II

AÑOS DE INFANCIA Y JUVENTUD

 

Son pocos los datos precisos que se tienen de los primeros años de Mariano Melgar. Hijo como se ve de familia modesta, retoño que no era el primogénito ni iba tampoco a ser el último de la nutrida prole que, en sus dos matrimonios, hizo venir al mundo y veía crecer don Juan de Dios, es natural pensar que su vida infantil se desarrolló sencillamente, sin relieve especial y sin circunstancias que no fueran comunes. Paseos por el campo, nacimiento de hermanos, asistencia frecuente a las iglesias y las procesiones, primeras enseñanzas en la escuela severa e irremplazable del hogar, sus días se han de haber deslizado entonces como los de casi todos los niños de iguales condiciones de Arequipa.

Aunque su resonancia posterior ha contribuido sin duda a la leyenda, hay motivos para pensar que su precocidad era evidente. Su hermano José Fabio cuenta que a los tres años ya sabía leer y que antes de los ocho años manejaba el latín de Cicerón y de Virgilio "y se había erigido en profesor gratuito de sus condiscípulos"1 . Y aunque haya que suponer en estos datos una exageración familiar muy disculpable, el testimonio mismo de lo que fueron luego su obra y su vida induce a pensar que esos encarecimientos han de haber tenido una base efectiva.

Se dice que su padre tenía una chacra en Paucarpata (la que, según Gerardo Holguín, fue vendida después a don Miguel Pareja)2 , que no sólo producía una renta regular, sino permitía a los niños el placer renovado de los paseos por el campo. Con los estribos de sus andenerías y en el lozano verdor de la campiña, Paucarpata es uno de los lugares más atrayentes de los que circundan a Arequipa. El intendente Alvarez y Jiménez, tantas veces citado, que en su detallado recorrido por la región la visitó en el mes de junio de 1788, la describe con su ancha plaza, su Sala Capitular con portalerías de adobe en el frente, su desmedrada iglesia de cal y canto en lo alto de un suave promontorio y sus cultivos de trigo, maíz, papas y alfalfa. Los cultivadores eran indistintamente hombres y mujeres. Pero estas últimas, además de sus faenas tempranas en las chacras, dedicaban parte de sus horas al tejido de "llicllas" o manteletas, medias y calcetas de algodón y de lana3 .

Como el terreno alternaba quiebras y collados, había en realidad sólo muy pocas calles, y éstas en las cercanías de la plaza. Los españoles o criollos, que eran los propietarios de casi todas las tierras de cultivo, no vivían por eso allí, sino estaban avecindados en Arequipa, y sólo acudían con sus familias cuando las necesidades de los sembríos o las cosechas los llevaban a ello. La población campesina era fundamentalmente de raza indígena; había un Cabildo de Naturales y un cacique al lado del alcalde de españoles; pero el mestizaje de sangre y de cultura era ya tan crecido que, fuera de los recién llegados de la sierra, eran muy pocos los que no hablaban sino el idioma quechua o el aimara. Según el padrón exhibido por el párroco, tenía éste en su doctrina 430 feligreses de todas las edades, en 102 casas y familias, repartidos en las chacras y los pagos a que llegaba su jurisdicción. Chacras y pagos en que, además de trigales, maizales y alfalfares, se lucían las ramas de los sauces, árboles muy queridos porque contribuían "a los cercos de las haciendas, al adorno del campo, a la fábrica de las chozas y, los más corpulentos y gruesos, a la fábrica de muebles que sirven al uso común". En ese ambiente eglógico han de haber transcurrido muchas de las plácidas horas de la infancia de Mariano Melgar. Tal vez se dirigiría allí cuando se celebraban con procesiones y con músicas las distintas fiestas de la iglesia: el primer viernes de Cuaresma, el Corpus Christi, el apóstol Santiago, la patrona Santa Ana o la conmemoración –religiosa y agraria al mismo tiempo– de San Isidro Labrador. En una de las fábulas que iba a escribir andando el tiempo puede pensarse que recuerda algunos de esos días, al referirse a los "lindos pajaritos":

jilgueros, gallos, garzas, grullas, gansos;

en otra división trigo y garbanzos,

maíz, arroz, cebada...4 

como en la traducción que iba a efectuar de Ovidio se unen a las citas clásicas ciertas escenas que parecen vividas:

Tú mismo puedes en cercados huertos

poner legumbres y ordenar las plantas;

tú mismo puedes a tus sementeras

tornar los claros arroyuelos de agua...5 

El paisaje latino se siente imprevistamente cruzado en esos versos por el rústico efluvio del aire sutil de Paucarpata.

A esos mismos años, o a algún tiempo después, puede adscribirse la anécdota muchas veces repetida del reclamo que hizo Melgar a su madre a favor de unos indios, cuando ella les pidió rebaja en unas compras. Consultado por Gerardo Holguín, el sobrino del poeta José Moscoso Melgar contestó por escrito: "Con referencia al punto relativo a los indígenas, las palabras que escuché siempre de boca de mi finada madre y que Melgar dirigió en cierta ocasión a la que fue de ambos eran éstas: ‘Señora, nunca pida usted rebaja cuando compra algo a estos infelices, porque todo lo que tenemos y hasta el suelo que pisamos es de ellos’6 . La anécdota es en el fondo verosímil, pero hay que tener en cuenta que la información del sobrino es de 1891, casi ochenta años después de la muerte de Melgar, cuando el orgullo familiar y la emoción patriótica idealizaban ya muchos viejos recuerdos.

En cambio, la que parecía inverosímil o exagerada hasta el extremo, pero se ha comprobado que era exacta, es otra noticia dada por el hermano de Melgar José Fabio: que antes de los ocho años, "sin solicitud de sus padres, le confirió el ilustrado y muy digno obispo señor Cháves7 de la Rosa la prima tonsura y le vistió el hábito clerical"8 . En 1938, en su colección de biografías de Arequipeños ilustres, el canónigo doctor Santiago Martínez avanzó más y dio la fecha: "el 2 de marzo de 1798, el referido Señor Obispo le impuso el hábito talar y le confirió la tonsura clerical"9 . El dato era tan extraño aun dentro de los usos poco precisos de la época, que se consideró que era imposible y que pertenecía también a la leyenda.

Resulta, sin embargo, que la desconfianza era excesiva. Mariano Melgar recibió la tonsura efectivamente antes de cumplir los ocho años, aunque no fue "sin solicitud de sus padres", sino pedida por su padre mismo, don Juan de Dios Melgar. Y aun cuando le fuera conferida por el obispo Chaves de la Rosa, la vinculación con este prelado no fue de cordialidad, como se ha sostenido erradamente, sino, por lo contrario, de habitual malquerencia y de litigio.

La nueva luz proviene de un abultado expediente que abarca de 1796 a 1813 –o sea, entre los seis y los veintitrés años de Mariano Melgar10–. Se trata de un litigio sobre una capellanía eclesiástica y colectiva de 4.000 pesos de principal y 200 de renta anual, establecida en una viña del pago de Guarango en el valle de Majes. La capellanía había sido fundada por el licenciado Fernando Beamud, cura rector que fue de la Iglesia de Arequipa, con la obligación de que se oficiaran cincuenta misas rezadas en cada año. El establecimiento inicial parece que se debió al capitán Gonzalo Ramírez, en 1667. En todo caso, en la infancia de Melgar la dueña de la hacienda de Guarango era Melchora de Salazar y Pino, vecina de Arequipa, y el último beneficiario había sido el doctor Francisco de Matienzo Bravo del Rivero, dos veces gobernador eclesiástico de la diócesis de Arequipa, a quien el 8 de mayo de 1762 se le había dado colación y canónica institución de la capellanía.

Cuando el doctor Matienzo –quien después de su estancia en Arequipa había pasado a ser por largos años inquisidor del Tribunal del Santo Oficio de Lima– fue nombrado obispo de Huamanga, la capellanía quedó vacante; y don Juan de Dios Melgar, ya padre de varios hijos y con problemas económicos, la solicitó para su hijo Mariano, que acababa de cumplir los seis años. El deán y el cabildo de la iglesia catedral de Arequipa accedieron a la solicitud. Usando las facultades de patronos, el 8 de noviembre de 1796 nombraron y eligieron "por Capellán propietario de la referida Capellanía eclesiástica a Dn. Mariano Melgar, menor de edad, hijo legítimo de Dn. Juan de Dios Melgar y de Da. Andrea de Valdivieso, para que la gose todos los días de su vida; y en el entretanto que personalmente la sirva y cumpla y sus cargos y obligaciones que le son anexas, como el mandar decir las sinquenta Misas de su fundacion, delegue algun Eclesiastico Sacerdote para que cumpla con sus deveres".

Sin pérdida de tiempo, dos días después don Juan de Dios, como "Padre Legmo. y Administrador legal de la persona y bienes de Dn. Mariano Melgar mi hijo legítimo", pidió al provisor y vicario general que notificara el nombramiento a la poseedora de la viña de Guarango, doña Melchora Salazar, para que reconociera al nuevo capellán y "desde el día del Nombramiento se le acuda con la respectiba renta".

Dos años más tarde –cuando efectivamente el menor Mariano Melgar iba a cumplir ocho años, como decía la que parecía dudosa información– don Juan de Dios solicitó que se confiriera a su hijo "la prima Clerical tonsura en las próximas Temporas", para lo que presentó el título de capellán y las partidas respectivas. El obispo recibió la solicitud y accedió a conferirla en la tarde del mismo día, "sin examen ni egercicios, por su edad". Así quedó constancia; y el secretario del obispo, Juan de la Cruz Errazquin, asentó: "Se le confirió la tonsura en 2 de Marzo de 1798 en el Oratorio del Palacio Episcopal de la Purísima"11.

Ya tonsurado, al infantil capellán se le hizo pedir la colación canónica de la capellanía, para lo que extendió el siguiente documento, que es el primer escrito en que aparecen la letra y la firma de Melgar:

"Sr. Provr. y Vicar.° Gral.

Dn. Mariano Melgar, Clerigo Tonsurado Domiciliario de este Obpdo. Como mas haya lugar en dro. paresco ante VS. y Digo: Que soy Capellan declarado de una Capellania Eclesca. y Colativa de Quatro mil ps. de pral. y dos sientos de renta qe. se halla situada en una Hazda. del Valle de los Majes Pago de Guarng. qe. posee Da. Melchora Salazar, La qual pr. Nombramiento del Ve. Dean y Cavd.º de esta Sta. Ygla. Cathl. qual Patron de ella, la obtengo con declarasn. ordinaria desde el año passado de setecientos nobenta y seis. Y como al preste. me hallo con aptitud pa. qe. se me confiera la Colas. Canonica, en virtud de hallarme tonsurado: suplico a VS. Se sirva mandar se me confiera en cumplida forma: Por tanto

"A VS. Pido y supc.° qe. en atencn. a lo expuesto se sirva de conferirme la Colasn. Canonica qe. imploro en justa, y juro todo lo necesario.&

"Mariano Melgar"

(Otra letra y tinta) ": Areqa. Abril 14 de 1798"

El provisor y vicario general del Obispado por el obispo Chaves de la Rosa, que era el doctor Juan José Manrique, atendió la solicitud el mismo día. Y Mariano Melgar, de siete años y ocho meses de edad, se "hincó de rodillas a los pies de S. Sa. hiso la profesión de la fe y tomo dha. colasión pr. impocision de un bonete qe. le puso sobre la cabeza". Firmaron el acta el doctor Manrique y los testigos Clemente Gordillo, Mariano Ardiles y Pedro Manrique; y como estaba enfermo el notario mayor, lo autorizó a su nombre el notario suplente, Francisco Jara Rendón.

La satisfacción por la capellanía duró poco. Don Juan de Dios Melgar creyó seguramente que con la renta había resuelto, ya que no el problema económico, al menos la educación y los estudios del pequeño Mariano. Pero unos meses después, el 9 de octubre, el fiscal general defensor de Legados y Obras Pías, doctor Pérez Muchotrigo –no se puede saber si por rutina o con otra intención– planteó una objeción procesal: que en el expediente echaba de menos el instituto de la fundación. Don Juan de Dios entonces se puso a buscar el documento en todas las escribanías de Arequipa. Como el esfuerzo fue en vano, intentó formar una especie de títulos supletorios. El daño, sin embargo, estaba hecho. El obispo Chaves de la Rosa dispuso que entre tanto se asegurara haber cumplido con las misas y cargas de la capellanía y que doña Melchora Salazar, la poseedora de la hacienda, entregara lo que se devengara, no a ningún capellán, sino "en la Arca de tres llaves del Juzgado".

El asunto se complicó inmediatamente. Al parecer como un ataque combinado contra Melgar, el capitán de Milicias Disciplinadas de Arequipa, Agustín Velarde, se presentó el 6 de diciembre con una denuncia inesperada: que la capellanía del doctor Matienzo no había vacado, porque mucho antes de su ascenso a la diócesis de Huamanga había hecho cesión de ella. En efecto, el 14 de noviembre de 1778 el doctor Francisco Matienzo, a la sazón en Lima como inquisidor, había cedido la capellanía a su primo don Tadeo de Bravo y Zavala, hijo del casi omnipotente oidor decano de la capital del Virreinato don Pedro Bravo del Rivero y Correa y de doña Petronila Ana de Zavala y Vásquez de Velasco, y sobrino de quien había sido obispo de Arequipa Juan Bravo del Rivero. Sin un mayor análisis, el obispo Chaves de la Rosa –que ahora podemos suponer que se hallaba en el juego– acogió la protesta y pidió la restitución. El 5 de marzo de 1799 el fiscal Manuel José Fernández de Córdova amparó el pedido del obispo; y de acuerdo con el fiscal, el 13 de septiembre el Tribunal Eclesiástico presidido por el doctor Manrique declaró enfáticamente "no haver lugar a la posesión y colasion de la cap(ellaní)a que se le dio a D. Mariano Melgar con perjuicio de D. Tadeo Bravo y Zavala".

El golpe era muy fuerte y las ilusiones de don Juan de Dios se venían a tierra. La capellanía, en que había cifrado esperanzas, sólo la había poseído su hijo unos meses. Reaccionando con vehemencia, el 20 de setiembre, "como Padre Legmo de Don Mariano Melgar, niño menor tonsurado", apeló y pidió los autos. Unos días después, el 5 de octubre, precisó con más fuerza que don Tadeo Bravo no podía ejercer el cargo porque era "Gefe militar empleado y residente en el Reyno de España", y por lo tanto no eclesiástico y ausente12. Además, acudió "por vía de fuerza" a Lima; pero la Real Audiencia –tal vez por el recuerdo del viejo oidor decano, o por la influencia más directa del nuevo oidor don Diego Miguel Bravo y Zavala, hermano de don Tadeo– desechó su reclamo el 7 de marzo de 1801.

Desde entonces hay un largo paréntesis en el litigio, que parece indicar que don Juan de Dios se había resignado al fracaso. Pero su tenacidad lo revivió años después, en tono ya no quejoso sino beligerante y atrevido y al parecer sin importarle que su hijo no tuviera interés en el asunto. El ya anciano padre de Mariano Melgar creyó que podía aprovechar que en 1804 el obispo Chaves de la Rosa se había ausentado de Arequipa y renunciado el cargo, y que se había designado nuevo obispo al doctor Luis Gonzaga de la Encina y Perla, natural de Las Palmas de Gran Canaria, quien por los problemas políticos de España no pudo viajar al Perú y hacer su ingreso en Arequipa sino en 1810. El nuevo prelado, que tenía prestigio de hombre enérgico y que a su dignidad eclesiástica unía el prestigio de su grado académico de doctor en Osuna, podía servir para enmendar las disposiciones de su antecesor.

 

Notas

1 "Noticias biográficas", en Poesías de don Mariano Melgar, cit., pág. 47.

2 Gerardo Holguín, "Apuntes para la biografía de Mariano Melgar", cit., en Album del centenario de Melgar, pág. 117.

3 Antonio Alvarez y Jiménez "Paucarpata, Relación legalizada de la Visita", en Memorias para la historia de Arequipa, cit., págs. 203-218.

4 Fábula Las Abejas, publicada por primera vez en El Republicano, núm. 83 (Arequipa, 30 de junio de 1827).

5 Arte de Olvidar o Remedio de Amor, de P. Ovidio Nasón, traducido por Mariano Melgar; primera edición, Arequipa 1833, versos 283-286.

6 En Album del centenario de Melgar, cit., pág. 133.

7 Nota de esta Edic.: En el libro de Santiago Martínez, La diócesis de Arequipa y sus Obispos (Arequipa, 1933) se escribe indistintamente "Chávez de la Rosa" "Chavez de la Rosa" y "Chaves de la Rosa". Para esta edición se ha preferido adoptar la siguiente forma: Chaves de la Rosa, como aparece en el libro de Juan Domingo Zamácola, Apuntes para la historia de Arequipa (Arequipa 1888).

8 "Noticias biográficas", en Poesías de Don Mariano Melgar, cit., pág. 47.

9 Santiago Martínez, Arequipeños ilustres, Arequipa 1938, pág. 70.

10 Biblioteca Nacional de Lima, Manuscritos, signatura C. 4290. Di cuenta de él por primera vez en El Comercio, Lima, 5 de febrero de 1961, suplemento dominical; reproducido en El Pueblo, Arequipa,11 de febrero de 1961.

11 Documento en el Archivo Arzobispal de Arequipa: "1798. Dn. Mariano Melgar y Valdivieso. Tonsura. N. 47".

12 Efectivamente, Tadeo Bravo del Rivero y Zavala se había avecindado en España. Veáse su breve biografía en Manuel de Mendiburu, Diccionario histórico-biográfico del Perú, tomo II, Lima 1876, págs. 79-80.


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