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Noticia / Alberto Hidalgo

 

la aparición, en mi volumen tu libro, de una composición dispuesta en forma tal que un solo verso, una sola palabra y hasta una sola sílaba ocuparan toda una página, ha dado origen a los más curiosos comentarios.

de los varios artículos y notas publicados, repartidos en casi todos los países de américa, el 90% ha hecho hincapié en el asunto. ¡y que hincapié! que aquello obedece —se ha dicho— a lo que se ha dado en llamar "afán de originalidad". que mi propósito era tumbar de espaldas al lector. por último, se descubrió en mí deseos de engrosar el tomo.

semejantes dislates no merecerían contestación, sino quisiera, cual quiero, prevenir a esos benditos seres, u otros de igual catadura, respecto a cosas de relativa semejanza con la de marras, que salen ahora en este libro. también me mueve un sentimiento de cristiana caridad: enseñar al que no sabe.

la disposición de los versos en el poema aludido tiene un objeto puramente artístico: quiero obligar al lector a leerlos lentamente, con el fin de que las emociones penetren en su alma como caen las gotas, independiente una de otra, paladeándolas, sintiéndolas, exprimiéndolas, hasta catar su sentido oculto, su recóndito sabor.

debo expresar, en justicia, mi contento por lo comprensivo y atinado de algunos juicios, entre los cuales destaca —como todos los que él borda al margen de mis libros— el del sutilísimo y sagaz crítico dominicano federico garcía godoy. desgraciadamente, almas como garcía godoy son muy escasas entre nosotros, muy escasas.

dios quiera que esta química caiga en manos menos torpes. de lo contrario pasarán inadvertidos los precipitados que forman ciertas mezclas, no serán vistos ciertos nuevos cuerpos, ni se comprenderá el porqué de ciertas cristalizaciones, isomerías, dimorfismos, alotropías, electrolisis. que no me achaquen intenciones que no tengo, que se detengan menos en lo superficial —ortografía, colocación tipográfica, etc.— y más en lo que haya, si hay, de hondo, de bello, de eterno.

Yo no tengo la culpa de ir contra la corriente, ni voy deliberadamente contra ella. lo único a que aspiro es a expresar lo que no se ha expresado, atrapando una EXPRESION que contenga la inquietud del espíritu humano en la hora presente. mientras la música ha alcanzado su expresión definitiva, la poesía la está buscando infructuosamente desde hace siglos. ¿por qué no ha habido un beethoven de la poesía? ¿por qué los más grandes poetas, son, cuanto poetas, unos pigmeos al lado de beethoven cuanto músico? no por falta de genio en los poetas, sino por ausencia, por pobreza de expresión.

intento aquí un arte mío, un arte personal, incatalogable, por la briosa independencia que le distingue en las escuelas poéticas antiguas o modernas, aunque haya tomado elementos del "cubismo" de apollinaire, del "creacionismo" de reverdy, de otros "ismos". voy en busca de un "simplismo" —¡he ahí un título para mi manera!— artístico, libre de toda atadura, ayuno de retórica, huérfano de sonoridad, horro de giros sólitos y sobre todo de lugar común.

conozco los riesgos de la empresa. en esta américa gregaria, sucursal de la cafrería, a todo el que se aparta de la derecha, se le responde con la indignación, la risa o la indiferencia. no importa. yo sé que al fin y al cabo sólo lo personal no lo destruye el tiempo.

 

Química del espíritu, Lima, 1923.

 

 

 


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