| Boletín 4 - Museo de Arqueología
y Antropología: 2000 |
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INTERPRETACIÓN
El Altar Circular tuvo paredes de piedra,
de 1.80 m de altura, con un techo confeccionado con cañas amarradas con soguillas. En un
principio estuvo aislado en el patio este y, más tarde, fue cercado y ampliado en el
interior con nuevas construcciones.
Este Altar recibió mucha atención; sus paredes y pisos fueron pintados periódicamente.
El Altar Circular estuvo relacionado con las autoridades que conducían y administraban el
Templo del Anfiteatro, pues se halla dentro del espacio amurallado de éste. Pero, si bien
en un primer período el Altar estuvo en el patio este de aquel Templo; posteriormente,
adquirió su propia autonomía, como se evidencia en la construcción de su respectiva
muralla, que lo segregó de las actividades realizadas en ese patio.
El Altar habría tenido funciones estrictamente rituales, muy especiales, las que fueron
adquiriendo importancia creciente, como lo revelan las ampliaciones que se hicieron y el
empeño en darle privacidad.
El servicio dado por los conductores del Altar sería reconocido con los bienes entregados
por sus usuarios. La demanda exitosa habría hecho necesaria la instalación de su
respectiva administración, mediante la construcción de la plataforma y los recintos del
este, y que hubiese un acceso restringido para mayor control.
La presencia del silo y el ducto en la muralla oeste podrían indicar una relación entre
los conductores del Altar y el mundo exterior. justamente en ese lado se halla el peldaño
y el vano de ingreso al Altar y el fogón. Es posible que se recibiera por el ducto,
inclinado hacia el silo, los materiales que serían quemados en el fogón del Altar
Circular; posteriormente, las cenizas correspondientes serían devueltas junto con la
información requerida, a cambio de otros bienes entregados al personal de la plataforma,
que los depositaría en los recintos del este. Al fogón sólo tendría acceso la persona
encargada de incinerar los alimentos y otros materiales, ofrendándolos a los dioses.
A diferencia de otros fogones de la ciudad, la ceniza del fogón del Altar es blanca, muy
fina, con alto contenido de carbonato de calcio y fluorapatita que, en el contexto de
Caral, podría corresponder a la quema en altas temperaturas de conchas y huesos de
pescado, entre otros. El ducto sur conservaba, en cambio, restos de mates, zapallos,
pescado, palos de huarango y un fragmento de hueso de ave, trabajado y decorado con
incisiones (fig. 6).
Los artefactos enterrados en el silo, dos lajas toscas con filos cortantes, sugieren su
uso para la siega o corte de plantas y ramas. Asimismo, una lasca con huellas de talla a
presión habría servido para frotar cortezas o pieles. Se encontraron, además, algunas
piedras con huellas de golpes, usadas como chancadores. Estos artefactos fueron colocados
dentro del silo, acomodados de un modo especial, en una bolsa de shiera, como si se
tratara de un entierro de piedras.
La secuencia constructiva indica tres grandes fases, con modificaciones mayores, y
sucesivas remodelaciones menores. Comparativamente, podemos plantear que el Altar habría
sido edificado antes que se erigieran en la ciudad las plazas circulares hundidas. Éstas
fueron construidas durante la tercera fase de funcionamiento del Altar.
Respecto a la posición cronológica del Altar del Fuego Sagrado, éste forma parte del
grupo de pequeñas estructuras arquitectónicas con fogones centrales y ductos de
ventilación, identificado en la costa norcentral, particularmente en el valle de Casma,
perteneciente a los períodos Arcaico Tardío y, Formativo Temprano (Posorsky y Posorsky,
1996: 341-353). Esta clase de edificación tendría sus antecedentes en la tradición
religiosa Kotosh, aunque ella expresa una modalidad arquitectónica circular propiamente
costeña, como se ha señalado (¡bid.), el ejemplar de Caral, podría ser, sin embargo,
el antecedente de esta modalidad, como se infiere de la secuencia constructiva reconocida
para este sitio.
La forma circular del Altar y ovoide del fogón con una abertura cónica sugieren su
asociación con el género femenino; asimismo, la quema de alimentos y otros materiales
indicaría la introducción de ofrendas a la tierra como rito propiciatorio de buenas
cosechas. Comparativamente, hay otro altar similar, de forma cuadrada, identificado en el
Templo Mayor, el más destacado de la mitad alta de la ciudad, de la misma forma como el
Templo del Anfiteatro lo es para la mitad baja. Esta hipótesis de identificación de
géneros podría vincularse con la división dual de la ciudad y con principios de la
organización de la sociedad de Supe.
Como ya se ha planteado (Shady, 1999, 2000), la ciudad está claramente dividida en dos
grandes sectores, uno bajo, donde se encuentra una serie de estructuras de tamaño regular
y pequeño, siendo la más destacada el Templo del Anfiteatro; y otro alto, donde se
construyó una serie de estructuras de tamano grande, en la que resalta el Templo Mayor.
En las dos estructuras destacadas se ha identificado estos pequeños altares con fogones,
pero en uno es circular y en el otro es cuadrangular. Son, además, las únicas que están
conectadas a su respectiva plaza circular hundida. Pensamos, que los dos sectores donde se
distribuyeron espacialmente las diversas estructuras son expresiones supervivientes de la
dualidad, que regulaba las relaciones entre linajes con fines de ordenamiento exogámico;
división espacial que permanecería aún cuando cambiaran las fuentes del poder político
(Terray, 1971: 8389). Asimismo, las varias estructuras arquitectónicas de cada mitad
corresponderían a las numerosas pachacas o "parcialidades", que integraban la
organización social del valle de Supe, de base territorial, ya jerarquizada, en el
Arcaico Tardío; en Caral, ellas estarían representadas en cada templo grande, regular o
pequeño, que tienen su propio conjunto administrativo anexo. La distinción entre
estructuras, expresada en los distintos tamanos y complejidad, con una principal entre
todas, correspondería al ordenamiento político jerarquizado, de base estatal de la
sociedad de Supe, que aparecía por primera vez en la historia del Perú. Caral, sería el
asiento principal de tal Estado, la sede donde se ubicó el gobierno estatal y se
concentraron las factorías de los "principales", gobernantes de los otros
establecimientos del valle,pachacas o "parcialidades", para administrar sus
intereses.
NOTAS
1Las hojas fueron identíficadas por el
biólogo botánico Hamilton Beltrán, del Museo de Historia Natural de la UNMSM.
BIBLIOGRAFíA CITADA
BURGER, Richard y L. SALAZAR-BURGER
1980 Rítual and Religion at Huaricoto Archaeology 33
(6), pp.26-32.
POZORSKY, Thomas y Shelia POZORSKY
1996 "Ventilated Hearth Structures in the Casma Valley,
Peru". En Latin American Antiquity
7 (4), pp.
341-353.
SHADY, Ruth.
1997 La Ciudad Sagrada de Caral-Supe en los Albores de la
Civilización el Perú. Lima:
UNMSM.
1999a "La Religión como forma de
Cohesión Social y Manejo Político en los Albores de la
Civilización en
el Perú". En Boletín del Museo de Arqueología y Antropología de la
UNMSM, año
2, n° 9, Lima, pp. 2-4.
1999b "El Sustento Económico del
Surgimiento de la Civilización en el Perú". En Boletín del
Museo de
Arqueología y Antropología de la UNMSM, año 2, n° 11, Lima, pp 2-4.
1999c "Los Orígenes de la Civilización
y, la Formación del Estado en el Perú: Las Evidencias
Arqueológicas de
Caral-Supe (Primera Parte)". En Boletín del Museo de Arqueología
y
Antropología de la UNMSM, año 2, n°12, Lima, pp. 2-4.
2000a "Los Orígenes de la Civilización
y la Formación del Estado en el Perú: Las Evidencias
Arqueológicas de
Caral-Supe (Segunda Parte)". En Boletín del Museo de Arqueología
y
Antropología de la UNMSM, año 3, n°2, Lima, pp. 2-7.
TERRAY, Emmanuel.
1971 El Marxismo ante las sociedades "primitivas".
Buenos Aires: Editorial Losada.
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