cuenta que precisamente en esos días del mes de octubre de 1813 el poeta arequipeño estaba en Lima, y si se recuerda que las producciones que aparecieron en La Bolsa como inéditas de Melgar fueron proporcionadas por el sobrino del poeta José Moscoso Melgar, "quien años después me dijo –me escribió en carta particular Francisco Mostajo– que él había conservado y que no se explicaba por qué su hermano Manuel no las había incluido en la colección impresa". La alusión a la polémica local sobre los méritos de la Griffoni y de la ópera y la "ranciedad" de las tonadillas no prueba de otro lado, ningún excluyente limeñismo, porque Melgar, a poco de llegado, pudo recogerla del ambiente y porque sólo podría comprobar que estaba suficientemente incorporado al movimiento literario y artístico de Lima.

En todo caso, lo que se sabe de seguro es que la estancia de Melgar en la capital del virreinato fue muy corta, quizá los cincuentidós días de que hablaba su hermano José Fabio. Lo evidente es también que, a pesar de la distancia, su pasión por "Silvia" siguió intensa.

¡Oh dolor! ¡Cómo, cómo tan distante
de mi querida Silvia aquí me veo;

clama en una elegía, en la que se lamenta de haber aceptado el consejo de la separación:

Consentí en ello, ¡ciego desvarío...!
Consentí contra todo mi deseo31.

Pero como iba a decir en la Carta a Silvia:

Después de tantas pruebas, una sola
faltaba de mi amor, que no varía,
y era vencer la poderosa ausencia;

y esa prueba le muestra, en contra de lo que había leído en Ovidio, que

siempre el soplo de la ausencia apaga
el fuego débil, el violento aviva32 .

¿Cuándo regresó Melgar a Arequipa? La fecha se puede conjeturar por el ya mencionado expediente judicial en el que aparece que el 21 de marzo de 1814 Francisco de Paula Quirós, por sí o por intermedio de su esposa, pidió que se oficiara al alcalde constitucional de Arequipa para que citara a declarar a varios testigos, y entre ellos a "Don Mariano Melgar". Si bien su declaración, si es que se produjo, no llegó a figurar en el expediente33 , se puede considerar con fundamento que era ya público y notorio en Lima que el insigne cantor arequipeño se encontraba en su tierra natal34 .

 

Notas

 

1 La "Oda a la Soledad" está firmada por "el Secretario" de la Tertulia el 29 de marzo de 1813 (N. de esta Edic.: ver pág. 82).

2 El último recurso en el litigio por la capellanía fue el presentado el 12 de junio de 1813 por el representante de don Tadeo Bravo del Rivero, que se comunicó tres días después a "D. Juan de Dios Melgar, como pad. del caplln. d. Mariano Melgar"; pero, como se ha visto, allí se cortó bruscamente el expediente y no volvió a moverse.

3 Libro de Estudios del Seminario de San Jerónimo, cit. f. 156.

4 En Poesías de Don Mariano Melgar, ed. 1878, págs. 73-75.

5 En Poesías, cit., "Noticias biográficas", págs. 52-53. –Nota a la Elegía I en pág. 75.

6 El Republicano, Arequipa, 14 de mayo de 1831. –En el manuscrito de poesías de Melgar de la Universidad de Indiana hay una anotación, ilegible por lo tachada, en que parece adivinarse la dedicatoria a una "Señorita", que no es "Silvia".

7 Poesías, ed. 1878, pág. 23.

8 Estos son los versos finales en la edición de las Poesías de 1878, pág. 112. Es una corrección del texto que guarda el manuscrito de la Universidad de Indiana, que termina:

Quando al profundo mar me haya entregado

dispensad a tu hechura tu cuidado.

En la Lira arequipeña (1889) la oda concluye así:

Y haz que siempre que vea al mar profundo

te reconozca por autor del mundo.

9 Poesías, ed. 1878, nota en la pág. 75.

10 "Noticias biográficas", en Poesías,cit. pág. 53.

11 Ibid., pág. 52.

12 Album del centenario de Melgar, cit. pág. 132.

13 En la partida de bautismo, asentada en la Catedral de Arequipa el 2 de abril de 1783, se le llama "Francisco José Blas Antonio".

14 Dato proporcionado por Francisco Mostajo. Hay una antigua referencia a ese expediente en el artículo que publicó el mismo Mostajo, bajo el seudónimo "El último gorrión" y con el título "Melgar y otros patriotas arequipeños", en Integridad, Lima, 20 de septiembre de 1913. –El expediente ha de ser distinto de los Autos criminales contra Quirós que se mencionarán más adelante; o por lo menos no está incluido en ellos.

15 Juan Domingo de Zamácola y Jáuregui, Apuntes para la historia de Arequipa, Año de 1804, Arequipa 1888. –Antonio Pereyra y Ruiz, Noticia de la muy noble y muy leal ciudad de Arequipa, cit. f. 5.

16 Manuel Lorenzo de Vidaurre, Plan del Perú (Philadelphia, 1823, pero escrito en 1810), cap. XI, "Universidad".

17 El Doctor Santiago Martínez, en Arequipeños ilustres, cit. pág. 73, es el único historiador que afirma que Melgar "logró dar las pruebas necesarias para alcanzar su objeto, pero regresó sin títulos académicos".

18 Cuentas de la Thesoreria de esta Rl. Universidad de Sn. Marcos de 3 años qe. corren desde 1.º de Jlo. de 1810 hasta 30 de Junio de 1813, siendo Rector el Sor. Marqs. de Casa-Calderón, Alcalde del Crimen honorario de esta Rl. Auda. Tesorero D. Tomás Panizo y Foronda. –Luis Antonio Eguiguren, en Diccionario histórico-cronológico de la Universidad de San Marcos, tomo III (Lima, 1951), págs. 944-945, menciona los nombres de 26 graduados en ese año de Bachilleres y Doctores, pero sólo hasta el 28 de junio de 1813, o sea el primer semestre.– Sobre los Libros de San Marcos véase: Ella Dunbar Temple, La universidad en el proceso de la Emancipación peruana (Lima, 1974), prólogo al tomo XIX, volúmenes 1-3 de la Colección Documental de la Independencia del Perú.

19 Archivo General de Indias, Sevilla, Audiencia de Lima, legajo 674: "Memoria del Dr. Baquíjano". Citada por Miguel Maticorena Estrada, "Nuevas noticias y documentos de don José Baquíjano y Carrijo, conde de Vistaflorida", en La causa de la Emancipación del Perú (Lima, 1960), págs. 164-166.

20 Comunicación del virrey marqués de la Concordia e informes de Baquíjano y Carrillo en Documentación oficial española, tomo XXII, vol. 1 (Lima, 1972), en la Colección Documental de la Independencia del Perú.

21 Sobre la nueva acepción de "Liberal" y su extensión a otros idiomas véanse: Pedro Grases, "‘Liberal’, voz hispánica", en Gremio de discretos (Caracas, 1958), y "Algo más sobre ‘liberal’", en Nueva Revista de Filología Hispánica, t. XV (México, 1961), págs. 539-541.- Citado por Rafael Lapesa en su valiosa conferencia "Ideas y palabras: Del vocabulario de la Ilustración al de los primeros liberales", en Boletín de la Academia Peruana de la Lengua, número 1 (Lima, 1967), págs. 67-104.

22 Rómulo Cúneo Vidal, Historia de las insurrecciones de Tacna por la Independencia del Perú (Lima, 1921); Luis Antonio Eguiguren, Hojas para la historia de la emancipación del Perú, t. II (Lima, 1961), págs. 77-81.

23 Citado por Enrique Carrión Ordóñez en Pereira y el Perú, cit., pág. 63 del manuscrito de Antonio Pereyra y Ruiz: Relación o Extracto de los méritos, y parte de la vida del Ilustrísimo señor D: Luis Gonzaga de la Encina y Perla, 1816. Como el intentado alzamiento fue el 28 de setiembre de 1813, no se trató en realidad del día del cumpleaños del obispo, nacido el 24 de abril de 1754. La celebración ha de referirse al aniversario de su consagración como obispo de Arequipa el 28 de setiembre de 1806, en su ciudad natal, Las palmas de Gran canaria. Sobre el movimiento sedicioso en Arequipa véanse las comunicaciones oficiales en Documentación oficial española, cit., págs. 304-309.

24 Autos criminales seguidos contra el dr. dn. Francisco Paula Quirós por sospechas de adhecion al sistema de Bs. Ays., 1814, juez Cavetano Belón, escribano Manuel Malarín, 105 fs.; documento inédito, en la biblioteca de Félix Denegri Luna.

25 Ibid. A f. 1, Quirós dice que fue "al valle de Mages, donde tengo mis haciendas". En un recurso posterior, de enero de 1814, precisa: "entré al valle de Mages con el obgeto de ver las dos haciendas que allí dexaron mis finados padres" (f. 66 r. y v.). La actuación al lado de Corbacho, "como letrados en las dudas que se ofreciesen" en las elecciones convocadas por la Junta parroquial de Aplao, y la confirmación de Corbacho como testigo, en fs. 66 a 68.

26 Verdadero Peruano, tomo II (Lima 1813), núms. 5 y 6, del 3 y el 10 de junio, y núms. 16 y 17, del 19 y el 26 de agosto.

27 El Investigador , núm. XXXII, Lima, sábado 2 de octubre de 1813, fojas 125-126.

28 José Toribio Polo, en El Parnaso Peruano (Lima 1862), publicó cinco fábulas literarias como producciones de Bernardino Ruiz: "Los ratones y el gato" (que apareció también sin firma en El Investigador el 7 de noviembre de 1813), "El león y el escarabajo", "El jumento y la zorra", "El ruiseñor y el calesero" y "El gallo y el cuervo". "El ruiseñor y el calesero" se recoge en las págs. 64-65. La reproducción del manuscrito de Martín Ureta fue hecha por Rada y Gamio en Mariano Melgar y apuntes..., cit., págs. 227-228.

29 El Investigador, núm. XXIX, Lima, jueves 29 de julio de 1813. Aviso: "Teatro.- Hoy jueves 29, la Nina o La loca por amor. Opera nueva á las 7." Otro elogio a Carolina Griffoni en El Investigador del Perú (nuevo nombre del diario desde el primero de enero), núm. LII, Lima, 21 de febrero de 1814.

30 El Investigador, núm. XLIII, Lima, jueves 12 de agosto de 1813. El número, como todos los demás, es de cuatro páginas.

31 Elegía II, en Poesías, ed. 1878, págs. 76-78.

32 Carta a Silvia, cit.

33 En todo caso, la declaración era inútil, porque el gobernador intendente José Gabriel Moscoso, en oficio dirigido al Virrey el 27 de junio de 1814, atacó a los testigos y dijo que "con el mayor descaro se han agavillado y reunido a atestiguar en su pro y defensa los sequaces de Quirós", y añadió que entre ellos "no se halla uno, uno solo, qe. tenga la opinión de realista y buen Español". A Quirós lo acusa de "ser el sectario mas decidido y activo del sistema rebolucionario de Buenos Ayres, y de separacion absoluta del Gobierno Nacional". (Autos criminales seguidos contra el dr. dn. Francisco Paula Quirós, ms. citado, fs. 104-105.)

34 En los protocolos de escribanos de Lima, que consultó gentilmente para mí Daniel Ulloa, sólo se ha encontrado una obligación de "Juan Bautista Melgar residente en esta ciudad y del comercio de Arequipa, para donde estoy de partida", de fecha 29 de diciembre de 1813. (Protocolo de Gaspar de Salas, folio 542 v.) ¿Sería un pariente de Mariano Melgar con quien el poeta pudo efectuar el viaje de regreso a Arequipa?

 


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