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 Ismos, Partos y disciplinas / Rómulo Meneses

 

Irrefutablemente, los tiempos de hoy, balbucean un reformismo integral, esencialmente económico y también espiritual. Nosotros parece que solo nos hemos empeñado en conocer el espiritual y en este lado, el poético. Precocidad social. Un poco más y las obstetrices se verán precisadas a asistir los partos con la Taquigrafía, pues los americanos próximos, parodiando al niño aburrido de Villiers de l’Isle Adam, articularán desde el nacer expresiones vanguardistas ultradesconcertantes.

El caso es que esta carie encierra un doloroso problema. Nuestros países tropicales, imaginativos y sensualistas al tropezarse, traídos de la mano por otros pueblos mayores, con una nueva fase histórica se detienen como el primero para interpretarla como el último. Así estamos enfocando el vanguardismo contemporáneo. Nihil literae. El trópico, polvo de tabaco en las mucosas de Indoamérica, nos perturba hasta el estornudo espectacular y espantoso. Vanguardismo!, Cuánta moneda feble, cuánta insensatez se acuña bajo la ancha protección de su capa. Nuestras izquierdas queman un fácil afán de doctrina y literatura y descuidan el lado heroico del factor económico, peldaño y resorte de toda virtual transformación social!.

Si como contamos valores de vanguardismo literario tuviésemos una izquierda preparada en arduas disciplinas económicas, capaz de empujar nuestras actividades productivas por el único camino que tienen que recorrer estos pueblos para conquistar su bienestar; si nuestra producción literaria, desde la trova galana ociosa del Coloniaje y el compungimiento de Melgar hasta los últimos cacareos de las escuelas neosensibles corriera pareja con una tensa inquietud aplicada a los problemas de la tierra, el trabajo y la vida de nuestras repúblicas confiadas e imaginativas; si en vez de doctores, monjes y gentes de armas, una juventud hubiera invadido con fiebre similar los dominios de nuestra economía nacional, posiblemente esta época de tan difíciles problemas no sufriría tanto para un parto incierto y doloroso.

Cuando la mujer siente agitarse en la nobleza de su seno la fecunda gestación de una vida nueva no se detiene a rumiar el recuerdo del pasado deleite, sino que se apresta, pensando en el destino del nuevo ser, a protegerle de la intemperie y el hambre. Previene.

Nosotros no. Preferimos apañalar las épocas nuevas en estrofas de feroz desarticulamiento; tratamos de repetir lo que dicen otras experiencias revolucionarias extranjeras en lugar de sumar sus cálculos y revisar nuestras deducciones. La herencia de la vieja confianza, esa que hundió a Atahualpa en Cajamarca. La misma que nos perdió siempre, la que entregó nuestras riquezas a Dreyfus y Grace, a ingleses y a norteamericanos, la que vio trasbolsillar el guano del salitre, el petróleo i las minas. La maldita confianza que nos llevó a la sangrienta orgía del 70 en romántica torpeza que aún se obstina en durar. Confianza temeraria de nuestros caudillos militares, civilistas y neocivilistas que se escondió siempre tras el clownismo de pródigas proclamas de candidatura.

Supimos que engendrábamos un hijo —el Futuro tan adjetivado de antemano— sin reflexionar si lo engendrábamos bien o mal, sin pasar mientes en destinar para el sucesor una partida racional en nuestra flaca economía, tan dedicados estuvimos a componer versos y seguir el rastro de las sensibilidades literarias de otras partes. De ésto que ahora, desorbitados ante las arcas vacías, las riquezas perdidas, el subsuelo ajeno y la casa hipotecada, nuestra América debata sus temeridades bajo el peligro neo-sajón que, como el de Democles, está suspendido de un hilo a cortar.

Urge restablecer el equilibrio agrupándonos en convicciones de auténtica izquierda, rectificar los viejos caminos reconcentrándonos en el estudio solícito. Disciplinar los brotes de nuestra rebeldía, porque antes que interpretaciones nimias de los ismos del curioso decandentismo literario, los pueblos aprecian y comprenden mejor los jalones que la juventud conquiste para darle una tierra libre y productiva.

 

La Paz (Bolivia) 1928

  

Chirapu, Arequipa, 1928, Nº2:2-3

 


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