Boletín de la Sociedad Peruana de Medicina Interna - Vol. 9 Nº 3 - 1996

OPINIÓN

El nombre tras el síndrome

Javier Mariátegui*

* Presidente de la Academia Nacional de Medicina

Síndrome es una palabra estrictamente médica que describe los cuadros patológicos con la misma sintomatología, esto es, los mismos síntomas y signos, que aparecen simultá­neamente, pero que pueden tener distinta causa. Esto último diferencia el "síndrome" de la "enfermedad", pues en ésta se conoce la etiología, la causa o las con causas. Un libro publicado recientemente por Peter y Greta Beighton, The Man behind the Syndrome, examina los epónimos de los grandes médicos en cuya memoria los síndromes por ellos descritos se conservan en la nosología médica, pese a la tendencia simplificadora de la medicina actual. A veces no es un epónimo sino un acrónimo, formado por las iniciales de sus principales constituyentes: el ejemplo más a la mano es Sida, "Síndrome de inmuno deficiencia adquirida". Finalmente, agregaremos que el periodismo ha tomado el término "síndrome" para caracterizar ciertas conductas colectivas típicas, generalmente patológicas.

El signo de Musset, descrito por Delpeuch, se debe al célebre poeta francés Alfred de Musset, quien sufriera de una aortitis sifilítica en tiempos en que la lúes estaba de moda y era una afirmación de "casanovismo" o de "machismo" sexual. El signo consiste en una rápida inclinación de la extremidad cefálica o "pequeñas sacudidas rítmicas de la cabeza sincrónicas con los latidos cardíacos en los casos de aneurisma o insuficiencia aórtica, como cuando se hace signos cefálicos de afirmación". En los salones de París de fines del siglo pasado, los varones solían imitar a Musset. Eran tiempos en que, conforme el "dic­tum" del sifilógrafo francés Jean Alfred Fournier, “sifilización era sinónimo de civilización".

El síndrome de Lastenia de Ferjol es un cuadro raro, descrito por J. Bernard, y lleva el epónimo de una heroína de Barbey D' Aurevilly (Histoire sans nom). Ha sido descrito en mujeres que ejercen actividades paramédicas y se caracteriza por astenia, anorexia y anemia hipocrómica producida por hemorragias provocadas voluntariamente, aunque la autoagresión sea negada de modo absoluto. Tiene un parecido grande al síndrome de Münchausen que aún se usa para llamar a la forma crónica de los trastornos facticios descritos en las clasificaciones psiquiátricas recientes (CID-10; DSM-IV). El nombre reconoce a un personaje de la ficción, el barón de Münchausen, cuyas fantásticas aventuras fueron contadas por R.E. Raspe. La sinonimia registra otros nombres, más próximos a los fenómenos observados (adicción a hospitales, adicción poliquirúrgica, etc.), pero el epónimo primero se mantiene quizá por su sonoridad y eufonía.

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Barón von Münchausen

 

El síndrome de Pickwick es un cuadro frecuente aunque poco reconocido de hipoventilación pulmonar, cuyo episodio agudo, “apnea sómnica", puede tener graves consecuencias. Corresponde el epónimo a Pickwick, el personaje obeso de cara redonda y mofletuda de la novela de Charles Dickens, Papeles póstumos del Club Pickwick, atacado por súbitos episodios de sueño profundo.

El síndrome de Otelo es la redescripción, por Tod y Dewhrust, del antiguo cuadro celotípico reconocido por la clínica desde su nacimiento, que va desde el síndrome de celos patológicos propiamente dicho hasta las psicosis, cuyo núcleo central es la celotipia.

Remite al núcleo sintomático de la convicción delusional de infidelidad de la pareja y el epónimo recuerda el trágico cuadro de torturantes celos del Moro de Venecia inmortalizado por Shakespeare.

El síndrome de Doolitile consiste en pseudopercepciones auditivas provenientes de "voces" de animales, raramente descrita en la historia de la humanidad. Se ha propuesto el nombre de síndrome de Doolittle, por Deninng y West, para el complejo sintomático que suele ocurrir en cuadro psicóticos crónicos que alucinan voces de aves o de otros animales y que son registrados raramente en la clínica psiquiátrica. En la obra de José María Arguedas, marcada por animísmo y una general "animación" de la naturaleza, hablan los animales, los cerros, las lagunas, los árboles.

El síndrome más reciente en el campo psiquiátrico tiene como epónimo a Stendhal y ha sido propuesto por la psiquiatra y psicoanalista italiana Graziella Magherini, en 1989, para designar los cuadros emocionales y mentales agudos que experimentan principalmente los visitantes a las grandes "ciudades de arte". Aunque Goethe es quizá el viajero más famoso a Italia, Henri Bayle (más conocido por su nombre de pluma, Stendhal) es más significativo para denominar a las formas patológicas de este "turismo del alma".

Dentro de los trastornos por defectuosa identificación, el síndrome de Capgras es el típico cuadro de la "ilusión del sosías", del "doble", y lleva el nombre de uno de los médicos que lo describió. Para el fenómeno opuesto, de "hiperreconocimiento", el síndrome de Frégoli apela a un célebre mimo italiano, conocido como tal en el mundo del espectáculo.

La enfermedad y sus metáforas ha sido objeto de la atención de Susan Sontag. “La enfermedad -escribe la audaz ensayista norteamericana- es el lado nocturno de la vida, una ciudadanía más cara. A todos, al nacer, nos otorgan una doble ciudadanía, la del reino de los sanos y la del reino de los enfermos".

La "belleza margaritoide" o facíes "margaritoide" corresponde a la antigua semiología que encontraba belleza exótica en tuberculosas jóvenes quienes, a la palidez y aspecto aporcelanado de la piel de la cara, agregaban ojeras marcadas y ligero exoftalmo de cuadro subfebril. Deriva de Margarita Gautier, el personaje de La dama de las camelias de Alejandro Dumas ("Mimí" de la ópera La bohéme de Gia­como Puccini). Pero también gruesas "madonnas" renacentistas u opulentas modelos de Rubens, entre otros artistas, padecieron de la tisis, a pesar de su aparente salud, de la exuberancia de su físico.

Los síndromes llevan generalmente el nombre de médicos célebres pero, como hemos visto en esta somera revisión, también artistas, autores y personajes de la literatura han inspirado su nominación. En las ciencias humanas la psiquiatría tiene el mismo estatuto que la historia en las ciencias histórico-sociales. Cuando Jorge Basadre fue entrevistado, en la etapa final de su vida, sobre qué le hubiera gustado ser de no haberse logrado como historiador, respondió sin vacilar: "neuro-psiquiatra, con tiempo para investigar".

 

 


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