encab_la_pol_vang.jpg (12598 bytes)

 

Izquierdismo y pseudoizquierdismo artísticos/ Miguel Angel Urquieta 

 

Una opinión mía sobre La Torre de las Paradojas del admirable César A. Rodríguez, publicada en el número 4 de Amauta, ha tenido la extraordinaria virtud ácida de precipitar la hiperestesia combativa, no precisamente de los falsos izquierdistas contra quienes iba enderezada, sino de los izquierdistas de autenticidad indudable. Magda Portal, por ejemplo, para quien tengo especialísimo afecto personal y muy profunda consideración literaria, parece haber tomado frases mí- as contra el vanguardismo feble como ataques a la novísima sensibilidad, y, volviendo por los fueros de ésta, defiende denodadamente a aquél. Si no se tratase de Magda Portal, se me daría un higo de la po- lémica y no tendría mayor interés en recoger alusiones ni en reafirmar conceptos. Tratándose de ella, la cuestión cambia totalmente.

_____

 

La poesía de extrema izquierda tiene en el Perú exponentes tan altos y tan ciertos como Alberto Hidalgo, Magda Portal, César Vallejo, Mario Chávez, Serafín Delmar, Alejandro Peralta y dos o tres más. Pero junto a éstos, alrededor de éstos, mezclados, barajados con éstos, cuántos infelices para quienes el arte nuevo es como una corbata dernier cri o como los pantalones Oxford. Moda, excentricidad, extravagancia, y nada más. Y esto que pasa en el Perú, pasa en todas partes. Un arte nuevo, así, no es más que fatuidad ensimismada, analfabetismo forrado de insolencia. A pesar de su señoritismo aparente y espectacular, no llega siquiera a burguesía de la literatura. Se quede en plebe: changadores, lustrabotas, suplementeros de las letras. Fifíes algunos, y otros bujarrones.

_____

 

Magda Portal, como Pío Baroja, la emprende contra los periodistas. Olvida que es el periodista —más el espurio que el legítimo—, el que levanta el pedestal de todos cuantos escriben, así sea con la derecha o con la zurda. Sin periódicos y sin periodistas —los máximos difusores de hoy—, muchos se quedarían emparedados en un silencio definitivo. El silencio: he aquí el anticuerpo de la toxina jazzbandiana.

Y a propósito: he llamado jazzband al seudoizquierdismo, pero no bataclán, por la sencilla razón de que el bataclán no es, como cree Magda Portal, un producto de la postguerra. El bataclán es cosa vieja de Europa. Ya en 1870 existía en París el teatro Ba-Ta-Clán. Paul de Kock hizo literatura bataclán. Hoy la hacen, pero grosera y sin pizca de gracia, Guido de Verona en Italia y el Carretero Audaz en España.

_____

 

Yo no niego la heroicidad del vanguardismo. Al contrario: la exalto. Y encuentro corajudo hasta la temeridad el seudoizquierdismo, que se lanza a probar que el palotismo es escritura máxima, y quiere convencer al mundo que nada hay más acabado y expresivo, más emocional y sugerente, que los trazos rupestres, sin segundo plano, de las cuevas de Altamira.

Si los seudoizquierdistas, siquiera fuese por deporte, se propusieran acopiar preparación y cultura dentro del mismo progreso material que tan rabiosamente exaltan a toda voz altoparlante, de cada cien quedarían apenas dos irredimibles, tercos en su vacuidad.

Su analfabetismo recalcitrante y agresivo acaso tenga razón. La ignorancia es manantial de felicidad. Es siempre más espontánea y simple la alegría del ignorante que la del culto. El saber trae molestia y "quien añade ciencia añade dolor". De aquí que yo no crea en la alegría expansiva y sincera del arte nuevo de verdad. Un arte alegre, hoy, solo cabe al margen de la realidad social que vivimos los hombres de todas las razas. Dentro de ella, solo tendrá la risa hueca de Triboulet. Hay toda la catástrofe del pasado inmediato, toda la desolación del presente, toda la preocupación del futuro, para que el arte de ahora pueda ser sanamente alegre. Estamos saliendo apenas, destrozados, de debajo de la mole de infortunio que se nos echó encima, y nos vemos frente a la tremenda responsabilidad del porvenir. La risa, ahora, tiene mucho de histeria. No confundamos la alegría con el humorismo, que es el spleen que sonríe. En la vida de hoy hay más de obligación que de euforia.

He sostenido que una literatura con vida y alcances de cuplé, no tiene valor social. Que la literatura, como toda expresión de arte, ha de ser índice de cultura, guía de humanidad. Hoy más que nunca. He sostenido que las extravagancias jazzbandianas no son para mí arte de izquierda.

Y esto mismo, simultáneamente, aunque en otros términos, lo han afirmado José Carlos Mariátegui y César Vallejo, también en AMAUTA.

Mariátegui "periodista" como yo, dice: —"No todo el arte nuevo es revolucionario, ni es tampoco verdaderamente nuevo. No podemos aceptar como nuevo un arte que no nos trae sino una nueva técnica. La técnica nueva debe corresponder a un espíritu nuevo también. Existen poetas que creen que el jazz band es un heraldo de la revolución...".

Y declara Vallejo, poeta de izquierda y "periodista" como Mariátegui y como yo: "Los materiales artísticos que ofrece la vida moderna, han de ser asimilados por el espíritu y convertidos en sensibilidad. La poesía nueva a base de palabras y de metáforas nuevas, se distingue por su pedantería es, al contrario, simple y humana y a primera vista se la tomaría por antigua o no atrae la atención sobre si es o no moderna".

La propia Magda Portal, que es "periodista" por cuanto escribe y publica en periódicos, a pesar de su desdén por periódicos y periodistas, reconoce que el arte nuevo se inspira en la novísima ideología y se codea con la revolución social que se avecina.

Yo no combato el arte de vanguardia, sino el arte de izquierda apócrifa, de vanguardia feble, y exijo el distingo, la delimitación de campos, aunque mano de mujer me encasille, de un empujón nervioso, y sin duda involuntario, en la "burguesía literaria", pared por medio de los "periodistas seudointelectuales y demás canalla artística"...

Sin embargo...

También a los periodistas nos gusta la poesía audaz. He aquí, para muestra, versos de un maestro no superado todavía ni en la refinada sensibilidad, ni en la osadía de las metáforas, ni en la originalidad de la expresión:

Prendiste mi corazón con uno de tus ojos lavadero

del

en la cámara del vino tu amor como

(una bandera suben

que

tus dientes manadas de trasquiladas ovejas

miel y leche hay tu lengua

debajo de

tu ombligo taza redonda que no le falta bebida

tu vientre montón de trigo

ponme como un sello tu corazón como una marca tu brazo

PORQUE VINISTE EL INVIERNO SE HA MUDADO.

 

Vaya viendo Magda Portal que los periodistas somos también catadores de arte. Solo que nos gusta beberlo y saborearlo donde lo hallamos legítimo y original, sin buscar primero la etiqueta o la factura consular.

Como no ha de faltar seudoizquierdista que juzgue de hoy, o por lo menos de ayer, el poema que cito, creo honrado declarar que es de antes de ayer. Son versos sobre los que va pesando la friolera de tres milenios. Los escribió el lúbrico Salomón, rey de Jerusalén, diez siglos antes de Cristo; es decir, hace tres mil años. Véase el Cantar de los Cantares. No he hecho, al trascribirlo, sino valerme de la "nueva técnica", vaso y esencia del falso izquierdismo: aporrear un poco la ortografía, suprimiendo la puntuación, tan odiosa y siempre más fácil de desdeñar y vilipendiar que de estudiar, poner en mayúsculas el énfasis mayor, y descoyuntar dos versos con evidente mortificación del cajista...

_____

 

Nos afirmamos en el pasado, para avanzar, aunque no lo sepamos o nos empecinemos en negarlo. Nadie se nutre del futuro. La dietética más elemental enseña que no se vive de lo que se comerá mañana o la semana entrante, sino de lo que se comió ayer, de lo que se come hoy. Y cuando Magda Protal me dé la razón, que me la dará más tarde o más temprano, conviene que no olvide lo que tengo dicho: Yo no tengo la fobia de lo nuevo, sino la fobia de lo catastrófico y de lo feble.

La execración sistemática del pasado y la demasía de su culto —"el culto excesivo del pasado pesa como plomo sobre las alas del progreso"—, son igualmente perniciosas. Del pasado necesitamos. Venimos del pasado. La generación espontánea no existe ni en la materia ni en el espíritu. El pasado nos gobierna, más o menos dictatorialmente; nos empuja siempre, como a los trenes en subida la locomotora que les ponen detrás. En nosotros germina la semilla que otros echaron, como la nuestra germinará después. Cada período de la historia tiene sus grandes figuras, concreciones espirituales de determinado momento, voces de una época entera, conciencias de una raza. Esas figuras son luego el pasado que empuja. Lo que hacemos, que alcancemos a crear hoy, será sin duda el pasado que impulse más lejos a la tercera o cuarta generación siguiente a la nuestra. Y así sucesivamente. La constancia de la historia, es un hecho indiscutible.

Las ideas que nos mueven ahora, no son nuestras del todo. Son las ideas inactuales de ayer que las actualizamos hoy. Así sucederá con las nuestras: La humanidad va trasformándose, evolucionando, cambiando, no por lo que hacemos ahora, sino por lo que otros prepararon antes. Después de dos mil años Cristo comienza a resucitar de verdad. La almendra que sembró va dando flores y en breve dará frutos genuinos. La simiente que esparció Aristóteles, permaneció diez siglos relegada al olvido, enterrada, gestando lentamente en la sub conciencia de los hombres, de generación en generación. Solo al cabo de mil años comenzó a germinar y produce todavía.

Las "novedades sociales" de ahora se fundan totalmente en Marx, y Marx las expuso hace dos tercios de siglo. Hablando de lo nuestro, que nos está más inmediato, nuestra vida intelectual positiva —que no es precisamente la de imaginar poemas— las ideas que hoy nos sacuden, datan de hace treinta o cuarenta años. Son las ideas de Prada, las ideas de Urquieta. La herencia espiritual se va depurando; pero es herencia siempre. No hacemos, en suma, más que acrecer y revisar el patrimonio.

La radiotelefonía, que es como una summa de la época, en su lado de conquistas materiales, viene del pasado. Es la ampliación y ensanchamiento de la radiotelegrafía uncida al progreso por Marconi en 1899. La teoría de la relatividad de Einstein, que es lo más revolucionario y nuevo en materia física, es el segmento que le faltaba a la tesis demoledora sostenida por Henri Poincaré en el primer lustro del siglo que vivimos.

La justipreciación del pasado, no implica desamor al mañana, como renovación no quiere decir forzosamente destrucción total.

Del pasado solo debemos rechazar lo caduco, lo fosilizado, lo que, sin dinamismo ya porque lo tuvo incidental y momentáneo, pudo conmover en otra época, pero a nosotros nos deja indiferentes.

Y esto que ocurre en el campo de la ideología política, social o filosófica, se aplica también al arte: literatura, música, plástica. En el pasado artístico hay riquezas que no caducan, que perduran y que nos empujan. En los más recónditos vericuetos cerebrales del artista más nuevo y desprendido, aparentemente, de toda influencia anterior, hay siempre una huella o un eco insistente de los antepasados. Cordón umbilical de la raza humana, invisible pero real.

Hay sin duda —vanidad humana, juvenil rebeldía, ansia de superación—, un tiempo en que nos creemos obligados a destruir todo lo pasado y nos sentimos capaces de reemplazarlo con ventaja y de golpe. Es muy sugestivo el caso de Felipe Marinetti. En su juventud inquieta, díscola, espectacular, predica la destrucción de todo lo que fue, desde el "asesinato del claro de luna" hasta el incendio de los museos de arte, bibliotecas, etc. Es entonces el fundador del futurismo. Pero Marinetti maduro, reflexivo, cuajado, ayuda a Mussolini a conservar reliquias artísticas, a enriquecer pinacotecas y librerías, a restaurar monumentos, a devolver a Roma el viejo esplendor imperial. ¿Claudicación estética? ¡No! Afirmación, más bien. Comprensión más cabal del arte y del artista. (El caso de Giovanni Papini es aún más sugerente y estupendo).

Tanta belleza puede haber en un fresco de Miguel Angel como en un motor Dornier-Wall de ocho cilindros. El exclusivismo es vicio de artistas, pero no atributo ni condición del arte. El suprarrealismo de un micrófono no es incompatible con el romanticismo de una ópera de Verdi. El cetro de locura que agita Vicente Huidobro, no excluye la pompa imperial de Rubén Darío. Al contrario: la completa.

La belleza va creando sus tipos, y a medida que viva más la humanidad, mayor y más variado tendrá que ser su acervo estético: estatuas, cuadros, versos, máquinas.

Serán, además, los hombres del porvenir los que, sintetizando y mecanizando más su arquetipo estético, o regresando al canon abandonado a larga distancia, resuelvan para entonces si hay más emoción de belleza en la atildada caligrafía de un pendolista de 1830, o en la escritura militarmente alineada de una máquina "Royal" de 1927. Y el fallo de entonces también se revisará después. Y el acervo seguirá aumentando.

El arte nuevo, esfuerzo transitorio, cuajará en diamante magnífico. La voz que resuma esta época, hablará, sin duda; pero no ha hablado todavía. Balbucea aún; tantea; será formidable su acento definitivo; pero hasta hoy gran parte del arte nuevo, es nuevo en su presentación. (Creo haberlo demostrado gráficamente con los versos "izquierdistas" de Salomón.) Mayor motivo para no enconarse tanto contra lo pasado solo porque es pasado. Quémese la basura del pasado y aviéntense sus cenizas. Pero déjese en pie lo que sea monumento.

_____

 

Para exaltar la fuerza extraordinaria del arte nuevo, dice Magda Portal: "La Belleza, en sí, es estéril, el arte debe ser creador". Aserción de un esoterismo que no entiendo, ni aún revisando la vieja disputa del subjetivismo y el objetivismo. La belleza lejos de ser estéril, sea interna o sea externa, es fecunda como las mujeres del campo. La belleza interior del artista es creadora; si fuese estéril nada produciría. Produce, precisamente porque tiene entrañas capaces de quedar encinta al más leve contacto exterior. Y recíprocamente: la belleza de fuera, la belleza objetiva, es igualmente fecunda porque suscita en el artista el gran instinto creador. Es decir que la belleza crea y se crea a sí misma en una perfecta y constante reciprocidad. Excita y recibe.

Obra como semen y como matriz. Si la belleza fuera en sí estéril, como afirma Magda Portal; es decir si tuviese atrofiados o extirpados los ovarios, única forma de ser estéril en sí, sería imposible que concibiese nada, por tremenda que fuese la potencia engendradora del artista. Estéril —salvo algún sentido secreto que desconozco— es lo que no produce nada. Me resulta, pues, impenetrable la frase de Magda Portal, que acaso, en el fondo, no sea más que una metáfora.

_____

 

El izquierdismo auténtico necesita tener la espina dorsal muy firme, con las vértebras bien asentadas; vale decir cultura. En otra palabra, disciplina mental.

Disciplina. Justamente la gran fuerza social sin la cual la revolución resultará catástrofe. La nueva ideología requiere una disciplina de hierro. El arte nuevo, si ha de tener carácter social, importancia colectiva y de ser como la otra hoja de la tijera, precisa también disciplina mental. Disciplina que no consiste en reglamentos, como podrían suponer por ahí, sino en el afinamiento, en la cultura, en la selección. Y de aquí precisamente el peligro de llamar izquierdismo a cualquier cosa. El peligro más grave, porque al desacreditar el movimiento artístico revolucionario, haciéndole caer en el disparate y el ridículo, le condena a la simple acrobacia verbal, al clownismo de la imagen, a las contorsiones dislocadas de la composición tipográfica; en suma, al histrionismo más lamentable y contraproducente.

Por eso es que combato la degeneración del izquierdismo, la elefantiasis del disparate que amenaza contaminar el izquierdismo auténtico. Por eso hay que cuidar de la depuración del arte nuevo y de la revisión de sus valores dirigentes.

Magda Portal incurre en flagrante contradicción. Sostiene, como Haya de la Torre, la necesidad de revisar valores, es decir de depurarlos para hacer más segura la marcha y más homogénea la legión. Y a renglón seguido protesta airada, indignada, contra los que pretendemos que se depure el arte revolucionario en sus comienzos. Precisamente es al principio cuando debe hacerse la confrontación. Después podría ser demasiado tarde, porque todo lo vicioso habrá cobrado carta de ciudadanía difícil de cancelar. El disparate seudo- izquierdista, que no es, en último análisis, sino analfabetismo insolente, tolerado, soportado desde su iniciación, perjudicaría en su origen el movimiento ascendente del arte nuevo, y éste llegaría a la cima larvado, tarado, con un pecado original gravísimo e insacudible. La criatura que nace defectuosa, si a tiempo no se la somete a la educación que exige, crece con la deformación. Evitemos que el arte nuevo crezca jorobado, contrahecho, monstruoso. Procuremos, más bien, que tenga toda la sana y fuerte belleza que se le pueda dar. A los niños que vienen al mundo con taras venéreas, se les cura desde el comienzo, inmediatamente. Se les cuida los ojos para evitar el desastre de las conjuntivas. Hagamos igual con un arte que empieza a mostrar gonococos en la vista. Más tarde sería imposible hacerlo. La sabiduría popular, tan sabia como siempre porque se funda más en la experiencia que en la intuición, tiene aquello del árbol que crece torcido. Que el árbol de la nueva sensibilidad crezca derecho, erguido, pleno de lozanía.

A Magda Portal, que es izquierdista de verdad, ¿no le parece que este periodista realiza obra defensora del izquierdismo al pretender que se cuide de insectos nocivos de vicios de savia, la almáciga del arte que esplenderá prodigioso en el futuro?

El izquierdismo en arte es tan interesante como bello. Es un nobilísimo intento de alquitara, de superación, de novedad dentro de la constancia inevitable de la vida y del mundo. Pero no hay derecho a que, al amparo de la libertad del arte nuevo, infesten los ilimitados campos del arte más ilimitadas legiones de escarabajos, empujando su bola hedionda y dorada de necedad supersuficiente. Una generación de artistas, o de seudoartistas, que se habitúe a disparatar y a ver las cosas con una voluntaria aberración de esfericidad mental, puede muy bien engendrar otra generación con el órgano del disparate perfectamente desarrollado y ya congénito, realizando en lo espiritual el principio que Lamarck aplica a lo físico. Mejoremos la especie, pero no la echemos a perder.

No valdría la pena habernos salvado de la torre de Babel y haber llegado a entendernos nuevamente todos los hombres, en una creciente compenetración de ideas y de sentimientos, en una fraternidad espiritual más definida a medida que más se avanza, para caer de nuevo en el babelismo y no entendernos. Si la humanidad, por fuerza misma de su evolución constante, tiende a hacer la mayor economía de esfuerzo, es imbécil pretender que todos se vuelvan descifradores de logogrifos.

_____

 

Si los periodistas necesitamos leer mucho, estudiar, asimilar, confrontarnos diariamente, los poetas no lo necesitan menos. La intuición del artista ayuda, pero no suple. Hace mucho que pasó el tiempo de las poetas sin cultura: trovador, bardo o payador gaucho, que tenían de sobra con un poco de memoria y otro poco de inteligencia ágil.

Ninguna hora como esta que vive la humanidad, requiere mayor cultura total, mayor suma de conocimientos, por lo mismo que es hora de reconstruir, de reedificar la nueva ciudad humana. Y no la hemos de levantar de quincha ni de barro.

En un libro de lectura norteamericano, encontré hace poco estos cuatro versos tan ingenuos como interesantes:

"Estudia niñito, y juega después, dice un cantarcito, del idioma inglés".

Esto que se recomienda a los chicos del kindergarten podría recomendarse también a los izquierdistas. Tanto más que el arte nuevo no es por hoy sino un juego de palabras, de imágenes, de conceptos y hasta de ideas, alguna vez. Una especie de Mah Jong literario. Pero para jugar con estas cosas, hay que estudiar, disciplinar el cerebro, labrarlo. Convertir el eriazo que ahora escupe al cielo solo la insolencia frondosa de su maleza, en tierra preparada para las grandes siembras y las grandes cosechas.

No pido otra cosa.

Convenga Magda Portal conmigo en que es preciso revisar, confrontar, depurar los valores del arte nuevo. El que valga realmente, no tema el agua fuerte, que si deshace el oropel, no ataca el oro.

Evitemos lo que con tanta sagacidad teme Mariátegui citando a Bernard Shaw: que el porvenir se ría de la bienaventurada estupidez con que tantos pasaron por nuevos y hasta por revolucionarios.

 

 

La Paz, enero de 1927.

Amauta, Lima, 1927, Nº 7:25-28.

 

 


Regresar