Boletín de la Sociedad Peruana de Medicina Interna - Vol. 12 Nº2 - 1999


HOMENAJE

Discurso Memoria al Maestro Carlos Lanfranco

Agustín Iza Stoll*

Que difícil es tratar de decir unas palabras ante el féretro de un respetable profesor, más aún si él ha sido una persona muy importante en la formación profesional de varias generaciones en nuestra facultad de Medicina de San Femando. Heredero docente del Dr. Bernales, cl Dr. Carlos Lanfranco La Hoz, dedicó su vida entera a formar médicos. A sus numerosos estudiantes nos enseñó lo que Novak llamó la capacidad para observar o formularse preguntas.

La famosa ecroscopía era el comienzo esencial del diagnóstico. Inicialmente tomábamos las cosas como hechas las mirábamos sólo de manera rutinaria. Mirábamos pero no veíamos.

La ecroscopía, como nos la enseñó Don Carlos era no sólo observar, ni quería significar solamente el reconocimiento de signos patognómicos sino importantemente el cuestionamiento de lo que tenia el paciente.

El porque y el como fueron preguntas que nos enseñó a hacérnoslas a nosotros mismos. Las características de la observación eran aprendidas, refinadas, y pulidas. Debíamos conseguir una observación informada y pensante, poner atención a detalles supuestamente pequeños y tener una estimación no sesgada de los hechos. Estos elementos nos daban a los estudiantes de medicina un mareo sobre cl cual basar y embellecer nuestro trabajo diario. Nos permitía inferir de un efecto observado, la causa pre existente o las causas que eran necesarias para producir sus efectos.

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Nos enseñó a vivir ese momento importante en la relación médico paciente, el momento de escuchar, el momento del diagnóstico. Un profesor de clínica como él, esta en todas partes, palpando, percutiendo, auscultando, diagnosticando, pensando y sobre todo hablando a los pacientes.

Cuando se produce la crisis de San Fernando en 1961 y un grupo de profesores se retira de la facultad, el Dr. Carlos Lanfranco La Hoz opta por quedarse con nosotros encabezando un distinguido y escaso número de profesores reinicia muy, rápidamente la enseñanza de la cátedra de clínica médica en el hospital Dos de Mayo. su conducta paternal con asistentes y discípulos, su apego a la puntualidad y a la disciplina, sus dotes organizativas en el curso de medicina y sus conocimientos clínicos que transmitía con claridad, hicieron que muy rápidamente tuviera un gran ascendiente en nuestra facultad.

Los estudiantes de aquellos años tomamos como modelo de un clínico y de un profesor a Don Carlos Lanfranco. Su presencia fue muy importante en nuestras generaciones y por eso los miembros de nuestra promoción que egresó en 1967, lo eligió merecidamente corno padrino de nuestra promoción. No sabría decir en estos momentos quién estaba más emocionado por el nombramiento, nosotros los alumnos que lo habíamos elegido o cl profesor Lanfranco.

Conocía a sus estudiantes por sus nombres y apellidos materno y paterno, y muchas veces nos siguió en nuestra vida profesional. Desde entonces estuvimos cerca de él.

Cuando años después dejó la facultad por haber cumplido la edad para jubilarse, continuó con los internistas peruanos, asistiendo a las sesiones científicas que la Sociedad Peruana de Medicina Interna organizaba mensualmente. Allí en nuestros coloquios y conversatorios clínicos nos seguía regalando con su criterio sereno, con la precisión de los términos, con la sagacidad en el diagnóstico, y también con la punzante acción de la corrección.

Don Carlos ha fallecido y la pena nos hace pensar que lo seguiremos teniendo cerca, que su ejemplo será un faro que nos guió en la enseñanza de nuestros alumnos. Debemos sentir el peso de su presencia, de su trascendencia. ¿Pero deberíamos esperar su retorno eterno?.

La idea del eterno retorno es misteriosa y algunas veces quisiéramos pensar que se debería repetir tal y como lo hemos vivido ya. Sin embargo, la idea del eterno retorno significa cierta perspectiva desde la cual las cosas aparecen sin la circunstancia atenuante de su fugacidad. El crepúsculo de la desaparición de Don Carlos lo baña con toda la magia de la nostalgia.

En el mundo del eterno retorno descansa sobre cada gesto cl peso de la responsabilidad, esta responsabilidad de la enseñanza con calidad que asumimos los profesores de San Fernando.

Pero si el retorno eterno es la responsabilidad, esa carga nos pondrá más al ras de la tierra, nuestra vida profesional será más real y verdadera, es cl legado de responsabilidad, ese peso interpretado en la palabra de Milan Kundera, se opone a la levedad. Parmenides en el siglo VI antes de Cristo dividía al mundo en principios contradictorios: luz-oscuridad, ser-no ser, peso-levedad. Uno de los polos de la contradicción era positivo y cl otro negativo. La levedad era positiva y el peso negativo.

La levedad del alma de Don Carlos se eleva, la ausencia absoluta de la carga que nos ha transferido hace que vuele hacia lo alto, se distancie de [a tierra, de su terreno.

El está ahora en el olimpo de los griegos, en un coro que conforman los ilustres profesores de la Facultad de Medicina que nos han precedido hacia la eternidad. Desde allí vigilante seguirá queriendo a la Facultad de Medicina de San Fernando. Don Carlos descanse en paz.

* Profesor de la Facultad de Medicina de San Fernando (Universidad Mayor de San Marcos).