Boletín 2-Museo de Arqueología y Antropología: 2000

 

DOS MATES PIROGRABADOS DE LA ÉPOCA 2 DEL HORIZONTE MEDIO
DE LA HUACA SAN MARCOS


José Joaquín Narváez*


INTRODUCCIÓN

Durante las excavaciones que el Museo viene efectuando en la Huaca San Marcos, en 1999 las arqueólogas Edna Quispe y DeycÍ Cotrina hallaron dos mates pirograbados con una iconografía completamente inédita para el valle del Rímac. Se descubrieron los mates en un depósito de basura que sellaba un pasadizo de la Plataforma 2. Sobre la base del contexto y la iconografía, el autor plantea una ubicación cronológica, así como sus asociaciones estilísticas. Se adelanta, asimismo, una explicación preliminar acerca del significado de dichas representaciones.


EL HALLAZGO

La Plataforma 2 se encuentra ubicada en el lado norte de la huaca. Es más alta que la Plataforma 1 y la Plataforma 3, colindantes a ella por el norte y el sur, respectivamente. Tiene 5.60 m desde el nivel de la Plataforma 1 y su punto más alto se encuentra a 88.40 m.s.n.m. (fig. l).

Parte de esta plataforma fue excavada entre 1966 y 1969 durante la tercera temporada del proyecto de investigaciones arqueológicas en la huaca, que realizó la Universidad Nacional Mayor de San Marcos a partir de 1963. Pedro Alarcón, en base a los resultados obtenidos en las excavaciones en la huaca propuso en su tesis de bachillerato (1971), tres fases constructivas: Fase A, identificada como «Post-Tiahuanaco»; Fase B, «Tiahuanacoide»; y Fase C, «Maranga». En la periodi ficación propuesta por Rowe (1966) para la Andes Centrales, dichas fases, en términos generales, corresponderían al Intermedio Tardío-Horizonte Tardío (entre los 900 años d.C. y los 1532 años d.C.); a la época 1 del Horizonte Medio (500-650 años d.C.) y a las fases 7-8 del Intermedio Temprano (400-500 años d.C.), respectivamente.

En el esquema de Alarcón, la Plataforma 2 se asocia con la Fase B. La característica fundamental de esta fase es que los adobitos fueron colocados echados de costado, con la parte menos ancha y menos larga de frente, formando, así, hiladas sucesivas unas sobre otras, a diferencia de la etapa precedente(C), en la cual, los adobitos eran dispuestos verticalmente y de lado, en la modalidad conocida como «librero». También, según Alarcón, durante esta fase se introduce el uso del tapial y las paredes fueron enlucidas con barro y pintadas de color amarillo (Alarcón, 1971). Las excavaciones efectuadas en los rellenos de dicha plataforma durante 1999 han permitido recuperar cerámica, que puede asociarse a la fase 9 de Lima (Patterson, 1966) y al estilo Nievería; por tanto, la aseveración de Alarcón, de que esta plataforma pertenecía al «Tiahuanacoide», sería correcta. Sin embargo, en la actualidad nadie emplea tal término.

Casi en la parte céntrica del frontis de la Plataforma 2, existe un acceso de 2.62 m de ancho. Este ingreso se conecta con dos pasadizos, uno se dirige hacia el sureste y el otro al noroeste. El primero avanza de frente unos 6.60 m, donde se bifurca, una vía continúa hacia el sureste y la otra dobla al suroeste. Este último camino desemboca en un corredor con una escalinata, que conduce a un recinto rectangular, ubicado en la parte superior de la plataforma. La otra vía es una rampa, que asciende, por el noroeste, con una suave pendiente, hasta la cima de la Plataforma 2. Este pasadizo tiene 66 cm de ancho por 28.30 m de largo y fue allí donde se encontró el depósito de basura y los mates (fig. 2).


CONTEXTO

Hacia 1973, después de casi 4 años de concluidos los trabajos en la huaca, las estructuras que quedaron al descubierto fueron enterradas con el mismo mate~ rial extraído de las excavaciones. En las actuales investigaciones, al ser retirada esa capa, se detectó un refleno prehispánico, que cubría parte del pasadizo noroeste de la plataforma. Al respecto, Alarcón informa: «Este angosto pasadizo estaba cubierto totalmente de adobes, cantos rodados, terrones, basural de cañas con hojas de vegetales secos, pancas de maíz y gran cantidad de fragmentos de cerámica de diferentes tipos»(Alarcón, 1971: 95). De su descripción, se puede inferir que parte del relleno fue excavado en esa época. Lamentablemente, él no mencionó detalles acerca de lo descubierto en la sección excavada y no sabemos si se hallaron otros mates pirograbados.

Fig 1. Plano totpográfico de la Huaca San Marcos (levantamiento de Ciro Bedia).

El relleno, al estar sellando una superficie inclinada, tenía 1.00 m de grosor en el extremo este, el cual, disminuía paulatinamente hacia el extremo oeste. Estuvo compuesto por tierra suelta de grano fino y grueso, mezclada con abundante cantidad de adobitos, terrones, restos de quincha y desperdicios de actividades domésticas: vegetales (maní, frijol, maíz, lúcuma, pacae), conchas de moluscos, restos óseos de peces y carnéfidos, carbón, ceniza, fragmentos de telas llanas de algodón y cestería, cerámica llana con hollín impregnado en superficie, soguillas, etc. También se descubrió abundante cantidad de fragmentos de cerámica decorada correspondiente a los estilos Nievería y Pachacamac y un perro sacrificado (Narváez, 1999: 9-1 Shady y Narváez, 1999: 7). Dicho relleno, aparentemente, fue depositado en un solo momento, con la intención de nivelar la rampa; no se observó una estratificación en el mismo. El perro habría sido un sacrificio a la huaca puesto en el momento de remodelar el pasadizo. Dentro de este relleno se descubrieron los mates.


MATE 1

Este mate tiene 8 cm de diámetro por 5 cm de alto, aproximadamente. Está deformado por las presiones que ejercieron el relleno y la gente que transitaba por el corredor después que se colocara el sello. Asimismo, falta parte del borde, por lo que los diseños están incompletos (fig.3).

El mate presenta dos paneles con figuras pirograbadas, hechas con un instrumento fino e incandescente. Están divididos por una franja, en la cual se hallan tres círculos alineados, cada uno con un círculo negro más pequeño, ubicado en el centro (#,T. 4). En el primer panel hay dos personajes, a los cuales denominaremos «personaje l» y «personaje 2». El primero, de perfil, está con el ojo abierto, al igual que la boca, en donde se advierten 6 líneas que constituyen los dientes. Tiene el brazo derecho doblado, con el puño cerrado apuntando al suelo. El otro brazo se encuentra extendido con el puño dirigido hacia el rostro del «personaje 2». El personaje 1 viste una túrúca con mangas y flecos a los costados. Se aprecia, asimismo, que (Echa túnica estuvo decorada con dos franjas verticales divididas en espacios con líneas y puntos. Los pies «descansan» sobre el «suelo», aunque las piernas están ligeramente fle-donadas. Ambos pies están de perfil. Al haberse perdido un fragmento de la parte superior del mate, no se puede distinguir el diseño completo, pero, parece ser, que el oopersonaje l» llevaba tocado.

Fig.2 Detalle de la Plataforma 2 de la Huaca San Marcos

El «personaje 2», también de perfil, mira al «personaje 1». Tiene el ojo y la boca (donde también se puede notar los dientes) abiertos. Viste una túnica con flecos y franjas que dividen secciones decoradas con líneas y puntos. El brazo derecho dispuesto con el puño hacia el rostro del «personaje 1», mientras que el izquierdo se dirige al lado contrario; con la mano izquierda sujeta dos cabezas, una de los cabeflos y la otra, aparentemente, de una porción de las vértebras cervicales. Ambas cabezas tienen los ojos y las bocas abiertos y Hevan, al parecer, orejeras. La pierna derecha de este personaje está extendida y se dirige hacia el cuerpo del «personaje 1»; la otra pierna se apoya en el suelo.

El otro panel, lamentablemente, tiene mayor fragmentación. Sin embargo, es posible advertir a dos personajes, que denominaremos «personaje 3» y «personaje 4». El primero viste una túnica decorada con flecos y franjas con líneas al interior. Con el brazo derecho manipula un hacha, que luce dibujos de plumas que sobresalen de la parte superior del mango. El otro brazo, ligeramente flexionado, se orienta hacia el personaje 4. Un pie está posado en el suelo y el otro se dirige hacia el «personaje 4.

El «personaje 4 también está representado de perfil; tiene la boca abierta mostrando los dientes y viste una túnica decorada con una franja de círculos blancos con puntos negros en el interior. El brazo derecho sostiene un artefacto que, parece, un arma, dirigida al «personaje 3». La posición de las piernas es semejante a la del personaje anterior.

Fig.3 Mate 1, in situ.


MATE 2

Tiene 8 cm de alto por 7 cm de diámetro, aproximadamente, y se encuentra también deformado. Una sección del borde está rajada y cosida con hilo de algodón. Presenta 4 paneles con diseños pirograbados (figs. 5 y 6). El primer panel tiene la representación de una «X» sobre un cuadrángulo decorado con líneas quebradas que salen de los costados. Le sigue una franja negra y a continuación otro panel, con un rostro que mira de frente. Tiene forma cuadrangular, con los ojos abiertos en forma de rombo y la boca con seis dientes puntiagudos. La nariz es una franja negra y en ambas mejillas hay dos triángulos negros. De la cabeza nacen 13 apéncbces que la rodean, cada uno con líneas delgadas en la parte superior. Le sigue a este panel otra franja oscura a la cual continúa otra «X» similar a la anterior. Luego otra franja oscura y, finalmente, otro panel con un rostro,similar al primero. Sin embargo, éste es un tanto más redondeado, la nariz más ancha y de la cabeza parten 12 apéndices, también, con tres líneas delgadas cada uno.

Fig.4 Diseño desplegado del Mate 1.

 

ANÁLISIS

1) Asociaciones estilísticas

La hipótesis de partida fue que proviniendo de un contexto que tenía cerámica de los estilos Nievería y Pachacarnac, los mates debieron pertenecer a la época 2 del Horizonte Medio (650-775 años d.C.). Por lo tanto, se hizo la comparación de los diseños con iconografía conocida de materiales ya publicados, para establecer sus ubicaciones cronológicas relativas y asociaciones estilísticas. Los estilos comparados fueron: Moche (fase V), Tiahuanaco, Robles Moqo, Nasca Tardío (Prolífero) y Pachacamac. Veamos:

a) Mate 1

Las escenas de enfrentamientos entre guerreros son muy comunes en la iconografía Moche (véase Vergara y Sánchez, 1996, figura 7). En el ejemplo citado se muestra dos seres fantásticos en una botella, que por la forma del asa estribo, corresponde a la Fase V del estilo Moche, época 2 del Horizonte Medio y, por lo tanto, sería contemporáneo a ambos mates. Existe paralelismo en cuanto a mostrar dos campos de diseño, aunque a diferencia del Mate 1, se trata de una sola imagen repetida. Se aprecia dos personajes, donde uno de ellos, es asido de los cabellos por el otro, tiene un rostro zoomorfo, con aletas en el cuerpo, y sujeta un üinú en la mano izquierda y una cabeza trofeo en la derecha.

Fig.5 Mate 2 in situ. Mide 8 cm. de alto por 7 cm. de diámetro

El otro, también, con un tumi en la mano izquierda, tiene un cinturón con una cabeza de serpiente en uno de los extremos. Ambos llevan túnicas y el personaje de la derecha usa, además, un tocado y un collar. La escena es típica de la iconografía Moche: el «personaje pez» junto al «PACS» (Personaje antropomorfo con cinturón de serpientes) (Castillo, 1987). Representa, probablemente, la divinidad más importante del panteón Moche.

Como en el caso del Mate 1, ambos personajes se encuentran representados de perfil; uno de ellos sostiene una cabeza trofeo. Sin embargo, se diferencian en el tratamiento de los pies y por la forma de los rostros y las túnicas.

Los diseños en el Mate 1 tienen parecido con la iconografía Nasca. Un ceramio (fig. 8) de Nasca 7 (fase que formaría el Nasca Tardío Prolífero, entre los 600700 años d.C. [Silvermann, 1992:401), aproximadamente contemporaneo con los mates, tiene la representación de guerreros de perfil, vestidos con taparrabo, que portan cabezas trofeo. El tratamiento de los pies es similar al que se dio en los mates (Lavalle, 1986: 174). Otra vasija, también Nasca 7 (fig. 9), exhibe la representación de un guerrero en «vuelo», que tiene varias armas en las manos. El procedimiento decorativo del rostro: la boca abierta -con líneas que caracterizan los dientes- y la forma de los pies son análogas a las observadas en el Mate 1. Asimismo, una banda, cerca al borde de la vasija, presenta cabezas decapitadas.

Las cabezas trofeo no son extrañas en el estilo Pachacamac; entre los materiales descubiertos por Uhle en el sido del mismo nombre, está un tejido con la representación de un personaje con un Ú~ en una mano y una cabeza trofeo en la otra (Ulile, 1903, lam. 4). Cook (1994: lam. 35 d) publicó un estudio sobre fragmentos de cerámica descubiertos en Huari, asociados al estilo Robles Moqo, donde destacaba un personaje de perfil, que lleva en la mano un hacha, de igual manera que en el Mate 1 y una cabeza trofeo en la otra. Sin embargo, los diseños decorativos de su túriica son diferentes.

Fig.6 Diseño desplegado del Mate 2.

La presencia de cabezas trofeo durante el Horizonte Medio es bastante frecuente, y en la costa ha resultado ser una tradición muy antigua. Así lo atestigua un ceramio del estilo Villa El Salvador, donde se observa un personaje con una cabeza cortada en una de sus manos (Delgado, 1992). Baraybar (1987) al analizar una colección de cabezas trofeo Nasca interpretó que ellas serían de prisioneros de guerra, que tuvieron un tratamiento particular antes y después de la muerte (ésta debió producirse por decapitación). Silvermann (1988) descubrió cabezas trofeo en Cahuachi, asociadas a la fase 5 (Nasca Medio). En el caso de una de ellas, se puede observar que el individuo fue golpeado en la cara y la cabeza, aunque estas heridas no habrían sido mortales, como sí lo fue el decapítamiento. Dicha cabeza no fue descarnada, aunque espinas de huarango atraviesan los labios y la mandíbula se encuentra cocida al maxilar-, el área entre las mejillas y el hueso se rellenó con algodón, lo cual, también indica un tratamiento especial post-mortem.

Para el caso de Lima y, concretamente, para el complejo Maranga, Jijón y Caamaño (1949: 32-34) descubrió en la Huaca 111 («Huaca 21» o «Middendorff») dos cabezas trofeo, que el denominó skaOs (escalpes), es decir, cabezas a las cuales se les había retirado la piel que cubría el cráneo para poder rellenarlas con paja. Estas cabezas estuvieron asociadas a seis entierros extendidos boca abajo. En la información publicada no se pudo esclarecer la posición estratigráfica ni cuáles materiales estuvieron asociados. Sin embargo, una vasija, descubierta en asociación con dichos entierros, con un mango y una vertedera opuestos, que salen de la porción ecuatorial de cuerpo, sugiere que podría tratarse de entierros Lima o Nievería. Paredes (1998) informa acerca del hallazgo de cuatro cabezas, tipo escalpes, en la misma huaca. Aunque se las encontró caídas -provenientes, probablemente, de la parte superior del montículo- este autor estima que pueden ser del período Lima. Esto indicaría que el uso de cabezas trofeo también ocurrió en la sociedad Lima Tardío, al igual que en Nasca y Moche.

En el caso del Mate 1, éste sería de un tiempo ligeramente posterior al de las cabezas trofeo Nasca y Lima. Sin embargo, mostramos ambos ejemplos para señalar que dicha costumbre tiene antecedentes en la costa desde épocas muy tempranas.

En base a lo anterior, se puede afirmar que los diseños del Mate 1 guardan estrechas similitudes con los que se dan en la iconografía Moche. Por otro lado, haN semejanza también, en cuanto al tratamiento de los personajes, con las fases más tardías de Nasca y, un tanto más lejanamente, con los estilos Robles I\loqo y, Pachacamac.


b) Mate 2

En el Mate 2 tenemos los diseños «X» y «rostro felínico». Acerca del primero es muy poco lo que se puede decir: se trata de un diseño abstracto de difícil interpretación. En cambio el «rostro felínico» tiene cierto parecido con la figura de un mural descubierto en la Huaca Culebras en el valle del río Chillón (Stumer, 1954) y que es asignada a las fases 6-8 de Lima (Patterson, 1964: 79) (/ig. 10). Hay coincidencia en mostrar un rostro con la mirada al frente, la boca abierta con dientes, los ojos en forma de rombo, nariz amplia y el rostro enmarcado. De dicho rostro salen varios apéndices que terminan en cabezas de serpientes, en el diseño de tipo interlocking; aunque los apéndices que salen del rostro del mate son diferentes y, mas bien, se asemejan a los del personaje central de la «Portada del Sol» de Tiahuanaco (fig. 11). Este mismo personaje, denominado comúnmente «Dios de los Báculos», se ha representado en un tazón del estilo Robles Moqo de Ayacucho. En este caso, el rostro también es distinto al del Mate 2, aunque tiene colmillos y 18 apéndices, que rematan en cabezas zoomorfas y fitomorfas (fig. 12).

Fig.7 Representación de un combate en un ceramio Moche (tomado de Vergara y sánchez, 1996:lámina 104)

Podríamos plantear que la idea presente en el Mate 2 es una simplificación de la imagen del «Dios de los Báculos», reinterpretada en la costa central tomando como base divinidades ya existentes, como la del mural de la Huaca Culebras.

Fig 8. Representación de un combate en un ceramio Nasca Tardio (Tomado de Lavalle 1986:174)

2) Funcionalidad

Hasta el momento resulta difícil establecer para que sirvieron los mates que acabamos de describir. Sin embargo, podemos adelantar algunas ideas generales en base al contexto en que fueron descubiertos.

En primer lugar, por el hecho de haberse encontrado en medio de basura, producto del procesamiento y consumo de alimentos, podemos hablar de un contexto doméstico. No sólo había cerámica fina de los estilos Nievería y Pachacamac, también se recuperó cerámica doméstica, con hollín en superficie; aunque, por la presencia de la cerámica fina, estos desechos habrían sido de cualquier grupo. Podría tratarse de los desperdicios de la élite que residía y laboraba en la pirámide. En ese sentido, los mates habrían servido para actividades domésticas (recuérdese que el Mate 2 está rajado v cosido) de un grupo especial.

Fig.9 Guerrero en un ceramio Nasca Tardio (tomado de Lavalle 1986:167)

Fig.10 Mural de la Huaca Culebras (tomado de Paredes 1992: fig.5)


DISCUSIÓN

El estilo Pachacamac fue propuesto por Max Uhle para la alfarería descubierta en el sitio del mismo nombre, cuya iconografía era similar a la de Tiahuanaco. Este autor fue el primero en plantear que hubo una expansión de esa cultura altiplánica hasta más allá de Lima y Pachacamac (Uhle, 1903, 1908). Larco Hoyle propuso, a fines de la década de los 40, que fue la cultura Huari de Ayacucho y no Tiahuanaco la que se expandió en los Andes Centrales para dicha época. Posteriormente, Menzel (1968) planteó que el estilo Pachacamac no se relacionaría tanto con Tiahuanaco como sí con estilos contemporáneos del área de Ayacucho, que conforman lo «Huari», especialmente, con los estilos Atarco, Robles Moclo y Conchopata, en donde las figuras míticas altiplárticas son muy comunes. La presencia de tal iconografía en Ayacucho es motivo de debate. Para algunos, como Menzel, dicha iconografía habría sido asumida por ayacuchanos que viajaron al mismo Tiahuanaco, asimilaron la religión altiplánica y, luego, la llevaron de regreso (Menzel, 1968: 186). Para Cook (1994: 204) la iconografía de Huari y Tiahuanaco tienen raíces comunes en Pucará, una cultura proveniente de Puno a comienzos del Intermedio Temprano (200 años a.C.-200 años d.C.). Con esta última propuesta fue perdiendo fuerza la idea de una expansión Tiahuanaco en todo los Andes Centrales.

Fig.12 "Dios de los báculos" en un tazón Robles Moqo, Huari (tomado de Merzel 1968:71)

Shady (1981, 1982, 1986) es autora de un postulado diametralmente opuesto al de la existencia de un Imperio denominado Huari o Wari para el Horizonte Medio. Para Shady, desde la época 7 del Intermedio Temprano algunos estados andinos, como los de Nasca, Moche y Lima se fortalecieron económica y políticamente, ampliando su red de influencia cultural a las poblaciones de los valles vecinos. A la par, intensificaron sus contactos estableciendo en ese período una interrelación de sociedades a nivel multirregional (Shady, 1981: 74).

Como expresión de esa situación, se aprecia que en la época 1 el Horizonte Medio alcanzaron prestigio los estilos de cerámica Nasca 9, Moche, Cajamarca 111 (cursivo floral) y Nievería, los cuales se distribuyeron a nivel regional en su área de influencia directa y, simultáneamente, remontaron estos límites hacia otras regiones. Esta amplia distribución fue posible por la conexión que se daba entre las diversas naciones a través del establecimiento de una red de centros urbanos y comerciales, como Cajamarquilla, Marcahuamachuco, Pampa Grande y parte de Huari, a la que se incorporarían Viracochapampa y Pikillacta (ibid. 76).

Shady, apoyándose en información climática señala que hubo desmejoramiento en el clima hacia los 500-1050 años d.C., con una acentuación del frío y reducción de los niveles de cultivo en el territorio alto andino, alrededor de los 660-700 años d.C.; y que esto tendría que ver con la pérdida de importancia de muchos centros, especialmente serranos, frente a la mayor hegemonía que adquirieron centros costeños. En la época 2B del Horizonte Medio, los estilos cerámicos presentarían una iconografía común a Tiahuanaco, integrada por deidades que han sido vinculadas con el culto al agua (Shady, 1986: 93).

Fig.11 Personaje cental de la Portada del SSol de Tiahuanaco (tomado de Kauffmann, 1983:439)

Sobre la base de los planteamientos espuestos, que tratan de explicar esa etapa tan compleja de la arqueología andina, como es el Horizonte Medio, ¿qué sugieren materiales tan novedosos como los mates y el contexto en el cual fueron descubiertos?

Un primer problema se refiere a las fases de ocupación y a la importancia de edificios, como la Huaca San Marcos. En la época 2 del Horizonte Medio, algunos establecimientos de cultura Lima, como Cajamarquifia, en el valle medio del Rímac, estuvieron abandonados y sus pirámides fueron transformadas en cementerios (Mogrovejo y Makowski, 1999), lo que coincidiría, como también lo afirma Shady, con un desmejoramiento en el clima, una sequía prolongada que habría afectado el área alto andina entre los 650-730 años d.C. Sin embargo, otros establecimientos, como Maranga, v la Huaca San Marcos, en particular, aún estuvieron ¡uncionando. De confirmarse esta hipótesis, deberíamos tener arquitectura clara en la Huaca de San Marcos, correspondiente a la época 2 del Horizonte Medio, asociada directamente a la ocupación Pachacamac del sido. Las futuras excavaciones nos permitirán dilucidar esta interrogante.

Por otro lado, la iconografía presente en los mates, no muestra un estilo ajeno, que desde otra región se hubiera impuesto en el área del Rímac. Al parecer, se dio una fusión de varias tradiciones, la de Moche, Nasca y Lima, pero con una base local. Si bien esto no es suficiente para señalar que no existió ningún imperio «Huari» con su centro en Avacucho, al menos se puede afirmar que para el Horizo`rite Medio, se produjo más una combinación de tradiciones culturales provenientes de varios lugares de los Andes Centrales, en lugar de la imposición de alguna cultura en particular, que se pueda vincular con una organización política imperial, ubicada en Ayacucho o en alguna otra parte.

 

* Arqueólogo Residente del Proyecto Arqueológico Huaca San Marcos.

 

Ver Bibliografía

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