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Dos poetas, Charles Vildrac- Guy Charles Cros/María Wiesse

 

Yo no quisiera usar para hablar de estos dos puros y grandes poetas, que son Charles Vildrac y Guy Charles Cros, de las palabras tan resobadas, tan gastadas —al igual de una moneda que hubiera pasado por todas las manos— de "nueva sensibilidad". (Palabras que vienen sirviendo de amparo a todos los mistificadores, a todos los retóricos del arte contemporáneo, que pretenden esconder su pobreza ideológica y su esterilidad emotiva tras de un léxico que ya no es siquiera original. Oh "antenas", "rascacielos", "motores" y "revolución", escritas así:

A

N

T

E

N etc....!

 

Sois equivalentes a las "princesitas", a los "cisnes" y a los "ángeles" de los bardos melenudos de antaño.)

Y sin embargo... tendré que echar mano de este lugar común. En estos líricos admirables; florecen íntegros, claros y frescos, el espíritu, la emoción y —digámoslo— la sensibilidad de hoy. Sienten, sueñan y se expresan como sientes, sueñan y se expresan los artistas de nuestro tiempo. Y al hacer el balance de la nueva poesía de Francia, sus nombres pueden inscribirse junto con los de Paul Valery, Francis

 

James, Paul Eluard, Jules Supervielle, Leon Paul Fargue, Pierre Reverdy y Paul Fort.

______

 

Para expresar mejor la ternura de que está grávida su alma y el amor que extremece su corazón, Vildrac renuncia voluntariamente al verso bonito, a la estrofa enjoyada y adornada. ( Ni más ni menos que una mujer revestida de todas sus galas para no pasar inadvertida). Hay uno de los libros de Vildrac que se titula Livre d’Amour. Y, por cierto, que es un libro todo de amor, de piedad y de fraternidad. El verso desnudo, sencillo, casi austero, está cálido de vida, y palpitante de una emoción grave y honda. El poeta se inclina hacia los hombres y su miseria, su dolor, su misma maldad, le inspiran una piedad inmensa. Y también mira la belleza del mundo —caminos bañados de sol, primaveras fragantes, cielos resplandecientes—, pero une esa belleza a la alegría, que sienten una pobre mujer y un pobre niño ante el estío, ante el campo, ante los árboles en flor:

 

Une femme marche sur la route

Une femme et son enfant nouveau-né

 

S’en vont au devant de Pété...

 

Como el amado poeta, del "Intermezzo", Guy Charles Cros hace "pequeñas canciones de sus grandes pesares". Y son lieder breves, de una músicalidad refinada y deliciosa, en los que el desencanto, la tristeza y la nostalgia se velan de ironía. Nunca una imprecación a lo Musset (Honte a toi, qui la premiére ect...), ni una exclamación, ni una queja excesiva. La amada se va y el poeta escribe este lied maravilloso: (quiero citarlo íntegro por su belleza).

 

 

Lied

 

Je lui avais donné ce nom etrange et doux,

ce nom: Musique-des-jours-pasées.

Elle n’ avait rien dit, mais elle avait souri.

Plus tard, quand elle m’a quitté pour un autre

une dernière fois elle m’a tendu sa bouche

et sa voix un peu triste me chuchota:

"Tu savais déjà que je partirais

lorsque tu m’as donne ce nom étrange et doux

ce nom: Musique des jours passés?"

 

Guy Charles Cros puede —como Heine, como Verlaine, como Baudelaire, como el nostálgico y delicioso Laforgue— ser un "poeta de nuestra intimidad" y de nuestra predilección. Algunos de sus poemas son tan hermoso como la "Invitación al viaje".

 

 

Amauta, Lima, 1928, Nº19:102-103


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