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Andamios de vida/Magda Portal

 

AMAUTA Y EL ARTE DE VANGUARDIA

Amauta es ecléctica en Arte, comulga con todos los credos de Arte, siempre que en ellos la Belleza ilumine las parcelas de tenebrosidad que se trae de sus minas subterráneas de procedencia. Pero Amauta, revista de avanzada, tiene el deber como dice Haya de la Torre, de revisar valores e inclinar toda su estructura moral hacia los vientos de renovación estética e ideológica, para afianzar bien su cartel de órgano de vanguardia. De ahí que el arte nuevo —tal como lo entendemos los jóvenes de América, para quienes —es necesario decirlo una vez más— los ismos fenecidos en Europa no significan sino la primera voz de alerta en la revolución del Arte, y de los cuales ya no quedan sino sus páginas de historia— tenga en Amauta su hogar de derecho.

No es raro oir en toda la clase que no pertenece al proletariado el comentario de burla e incredulidad respecto al triunfo de los nuevos credos ideológicos, que señalan los días amanecidos para la fraternidad humana. Así también en la burguesía intelectual, en el periodismo espúreo de los pueblos de América se combate con saña las nuevas manifestaciones estéticas y se les tilda hasta de ser productos de naturalezas invertidas.

 

2º EL ARTE NUEVO Y LA GENERACION ANTERIOR A LA GUERRA

El fenómeno tiene esta explicación: el Arte nuevo —hijo de una época de formidables estallidos, la guerra europea, la revolución rusa, las hambres alemana, china, rusa, y por último la revolución chi- na—, de grandes triunfos científicos que han multiplicado la actividad de la vida, borrando todos los kilómetros del mapa, desconcertando el sentido común y creando una nueva filosofía —el Arte nuevo tenía que ser un resultado fatal e impostergable. Como todas estas conmociones filosóficas, sociológicas y científicas, pasaron epidérmicamente sobre la conciencia de la generación anterior a la guerra, la persistencia de las nuevas bocinas —llámeseles jazzband, bataclán, etc.— mortifica sus auditivos acostumbrados a las campanas conventuales del romanticismo y decadentismo, etc.

Pero los hombres nuevos, nacidos en pleno capitalismo, cuando la tierra vivía su más grande hora de tormentosa inquietud, fatalmente cargaron sus cerebros con las placas instantáneas de la comprensión rápida y la creación sintética, como el momento, que es lo único que vivimos —átomo y eternidad—. El Arte nuevo tuvo su primer vahído seguramente en la cabina de un aeroplano o en las ondas concéntricas del radio.

 

3º EL SENTIDO VITAL DE LAS NUEVAS ESTETICAS

Esto que para nosotros tiene su más perfecto sentido de humanidad y vida resulta alambicado, oscurecido por forzadas cerebraciones, para el ocio intelectual de la generación inmediatamente anterior a la guerra. Para nosotros precisamente el arte nuevo, tiene este sentido simbólico formidable: su DINAMISMO.

El Arte nuevo impele a la aclaración del motor cerebral —todo él, estructurado de nervios en agilidad es un excitante de la energía—. El Arte nuevo canta siempre la realidad de la ACCION: sea pensamiento, sea movimiento —y para nuestros pueblos latinos, soñadores e inactivos, demasiada falta hace un propulsor de energías que despierte las fuerzas creadoras de un gran futuro próximo.

 

4º EL ARTE NUEVO Y LAS NUEVAS CORRIENTES IDEOLOGICAS

En todas las épocas de la HUMANIDAD, el arte ha sido una resultante lógica de las diversas tendencias sociológicas y filosóficas. No ha sido un producto desconectado y anárquico —por más que en arte es donde más derecho de ser tiene la anarquía. Directamente ligado a las bases más representativas de la época, el arte ha sido más bien un espejo anticipado del panorama total inminente a realizarse.

Y esto que está dentro de la más estricta lógica tampoco ha sido violado esta vez, a pesar de haberse violado la lógica común.

El arte nuevo —verdad, sintetismo, humana alegría de vida, fuerza y creación— responde a esta gran época nuestra de la post-guerra, señalada por inusitados triunfos de la ciencia y el grito de libertad que lanza el hombre.

Todo un desfile de cadáveres fue necesario para esto —también los millones de fantasmas hambrientos. El arte se desvistió de las inútiles pompas de Darío —la Belleza en sí, es estéril, el arte debe ser creador— y penetrando en la raíz de la vida empezó su labor humana.

Antes de la guerra hubo un arte de decadencia, completamente estéril para la vida, enervante y atrofiante para todo lo que no fuera paraísos artificiales. La guerra con sus tajos de sangre puso más humanidad, más sentido de vida a las manifestaciones del arte y como en toda época caótica el arte tuvo su caos para escapar al decaden- tismo y llegar a las anchas estepas ya soleadas de libertad, que son el arte nuevo, sin escuela definida, pero hermanado en acción y pensamiento a la Revolución Social cuyas semillas fructifican en el mundo.

No importa que los primeros en cumplir esta misión —los poetas precursores— nieguen la ligazón del arte al movimiento social y desdigan lo que oscuramente realiza. Los que llegan después, y ya han nacido en plena HUMANIZACION DEL ARTE, son los que cumplen conscientemente su doble misión de BELLEZA y de VIDA.

 

5º EL ARTE NUEVO Y LOS NUEVOS ARTISTAS

¿Pero con qué derecho "los burgueses de la literatura" exigen a este arte heroico y el único valiente —no deseo repetir las razones— un absoluto producto de sinceridad y de talento?

Los soldados de la revolución social, estamos rodeados de una gran cantidad de falsos soldados, en cualquier momentos traidores y desidentes o simplemente inútiles para la acción. Todas las escuelas artísticas tuvieron sus malos discípulos, D’Anunzio, Chocano, etc. El arte nuevo no está obligado a llenar de carteles eléctricos los panoramas del mundo, señalando a los malos satélites. Los periodistas seudointelectuales y demás canalla artística, no tienen derecho a exigir una selección absoluta en el arte que recién yergue su planta alegre al oxígeno de la Realidad.

Y en cuanto a negarlo, es hacer como el pequeño burgués temeroso y por lo mismo incrédulo, que niega la marcha todavía lejana pero incontenible de los soldados de la Revolución Social.

 

 

Amauta, Lima, 1927, Nº 5:12

 

 


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