encab_la_pol_vang.jpg (12598 bytes)

 

Legítima defensa/ Ántero Peralta

 

A las almas rígidas, invariables, de nada puede el mando servirles, una vez que han llegado a la edad adulta; cuanto mas ven, más viven y experimentan, tanto más superficiales se tornan, porque con órganos cortados para percibir un sola y determinada sección de la realidad, quieren rendir tributo de justicia a muchas otras, y así, necesariamente, obtienen falsas impresiones; lo mejor que pueden hacer los hombre de este tipo es permanecer quietos en su esfera.

Conde Hermann Keyserling

 

El señor José Luis Villanueva también ha lanzado su pastoral contra el vanguardismo desde las columnas del número 5 de Escocia. El asunto no era para alarmarse, puesto que está de moda la manía antivanguardista entre la gente añeja. Mas, el caso del señor Villanueva es peligroso —no en el sentido criminológico— para la opinión pública por lo del principio de autoridad. Pues, personas hay que, más que con la razón de las palabras, convencen más fácilmente con el solo nombre cargado de prestigio. Por eso vamos a poner algunos reparos al artículo "El Arte Nuevo" de don José Luis.

El artículo en referencia, a nuestro modo de ver, por sus apreciaciones sobre el vacío, a más de algunas contradicciones dice muy mal de la autoridad de un sabio. Veamos. Empieza el señor Villanueva el ataque de la siguiente manera: "... en todas partes grupos artísticos más o menos sinceramente revolucionarios, gritaban en todos los tonos que el arte universal, llegado hace tiempo a su máximo desarrollo, no ha hecho más que decaer desde el siglo de León X; que por consiguiente, precisa regresar al principio al punto inicial de todo arte y de toda civilización, para echar los fundamentos de un nuevo arte que sólo florecerá en lo futuro, evolucionando paralelamente a la humanidad redimida por el comunismo". Estas pocas líneas que hacen de premisas del razonamiento del Sr. Villanueva ofrecen puntos fácilmente vulnerables. En primer lugar, atribuye "a los grupos artísticos" la rara afirmación de que el arte había llegado a su máximo desarrollo. Creemos que esto es una calumnia porque si el arte conoce ya el acmé de sus posibilidades el artista no tiene ya razón de existir. Están condenados a desaparecer como los plesiosaurios, los pterodáctilos, etc. En segundo lugar, aquello de que se pretende "regresar al principio" es tan absurdo que no llegamos a explicarnos o bien porque el señor Villanueva calumnia por segunda vez o porque "los grupos artísticos" están con las seseras sancochadas. Si hemos de considerar el arte como un fenómeno histórico, por lo mismo que es fruto de la actividad humana, tenemos que convenir en la lógica de su irreversibilidad. En tercer lugar, la afirmación de que el arte nuevo florecerá "paralelamente a la humanidad redimida por el comunismo" equivale a "Yo acuso públicamente" y dice de la falta de serenidad del señor Villanueva, perfectamente explicable con el acápite siguiente.

"De ahí —escribe don José Luis— todas esas DEFORMACIONES, todas esas INCOHERENCIAS, que NOS SORPRENDEN Y ESCANDALIZAN en las exposiciones de arte de vanguardia". ¡Macanudo! Esto se llama presentarse al desnudo. Claro: es imposible que "uno que tiene su carta de ciudadanía del siglo pasado" pueda contemplar son serenidad —ya no se puede decir con entusiasmo— las cosas de ogaño. Es sordo y ciego para poder vibrar con lo nuevo. Desgraciadamente la corriente vital es cruel para los viejos que, sorprendidos, escandalizados y quizá llorosos también, pretenden estabilizar su momento cultural en cause histórico. El desahogo del señor Villanueva dice muy claro de la angustia de los pasadistas frente a la prepotencia de las huestes futuristas.

Como causas del vanguardismo parecer señalar, aunque no de manera franca, las "intoxicaciones en boga" y "una alarmante desviación del sentido genésico". Esta forma de calumniar sube ya de color, porque el vanguardismo, en sus diferentes aspectos es precisamente lo opuesto a lo que cree el señor Villanueva; es la expresión óptima de la vida. Es la fuerza de regeneración. Es el himno de superación. El gesto de creación liberadora. La toxicomanía no es creación nueva. Hay que pensar con más cuidado al respecto. En cuanto a la desviación genésica tendremos que afirmar que el vanguardismo entraña, por el contrario, la regeneración genésica. La circunstancia de que el arte haya cambiado de orientación obligado por las contingencias económico-sociales, en una palabra, históricas, no dice nada en contra de la nueva sensibilidad. Creemos más bien que la enaltece. El que los artistas no exploten como temas de preferencia los caprichos de una Perricholi, las morbideces de una Friné o la beatitud de una Teresita de Jesús, no acusan un fenómeno de desviación genésica; porque la actitud del nuevo artista es diferente. Es heroica, ante todo. Heroica porque refleja el sentir colectivo, porque encarna el pensamiento de las masas, porque dice el verbo de redención. El artista de hoy frente a los imperialismos de toda especie, está tensando sus músculos, su voluntad, su espiritualidad, su personalidad toda, y mal puede, con su actitud bélica, emplearse en cosas domésticas. La temática flácida, dulce, sibarítica no es propia de los momentos heroicos. La hembra de hoy, consciente de su papel, no exige del macho suavidades de Pierrot sino dinamismo de Espartaco. La palabra de arte de hoy no es la oda sentimental sino la arenga revolucionaria (No se vaya a confundir este término con su acepción criolla). No es, pues arrullando, a su cara mitad como ha de cumplir su misión el artista de vanguardia sino traduciendo el calor de las masas, de cara a los problemas comunes; ofreciendo el pecho a los embates de la reacción.

Para satisfacer a la pregunta "Qué cosa es un vanguardismo" de don José Luis, diremos que no es ninguna cosa sino un nuevo estado, un nuevo giro, una nueva fisonomía del pensamiento, de la sensibilidad, de la acción. En arte, el vanguardismo tiene un doble aspecto: 1º el de negación de la forma simiesca, servil, esclavista; y 2º el de novación, de afirmación de la singularidad racial o continental (sobre todo en el caso suramericano) y de expresión del pathos colectivista. La raíz del vanguardismo hay que buscar, por consiguiente, en la trama económico-social. El artista de vanguardia ve las cosas no ya con la sensibilidad de un chambelán sino con la de un hombre libre.

A cualquier hijo de vecino le saca de las casillas aquello de regresión a "la época de la cavernas". No llegamos a explicarnos si el señor Villanueva lo dice ingenuamente o con un propósito perverso de desacreditar el vanguardismo. Si por el afán de llegar a la fuente misma de la sensibilidad de una raza se dirige el pincel, por ejemplo, no en la forma ordinaria, consagrada, estereotipada por el camino trillado, sino en una nueva y por senda insospechada, esto no quiere decir que se "desdibuja" sino que el jalón intuitivo no cuadra a los modos de captación del espíritu conservador. Como las verdades son relativas a cada individuo, a cada época, a cada región, las nuevas verdades vienen a remover las bases de las verdades añejas; y de aquí la inadaptabilidad de los espíritus devenidos, sedimentados de cultura pasada, bebidos de ayer —en tanto que la sangre nueva canta la plenitud de la vida pujante. El gran Diego Rivera que pinta las cosas de manera EXTRAordinaria ha vuelto a la época de las cavernas? El vanguardismo peruano, por nuestra parte, tampoco quiere "retrotraer NUESTRO ARTE a la época de Nazca y Tiahuanaco". No. Nuestro vanguardismo está empezando a crear y no a resignarse a la imitación de los patrones EUROPEOS. Pero a crear empapándose en el alma autóctona. No se propone repetir lo hecho, dicho y vivido por los quechuas y aymaras de hace cuatro siglos, sino prolongar, para nuestro caso, el arte nativo, matizándolo con las prestancias de las sangres importadas y de las culturas dominantes del momento. El arte vanguardista quiere hablar por su sensibilidad, sin desconocer por supuesto, el valor de las formas artísticas consagradas por la historia juvenil.

Lo curioso del asunto es que el señor Villanueva, con el gesto heroico de quien va a defender su dama y su honor, esgrime su lanza en defensa de NUESTRO arte. Pero ¿tenemos NUESTRO arte? ¿El arte colonial, prolongación, del arte hispano? ¿El arte republicano, prolongación, a su vez, del colonial? ¿O el arte-imitación del europeo? Con el vanguardismo si que se ha colocado ya la primera piedra de nuestro arte.

Habría que anotar una tercera calumnia al señor Villanueva. Dice que el Dr. C. D. Gibson le ha hecho notar que en Francia "Los vanguardistas se identifican con los monarquistas". (Esperaba que el Dr. protestara públicamente por esta broma tan pesada). Creemos que con este rompecabeza ha querido tomarnos el pelo don José Luis. Añade este caballero que el vanguardismo en Italia "significa fascismo". ¡Caracoles! Parece que la conducta de un Jean Cocteau o de un Giovanni Papini ha revuelto los pensamientos del señor Villanueva. Curioso el asunto y no merece, por lo mismo, ningún comentario.

Preguntamos al señor Villanueva: Si "hablar aquí de arte burgués resulta grotesco", ¿defender la imitación del arte burgués no resultará doblemente grotesco?

Aquí viene la autoimpugnación del señor Villanueva: "El arte —escribe— debe ser nacional o continental, o no ser, y por conseguir este ideal DEBEMOS aprender a ver e interpretar libre, pero sinceramente, lo nuestro..." ¡Maravilloso! Esto mismo se propone y está haciendo el vanguardismo nacional. (En esta parte de su artículo el señor Villanueva es un perfecto vanguardista) Pero don José Luis, defensor de NUESTRO ARTE, dice burlonamente en uno de los párrafos anteriores de su artículo... "los más sinceros —de los vanguardistas— dirán esto: que ellos todavia no tienen ningún arte... que están en los pininos de un arte que sólo florecerá en lo futuro"... ¡Cómo! y por qué después que para conseguir el arte nacional DEBEMOS etc.? El arte que defiende el señor Villanueva cuando quiere precisarlo, se le va de entre las manos. ¿No es cierto?

Lo que ocurre después de todo es la diferente posición en que está colocado, desde el punto de vista ideológico, el señor Villanueva y toda la masa conservadora, respecto del vanguardismo. El van- guardismo, dígase lo que se quiera, parte del intuicionismo bergsoniano. Bergson es el precursor de la enorme inquietud espiritual de hoy. El arte vanguardista es esencialmente intuitivo. Ni las líneas recetadas por el clasicismo, ni los colores combinados según ley, ni las palabras fosilizadas en frases cotidianas, ni los sonidos sujetos a la metódica satisfacen ya a las exigencias del intuicionismo. El vanguardismo, en literatura, por ejemplo, quiere "una bella caravana de ideas vivas", quiere la palabra "musculosa", dinámica, de vida ágil, inconfundible, quiere la metáfora jugosa de espiritualidad. El vanguardismo quiere infundir vida a su obra, pero VIDA ASCENSIONAL CREADORA. Los de la otra orilla juzgan todavía las cosas con las herramientas del racionalismo. Por eso, hasta los adversarios de antaño —pero todos dentro del racionalismo, mejor diré— intelectualismo, forman un frente único contra los mozos irreverentes que hablan un idioma chocante para sus oídos monacales. Eso es todo... No: algo más. La temática del movimiento vanguardista hay que buscarla en MARX.

 


Regresar