encab_la_pol_vang.jpg (12598 bytes)

 

Segundo Aviso / César Alfredo Miró Quesada 

 

No es una nueva escuela de arte la que surge hoy en América mientras giran las poleas de la inteligencia en los talleres creadores de la Revolución. No es un ismo nuevo de artistas burgueses y poetas snobs, el de esta vanguardia joven que se realiza en un verdadero aspecto de fuerza e integridad creadora; en su doble aspecto ideológico y artístico. No es simplemente una forma. Es también y principalmente una emoción.

El arte, función vital, fuerza en movimiento hacia una estrecha convergencia con las más profundas inquietudes de los pueblos, interviene una vez más en el desarrollo de su proceso histórico, cumpliendo en él una misión social. (Dejo constancia, desde luego, del carácter quizás demasiado subjetivo de esta opinión, frente a la teoría marxista del arte. Pero he querido tener en cuenta la fisonomía esencialmente burguesa de la vieja literatura peruana, producto de una clase, que estuvo muy lejos de interpretar los sentimientos populares.)

Esta nueva inquietud, esta emoción, ha devenido, dejando atrás el decadentismo clasista de toda una generación, artistas afirmados en un sola y noble verdad, orientados por una comprensión del más humano de los problemas; urgidos y vigorizados por la más elevada labor de justicia.

Pero América, por la desigualdad de sus troncos raciales y los diferentes problemas que de sus situaciones se desprenden, nos ofrece un aspecto demasiado complejo que no puede ser observado y estudiado en una sola definición total. Es por esto que hemos elegido el grupo de intelectuales del Perú. Parte integrante de este movimiento, se define en una inquietud nacida, ya no sólo de un ambiente de varios siglos de opresión, sino también de lucha, dirigida hacia una independencia de orden económico. (De ahí el poema antiimperialista, expresión característica del poema revolucionario del Perú.) De este modo, por la homogeneidad que éste movimiento presenta, nos vemos obligados a separarlo de los otros que, no obstante estar encaminados hacia idéntico fin, ofrecen sin embargo, muy diferentes procedimientos de ejecución.

Hace apenas unos días, el compañero Seoane expuso en un artículo, el porqué de nuestro proposito al reunir en un libro los poemas revolucionarios peruanos. Estaría demás, que yo tratase de dar al asunto una nueva explicación.

Y volvamos a examinar el sentido exacto de esto que, como hemos dicho, ha dejado de ser simplemente una forma, para convertirse en una emoción.

De los países de América más directamente afectados por la penetración imperialista, el Perú es uno de los que con más intensidad sufre sus consecuencias. Nuestra geografía ofrece el espectáculo de un verdadero croquis de guerra. Como en esos mapas en los que se estudia por medio de pequeñas banderas clavadas en los puntos ocupados por el enemigo, el avance y las posiciones de éste, de igual modo nuestra carta geográfica presenta ya toda una compacta erización de banderas de ocupación. La diferencia no existe sino en la forma. La guerra planta bayonetas El capitalismo, dólares. El enemigo es el mismo aunque sean diferentes sus procedimientos. Y es conquista tanto la una como la otra. Esta es actualmente la situación del Perú.

Y ahora vamos a sus consecuencias: Toda opresión genera rebeldía. El capitalismo yanqui, cada vez más introducido en nuestra vida económica, ha iniciado desde hace tiempo una intensa campaña de dominación. De allí que sus agentes principales, hayan creado una nueva casta imperante que se manifiesta en todos los órdenes de la industria y el comercio, alimentados por estos capitales. De otro lado el gamonalismo, hijo póstumo de la antigua sociedad feudal, deviene también un régimen de opresión. Y es lógico suponer, que siendo el Perú un país esencialmente agrícola, sean sus indios —campesinos en su inmensa mayoría— los más directamente esclavizados por la explotación. Es por esto, que el movimiento peruano, reside también en una reivindicación de los derechos indígenas. De esta situación ha nacido la protesta.

Y queda explicada con lo anterior, la causa de esta nueva literatura. El poema revolucionario, toma entonces estas dos grandes características: antiimperialista y reivindicacionista étnico-social.

Nuestro libro será pues, de poemas revolucionarios surgidos de esta inquietud. Su emoción queda explicada por un natural sentimiento de rebeldía, producto de largos años de explotación. Es por esto, que no es posible definirlo como he dicho al principio, como una escuela. Una escuela, no es sino la expresión de una época, mejor aún, de una moda. Nuestros poemas, abren un primer capítulo en la historia de América, en la verdadera historia de América.

Así explicamos nuestra actitud. Nuestra emoción es un arte, porque es una verdad. Y nuestra verdad, ha dicho Mariátegui, es la revolución.

 

Buenos Aires, 1928.

  

Chirapu, Arequipa, 1928, Nº7:2-3

   


Regresar