Prefacio a la edición francesa de Los Nuer *

Louis Dumont

 

La publicación francesa ha experimentado un cambio afortunado. Muy recientemente aún, la traducción del trabajo extranjero en ciencias humanas era dispersa y azarosa; sólo ahora se da un interés repentino y enteramente nuevo, así como una saludable competencia en el campo de la traducción. Por ejemplo, finalmente hemos hecho conocer a Panofsky al público francés gracias a dos traducciones que aparecieron justo antes de su muerte. En otro campo de estudio, disponemos en el presente volumen de Evans-Pritchard y su obra Los Nuer; pronto dispondremos también de su Azande. También ahora contamos con el gran Max Weber, después de un retraso de medio siglo. Que esta tendencia continúe depende, además de cuestiones técnicas, de una firme selección. Debido a las consideraciones hechas por los puntos de vista de los diferentes editores, el principio a partir del cual deberían ser elegidos los trabajos más relevantes para su traducción parece claro. En la práctica, los especialistas de cualquier disciplina dada deben, y de hecho lo hacen, leer en la lengua original. La traducción está destinada a un público más amplio y, principalmente en la actualidad, a lectores cuya especialidad es otra que la representada por el libro. Aquí hay una necesidad social básica que debe ser satisfecha si las traducciones son lo suficientemente leídas. En consecuencia, debe darse prioridad a trabajos que no sólo sean importantes en sí mismos, sino también representativos de su campo.

Además de los artículos muchas veces reimpresos o resumidos en libros posteriores, Evans-Pritchard ha dedicado tres volúmenes a los nuer, de los cuales éste es el primero. El segundo, más reducido, es sobre parentesco, y el tercero sobre religión. El presente volumen es el más reconocido. A través de su propio contenido, y aún más, a través de la influencia que éste ha ejercido, es posible que en sí mismo brinde al lector francés una idea justa de toda una literatura —uno podría decir de toda una escuela—. De hecho, Los Nuer, publicado en 1940, y antes de él Los Azande (1937),1 inauguraron una aproximación sociológica a la sociedad tribal que

ha florecido por más de un cuarto de siglo, mayoritariamente en ambos lados del Canal de la Mancha, y que cubre una gran parte de aquello que es incluido bajo el término de antropología social. Los Nuer provee el arquetipo para la teoría de los grupos de descendencia y de los grupos políticos; es también, en términos más amplios, el modelo, hace tiempo muy reverenciado y aún viable, para cualquier antropólogo inglés desde el momento en que busca dar forma definitiva a su investigación. Lo que es más, aun cuando el pensamiento de Evans-Pritchard esté enraizado principalmente en la tradición británica, éste se ha visto nutrido por la sociología francesa; fue bajo la égida de Evans-Pritchard que en las últimas dos décadas, gracias a Rodney Needham y otros, ha visto la luz toda una serie de tra-ducciones de los trabajos de Mauss, Durkheim y Hertz. Teniendo en mente, también, que Evans-Pritchard escribe con la elegancia nacida de la precisión y la claridad, uno seguramente pensaría que un libro tal no necesita prefacio introductorio al lector francés.

De todos modos, se ha pedido una traducción a alguien que, tras haber enseñado durante cuatro años en Oxford y haber adquirido allí una gran parte de su entrenamiento científico, siente una profunda admiración por el autor de Los Nuer y es honrado por su amistad. Imposible en tal caso evadir el peligroso honor. Por lo tanto, sin desplazarnos demasiado lejos del interés general del lector, si esto es posible, debemos encarar el problema de ubicar el presente volumen en el contexto de la antropología inglesa.

El subtítulo anuncia el doble propósito del libro:2 por un lado, describir el medio ambiente y el modo de vida que éste impone; por el otro, presentar un sistema de conceptos y mecanismos que nada debe al medio ambiente, pero sobre el cual está fundada la "anarquía ordenada" que el autor ve como el "sistema político" de los nuer. El contraste entre las dos aproximaciones es tan marcado que a primera vista uno podría estar tentado de decir que el libro tiene dos caras, la materialista y la idealista. Quizá, dado que el lector es libre para acentuar una u otra de las caras, esto adquiere relevancia para la popularidad del libro entre los profesionales. Uno podría incluso ir más lejos y preguntar si esta heterogeneidad no marca un punto de inflexión, una conversión, en la carrera intelectual del autor. De hecho, está claro que él no comenzó ni terminó el libro en exactamente el mismo estado mental. Para dar cuenta de ello, es suficiente comparar el final de la Introducción y el último párrafo de la Conclusión. En realidad estos pasajes son de importancia meramente técnica. El autor, consciente de las limitaciones de una investigación cuyas dificultades él mismo ha señalado, quiso restringir su ambición ofreciendo una "contribución a la etnología" más que un "estudio sociológico detallado".3 Pero, mediante una manifiesta paradoja, la pobreza —enteramente relativa— de su material le ha permitido desarrollar el análisis del sistema territorial y de otros grupos, de modo tal que la conclusión admite primeramente "una corta digresión por la teoría sociológica" y un poco más adelante confiesa asimismo haber tratado de avanzar una teoría que vaya más allá del análisis de "conjuntos sociales y una supuesta relación entre dichos conjuntos",4 expresión cuyo significado preciso veremos más adelante.

Al serle planteada esta cuestión, el autor niega que sus ideas evolucionaran mientras escribía Los Nuer; explica que su objetivo era ubicar a este pueblo encua-drándolo dentro de su modo de subsistencia, y dentro del marco de las fuerzas naturales, antes de abstraer los aspectos políticos y "relativos al linaje" de su vida. Ésta es de hecho la meta del etnógrafo; y esto es lo que Mauss nos enseñó cuando insistía sobre la importancia de los elementos materiales de la vida social, de todo aquello que puede ser listado, numerado, medido, recogido. Solamente un ingenuo exceso de desconfianza en los métodos de análisis —demasiado común en la actualidad— podría llevar a cualquiera a sacrificar, desde un punto de vista particular, ese marco general y esas fuentes y guías visibles que proveen al analista de un pulso firme para sus manos torpes, y al mismo tiempo sirven de control a su imaginación errática.

Resta todavía llamar la atención sobre la admirable composición del libro y su movimiento interno. Hay ciertamente una dualidad en su base, pero es muy natural que el autor, ansioso desde el principio por incluir y luego desarrollar exhaustivamente todos los factores naturales determinantes de la vida nuer, vea otra clase de factor determinante aparecer e imponerse cada vez más en sí mismo. Lo que nosotros llamamos el medio ambiente físico, por un lado, y las relaciones humanas, por el otro, en su estado puro dominan respectivamente el principio y el fin de la obra. El libro es una especie de continuum en el cual la primera variable se va esfumando, a la vez que emerge la segunda, en una intrincada malla de dependencia mutua. El capítulo sobre el tiempo y el espacio provee la bisagra. Allí vemos yuxtapuestos un tiempo ecológico, dominado por el ritmo de las estaciones y —para usar la frase de Mauss— la "doble morfología" resultante (dispersión de las villas en la estación húmeda, incremento de la concentración en torno a los hoyos de agua en la estación seca), y un tiempo estructural que es (puramente) social. El sistema político, al ser un sistema de grupos territoriales, se halla en estrecha relación con el medio ambiente, mientras que el sistema de linajes tiene solamente una conexión indirecta con él. ¿Qué peso debe darse, entonces, a la crítica de que la "estructura social" ha sido arbitrariamente separada, como algo que existe por derecho propio, de los aspectos materiales de la vida social?5 Parece, por el contrario, que Evans-Pritchard ha rastreado con gran precisión la múltiple complementariedad entre las caras internas y externas de la sociedad; las relaciones entre las personas, y las relaciones entre las personas y sus alrededores.

Para ayudarnos a evaluar el lugar de Los Nuer en la antropología inglesa podemos afortunadamente valernos de un testigo privilegiado. Lo haremos tanto como sea posible. David Pocock trata esta cuestión en un pequeño libro, Social Anthropology, aparecido en 1961; su testimonio es muy valioso, ya que fue escrito en Oxford y que el pasaje que nos interesa tuvo la aprobación del propio Evans-Pritchard. Debemos recordar que la antropología social inglesa fue formada bajo los auspicios de Radcliffe-Brown, a quien Evans-Pritchard sucedió en Oxford en 1950. David Pocock ha resumido con agudeza el estilo antropológico de Radcliffe-Brown, y el lector debera perdonar una cita larga pero indispensable.

"Para una generación de antropólogos sociales —mayoritariamente en Inglaterra— el fin del trabajo de campo parece haber sido la búsqueda de factores de integración en la sociedad, y esto los llevó hacia argumentos circulares. La sociedad es un mecanismo adaptativo y mantiene su armonía interna de la misma manera que se supone que lo hace un organismo animal. Esta armonía es demostrada a partir de las relaciones entre las instituciones y entre esas instituciones y las creencias generales de la sociedad; la función de la parte es, por lo tanto, su rol en el mantenimiento de esas relaciones. En lo que concierne a la organización social, esta función está dada en la descripción de las relaciones —el parentesco mantiene la solidaridad del clan, el jefe deviene "un símbolo de la solidaridad de la tribu", la función de las asambleas es reafirmar la solidaridad entre sus miembros—. Como Durkheim había notado, se daba un problema en aquellos aspectos de la vida social que no eran inmediatamente reducibles a "grupos y relaciones entre grupos". Pero la concepción de la sociedad no fue ampliada, como lo había sido por Durkheim. En lugar de ello, estos fenómenos eran explicados hasta el punto de que ellos podrían ser entendidos como factores que trabajan para la integración de los grupos. Se podía considerar a la religión, a las variadas formas de arte, incluyendo los relatos orales, las danzas y los mitos, a la cosmología de los pueblos primitivos, como canales de expresión, simbolización y acentuación de ciertos valores que eran importantes para la continuidad de la familia o la tribu, y más allá de esto poco había que decir sobre ellos. Había poco que decir sobre ellos porque no había ninguna lengua en la cual decirlo. La tarea de la antropología social era el estudio de la estructura social, y esto estaba contenido en la descripción de los grupos y de las relaciones entre los grupos. La sociología de Radcliffe-Brown no proveía conceptos, como sí lo había hecho la de Durkheim, para la consideración sociológica de estos fenó-menos en sí mismos."6

En el contexto de este funcionalismo, Los Nuer sobresale prominentemente: no hay nada aquí acerca de la "integración social". Por el contrario, en la conclusión hay un cuestionamiento a los "grupos y las relaciones entre grupos", breve y discreto ciertamente, pero bastante categórico. Ya hemos mencionado esto, pero, para citar nuevamente a Evans-Pritchard: "En la actualidad, la antropología social estudia con conceptos rudimentarios la tribu, el clan, el grupo de edad, etc., que representan conjuntos sociales y una supuesta relación entre dichos conjuntos. Nuestra ciencia progresará poco a ese bajo nivel de abstracción, en caso de que se la considere como tal, por poco que sea, y para que siga avanzando se necesita usar los conceptos para denotar relaciones, definidas en función de las situaciones sociales, y relaciones entre dichas relaciones."7

Seguidamente, nuestro guía insiste sobre las relatividades del lenguaje nuer.8 La palabra cieng, "casa", chez soi ("home", en inglés), o "residencia", adquiere un sentido diferente de acuerdo con el contexto en el cual es dicha. De ahí que para nosotros, si alguien pregunta "¿De dónde eres?", la respuesta puede referirse, de acuerdo con el contexto, a Francia, París, al distrito nº 9, a la Rue Lafayette, etc. Evans-Pritchard ha hecho una generalización aún más amplia a partir de la per-cepción de un elemento de experiencia como inserto en su contexto, sea sincrónico o no, y esto se remonta a su monografía más temprana sobre la brujería entre los azande. Ésta es quizá su contribución más esencial, y por cierto la menos cuestionada. Las palabras utilizadas y las cosas o conductas a las que se refieren deben ser entendidas en su interrelación, en tanto constituyen sistemas significativos.9 Por lo tanto, en el pasaje de Radcliffe-Brown a Evans-Pritchard encontramos un movi-miento desde la "función al significado"10, y aquí nuestra fuente acentúa la convergencia de Evans-Pritchard con Lévi-Strauss. Podría ser apresurado iden-tificar ambas posiciones, y nosotros volveremos sobre este punto; pero Pocock demuestra que existió cierta clase de convergencia, citando un pasaje en el que está claro que la estructura no es la "estructura social" de Radcliffe-Brown, sino algo muy diferente: una realidad mental. "Insisto en esta característica de la distancia estructural a estas alturas, porque es necesario entenderla para seguir la descripción de los grupos sociales que estamos a punto de describir. Una vez entendida, se verá que las aparentes contradicciones de nuestra descripción son contradicciones de la propia estructura, pues, de hecho, son una característica de ella."11

Este cambio "de la función al significado" (sobre el cual, como ya se ha dicho, tenemos la declaración de Evans-Pritchard de que representa, al menos en términos retrospectivos, lo que él pensó que había logrado), constituye una verda-dera revolución, y es asombroso que fuera tan discretamente presentado. La discreción era aparentemente intencional y echa luz sobre la modestia que notamos en la Introducción. Lo que Pocock agrega es importante para la historia del tema en Inglaterra: "El rechazo del autor de hacer explícito el cambio de énfasis tuvo ciertas ventajas tácticas" (p. 79); sin tormentas, sin polvaredas, pero, con una aparente continuidad mantenida, se produce la infiltración —exitosa, a juzgar por la influencia del libro— del significado que los actores otorgan a lo que hacen. Por otra parte, hubo una desventaja: la teoría orgánica de Radcliffe-Brown no fue directamente desafiada y las ideas de equilibrio y armonía social habrían de continuar dominando como principios explicativos. Fue recién en 1950, en la Conferencia Marett, que Evans-Pritchard explotó la bomba cuya mecha había estado encendida durante al menos diez años: rechazó la pretensión de la antropología social de ser una de las ciencias naturales, desafió el positivismo, y extrajo las conclusiones lógicas, esta vez en una forma extrema, de la transición de las leyes a la estructura.12 Sus colegas, quienes habían aplaudido Los Nuer, en su mayor parte se escandalizaron. La ruptura con Radcliffe-Brown fue completa.

La controversia que surgió después de la Conferencia Marett, en contraposición con el prestigio que Los Nuer nunca ha cesado de disfrutar y la influencia que jamás ha dejado de ejercer sobre los mismos círculos, plantea un problema más general acerca del libro: ¿podemos identificar en él un elemento colectivo y un elemento personal: es decir, un elemento correspondiente a las tendencias predo-minantes en la antropología inglesa y otro que pertenece al propio autor y es aun opuesto al pensamiento corriente? Uno podría entonces ir más allá y atribuir determinaciones o circunstancias sociales directas al elemento "colectivo".

No es difícil responder a esta pregunta en términos generales. De hecho, en esencia, la teoría de los grupos unilineales y los sistemas políticos fue adoptada, desarrollada y continuada; en realidad, durante veinte años esta investigación constituyó el eje central de la antropología inglesa, mientras que, en contraposición, lo que es precisa y estrictamente el aspecto estructural de Los Nuer nunca ha echado raíces en Inglaterra. Esto no significa por supuesto que no haya existido ningún tipo de préstamo, ni que Evans-Pritchard no haya tenido seguidores.

Es probable que, para distinguir entre esos dos aspectos, uno debiera lógicamente comenzar con la progenie de Los Nuer; el aspecto no colectivo debería entonces aparecer como un residuo. Por conveniencia, yo procederé en el sentido inverso. Es el aspecto "estructural" lo que representa completamente la contribución personal y original de Evans-Pritchard. Teniendo en cuenta lo que el lector francés conoce al respecto, es necesaria una mirada más precisa. Ya hemos visto, siguiendo a Pocock, las "relatividades del lenguaje", y más generalmente del significado, en relación con la situación o el contexto. Lo que es característico de Los Nuer es la aplicación del método a los grupos sociales, grupos territoriales o "políticos", grupos de descendencia patrilineal: Yo soy miembro del grupo A en una situación de oposición al grupo B, pero en otra situación en la cual los dos primeros órdenes de segmentos de A están opuestos —por ejemplo, A1 y A2— yo soy miembro no de A, sino de A1, y lo mismo ocurre con los segmentos de órdenes más bajos. Los agrupamientos en diferentes niveles coexisten todo el tiempo, pero ellos se manifiestan sólo alternativamente, de acuerdo a las circunstancias. La realidad permanente es la tendencia hacia la fisión y la fusión. En particular, no hay grupo unilineal que pueda propiamente ser llamado "corporado", que exista completa y permanentemente como una persona moralis, que detente bienes en común.

El enfoque es estructural, pero hay un problema implicado en el término "oposición" al cual me he referido: en situaciones concretas la "oposición" es usualmente un asunto de hecho, un conflicto, como en el caso de las vendettas de sangre. Evans-Pritchard parte de "los grupos y las relaciones entre los grupos" hasta relativizarlos y mostrar que su propia existencia surge por fuera de sus relaciones. Pero está claro que al subrayar esas oposiciones factuales el autor ve oposiciones conceptuales, oposiciones en el sentido estructural. Un nuer "se identifica a sí mismo con una comunidad local y, al hacerlo, se separa de otras comunidades del mismo tipo".13 En relación con la cita anterior, donde se dice que la "contradicción" tiene que ser considerada como una característica de la estructura misma, nosotros vemos que el autor ha descubierto bien y verdaderamente el estructuralismo por su propia cuenta sin préstamo directo —como fue el caso en otras áreas— de desarrollos contemporáneos en disciplinas vecinas (la fonología, la teoría de la Gestalt). Es muy notable que los sucesores de Los Nuer muestren que aquí Evans-Pritchard no estaba expresando la corriente principal de la antropología social británica. Por el contrario, lo fundamental de su enfoque permaneció largamente incomprendido; ya que las "estructuras" para él contrastan muy precisamente con las "leyes" de la vida social; y este descubrimiento continuó atrayendo a la mayoría de sus colegas. Sin embargo, veremos luego que es posible detectar en nuestro autor, a un nivel no aparente, una orientación similar a la de sus futuros oponentes.

Comparado con lo que Mauss nos enseñó en París hasta 1939, Los Nuer presenta toda una serie de diferenciaciones. Donde Mauss seguía hablando de "organización político-doméstica", Evans-Pritchard distingue entre distintos "sistemas" y, en particular, entre grupos territoriales y políticos por un lado, y grupos de descendencia (clanes y linajes) por el otro. Es en la esfera política que el autor de Los Nuer ha expresado más claramente su escuela y su período. En este terreno, el trabajo busca extender la categoría de lo político a sociedades que no tienen instituciones políticas diferenciadas (ni siquiera un rey): en un territorio determi-nado hay orden sin regla; hay, en otros términos, una "anarquía ordenada".14 En términos retrospectivos Los Nuer aparece como el punto de partida de una vasta literatura sobre el aspecto político de las sociedades tribales. Esta literatura se extiende mucho más allá de su fuente, y lo hace en dos direcciones: por un lado el análisis político es extendido más y más lejos mediante una ampliación en la definición de "lo político"; por el otro, este análisis particular tiende a alcanzar un status cada vez más autónomo en relación con el marco general de la antropología social. Lo que Evans-Pritchard trató como no más que un subsistema entre otros del sistema social global ahora parece, entre ciertos autores recientes, haberse convertido en una especialización en sí misma, una "antropología política" que tiende a hacer caso omiso de la sociedad global. Aunque sin duda sería erróneo ver en Los Nuer todos esos desarrollos en estado embrionario, sí es legítimo, teniendo en cuenta el significado histórico del libro, indagar el significado y valor de este movimiento como un todo.

Aquí, como en todas partes, hay lugar para estudios de un tipo fundamental y también para otros más superficiales. Para determinar el valor último de una aproximación particular en antropología social, podemos preguntarnos cuán lejos ésta trabaja en trascender las claras diferencias entre las así llamadas sociedades "primitivas", y aquellas más complejas que pueden ser llamadas "tradicionales", por un lado, y el tipo moderno de sociedad por el otro. Esto estaría en el espíritu de nuestro autor,15 y en el énfasis de Mauss en 1897:16 no es suficiente adoptar cate-gorías modernas u occidentales, aun con modificaciones; más bien los modos de pensamiento de los dos universos deben ser subsumidos bajo categorías que se adecuen para ambos. En este punto, el problema aparece indirectamente en la dificultad de definir el campo teórico, en la imposibilidad (en la actualidad) de encontrar acuerdo entre los especialistas sobre la definición de los fenómenos políticos en general. Los defensores de esta aproximación postulan que ya que nosotros tenemos política, todas las sociedades deben tenerla. Podría ser mejor buscar equivalencias entre lo que nosotros ubicamos en ciertas categorías y lo que en todas partes o bien es ubicado en categorías diferentes, o bien detenta sólo una forma no categorizada. Esto es lo que se hace, en gran medida, en Los Nuer, donde el sistema político es definido como el sistema de grupos territoriales, es decir, de grupos nombrados por los Nuer cuyo carácter territorial el autor ha elegido enfatizar. En otras palabras, no hay ninguna garantía de que, sólo porque las sociedades modernas distingan claramente la dimensión política, ésta sea una buena dimensión comparativa. En vista de ello, incluso parecería improbable que fuera así, ya que muchos tipos de sociedades no efectúan esta distinción. Yo incluso iría más lejos, hasta mantener que esta aproximación ya ha sido refutada en la experiencia, pero es un punto de vista extremo que muchos rechazarían.

¿Cómo podemos entonces explicar el éxito de la aproximación política en tantos antropólogos? Yo arriesgaría la hipótesis de que ello está enraizado en la mentalidad del antropólogo en tanto hombre moderno. Esto no debiera ser tomado a mal, puesto que en esta disciplina este tipo de subjetividad colectiva no puede ni debiera ser dejado de lado. No es un asunto de la psicología de las buenas intenciones, aun si ellas juegan alguna parte en ello, en la medida en que uno elige enfatizar lo que reduce la distancia entre nosotros y las sociedades y los pueblos que estudiamos más frecuentemente, más que concentrarse en lo que, a primera vista al menos, parece acentuar la distancia —como, por ejemplo, la magia—. Es más bien el hecho de que nosotros, como hombres modernos, tenemos una cierta idea del hombre profundamente arraigada en nosotros, que tendemos a preservar y aplicar en toda ocasión. La aproximación política se adecua a este hábito de pensamiento, mientras que otras aproximaciones desafiarían su validez. Ésta es la explicación que propongo, bajo mi propio riesgo y peligro.

En resumen: la comparación entre las sociedades modernas y no-modernas da lugar a dos configuraciones de valor contrarias. Para nosotros, el hombre es un individuo, y el sujeto individual es un fin en sí mismo; para las sociedades no-modernas, el individuo se refiere en gran medida a la sociedad, al hombre colectivo. Llamaré a la primera manera de pensar "individualismo", y a la segunda "holismo". El movimiento y la transición que los antropólogos deben efectuar de una a la otra no es fácil. Así como los anglosajones en particular han reprochado a Durkheim que haya reificado la vida social de los individuos al hablar de "conciencia colectiva", del mismo modo se les debería reprochar el haber tratado esta profunda diferencia en los valores como si no existiera, y el haber visto en todas partes individuos en el sentido moderno del término, pueblos imbuidos de los valores de libertad e igualdad y que ignoran o devalúan los de orden, interdependencia, subordinación y jerarquía; o, según nuestro criterio, que valoran la tradición menos que la "racionalidad".

Ahora bien, considerando la filosofía política moderna o la ciencia política, llama la atención un rasgo que no es usualmente notado debido a que se da por sentado. Ciertamente, el campo político es definido mediante características específicas. Así, la definición de Estado de Max Weber (el monopolio del poder legítimo en un territorio definido) es tomada como base en la antropología inglesa; en principio al menos. Pero el punto de vista político corresponde también a algo diferente; esto es, a la consideración no sólo de los hechos sociales que presentan características políticas distintivas, sino de la sociedad total desde el punto de vista del individuo. Esto es muy claro en Hobbes, Rousseau y Hegel.17 Vista más de cerca, la segunda aproximación está usualmente implícita cuando la primera es reconocida, y se hace explícita en la mayor parte de la antropología reciente. Es como si para el individuo moderno el campo social total no fuera concebible excepto dentro de la categoría de lo político. (Por supuesto, esto es verdadero sólo si uno excluye la sociología, o más bien cierto tipo de sociología, pero sigue válido para el pensamiento cotidiano.)

Si esto es así, entonces la política atraerá al antropólogo moderno, especial-mente al anglosajón, a menos que él esté preparado para asumir el desafío que las sociedades no-modernas ofrecen a su propia conciencia y a su individualismo tan apreciado. En la dimensión política o incluso económica, ante cualquier otra dificultad que uno pueda encontrar, tendrá, no importa donde uno mire, individuos que "maximizan" sus ventajas y que "manipulan" situaciones dentro de la latitud permitida por las instituciones tradicionales. Aun si uno vive con gran incomodidad en las antípodas, uno no necesita renunciar a su confort intelectual. Una vez que el trabajo de campo intensivo se hubo convertido en la técnica establecida, los antropólogos del período precedente fueron ridiculizados por haberse satisfecho con la investigación de sillón. Podría decirse de nuestros colegas que cuanto más enfatizan la dimensión política, menos se mueven de su sillón intelectual; más confortablemente permanecen encerrados en la falacia que dominó al siglo XIX, una vez que el individualismo moral y político hubo de llegar a ser confundido con una descripción de la vida social.

Esto constituye una gran diferencia con respecto al trabajo de Evans-Pritchard, quien probablemente rechazaría gran parte del trabajo que vino después, y por supuesto sería erróneo atribuirle responsabilidad por lo que ha seguido. Pero aun es cierto que Los Nuer abrió el camino a una tendencia en la antropología contemporánea, una tendencia que se ha alejado demasiado de su modelo, y la cual ha resultado ser, desde mi punto de vista, inadecuada, influyente como es. Esto trae aparejada otra cuestión: ¿cómo es que Los Nuer llegó a ser explotado de esta forma? De manera retrospectiva, es justamente la diferenciación de un "sistema político" lo que parece haber dado ímpetu a la tendencia. Lo que para Evans-Pritchard fue el comienzo de un análisis más preciso y sistemático que el que podría ser proporcionado por la aproximación a través de "los grupos y las relaciones entre los grupos", proveyó por su carácter mismo una oportunidad a los modernos investigadores de dejar sin cuestionar sus propias presuposiciones. Para arriesgar otra opinión que, esta vez, creo que puedo justificar en otra parte18 ciertamente es posible distinguir una dimensión territorial o un atributo territorial en el caso de ciertos grupos, pero en mi opinión se podría, sin quitar nada fundamental del contenido esencial de Los Nuer, evitar tratar este atributo como una substancia, el principio de un subsistema en su propio derecho. En ese caso, habría solamente un sistema en vez de dos: un sistema de grupos de descendencia unilineal sin una dimensión territorial.19

En lo que concierne a los grupos de descendencia, la progenie literaria de Los Nuer parece haber experimentado un cambio de dirección. Vimos a nuestro autor ocupado, de hecho, en relativizar dichos grupos. Ahora, inmediatamente después, la tendencia opuesta a reificarlos o solidificarlos, a la manera de Radcliffe-Brown, fue vigorosamente defendida por Meyer Fortes. Esto no es todo; se ve en el trabajo de Meyer Fortes otro original desarrollo en el análisis de la relación entre parentesco, por un lado, y grupos de descendencia unilineal por el otro. Volvamos a Radcliffe-Brown. Él sabe, por supuesto, que hay grupos de descendencia unilineal, clanes o linajes. Para él, estos grupos forman una parte integral del sistema de parentesco. Con Evans-Pritchard, el sistema de linajes es emancipado del sistema de parentesco más inclusivo, y se organiza a sí mismo independientemente: esto sigue las ideas de los mismos nuer, quienes distinguen el parentesco en la familia (gol), el parentesco cognaticio (mar) que usan para referirse a todas las relaciones individuales y cercanas de parentesco exteriores a la familia, y finalmente agnación distante (buth), que se aplica sólo entre personas de linajes diferentes. ¿Justifica esto hacer aparecer al sistema de grupos de descendencia no como un subsistema dentro del sistema global de parentesco, sino como un sistema diferenciado de aquel de las relaciones de parentesco individuales, el cual aparece como centrado sobre un sujeto hipotético y abstracto, o, como decimos nosotros, sobre un Ego? En el paso siguiente, Meyer Fortes hace del sistema de grupos de descendencia un orden superior con respecto al sistema de las relaciones de parentesco individuales. Se nos dice que la descendencia "vincula el aspecto externo, esto es, político y legal (...) y el aspecto interno o doméstico (en el cual) el parentesco alcanza el máximo de influencia".20 En resumen, el sistema de grupos de descendencia, que comenzó por ser emancipado del sistema de parentesco total, es ahora presentado como jerárquicamente superior a la red de relaciones de parentesco individuales. No es éste el lugar para discutir esta tesis metodológicamente peculiar. Pero vale la pena indicar su implicación metafísica (por así decirlo): donde al comienzo había un universo de relaciones (relaciones individuales centradas sobre un sujeto —para Evans-Pritchard, grupos de relaciones que ponían en existencia grupos de un nivel de segmentación u otro—), ahora hay entidades colectivas, grupos unilineales sólidos y "corporados", los cuales han reemplazado a las relaciones. Las carac-terísticas relativas y relacionales del anánlisis de Los Nuer son dejadas de lado. El punto de vista de Radcliffe-Brown de "los grupos y las relaciones entre los grupos" se reafirma a sí mismo, y hasta logra, yo diría, reducir a una posición menor el dominio en el cual la relación (al menos después del tiempo de Morgan) tradicionalmente reinó, aquel del parentesco en el sentido corriente del término. Más aún, puesto que los "grupos corporados", de los cuales éste es la apoteosis, son concebidos básicamente como individuos colectivos, nos vemos retrotraídos a la misma tendencia que encontramos en el nivel de la política: el antropólogo desa-rrolla todos los refinamientos posibles, pero no abandona sus amarras metafísicas personales, ni abandona la concepción de humanidad de su propia sociedad.

Hemos visto que en lo que concierne a los grupos de descendencia, aun si él ha abierto un camino laboriosamente explotado por otros, la propia inspiración de Evans-Pritchard, su análisis estructural y relacional, ha encontrado en Inglaterra una notable oposición o incomprensión. En lo que a mí respecta, sólo me queda justificar brevemente la afirmación de que esta tendencia colectiva, opuesta al logro original del propio autor, puede encontrarse también en un nivel no aparente en el mismo Los Nuer. Examinemos su punto de partida. ¿Qué es un sistema? Es un grupo de relaciones entre los grupos (p. 264).21 La estructura, definida al comienzo mínimamente como lo que es perdurable en la sociedad,22 en efecto, apenas difiere del sistema: se dice que un grupo total de relaciones personales no es una estruc-tura, dado que no interviene ningún grupo que tenga permanencia. Vemos necesariamente una paradoja en este doble énfasis en los grupos y en las relaciones. A las relaciones de parentesco, que también trascienden al individuo efímero, no se les concede la misma dignidad que a las relaciones intergrupales vistas como un sistema de grupos. Es cierto que en cierto sentido esto nos retrotrae al comienzo nuevamente, y también que todo el esfuerzo del autor ha sido destruir el carácter substantivo de esos grupos y mostrar su "relatividad estructural".23 Podría haber sido también natural comenzar desde lo que era central para Radcliffe-Brown, pero, a pesar de las ventajas tácticas mencionadas por David Pocock, no es conveniente, ya que la decisión misma de aislar la dimensión política (o territorial) también corresponde evidentemente al substantivismo a priori de Radcliffe-Brown. Aun si hay sobre este punto una ambigüedad radical en Los Nuer, sus herederos la han suprimido. De aquí en adelante está claro, para mí al menos, que la perspectiva verdaderamente estructural es antitética al sobredimensionamiento de lo político. Inversamente, el prestigio del lugar usualmente concedido a la política se debe a la reintroducción, subrepticia o estrepitosa, pero siempre ingenua, del individuo moderno en un tema sobre el cual justamente este libro, así como nuestros otros libros maestros, nos ha mostrado el camino opuesto: el de las relaciones.

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* Traducido del francés al inglés por Mary y James Douglas y publicado en J. H. M. Beattie y R. G. Lienhardt, Studies in social anthropology. Essays in memory of E.E. Evans-Pritchard by his former Oxford colleagues, Oxford, Oxford at the Clarendon Press, 1975, pp. 328-342. [N. del T.]

1 En castellano: E. E. Evans-Pritchard, Los Nuer, Barcelona, Anagrama, 1977; y E. E. Evans-Pritchard, Brujería magia y oráculos entre los azande, Barcelona, Anagrama, 1976. [N. del T.]

2 E.E. Evans-Pritchard, The Nuer. A description of the modes of livelihood and political institutions of a Nilotic people, Oxford, Oxford at the Clarendon Press, 1940. [N. del T.]

3 Cf. E. E. Evans-Pritchard, 1977, p. 28.

4 Cf. E. E. Evans-Pritchard, 1977, p. 284.

5 E. R. Leach, Pul Eliya, a village in Ceylon, Cambridge University Press, 1961, p. 305: "En la práctica cada mitad del libro es autónoma y puede ser entendida independientemente del resto."

6 D.F. Pocock, Social Anthropology, Sheed and Ward, Londres y Nueva York, Newman History and Philosophy of Science Series, vol. 7, 1961, pp. 62-3.

7 Cf. Pocock, 1961, p. 74.

8 Cf. Pocock, 1961, p. 74.

9 Cf. Pocock, 1961, p. 75.

10 Cf. Pocock, 1961, p. 76.

11 Cf. Evans-Pritchard, E.E., 1977, p. 153. [N. del T.]

12 "Social Anthropology, Past and Present" (Marett Lecture, 1950), en E. E. Evans-Pritchard, Essays in Social Anthropology, Faber and Faber, London, 1962, pp. 3-28. En castellano: "Antropología social: pasado y presente", en E. E. Evans-Pritchard, Ensayos de antropología social, Madrid, S. XXI, 1971, pp. 4-23. [N. del T.]

13 Cf. E. E. Evans-Pritchard, 1977, p. 152. [N. del T.]

14 Cf. E. E. Evans-Pritchard, 1977, p. 19 y 200 ss. [N. del T.]

15 Véase su Essays in Social Anthropology, p. 22; Social Anthropology, Cohen and West, Londres, 1951. En castellano: "Antropología social: pasado y presente", en E. E. Evans-Pritchard, Ensayos de antropología social, Madrid, Siglo XXI, 1971, p. 23; E. E. Evans-Pritchard, Antropología social, Buenos Aires, Nueva Visión, 1982. [N. del T.]

16 "La religion et les origines du droit pénal" en Revue de l´histoire des religions, 34, 1896, pp. 31-60 (por ejemplo, p. 37: "Él no define..., él clasifica de acuerdo a nociones comunes...").

17 Cf. "The modern conception of the Individual", en Contributions to Indian Sociology, 8, 1965, pp. 13-61, especialmente p. 38 y ss., 57 y ss.

18 Introduction à deux théories d´anthropologie sociale, París, 1971, pp. 70-73.

19 La solución inversa que reduce la unilinealidad y la segmentación a una expresión del orden político ha sido propuesta, según parece, por M. G. Smith ("On Segmentary Lineage Systems"), Journal of the Royal Anthropological Institute, 86, 2, 1956, pp. 39-80, particularmente p. 64 y ss.). Smith escribe, por ejemplo: "El linaje parentesco es gubernamental e ideológico." (p. 71, las itálicas son mías).

20 Meyer Fortes, "The Structure of Unilineal Descent Groups", American Anthropologist, 55, 1953, p. 30.

21 Cf. E. E. Evans-Pritchard, 1977, p. 282. [N. del T.]

22 Cf. E. E. Evans-Pritchard, 1977, p. 280. [N. del T.]

23 Cf. E. E. Evans-Pritchard, 1977, p. 284. [N. del T.]

 

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