Determinación de la Seroprevalencia de la toxoplasmosis en alpacas y llamas en la Estación Experimental Inia-Puno . Gómez Oré, Felices Rosas.

 

REVISIÓN DE LITERATURA



2.1 GENERALIDADES:

     Las investigaciones sobre la toxoplasmosis se iniciaron en el año 1908 en el Brasil, cuando Splendore descubrió el agente en conejos de laboratorio, simultáneamente, Nicolle y Manceaux descubrieron el parásito en gondis (roedores africanos).que estaban siendo investigados como posibles reservorios del género Leishmania, por lo que fue inicialmente identificado como Leishmania gondii. Posteriormente, debido al especial comportamiento de este parásito en cultivos, los autores lo descartaron como una especie de Leishmania y por su forma de arco, del griego "toxon", lo redenominaron en 1909 como Toxoplasma gondii. Ese mismo año, Carini demostró la reproducción experimental del T.gondii en conejos (Pantoja y Pérez, 2001).

    Lèvine y colaboradores en 1929 destacaron la persistencia de quistes en tejidos por meses y años. Explicaron las formas asintomáticas y crónicas, y relacionaron el toxoplasma con la preñez (Hutchinson y Dunackie, 1971).

    En 1958, el Comité Mixto OMS/FAO de expertos en zoonosis la incluye dentro de estas afecciones por tener importancia en veterinaria y en patología humana (Acha y Szyfres, 1992).

2.1.1 CLASIFICACIÓN TAXONÓMICA:

    La clasificación del T. gondii ha sido modificada en numerosas ocasiones. En la actualidad prevalece el criterio seguido por Levine en 1973 y aceptada por Frenkel en 1977, considerando que el Toxoplasma gondii forma parte del Reino Protozoa, Phylum Apicomplexa, Clase Sporozoea, Sub-clase Coccidia, Orden Eucoccidia, sub-orden Eimeria, familia Sarcosistidae, género Toxoplasma (Atias, 1994; Soulsby, 1987).

    Es un parásito intracelular obligatorio, móvil, gram negativo, sin hospedero específico (euríxeno). El parásito tiene forma arqueada, semilunar y carece de flagelos, pese a lo cual tiene autonomía de movimientos de rotación helicoidales, en los que participa toda la célula gracias a las fibrillas dispuestas sobre su superficie. Su tamaño varía según el órgano de donde procedan, entre 2-12 x 1.5-4 micras (Flores, 1991).

2.1.2 ESTADIOS DE DESARROLLO:

    Existen tres estadios de desarrollo: taquizoíto, bradizoíto y ooquiste, pudiendo observarse como zoítos libres. En los mamíferos y las aves, el parásito existe en dos formas: el taquizoíto, de multiplicación rápida; y el bradizoíto de multiplicación lenta, mientras que en el gato, existe en las tres formas mencionadas. El quiste generalmente mide entre 30 a 150 micras, y se puede describir como una agrupación esférica u ovalada de toxoplasmas viables, muy apretados dentro de una membrana quística (Atías, 1994; Soulsby, 1987).

    Se le considera un género con una sola especie, muy poco específico, que afecta la mayor parte de los órganos, con predilección por los sistemas nervioso-central, retículoendotelial, coriorretina y músculos (esquelético y miocardio) de una gama de hospederos que abarca desde mamíferos, aves, batracios y el hombre (Flores, 1991).

    Los hospederos definitivos del Toxoplasma gondii son el gato doméstico y varias especies de félidos silvestres de los géneros Felis y Lynx (Rodriguez, 1992).

2.1.3 CICLO BIOLÓGICO:

    El toxoplasma presenta un ciclo indirecto, bastante complejo, tipo predador-presa. Dispone de nueve diferentes reproducciones: seis en el hospedero definitivo (predator), uno en el medio ambiente, y dos en el hospedero intermediario (presa) y comprende dos fases:

A. Fase sexual o esporogónica o enteroepitelial

    Se realiza sólo en el hospedero definitivo (gato y otro félidos silvestres). El parásito a nivel del intestino delgado pasa por cinco diferentes estadios asexuales donde se genera zoítos por diversas formas reproductoras (endodiogenia, endopoligenia, esquizogonia) y una gametogonia que termina en la formación de ooquistes (Leguía et al., 1987; Rojas, 1989).

    En el gato el período prepatente (tiempo que va desde la infección a la eliminación de ooquistes) difiere según el material infectante y varía desde 3 a 10 días con quistes tisulares (bradizoítos) hasta 20 a 24 días con ooquistes (Blood et al., 1986). La prepatencia con taquizoitos comprende de 5 a 10 días o más (Soulsby, 1987).

    El gato, elimina los ooquistes con las material fecales sólo por un período breve de 3 a 15 días y al adquirir inmunidad cesa la producción de ooquistes, pero puede reanudarla si se quiebra la resistencia que ha adquirido. El número de ooquistes eliminados varía de algunos miles a millones. En las material fecales recién eliminadas los ooquistes no están esporulados y no son infectantes (Leguía, 1999; Rojas et al., 1989).

    La esporulación se produce al cabo de uno o más días de acuerdo con la temperatura, humedad y aeración ambientales formándose dos esporoquistes y cuatro esporozoitos en cada uno de ellos.    


B. Fase asexual o esquizogónica o extraintestinal

    Puede desarrollarse en un amplio espectro de hospederos intermediarios (ovinos, caprinos y otros mamíferos). Estos se infectan al ingerir ooquistes esporulados e infectivos de toxoplasma eliminados por los félidos conjuntamente con las heces y que son diseminados en las pasturas (Leguía, 1999).

    En el intestino del hospedero intermediario y definitivo se liberan los esporozoítos que pasan a la vía sanguínea para transformarse en taquizoítos en los tejidos. Los taquizoítos atacan preferentemente a los monocitos, histiocitos, leucocitos, linfocitos y células endoteliales, sobre todo las de revestimiento peritoneal, así como los reticuloendoteliales y principalmente el sistema nervioso central (Flores, 1991).

    Esta primera fase coincide clínicamente con la fase de infección aguda y en ella existen  formas proliferativas situados directamente en el protoplasma de las células, multiplicándose activamente hasta romper la membrana de la célula hospedadora parasitada y quedando en libertad los taquizoítos que inmediatamente buscan de forma activa nuevas células bien cercanas u otros a cuyo efecto les sirve de vía de transporte la circulación hemática. En ese momento de rotura de la célula parasitada y búsqueda de otra podemos encontrar a los toxoplasmas en situación extracelular en las cavidades corporales, en el líquido cerebroespinal y en la sangre (Atías, 1994).

    Las formaciones conteniendo muchos taquizoítos se denominan pseudoquistes, luego  estos taquizoítos empiezan a desaparecer para dar lugar a los bradizoítos que se multiplican lentamente y forman los quistes en muchos órganos incluyendo el cerebro, músculo esquelético y cardiaco.

    La fase extraintestinal puede también realizarse en el gato de tal forma que éste puede actuar de hospedero definitivo e intermediario, ya que puede ingerir pseudoquistes o quistes conjuntamente con las vísceras y músculos o también ingerir ooquistes esporulados que ellos mismos eliminan con las heces.

2.2 EPIDEMIOLOGÍA:

     El Toxoplasma gondii tiene amplia distribución de hospederos y está condicionada a factores ambientales y características culturales del hombre.

2.2.1. HOSPEDERO:

- Son afectados todas las aves y los mamíferos, incluyendo a los félidos que son los hospederos definitivos e intermediarios a la vez.

- Sin embargo sólo los felinos son eliminadores de ooquistes, y a efectos epidemiológicos para los animales domésticos y el hombre, el gato es el factor más importante en el ciclo biológico de éste parásito (Rojas, 1989).

- Los herbívoros como los ovinos, caprinos, bovinos y camélidos sudamericanos adquieren la infección por ingestión de ooquistes esporulados en los pastizales contaminados con heces de gatos o felinos.

- La toxoplasmosis congénita es más importante en ovinos y caprinos debido al peligro de muerte embrionaria, aborto o el nacimiento de crías con lesiones cerebrales u oculares que generalmente mueren a los poco días de nacidos y, al igual que en humanos, sólo se produce una sola vez cuando las borregas adquieren la primoinfección durante la preñez.

- El hombre puede contaminarse por la ingestión de quistes de toxoplasma contenidos en carnes infectadas poco cocidas procedentes de rumiantes, cerdo, etc.; y vegetales crudos mal lavados contaminados con ooquistes esporulados procedentes de las heces de los gatos infectados con los que convive (Leguía et al., 1987).

2.2.2 PARÁSITO:

- Puede transmitirse mediante 3 vías:

* Ingestión de ooquistes eliminados con las heces del gato, los que pueden contaminar alimentos, agua , etc. En el que además tiene un rol importante los vectores: cucarachas, moscas y gusanos de tierra por la diseminación mecánica que realizan.

* Ingestión de taquizoítos a través del carnivorismo (caza de ratones y aves silvestres). Es poco frecuente porque los seudoquistes son muy lábiles (Ameghino, 1991).

* Ingestión de bradizoítos contenidos en quistes, por carnivorismo también. Es la forma más frecuente.

* Los ooquistes tienen mayor capacidad infectiva que los bradizoítos y taquizoítos a través de la infección oral. Sin embargo, se han llegado a encontrar bradizoítos hasta después de tres años de la infección inicial, pues la membrana no provoca reacción inflamatoria en los tejidos adyacentes, que debería destruirlos (Leguía et al., 1987).

2.2.3. MEDIO AMBIENTE:

- Cuando las alpacas son concentradas durante la ejecución de ciertas faenas como esquila, dosificaciones, etc. pueden infectarse por el contacto con gatos caseros especialmente machos, que al adquirir la madurez sexual abandonan las casas para convertirse en vagabundos que merodean la hacienda alimentándose con ratones silvestres o restos de animales muertos o faenados (Leguía, 1996; Solís, 1997).

- Por otro lado, felinos silvestres de la zona (puma, gato montés) podrían diseminar la enfermedad después de alimentarse con ratones silvestres, venados cazados por ellos.

- Se conoce que un gato infectado puede eliminar ooquistes durante una a dos semanas y una sola deyección puede contener millones de ellos. En las investigaciones realizadas hasta el momento, está demostrado que no existe toxoplasmosis en zonas en las que no estén presentes los gatos (Cordero, 1999).

- Además los ooquistes sobreviven mejor en pisos húmedos y cálidos, con temperaturas alrededor de 25°C y suficiente oxígeno, alcanzando su estado infectante en un lapso de uno a tres días, siendo éstos los factores que ayudan a explicar la alta prevalencia de la enfermedad en climas templados y tropicales. Los esporulados sobreviven en el suelo por 18 meses o más, en especial si están cubiertos y lejos de la luz solar directa. Resisten casi todos los desinfectantes, pero mueren con el calor y a una temperatura de 45°C se destruyen; sólo el amoníaco al 10% es efectivo cuando contacta las superficies contaminadas por largos períodos (Dubey et al, 1970).

- Los quistes son susceptibles a destrucción cuando se congelan a -20°C por varias horas y luego se descongelan; así también si se calientan a 66°C o más, la desecación, o cuando se exponen en agua destilada por 30 minutos; sin embargo, pueden sobrevivir temperaturas de 4°C por aproximadamente 2 meses y en los tejidos durante varios días después de la muerte. Los bradizoitos dentro de los quistes no son accesibles a los fármacos de uso actual (Merck, 1988; Freij, 1991).

- La transmisión del toxoplasma por consumo de carnes es muy frecuente en los países desarrollados, donde la primoinfección ocurre preferentemente en adolescentes y adultos jóvenes. La infección por formas libres o taquizoítos son accidentales y poco frecuentes, pero suelen ser las más graves; la infección puede ocurrir a través de la sangre, por vía trasplacentaria o por transfusiones repetidas, especialmente glóbulos blancos, en individuos inmunocomprometidos (Colegio Brasileiro, 1999; Miller, 1972).

- La toxoplasmosis humana en nuestro país, constituye un serio problema zoonótico dado su alto porcentaje de incidencia y la existencia de zonas hiperendémicas. Las características epidemiológicas de esta zoonosis determinan que la mayor prevalencia de la parasitosis se presenta en los departamentos de la selva, siguiendo los de la costa y en menor frecuencia la sierra (Tejada, 1989).

- Los departamentos de la selva como San Martín y Loreto, la ceja de selva de los departamentos de la sierra como Huancavelica, Pasco y Cuzco; y la costa como La Libertad, Piura, Lima y Ancash, son regiones enzoóticas debido a la alta densidad poblacional de gatos, así como las condiciones ecológicas de los departamentos señalados, estando presente la infección en todos los departamentos del país. En 1986, la prevalencia de toxoplasmosis en la selva central fue entre 75 y 85% en las diferentes comunidades estudiadas, pudiendo ser consideradas como una de las tasas de prevalencia más altas a nivel mundial (INEI, 1995).

2.3 PATOGENIA:

     La patogenia del Toxoplasma gondii se debe a la multiplicación activa del parásito en los tejidos del hospedero durante la fase aguda de la infección. Tras la ingestión de ooquistes, la cubierta quística se rompe y los esporozoitos son liberados a la luz del intestino, penetrando en el interior de diferentes tipos de células de la mucosa y submucosa intestinal, tanto por invasión activa como por fagocitosis (Leguía, 1999).

     Se ha comprobado que el conoide de Toxoplasma gondii, situado en el polo anterior, toma contacto con la membrana plasmática celular y libera enzimas proteolíticas que la disuelven, permitiendo así su entrada en células no fagocíticas en un tiempo mucho menor que el que invertiría en ser incorporado por fagocitosis.

     Inmediatamente después de su penetración en una célula, el Toxoplasma gondii es separado del citoplasma celular por una vacuola sintetizada conjuntamente por el parásito y por la célula hospedadora, en el interior de la cual los taquizoitos se multiplican formando clones o pseudoquistes. Cuando el numero de taquizoitos acumulado en la vacuola es muy elevado la célula se rompe, permitiendo su liberación al medio extracelular y la invasión de nuevas células. Este mecanismo permite la multiplicación rápida de Toxoplasma gondii en los primeros días post-infección y su posterior difusión a los ganglios linfáticos mesentéricos, donde una elevada proporción de taquizoítos son destruidos (Vidal, 1990).
    
     Durante la fase de parasitemia, que suele durar una semana (4 a 10 días post-infección) los taquizoítos libres o incluidos en macrófagos, linfocitos o neutrófilos son transportados por vía sanguínea y más frecuentemente por vía linfática.

     Su multiplicación en los diferentes tejidos da lugar a pequeños focos de necrosis rodeados de células inflamatorias, especialmente mononucleares. La gravedad de las lesiones que produce depende del grado de destrucción tisular originada directamente por la multiplicación de taquizoitos en el interior de las células y agravada en ocasiones por la reacción inflamatoria que se instaura. Si la infección alcanza niveles altos, los animales pueden morir en esta fase (Cordero, 1999).

     La forma subaguda de la enfermedad se caracteriza por la aparición de anticuerpos, que eliminan los taquizoítos de la sangre y tejidos (hígado, bazo, pulmones); pero los parásitos que se encuentran en el cerebro tardan más en desaparecer (forma crónica) (Soulsby, 1987).

     La característica de esta forma crónica es la persistencia de bradizoítos dentro de los quistes, que pueden durar bastante tiempo (hasta 10 meses en el perro y hasta 3 años en ratones y palomas).

     El Toxoplasma gondii coloniza el hígado, pulmón, bazo, cerebro y en menor medida los riñones, músculos esqueléticos y corazón multiplicándose tanto en células parenquimatosas como en células fagocíticas (Freij, 1991).

     Durante la segunda semana post-infección, la multiplicación de los taquizoitos disminuye progresivamente, llegando a cesar completamente. En ésta fase es cuando el Toxoplasma gondii se enquista. No se conocen bien los factores que influencian la formación de quistes intracelulares, aunque son más numerosos en la fase crónica de la enfermedad cuando los animales ya han desarrollado los mecanismos de inmunidad humoral y celular (Tizard, 1991).

2.3.1. PROBLEMAS REPRODUCTIVOS:

     En el caso de hembras y mujeres gestantes, los taquizoítos llegan también al útero durante la fase de parasitemia y se multiplican en los cotiledones, originando pequeños focos de necrosis. A diferencia de lo que ocurre en otros órganos, los taquizoítos se multiplican constantemente en las células de los cotiledones placentarios y no se enquistan. No se conoce la razón de este mecanismo. Por una parte es posible que ésta proporcione condiciones adecuadas de nutrición que permitan la multiplicación y persistencia de taquizoítos (Jarvinen et al., 1999).

     Cuando el feto se infecta durante el primer tercio de gestación, es decir antes de los 50-60 días, todavía no es inmunocompetente y no puede evitar la multiplicación y diseminación del parásito por los diferentes tejidos fetales, en los que origina múltiples focos de necrosis. Por el contrario, si el feto se infecta en el último tercio de gestación, cuando ya es inmunocompetente, sus sistema inmune es capaz de activarse, y la multiplicación del parásito se ve dificultada. Las causas del aborto no se conocen bien, ya que las lesiones fetales no siempre son extensas y en ocasiones nacen animales sanos de placentas fuertemente lesionadas (Rojas et al., 1989).

      El feto puede morir como consecuencia de las graves lesiones que origina la colonización y multiplicación de Toxoplasma gondii en los placentomas, las cuales impiden la adecuada transferencia de oxígeno al feto, lo que invariablemente ocasiona lesiones cerebrales. En algunos casos la anoxia fetal se vería agravada por la acción de sustancias tóxicas liberadas en la destrucción tisular de la placenta (Atías, 1994). Cabe señalar que en ausencia de lesión placentaria en rumiantes, no hay pasaje de IgG de la madre al feto, por lo que una incrementada tasa de anticuerpos en la cría será evidencia de toxoplasma congénita (Rojas, 1990).

2.4 INMUNIDAD:

     La respuesta inmune contra Toxoplasma gondii, implica tanto la inmunidad humoral (anticuerpos) como la celular (linfocitos T y sus productos).
En condiciones normales, después de una infección con T.gondii se producen anticuerpos y sobreviene una respuesta inmunitaria mediada por células. Los anticuerpos, al actuar en conjunto con el complemento, pueden eliminar a los microorganismos libres en los líquidos corporales, y así disminuyen la diseminación del microorganismo entre las células (Frenkel, 1986).

     Por lo tanto, la presencia de quistes, tiene que ver con el desarrollo de la inmunidad; si desciende la inmunidad, los bradizoítos pueden dar lugar a una nueva proliferación de taquizoítos y si se recupera la inmunidad, pueden volver a formarse quistes con bradizoítos a partir de los taquizoítos; aunque, la formación de bradizoítos puede tener lugar en ausencia de inmunidad.

     A medida que se desarrolla la inmunidad del hospedero, comienzan a aparecer las formas de resistencia del parásito, o sea los verdaderos quistes con membrana propia.

     La inmunidad celular juega un rol importante en la resistencia a las reinfecciones. El factor específico más importante en la inmunidad protectora es la célula linfática sensibilizada; al examinar por separado suspensiones de linfocitos con inmunidad específica y no específica combinados con macrófagos, los primeros desempeñaron una función decisiva (Tizard, 1991).

     Los linfocitos T sensibilizados liberan interferón gamma principalmente como una respuesta a las ribonucleoproteínas de Toxoplasma. Este interferón gamma puede actuar sobre los macrófagos, primero para hacerlos resistentes a los efectos mortales de Toxoplasma, y segundo, para ayudarlos a matar a los microorganismos intracelulares, ya que permite la fusión de los lisosomas con los fagosomas, por tal motivo también es denominado factor activador de macrófagos (FAM). En cultivos de fibroflastos el interferón gamma provocó la degradación del triptófano, lo que a su vez limitó la proliferación del protozoario. A mayores concentraciones de triptófano aumenta la cantidad de interferón necesaria para producir actividad antitoxoplásmica demostrable (Frenkel, 1986).

     Algunos de estos linfocitos T pueden liberar también factores que interfieren de manera directa con la reproducción del Toxoplasma. Además, los linfocitos T citotóxicos también pueden destruir a los taquizoítos de Toxoplasma y a las células infectadas por dicho parásito.

      A través de estos distintos mecanismos, las respuestas inmunitarias mediadas por anticuerpos y mediadas por células actúan en forma conjunta para asegurarse de la eliminación del microorganismo en su estadio de taquizoíto.

      Los linfocitos procedentes de animales infectados con Toxoplasma son capaces de activar a los macrófagos que, por ello, aumentan su capacidad para destruir a los parásitos y a otros organismo intracelulares.

      El otro mecanismo inmunológico observable en la toxoplasmosis es la hipersensibilidad. Esta reacción puede contribuir de manera significativa con la patogénesis de la enfermedad. Es probable que una reacción de hipersensibilidad de tipo IV contribuya a la reacción inflamatoria que aparece cuando los quistes del Toxoplasma se rompen y liberan taquizoítos nuevos (Atías, 1994).

      La inmunidad que sigue a la infección aguda suele estar relacionada con una infección persistente, estado que se denomina inmunidad concomitante. Este es un mecanismo por el cual el parásito asegura su supervivencia en la naturaleza .

2.5 SINTOMATOLOGÍA Y LESIONES:

2.5.1 TOXOPLASMOSIS EN ANIMALES DOMÉSTICOS:

     En diferentes países se ha demostrado la existencia del Toxoplasma gondii en gran variedad de animales, es así que Miller y colaboradores (1953), y Álvarez en 1963, mediante exámenes serológicos reportan el Toxoplasma gondii en gatos, perros, conejillos de indias, ratones, ratas y conejos. Jacobs y colaboradores (1952-53), informan el hallazgo de T.gondii en palomas y por trabajos experimentales consideran que la toxoplasmosis es una infección muy común en ellas, no ocasionándoles daño. El mismo autor en 1966 relata observaciones en pollos. En relación a la sintomatología las aves muestran sopor, apatía, debilidad que se observan en transtornos del equilibrio, encefalitis, gastroenteritis, miocarditis, coriorretinitis y mortalidad donde los brotes de toxoplasmosis puede llegar a afectar al 100 por ciento de las reproductoras en una explotación (Velasco et al., 1992).

     Weiner en 1958 menciona la existencia del parásito en un marsupial, en insectívoros como topos, musarañas y en monos como el chimpancé.

     En las áreas ganaderas del Perú se conocen reactores al Toxoplasma gondii en tasas de 39% en borregas (Rojas, 1990), 23% en caprinos (Rivera et al., 1988), 50% en alpacas (Leguía y col, 1987), 45% en llamas y 27% en vicuñas (Rojas, 1990).

Ovino

     En el ovino puede causar daños económicos apreciables por ser uno de los principales causantes de infertilidad, mortalidad pre, peri y post-parto (Gorman, 1999). Así, infecciones en el primer tercio de la gestación conducen a la muerte y reabsorción fetal, y consiguientemente la gestación puede pasar inadvertida (Arthur et al., 1991). Infecciones entre 120 a 160 días de gestación produce muerte fetal (Leguía, 1984). Pero puede suceder la expulsión del feto con hallazgo de placentitis y parásitos en las membranas fetales; y retención del feto y subsiguiente momificación del mismo. Algunos fetos pueden sobrevivir algunas semanas y llegar a término, pero nacen enfermos y mueren al nacer (Hendrix, 1999; Texia, 1987). Finalmente infecciones en la última etapa de la gestación puede originar la infección congénita del feto, dando lugar al nacimiento de corderos aparentemente normales, algunos de los cuales mueren dentro de 3 días de nacidas (Contreras y Tejada, 1974; Góngora, 1992). Las prevalencias de la enfermedad encontradas en ésta especies son de 39% (Reif, 1989) y 83% (Tejada y Balvín, 1984).


Porcino

     Entre los múltiples hospedadores intermediarios de Toxoplasma gondii, el cerdo ocupa un papel destacado desde el punto de vista sanitario por su fácil transmisión al hombre. La infección del cerdo por T.gondii está prácticamente difundida por todo el mundo, cursando en la mayoría de los casos de forma subclínica, aunque ocasionalmente se presentan brotes de toxoplasmosis clínica, generalmente en animales jóvenes, aumentando al parecer la resistencia con la edad, encontrándose una prevalencia de 25.16% (Bustamante, 2000) y 50% (Tejada y Balvín, 1989).. Las manifestaciones clínicas denotan aborto, parto prematuro o cerditos débiles que no sobreviven. Signos respiratorios (tos y disnea), fiebre ligera o verdadera hipertermia de 40 a 41.6°C, anorexia, apatía, temblores, debilidad, tambaleo, cianosis, flujo ocular, diarrea, incoordinación motora y otros signos encefalíticos. Orquitis, nefritis, neumonía, vértigos y tumefacción testicular (Flores, 1991; Jacobs et al., 1960; Soulsby, 1987; Tamayo et al., 1990)..


Bovinos

     Los bovinos están entre los hospederos intermediarios más resistentes a T. gondii; la causa de la resistencia al parásito es aún desconocida, sin embargo, información sobre vacunos inoculados oralmente con ooquistes indican que el T. gondii puede multiplicarse en tejidos viscerales pero como son rápidamente eliminados de los tejidos, sugieren que los vacunos no adquieren con facilidad infecciones persistentes. El T. gondii, no es excretado en la leche de vaca y no está documentado casos en que el parásito provoque abortos en vacas. El diagnóstico diferencial de T. gondii con otros protozoarios causantes de abortos en vacas es discutible, sin embargo se encontró una prevalencia de 17% (Tejada y Balvín, 1989). Sin embargo, en terneros, el parásito puede producir cuadros de fiebre, disnea, tos, flujo nasal, inapetencia, dorso hundido, decúbito permanente, depresión, temblores de la cabeza y el cuello, ataxia, irritabilidad y otros síntomas del sistema nervioso central, descubriéndose los microorganismos únicamente en los ganglios linfáticos y sólo durante unas cuantas semanas (Dubey, 1989; Flores, 1991).


Equino

     También el caballo puede padecer la infección por Toxoplasma gondii como hospedador intermedio, aunque se considera que esta especie animal es relativamente poco receptiva al desarrollo de la enfermedad y a la persistencia del parásito en los tejidos. La seroprevalencia de la infección por T.gondii en caballos de Europa y América del Norte es de un 15-30% (Cordero et al, 1999).

     A pesar de las cifras de seroprevalencia anteriormente mencionadas, son raros los casos de enfermedad clínica en équidos atribuibles a la infección por Toxoplasma gondii. Ocasionalmente se ha detectado post morten la presencia del parásito en équidos con signos de encefalomielitis progresiva, ataxia, movimientos en círculo, paresia, ceguera aparente, disfagia, dificultad respiratoria, etc., observándose en dichos animales lesiones hemorrágicas focales y acúmulos perivasculares de linfocitos y macrófagos en el cerebro y médula espinal, así como mielomalacias multifocales (Flores, 1991).


Perro y gato

     En el caso del perro y el gato, tienen una gran importancia por el carácter de animal de compañía, encontrándose una prevalencia del 75%. En éstas especies se presentan abortos, nacimientos prematuros y crías defectuosas. También fiebre, adenopatías, gastroenteritis, encefalitis, mielitis, paresias (principalmente de las patas traseras), mioclonías rítmicas, nistagmo, afecciones intraoculares como glaucoma secundario, esplenomegalia y hepatomegalia. Por su presentación encefalítica pueden mostrar cambios en el comportamiento, demencia, irritabilidad, marcha compulsiva y/o en círculos, pueden presentar convulsiones, ataxia generalizada y tremores de la cabeza. El pronóstico se ve ensombrecido si la enfermedad cursa paralela a infección del distemper en el perro o infección del virus por leucemia felina en el gato (Alvarez et al., 1963; Georgi, 1994).

2.5.2 TOXOPLASMOSIS EN HUMANOS:

     La toxoplasmosis es una de las enfermedades zoonóticas más difundidas a nivel mundial. Se estima que por lo menos un tercio de la población mundial posee anticuerpos contra el parásito, donde la tasa de reactores positivos aumenta con la edad, alcanzando su nivel máximo entre los 20 a 50 años (Acha y Szyfres, 1992; Merck, 1993).
La mayoría de las infecciones en humanos son sub-clínicas en individuos inmunocompetentes, siendo las infecciones clínicas raramente fatales. Con el advenimiento del síndrome de inmunodeficiencia adquirida (SIDA), este protozoario pasa a ser uno de los agentes oportunistas más importantes, causante de síntomas graves (Gallant, 2001; Soulsby, 1987).

     La infección puede ser congénita o adquirida. En los niños generalmente es congénita, originada durante la gestación cuando la madre se infecta por primera vez o en el período inmediatamente anterior a él. La transmisión de parásitos de la madre al feto es menos frecuente en las primeras fases de gestación. Sin embargo, en mujeres embarazadas el organismo puede cruzar la placenta e infectar al feto con consecuencias serias llegando a producir aborto o nacimiento de niños con graves lesiones cerebrales y oculares (Freij, 1991). El cuadro clínico puede ser retinocoroiditis, hidrocefalia, convulsiones, calcificación intracerebral, fiebre, erupciones, hepatomegalia y esplecnomegalia (Atías, 1994; Vásquez, 1988).

     En infecciones adquiridas después del nacimiento son generalmente menos graves que las congénitas, siendo asintomáticas en un 80-90% en las personas inmunológicamente normales, debiendo sospecharse cuando existen linfoadenopatías, fiebre, linfocitosis, meningoencefalitis, lesiones oculares de origen dudoso y miocarditis (Vásquez, 1988).

     El período de incubación varía entre ocho a veintiún días y la forma clínica más común es la ganglionar, que se presenta como una linfoadenopatía afebril o febril de la región de la cabeza y el cuello (Atías, 1994).

     Trabajos realizados por Tejada y Balvín (1989) en el Perú, muestran que esta enfermedad es de mayor prevalencia en humanos, en los departamentos de la selva, siguiendo los de la costa y en menor frecuencia en la sierra.

2.6 DIAGNÓSTICO:

     El diagnóstico se realiza basándose en la sintomatología y/o lesiones macroscópicas, al ser éstas similares a las que se presentan en otros procesos causantes de aborto. En la mayoría de los animales afectados, la infección por Toxoplasma gondii cursa de forma sub-clínica. La sintomatología, en caso de presentarse, consiste en un corto episodio febril, taquipnea, anorexia y, ocasionalmente diarrea (Mehlhorn et al., 1993; Okolo, 1985).

     Los síntomas no son específicos y, por el contrario, acompañan a otros procesos patológicos. Tampoco suele observarse sintomatología alguna en los animales gestantes, aunque si la primera infección se produce en esta etapa suele acompañarse, en dependencia de la fase de gestación, de la muerte embrionaria o fetal, con o sin presencia de aborto, de mortalidad neonatal o del nacimiento de animales débiles y/o con malformaciones congénitas (Innes y Redondo, 1997).

2.6.1 TÉCNICAS DIAGNÓSTICAS:


2.6.1.1. PRUEBAS SEROLÓGICAS:

    · Prueba de aglutinación del látex
     Es un método relativamente sencilla de realizar. Detecta anticuerpos de tipo IgG. La reacción debe practicarse con sueros previamente tratados con el 2-mercaptoetano, que destruye tanto las macroglobulinas inespecíficas (aglutininas naturales) como los anticuerpos IgM antitoxoplasma. Se calculó una sensibilidad de 82.9% y una especificidad de 90.29% para la prueba de aglutinación modificada y una sensibilidad de 45.9% y una especificidad de 96.6% para la prueba de aglutinación látex (Dubey, 1995).

   · Prueba de Fijación de Complemento
     Utilizada ampliamente como método de diagnóstico, cuyo valor depende de la calidad del antígeno utilizado. Para el uso clínico, se recomienda emplear un antígeno poco sensible que sólo dé resultados positivos durante las etapas activas de la infección. Así aplicado, éste método no detecta la totalidad de las infecciones y, por consiguiente, completa, pero no sustituye, las reacciones anteriormente descritas; un aumento importante de los títulos de la prueba de fijación de complemento indica infección reciente (Atías, 1994) (Soulsby, 1987).

    · Prueba de azul de metileno ( Prueba de Sabin y Feldman o Dye Test)
     Mide preferentemente anticuerpos de tipo IgG, es una prueba serológica altamente específica y sensible. Pero cuyas dificultades técnicas limitan su empleo a un reducido número de laboratorios especializados, además no detecta anticuerpos de T. gondii en muchas especies de aves. El fundamento de la técnica se basa en que los anticuerpos y un factor accesorio (probablemente la properdina) modifican los toxoplasmas vivos, de modo que pueden teñirse con el azul de metileno a un pH de 11 (Dubey, 1994).

   · Prueba de Hemaglutinación Indirecta
     Esta prueba se fundamenta en la propiedad que tienen los anticuerpos anti-Toxoplasma gondii de producir aglutinación en presencia de glóbulos rojos sensibilizados con antígenos citoplasmáticos y de membrana del parásito. El empleo de ambos tipos de antígenos incrementa la sensibilidad del método permitiendo la detección precoz de la infección. Tanto la presencia de antígenos heterófilos como la aparición de inmunoglobulina M, característica del período agudo de la parasitosis, se investigan empleando tratamiento con 2-mercaptoetanol y eritrocitos no sensibilizados para el control y absorción de la heterofilia (Wiener Lab. Toxotest HAI, 2000).

   · Reacción de Inmunofluorescencia Indirecta
     Esta prueba utiliza antígenos muertos estables. Es una técnica estable, específica, reproducible, simple y rápida y de fácil disponibilidad. Proporciona resultados en todas las fases de infección, pudiendo detectar anticuerpos específicos contra toxoplasma de tipo IgG o IgM. Una desventaja de ésta técnica es el uso de microscopio de fluorescencia inaccesible a muchos investigadores. Los anticuerpos detectados que reaccionan con antígenos de membrana y citoplasmáticos, aparecen una a dos semanas después de la infección, alcanzando sus niveles máximos en seis a ocho semanas, descendiendo gradualmente durante meses o años y persisten, por lo general, por toda la vida, pudiendo dar falsos positivos por la presencia de anticuerpos antinucleares (Soulsby, 1987; Atías, 1994).

   · ELISA (Enzime Linked Immunosorbent Assay)
     Esta prueba se utiliza para demostrar antígenos circulantes y anticuerpos IgG e IgM en casos de toxoplasmosis congénita. Los títulos obtenidos con la Prueba de ELISA para anticuerpos específicos IgG correlacionan bien con los obtenidos por la Reacción de Inmunofluorescencia Indirecta o por la Dye Test. Los anticuerpos IgA contra la superficie proteica P30 del toxoplasma puede ser detectado por la técnica de doble sándwich, puede probar ser más sensible que la IgM-ELISA para el diagnóstico de la toxoplasmosis aguda o congénita; se estima que la prueba de ELISA para anticuerpos específicos IgM tiene una sensibilidad de 97% y una especificidad de 100%. (Acha y Szyfres, 1992) (Freij, 1991) (Suárez et al., 1999).

PRUEBAS NO SEROLOGICAS

    · Aislamiento del parásito
      El T. gondii puede aislarse a partir de los tejidos fetales y/o placentarios mediante la inoculación intraperitoneal de un macerado de dichos tejidos en un ratón. Al cabo de los 4-6 días post-inoculación se pueden evidenciar los taquizoítos a partir del líquido ascítico; y al cabo de las 4-semanas post-inoculación, es posible evidenciar quistes con bradizoítos en los tejidos, sobre todo, en el sistema nervioso (Cordero, 1999) a través de la biopsia o necropsia (Innes y Redondo, 1997).

    · Histopatología
       El toxoplasma se puede reconocer por medio del examen microscópico de muestras al fresco o teñidas y en cortes histológicos. La investigación ofrece grandes dificultades y rara vez es concluyente para establecer el diagnóstico (Atías, 1994).

    · Técnicas de Inmunohistoquímica
      La identificación de taquizoítos o bradizoítos del parásito se puede llevar a cabo mediante el uso de anticuerpos policlonales o monoclonales específicos frente al parásito unidos a un fluoroccromo utilizando la técnica de la peroxidasa-antiperoxidadas (INNES y Esteban-Redondo, 1997).

    · Prueba intradermal con toxoplasmina
      Es una prueba cualitativa que sólo permite detectar infección y es de cierta utilidad para los estudios epidemiológicos. La intensidad de la reacción varía con la calidad del antígeno y con la sensibilidad del sujeto sometido a la prueba. La lectura se hace a las 24, 48, y en lo posible, a las 72 horas de efectuada la intradermorreacción (Atías, 1994) (Frenkel, 1973).

    · PCR (Polymerase Chain Reaction)
      Esta técnica se fundamenta en la amplificación específica de determinados genes o fragmentos de genes, el gen B1 o parte del gen P30. Es una técnica es muy sensible y capaz de detectar contaminaciones por un único taquizoíto. Ofrece una manera rápida y sensible de detectar al parásito en menos de 24 horas. Debido a su elevada sensibilidad la recogida de muestras debe realizarse con precaución con el fin de evitar contaminaciones de ácidos nucleicos del parásito procedentes de otras fuentes (Ortega, 1997).

2.7 PREVENCIÓN Y TRATAMIENTO:

     Tanto hospederos intermediarios como en gatos, el tratamiento es impráctico. El control debe estar orientado fundamentalmente a prevenir el acceso de gatos y felinos silvestres a carne y vísceras crudas de cualquier especie doméstica o silvestre, rotación de canchas de parición y exponiendo a hembras jóvenes no empadradas, a pastizales infectados, a fin de que adquieran inmunidad. Los gatos de preferencia deben ingerir solamente alimentos comerciales no así la carne cruda (Leguía y Casas, 1999). Asimismo extremar las medidas higiénicas, al manipular los animales abortados, especialmente las membranas fetales (UNMSM-IVITA.CICS, 1987). Hay evidencias de títulos serológicos elevados en personas que han manipulado materiales de aborto.

      En humanos se debe evitar el consumo de cualquier tipo de carne insuficientemente cocida, lavarse las manos después de manipulación de carnes crudas o el contacto con gatos. Antes de la gestación es conveniente que la mujer realice pruebas diagnósticas y durante la gestación debe extremar las medidas preventivas. Los niños nacidos de madres con alteración de títulos de anticuerpos deben ser controlados en su desarrollo psicomotriz (Spalding et al., 1999).

      Los fármacos disponibles, por lo general impiden la replicación de Toxoplasma gondii y no son por completo efectivos para matar al parásito. La clindamicina es de primera elección para la toxoplasmosis clínica en perros y gatos, por su buena absorción intestinal. En el hombre se utiliza la sulfadiazina con la pirimetamina. Este tratamiento puede producir una depresión tóxica reversible, de la médula ósea, que puede evitarse administrando vitaminas B y ácido fólico (Soulsby, 1987).

2.8 CONTROL:

     El medio de control práctico y efectivo estaría orientado a establecer medidas adecuadas de manejo, como :

- Disminuir la convivencia de los gatos con los humanos y rebaño.

- Castración de gatos como medida para la reducción de la población felina , pero permitiendo el control de roedores en la explotación.

- Rotación de las canchas de parición, tratando de exponer a las hembras jóvenes no empadradas, a pastizales infectados a fin de que adquieran inmunidad.

- Educación sanitaria en humanos tanto para evitar el consumo de carne insuficientemente cocida como en el lavado de manos para la manipulación de carnes crudas.

- No manipular fetos abortados ni residuos con las manos ni permitir el acceso de felinos o cualquier especie doméstica a éstos.



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