encab_la_pol_vang.jpg (12598 bytes)

 

Nuestro vanguardismo / Guillermo Mercado

 

 Pesa una atmósfera cargada de infecciones sobre el espíritu jubiloso de la juventud creadora del Perú. Atmósfera cargada de respiros asmáticos, densa de pesimismos, artillerada de bacilos de senectud. Se parece a la atmósfera que se cierne después de la guerra cuando, tibios aún los cuerpos masacrados, el aire se carga de gritos derrotados, de lamentos salvajes, de maldiciones roncas.

Ya no es la atmósfera caldeada por el motor de la lucha; es la atmósfera fría y cuajada de epidemias. No es la reacción; es la pudredumbre de todo lo viejo, muerto ya en las lides justas y bellas de la generación nueva.

La vanguardia —este vanguardismo que tanto quema la epidermis del burgués— es el efectivo estado, consecuencia de ese rotundo y largo encontrarse de fuerzas opuestas. La vanguardia es la actitud victoriosa que ha seguido a ese torneo desigual en esencia de un organismo temprano y caliente de energías con otro corroído y endeble. La vanguardia, en la hora, sintetiza en un solo grito todas las gestas sofocadas de la liberación espiritual. Ella es la presencia en ACTO de un nuevo sistema de fuerzas despertadas, fuerzas todas actuantes en su rol colaborativo e impulsadas por la auténtica y genitora energía vital. Es el impulso único, sin intermedios, desde su punto generatriz hasta lo imprecisable e infinito. Es la ascensión vigorosa hacia la expresión máxima de las emociones. La EMOCION misma —ideal, amistad, alegría dolor— marcando el grado 100 del espíritu para volcarse en la mundana exteriorización.

Empero la ACTITUD vanguardista define claramente una posición en la vida. Más aún, exige la presencia al desnudo del HOMBRE. El tipo de hombre a medio concepto. Una ideología a penumbras. Un arte con normas. Una pedagogía sin amor. Un ideal con languideces, no corresponden nunca a este proceso del espíritu contemporáneo, cuya esencia —una formidable emotividad— es radical a todo medio ser de actitud o de obra improbables a redimirse en la plenitud de la belleza. El hombre trunco como la idea desvitalizada han sucumbido en esta plena mar del espíritu.

La vanguardia, mejor que honradez —la honradez ya se estira a gasto de la vara del mercachifle— mejor que esto, decimos, entraña un extenso UNIVERSALISMO en el pensamiento y la práctica del nuevo hombre que la encarna. Ahí está el artista, poeta, músico, pintor, escultor, emocionándose legítimamente, libremente, siendo el centro gravitante de la emoción universal y humana. Ahí está el maestro de escuela, artista también, reencarnado en el tipo creador por excelencia, frente a su obra trascendente. Ahí está la juventud fortalecida, elaborando, construyendo —pese a los ojos que se cierran— una nueva moral de sudamericanismo anti-imperialista. Ahí están todas las fuerzas nuevas fraguando la próxima belleza social.

La vanguardia traduce el rescate de los puestos beligerantes por las potencias supremas del espíritu: La Voluntad sustituye a la audacia. El Universalismo a la honradez. La Creación a la erudición amarillenta. La EMOCIÓN PURA al sentimentalismo vestido de fiesta.

Vanguardismo equivale a HOMBRIA.

 

 Chirapu, Arequipa, 1928, Nº5:6

 


Regresar