Campus de San Marcos - Año 2 N.º 9 - Mayo del 2002


Oficina General de Relaciones Públicas

 

El azul oscuro de Víctor Churay

La comunidad estudiantil sanmarquina ha sentido un profundo pesar por la temprana desaparición de Víctor Churay Roque, poeta amazónico y estudiante de historia en nuestra casa superior de estudios. En recuerdo de su memoria y de su inquieto pincel, transcribimos las reflexiones del poeta Luis Chávez Rodríguez de Mendoza, amigo entrañable del popular "Jaguar", cuyos restos fueron llevados a su natal Pebas en Iquitos, donde recibió la condecoración póstuma como segundo curaca del grupo étnico Bora.

"Como todo nativo militante de la selva, Víctor Churay, poseía el verde en todos sus matices, pero buscaba el azul. En esa búsqueda, precisamente, frente a un mar que en el imaginario romántico de un provinciano se pinta como azul, pero que en realidad por lo general se descubre como un verde opaco y sin gracia, realizó su viaje final el inquieto y talentoso Vichín, como llamábamos en confianza a Víctor Churay Roque.

Su nombre original en idioma bora fue y seguirá siendo, a pesar su temprana muerte, Ivá Wajyámu que significa "pluma de papagayo". Ivá Wajyámu ya contenía desde un inicio en la vida de Víctor, como suele ocurrir con los nombres de los nativos de la selva, el conjunto completo de significados que más tarde determinarían el empeño vocacional del pintor. Tanto el objeto, de hecho él empleó muchas veces la pluma entre otros instrumentos para pintar sus yanchamas, como los colores a los que remite un ave como el papagayo, conformaron muchas de sus preocupaciones estéticas.

En efecto, como pintor, a pesar de que en Lima se le presentó la posibilidad de desarrollar su talento empleando los instrumentos que le ofrecía el medio, Churay prefirió insistir con lo suyo. El juego de su propuesta buscaba no sólo trabajar temas vinculados a su lugar de origen, sino que empleó preferentemente como soporte, por ejemplo, la corteza tratada del ojé con diferentes tipos de tierras y vegetales que traía de su natal Pacaurquillo, en Loreto.

Al poco tiempo de su arribo a la capital, Víctor ya era bastante conocido tanto por su talento, que no escatimaba en promocionar, como su vitalidad y simpatía. Trabajó un largo tiempo en ese mítico lugar llamado Seminario de Historia Rural Andina, de San Marcos, dirigido hasta hace poco por Pablo Macera y actualmente a cargo de Nanda Leonardini. En aquel lugar, donde son bien recibidos los seres más extraños y subalternos de nuestro país, y al contacto don Macera, quien suele transformar cualquier delirio en una idea interesante y fecunda, Víctor Churay se tornó en un activo portador de conocimiento y de belleza como lo hicieron también el ayacuchano Carmelón Berrocal o el shipibo Roldán Pinedo, entre otros. Pronto se le instaló un taller, implementado en el mismo seminario y sin más tramites dio vida a su torrente creativo.

"Ya tengo muchas combinaciones que saco de la tierra y los árboles directamente. El único color que me falta es el azul y sus derivados, como el celeste. Por eso en las pinturas que estoy haciendo con tintes naturales, cuando necesito el azul y el celeste, tengo que emplear pintura industrial.

Pero yo estoy empeñando en encontrar el color azul, lo busco desde hace tiempo, ya tengo mis investigaciones y creo que estoy cerca. Después de terminar unos trabajos aquí en Lima con el Dr. Macera, voy a regresar a mi tierra para meterme en la selva y seguir buscando el color azul" comentó en una entrevista realizada el año 1998.

Otra fue su ruta: la deseosa sensibilidad que caracterizó a Ivá Wajyámu o Víctor Churay le hacía sentirse cómodo en cualquier tipo de selva, aunque como reza el verso de Cavafis, llevó por doquier y a cuestas su lugar de origen. Pero otro fue el rumbo o el tumbo que el pintor tomó en la capital, la selva de la ciudad retrasó el viaje a su Itaca vegetal y el azul oscuro que vio su partida nunca pigmentará sus yanchamas, y por eso estamos muy tristes".

 

Vista Panorámica de la ciudad de Pebas en Iquitos.
Victor Churay (polo guinda) con su amigo Fernando Valdivia, quien estuvo preparando un documental sobre la  vida del pintor amazónico.

 

A juicio de los críticos, la obra pictórica de Churay
representa la cosmovisión Bora, es decir la conjunción
en tiempo y espacio, del cielo, la tierra y el agua.

 

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