| CONSIDERACIONES PREVIAS |

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Para los fines de este trabajo se hace necesario puntualizar la noción de biodiversidad. En un sentido genérico este concepto se refiere a la cantidad y variedad de seres vivos que existen en un área determinada y en un momento histórico específico. Por consiguiente, comprende los ecosistemas ?comunidades naturales y zonas de vida?, las especies de flora y fauna, un componente genético ?que involucra las diferencias dentro de una especie y , finalmente, a las diversas culturas y etnias, es decir, los distintos grupos humanos que son depositarlos de técnicas y conocimientos (véase
El Peruano, 1999: 7952; Brack, 1997: 5; Smith, 2000: 19; Apeco, 1999: 8).
Con respecto a este último punto, los pueblos indígenas amazónicos han desarrollado, a través del tiempo, un amplio y sistemático conocimiento sobre la biodiversidad, producto entre otros factores?de su interacción armoniosa con su entorno natural.
Este conocimiento se manifiesta en los aguarunas mediante: una clasificación propia de la diversidad biológica1 (véase Berlín y Berlín, 1979: 19; Guallart, 1997: 64 y Espinoza, 1997: 29); un sistema de subsistencia entendida como los requisitos para mantener una forma de vida y no simplemente para la sobrevivencia física, el cual involucra una serie de praxis culturales destinadas al uso de los recursos naturales; y un componente simbólico, que encierra tanto las actividades económicas, como la propia naturaleza, es decir la
"percepción del mundo natural como animado y habitado por seres sobrenaturales con los que los humanos se pueden comunicar a través de cantos, rituales y sueños" (Brown, 1984: 134).
Todo ello ha contribuido para que la sociedad aguaruna pueda ejercer, tradicionalmente, un manejo racional y sostenido de los recursos con el menor impacto sobre el medio ambiente.
El conocimiento ancestral aguaruna es posible apreciarlo en los siguientes elementos, que caracterizan, principalmente, las prácticas culturales de caza y agricultura:
1. La caza posee una justificación mítica, en la cual Etsa (el sol) enseña el arte de cazar y el conjuro de cánticos mágicos o Anen. En este aspecto, el conocimiento de los hábitos de las presas y la frecuencia de ejecución de esta praxis (Brown, 1984: 146) se torna un requisto indispensable en el joven aguaruna, pues esto garantiza el "acceso" a una mujer. El prestigio social y la trascendental importancia de esta actividad cultural van más allá de una simple adquisición de la proteína animal.
2. Una estructura mágica para superar sus imponderables y explicar los fracasos a través de un conjunto de reglas, restricciones y visiones (véase Guallart 1989: 58).
3. En esta sociedad ocurre el fenómeno de empatía: "así el mundo animal queda convertido para él en una especie de paradigma y espejo de conducta
humana" (Guallart, 1997: 66). Así, por ejemplo, el venado y el tapir personifican a la gente atolondrada.
Por otro lado, la agricultura posee:
1. Su propio sustento mítico. Nugkui, el espíritu femenino de la tierra enseña a las mujeres aguarunas a cultivar las plantas y a fabricar vasijas (véase Brown, 1984: 29). La actividad ritual en la chacra se centra en implorar (mediante el
Anen) a Nugkui para que ayude en las tareas agrícolas y facilite el uso del
nantag (piedras mágicas), asociado a ciertos tabúes o prohibiciones (véase Brown, 1984: 139).
2. El conocimiento de un total de 200 variedades de yuca por parte de la mujer aguaruna (véase Berlin y Berlin, 1979: 10).
3. La eficacia de la agricultura de tala y quema ha demostrado ser una técnica acertada, que no causa daño ambiental permanente.
La práctica de este saber se explica mediante el "modelo itinerante", de asentamiento poblacional semidisperso, con un cambio de residencia cada 6 u 8 años, complementado con un bajo índice demográfico nativo. Este vínculo equilibrado y armónico entre el "hombre y medio" se traduce en el uso y aprovechamiento de los recursos en forma sostenida con la menor repercusión posible sobre el medio.
Brent Berlin afirma que los aguaruna han desarrollado un sistemático conocimiento de la diversidad biológica local, del cual obtienen los recursos elementales para satisfacer sus necesidades vitales. Este índice de eficiencia se reflejó en el excelente estado nutricional y de salud general de la población objeto de estudio (comunidad de Huampami-Río Cenepa, Berlín, 1975). Con respecto a este diagnóstico José María Guallart (1997) alude:
"hablando en términos generales, se puede decir que los nativos aguarunas y huambisas, están suficientemente bien nutridos. Estudios realizados en el valle del río Cenepa por Brent Berlin, investigador de la Universidad de Berkeley, arrojaron los siguientes resultados:
Energéticos. (K. cal en granos per cápita)
Preconizado por FAO / OMS.?2,252
Consumido por los nativos: 3,356
Proteínas (gramos):
Preconizado por FAO / OMS.?40
Consumido por los nativos: 109.0
Naturalmente, estos valores sufren fluctuaciones a través del ciclo anual o cuando ocurre una perturbación accidental como son las inundaciones, plagas, etc. Aunque debe insistirse en que, en su conjunto, estas etnias están (o han estado hasta los últimos tiempos) razonablemente bien nutridos y que también tienen hábitos alimenticios perfectamente racionales y bien ajustados a su medio ambiente" (ibíd: 106).
| AGENTES DE CAMBIO Y RUPTURA GENERACIONAL AGUARUNA |

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Entendemos por "ruptura generacional" a la discontinuidad en la trasmisión y recepción de conocimientos ancestrales entre una generación y otra de seres humanos pertenecientes a una misma sociedad. Para analizar este fenómeno en las comunidades nativas referidas en este estudio, es pertinente remitirse previamente a los factores tanto exógenos como endógenos, que han configurado, en los últimos 25 años, un nuevo rostro social aguaruna:
1. El establecimiento del ILV sobre el territorio de esta etnia, que propició la construcción de escuelas, y la promulgación de la Ley de Comunidades Nativas, en la década de los 70, dieron lugar a la aglomeración y sedentarización de la población nativa (nuclearización poblacional) (véase Apeco, 1999: 44), en desmedro de un modelo itinerante descrito anteriormente.
2. El segundo condicionante, de naturaleza exógena, tiene como protagonista al Estado peruano. Éste ha llevado a efecto una agobiante política homogeneizadora (paradigma Integracionista que obvi a la diversidad cultural), promoviendo las migraciones ?espontáneas o dirigidas? y la presencia de colonos sobre territorio aguaruna. Este fenómeno ha traído consigo repercusiones desfavorables como:
a. Una sobreexplotación de los recursos naturales sin ningún patrón de conservación del medio. Al respecto, José María Guallart menciona lo siguiente:
"Para las poblaciones aguarunas la década del cuarenta es históricamente importante porque se da la primera oleada de colonos amazonenses y de otros departamentos del Perú. Esta colonización significa, para la población nativa afectada un puro y simple despojo de sus tierras (...) en la década del 60' se comienzan a establecer los primeros centros de colonos en su
zona" (mencionado en Leo, 1999: 44).
Asimismo, con respecto a las migraciones actuales Mariela Leo manifiesta:
"Los mestizos en general conocen poco el bosque de neblinas y su diversidad biológica (..) los migrantes recientes desconocen los recursos del bosque al que visualizan mayormente como un paisaje potencialmente transformable en chacras y
pastos" (Leo, 1999: 38).
b. La convivencia obligatoria entre nativos y colonos ha desencadenado un antagonismo, expresado en una lucha constante por la tenencia de la tierra. En estas disputas los colonos contravienen flagrantemente los patrones culturales de los nativos (véase Espinoza, 1997: 9?11; Apeco, 1999: 7).
3. El tercer condicionante es de matiz endógeno. Debido al crecimiento del índice demográfico nativo, que repercute en una demanda considerable del uso del suelo con fines agropecuarios, y la presión sobre los recursos del bosque, se genera una escasez de tierras que conlleva a sustituir bosques montanos por chacras (véase Espinoza, 1997: 8). Así, el Apu de la comunidad nativa de Palcui expresa:
"En Pakui hemos vivido desde el año 1975 siendo 250 personas. En la actualidad somos como 740 habitantes y las 240 ha que tenemos no alcanza, por lo que hemos gestionado la titulación de otra comunidad (Kagka) a la que estamos migrando progresivamente por falta de
tierras" (Teodoro Wauk, Palcui, 2000).
4. La penetración de la carretera marginal provocó la expansión de la economía de mercado. Esto significó para la población nativa una articulación desventajosa, expresada en los bajos precios en que son cotizados sus productos.
5. La lejana ubicación de los cotos de caza y la actual escasez de fauna silvestre (debido a la tala de árboles y a la sustitución de bosques por chacras), los aguarunas se ven enfrentados a dificultades mayores para poder cazar. Al no encontrar presa alguna en el tiempo invertido, los jóvenes optan por destinarlo a otras actividades (agricultura-comercio):
"Nosotros trabajamos 5 ó 6 días en nuestras chacras para vender nuestros productos. Esto es porque la caza está
disminuyendo" (Teodoro Wauk, comunidad nativa Palcui, 2000).
"Hemos visto conveniente para dedicar a la caza a veces no es seguro, a veces llegan sin cazar nada pero eso actualmente estamos tratando de que no se invierta el tiempo en vano yendo al mitayo, decimos que en cualquier momento pueden sacar su producción y vender para comprar algunas cosas para el sustento
diario" (Jaime Akintui, comunidad nativa Shushug, 2000).
"Será pues, de los jóvenes, un 5% que sale a mitayar, muy, poco, nosotros tenemos otra mentalidad (..) actualmente vemos que los animales ya están escaseando por lo cuál habría que concentrarnos en la producción" (Agapito Uwek, comunidad nativa Palcui, 2000).
6. La adopción de procedimientos técnicos que, de alguna manera, resquebrajan el equilibrio hombremedio, que caracterizaba a esta sociedad. Entre ellos se cuentan la tala indiscriminada, el uso de dinamita en la actividad pesquera, entre otros.
Hemos tratado de configurar el contexto actual en el que se encuentran inmersos los jóvenes aguarunas: la escasez de recursos (tierra, fauna), la alta densidad demográfica, la articulación asimétrica a la economía de mercado, para señalar que estos factores no sólo repercuten en que los jóvenes no practiquen con frecuencia la praxis cultural de la caza, sino, lo que preocupa aún más es que el conocimiento y técnicas involucrados o relacionados con esta actividad se pierden irremediablemente. Así, se aprecia entre los jóvenes:
1. El abandono del uso de gran parte de plantas medicinales2.
2. La progresiva pérdida del conocimiento de las variedades que posee la yuca. Actualmente, las generaciones que oscilan entre los 10 y 35 años suelen reconocer un mínimo de cinco (comunidad nativa Shushug) y un máximo de 13 (comunidad nativa Palcui) frente a las 200 variedades que los aguarunas 1 1 icaban hace 25 años (como lo menciona Berlin y Berlin, 1979). Asimismo, en los primeros se reflejó un desconocimiento de los
Anen, el Nugkui, el Nantag y de otros rituales asociados. Sólo se recuerda fugazmente que tales costumbres eran practicadas por sus madres y abuelas.
En la caza los jóvenes no tienen la suerte de encontrar el Yuka (talismán que ayuda a tener éxito en la caza). Además, el uso de la cerbatana no tiene vigencia en la actualidad. Al respecto, Mariela Leo afirma que
"Durante los estudios de campo realizados el año pasado se pudo notar que los jóvenes aguarunas del poblado de Shusbug, vecino a la carretera, no conocen los nombres de la mayoría de las especies de flora y Jauna locales, ni como preparar una cama aguaruna en el
monte" (com, pers., 2001).
A manera de conclusión podemos afirmar que debido a la inserción de la etnia aguaruna en un contexto de relaciones interculturales se vienen suscitando profundas transformaciones y cambios al interior de la sociedad. Estos fenómenos ocasionan una discontinuidad en la transmisión y recepción del conocimiento ancestral entre las generaciones, es decir, se constata
una ruptura generacional expresada en la pérdida del saber que encierra determinada praxis cultural. El declive paulatino en cuanto a frecuencia de ocurrencia de estas praxis contribuye a revertir significativamente el óptimo estado de salud y nutrición diagnosticado hace 25 años.
| SUGERENCIAS Y ALTERNATIVAS |

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Roberto Espinoza señala que la nutrición puede atenderse si existieran condiciones para reproducir las prácticas culturales tradicionales de abastecimiento de nutrientes a través de la pesca, caza y recolección (garantía de ello es poder disponer de bosques con amplia extensión y biodiversidad). ¿En realidad se puede revertir la actual situación nutricional a partir de la disposición de un amplio bosque para que se reproduzcan esas praxis culturales? El paulatino decrecimiento en la práctica de la caza y pesca ¿sólo tiene que ver con la escasez de los recursos naturales?
Las zonas prioritarias para la conservación3 propuestas pueden ser una alternativa en la cual los nativos lleguen a acceder, aprovechar y administrar los recursos de la misma para satisfacción de sus necesidades previo plan de manejo? generando las condiciones de fortalecimiento de praxis culturales.
De todos modos, el problema integral deberá ser solucionado por los propios actores sociales, es decir mientras no se edifique
un espacio apropiado de dialogo entre generaciones, no haya un cierto germen de Interés en aprender y recepcionar técnicas y conocimientos ancestrales, la cuestión seguirá latente. Depende de ellos y solamente de ellos, ser los depositarlos del saber tradicional.
El nuevo rostro social aguaruna descrito ?las nuevas expectativas de los jóvenes (ser profesores bilingües, etc.), dedicación y canalización de energía al rubro agrícola y comercial? ha contribuido a que decrezca las prácticas culturales mencionadas consolidándose una brecha generacional caracterizada por la ruptura en la transmisión y recepción del conocimiento ancestral.
Quizás la abulia de los viejos en transmitir los conocimientos o la apatía de los jóvenes en recepcionarlos han contribuido a que no se forjen las bases de un espacio apropiado de diálogo o interacción entre generaciones.
Si los jóvenes muestran desinterés en el conocimiento y prácticas de actividades ¿cómo podrán reproducirse las mismas? ¿Estarán dispuestos los nativos en sacrificar sus actividades y expectativas actuales en aras de la supervivencia de prácticas culturales ancestrales?
NOTAS
1 La información base para este estudio fue recogida de ocho comunidades nativas aguarunas, colindantes a la cordillera de Colán, a lo largo del año 2000.
Estas comunidades -que en conjunto suman una población de 2208 personas? se encuentran ubicadas geográficamente en el extremo norte de la cordillera, a lo largo del río Chiriaco y Shushug y pertenecen al grupo étnico aguaruna, de la familia lingüística Jíbaro. Políticamente se encuentran en el distrito de Chiriaco, provincia de Bagua, departamento de Amazonas. Son Shushug Centro, Numpatkuim (Anexo Pakul), Pakisha (Anexo S hushug), Yangunga (Anexo Pakui), Boca de Lobo (Anexo Shushug), Nayunipin (C.N. independiente), Wichín (Anexo Wawas), Teesh (Anexo Nayunipin), Sukutin (Anexo Wawas), Uyuentsa, Sawlentsa, Chayuyacu, Chayuatumsamu, Palcul.
2 Las rupturas del conocimiento se profundiza más al girar la atención juvenil hacia otros rubros, es decir, existe un nuevo abanico de opciones y expectativas que atraen a la juventud aguaruna: seguir estudios de profesores bilingües, ingenieros agrónomo?forestales, técnicos en enfermería, promotores de salud, dedicarse al comercio, ser jornalero, etc. Si adicionamos el desinterés juvenil en torno alas praxis culturales sacaríamos a relucir una emergente ruptura generacional.
3 Es relevante señalar el acuerdo suscrito entre las comunidades nativas aguarunas, el Consejo Aguaruna-Huambisa y una ONG limeña, cuyo interés en común es la protección de los ecosistemas de la cordillera de Colán, así como su respectivo manejo equilibrado, orientado al desarrollo humano mediante una zona de reserva, que considera dos áreas, un santuario nacional y una reserva comunal aguaruna.
De esta manera la reserva comunal propuesta puede ser una alternativa en el cual los nativos puedan acceder, aprovechar y manejar los recursos de la misma para satisfacción de sus necesidades, previo plan de manejo, generándose las condiciones para reproducir y fortalecer las prácticas culturales tradicionales (caza, pesca, recolección).
Paralelamente, se viene gestionando la propuesta Reserva de Biosfera Alto Marañón, que beneficiaría tanto al pueblo aguaruna como huambisa, donde "la necesidad de buscar alternativas de desarrollo que contribuyan a mejorar la calidad de vida de la población, mediante mecanismos que integren sus conocimientos y valores culturales garantizando la conservación de la biodiversidad y promoviendo su desarrollo sostenible" (Conservación Internacional Perú, 2000: 12).
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Antropólogo, Asociación Peruana para la Conservación de la Naturaleza
(APECO)
Comunicaciones: glendpe@yahoo.com
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