Revista de Neuro-Psiquiatría del Perú - Tomo LX Set, Nº3  1997

NOTICIA DE LIBROS

KA Y R. JAMISON.- Una mente inquieta. Testimonio sobre afectos ' Y locura. (An unquiet mind.A inemoir of moods and madnes).- Un volumen en 8vo menor, de 222 págs.- Tusquets Editore, Barcelona, 1996.

Se ha escrito numerosos testimonios sobre las enfermedades mentales y emocionales, por ex pacientes, algunos con formación literaria, otros, legos con buena capacidad de auto-observación o de profunda capacidad de introspección. Tenemos finalmente la información testimonial de (Yente de formación psicológica o psiquiátrica. Pero pocos resultan tan atractivos en su lectura y sustancioso en su contenido como el libro que reseñamos.

La A., además de sus estudios como psicóloga primero y como psiquiatra después, tiene una sólida formación humanística, es lectora asidua, desde joven, de clásicos y modernos, y amante de la buena música. Inicialmente mucho influyó en ella un ambiente familiar estimulante. Ya en la universidad, a sus múltiples intereses intelectuales, se intercalan sus primeros humores alternantes, hipomanías que le parecían experiencias euforizantes, con la ilusoria creencia, en la cima de la fantasía, de capacidad de lograrlo todo; hasta que se producía el descenso a graves estados depresivos, con rumiaciones suicidas. Pero la manía llegaba a sus extremos psicóticos, con gran perturbación de su funcionamiento personal, que requería tratamiento especializada y hasta hospitalización en servicios de agitados: conoció así de cerca el extremo de la condición humana a la que llega el comportamiento psicótico, las medidas de contención mecánica, los psicofármacos inyectables, las reuniones de grupo, en fin todo el conjunto de experiencias que van cambiando conforme evoluciona el cuadro. Venía después la depresión, donde se sentía en la sima de la tierra, inerme, con el sentimiento como si "se hubiera roto por dentro". Planeó el suicidio en varias modalidades y tuvo en grave intento con una sobredosis del medicamento que después la estabilizará y que ella se resistía a recibir regularmente: el litio.

Finalmente tomó clara conciencia de la necesidad de tomar el litio en forma regular, así como concurría asiduamente al control del psiquiatra. Su trabajo se hizo regular y estimulante y reanudó el disfrute de las relaciones sentimentales hasta compromisos formales. Casada finalmente con persona comprensiva, forma una pareja feliz y pudo mantener y optimizar sus vínculos familiares y sociales de modo activo. Comparte su actual tarea de profesora del Departamento de Psiquiatría de la Jolins Hopkins University, con la investigación de problemas, principalmente afectivos. Ha escrito mucho en artículos y capítulos de libros. Cuida, desde luego, su salud mental, que se sintetiza en lo esencial en la administración regular de litio y en periódicas reuniones con su psiquiatra. Explora con particular énfasis las relaciones entre la creatividad y el desorden maniaco-depresivo, a la luz de la vida y obra de Van Gogli, Schumann y Lord Byron.

El libro contiene valiosas y simples reflexiones acerca de la terapéutica con el litio, cuya lectura sería normativa y edificante para los pacientes, que reciben litio o son candidatos a tomarlo, si no les resulta demasiado patético algunos fragmentos de estas memorias., Es desde luego lectura obligada del psiquiatra en formación y del formado e incluso en el maduro quien reafirmará satisfacciones de su práctica profesional, principalmente si tiene experiencia con el litio.

Javier MARIATEGUI

MARIANO QUEROL: Memoria del cautiverio. Reflexiones sobre una experiencia límite
Un volumen en 8a. de 189 páginas. - Editorial Imprenta Unión, Lima, 1997.

La publicación de todo libro entraña una aspiración de trascendencia. Proviene ella, por un lado, del propósito tácito o expreso del autor que, al decir de Honorio Delgado -figura de perfiles ambivalentes en la vida profesional de Querol- escribe "con lo mejor de todo su ser--(de manera tal) ... que el amor a la substancia espiritual no sea adulterado por la vanidad, el interés o el ánimo tendencioso" y, por otro, de la entrega receptiva. y plena del lector cuyos "sentimientos de admiración y dilección hacia el autor no ... (deben privarle)... de objetividad ni de crítica". Tal, el contexto en que me acerqué a este breve pero intenso volumen escrito por mi maestro y amigo, pero más que eso por un hombre profundamente humano y por un psiquiatra inmerso en la más pura tradición del oteador de almas. El resultado de mi lectura se tradujo en multitud de preguntas, reflexiones, asombros e insights que, en conjunto, no pueden llamarse sino trascendencia., Mariano escribió ya su libro y con él alumbró caminos, expulsó demonios, se reencontró una y mil veces, aprendió y ahora enseña con tanto o mayor brillo que cuando lo hace desde la cátedra académica o la tribuna televisiva.

La estructura de la historia se enriquece con un estilo elegante, apasionado, sentimental y poético. Observador nato del detalle más pequeño en su ocasional celda o del gesto más sutil en el rostro de sus captores, Querol inicia su relato con la eclosión casi surrealista de su liberación después de 18 días de cautiverio. Nos conduce luego por los vericuetos previos al secuestro, los presagios, la sorpresa y aun la furia negando al miedo en los primeros momentos, la inexorable realidad de ser víctima de una relación de poder y de abuso tan ajena a su propia filosofía de vida. Vienen luego las angustias, las 'fantasías catastróficas", la incertidumbre, el distanciamiento de sus seres más queridos impuestos por violencias nacidas de desesperaciones alienantes. La idea de morir una muerte impredecible, inenarrable, solitaria. Enseguida, sin embargo, un esfuerzo profundo por ubicarse o reubicarse en su contexto intrapsíquico e interpersonal, de formularse las preguntas de siempre en un calabozo de urgencias. Y finalmente, la vigorizadora presencia de sus hijos y de sus amigos desde el otro lado de su prisión nutriendo la esperanza, fortaleciendo su estoicismo, ayudándolo a redescubrir su cuerpo, su humanidad, su

El libro contiene valiosas y simples reflexiones acerca de la terapéutica con el litio, cuya lectura sería normativa y edificante para los pacientes, que reciben litio o son candidatos a tomarlo, si no les resulta demasiado patético algunos fragmentos de

estas memorias. Es desde luego lectura obligada del psiquiatra en formación y del formado e incluso en el maduro quien reafirmará satisfacciones de su práctica profesional, principalmente si tiene experiencia con el litio.

Javier MARIATEGUI

MARIANO QUEROL: Menioria del cautiverio. Reflexiones sobre una experiencia límiteUn volumen en 8a. de 189 páginas. - Editorial Imprenta Unión, Lima, 1997.

La publicación de todo libro entraña una aspiración de trascendencia. Proviene ella, por un lado, del propósito tácito o expreso del autor que, al decir de Honorio Delgado -figura de perfiles ambivalentes en la vida profesional de Querol- escribe "con lo mejor de todo su ser... (de manera tal) ... que el amor a la substancia espiritual no sea adulterado por la vanidad, el interés o el ánimo tendencioso" y, por otro, de la entrega receptiva. y plena del lector cuyos "sentimientos de admiración y dilección hacia el autor no ... (deben privarle)... de objetividad ni de crítica". Tal, el contexto en que me acerqué a este breve pero intenso volumen escrito por mi maestro y amigo, pero más que eso por un hombre profundamente humano y por un psiquiatra inmerso en la más pura tradición del oteador de almas. El resultado de mi lectura se tradujo en multitud de preguntas, reflexiones, asombros e insights que, en conjunto, no pueden llamarse sino trascendencia., Mariano escribió ya su libro y con él alumbró caminos, expulsó demonios, se reencontró una y mil veces, aprendió y ahora enseña con tanto o mayor brillo que cuando lo hace desde la cátedra académica o la tribuna televisiva.

La estructura de la historia se enriquece con un estilo elegante, apasionado, sentimental y poético. Observador nato del detalle más pequeño en su ocasional celda o del gesto más sutil en el rostro de sus captores, Querol inicia su relato con la eclosión casi surrealista de su liberación después de 18 días de cautiverio. Nos conduce luego por los vericuetos previos al secuestro, los presagios, la sorpresa y aun la furia negando al miedo en los primeros momentos, la inexorable realidad de ser víctima de una relación de poder y de abuso tan ajena a su propia filosofía de vida. Vienen luego las angustias, las "fantasías catastróficas", la incertidumbre, el distanciamiento de sus seres más queridos impuestos por violencias nacidas de desesperaciones alienantes. La idea de morir una muerte impredecible, inenarrable, solitaria. Enseguida, sin embargo, un esfuerzo profundo por ubicarse o reubicarse en su contexto intrapsíquico e interpersonal, de formularse las preguntas de siempre en un calabozo de urgencias. Y finalmente, la vigorizadora presencia'de sus hijos y de sus amigos desde el otro lado de su prisión nutriendo la esperanza, fortaleciendo su estoicismo, ayudándolo a redescubrir su cuerpo, su humanidad, su deseo de vivir. Es una historia tejida por la más personal de las experiencias que Querol -clínicoal fin- examina certeramente y sin caer en la fácil rotulación nosológica.

Si los secuestradores aprendieron y practicaron su delito viendo películas, la narrativa queroliana confiere un tono casi fílmico a uno de los subplots de la historia: la emergencia de lo que Querol llama el ,,efecto Lima", una posibilidad de concertación entre captores y rehenes, un avenimiento del agresor hacia los planteamientos del agredido. Querol examina los encontrados sentimientos de simpatía, solidaridad y hasta complicidad generados en sus captores, describe sus a veces profundas diferencias en cuanto a perspectiva y motivaciones para el acto delictivo y, luego de un lúcido análisis de aquéllas desde una perspectiva cognitiva y de la psicología del desarrollo, plantea el potencial armonizante del "efecto Lima", su condición de posible canal negociador en situaciones de conflicto, de empatía en situaciones-límite. En lo que parece ser uno de los pocos elementos cuestionables de su tesis, Querol afirma que "sólo con el reconocimiento de nuestras desigualdades... se formarán las bases para una convivencia pacífica... (y)... puede darse la posibilidad de una igualdad entre pobres y ricos, poderosos e inermes, ante la justicia". No, reconocer las desigualdades sería un comienzo muy endeble para el logro de esa convivencia, más aun en un país clasista y sexista como es aún el Perú de hoy y como Querol mismo lo reconoce.

Pero el otro componente, más íntimo y personal de esta historia, es el develamiento memorioso de las experiencias infantiles de Querol, de la relación de su madre -"la señora", dura, desamorada, tiránica. El lector no puede dejar de asociar -como el mismo autor lo deja entrever- la experiencia del secuestro con el arrancamiento del lado de sus tías por parte de su madre ("La señora me llevó a rastras"). La soledad y el miedo fueron los mismos, las privaciones y el abuso dolorosamente similares. Las ciruelas que su madre le obligó a comer sabiendo que no le gustaban fueron acaso anticipo y metáfora de la magra comida del secuestro. Y tanto el Querol adolescente como el Querol septuagenario recibieron empellones yjalones, ambos trataron de ocultar sollozos a sabiendas de que "lo que no secaba todavía era las lágrirnas".

Mas, a pesar de lo duro y traumatizante de estas experie ' n¿ias, Querol emergió en ambas épocas de su vida, enriquecido espiritual y moralmente. En ambas exploró las fibras más íntimas de su capacidad de recuperación: las fantasías del niño, el yÍng-yang oriental, la danza relajadora en el hombre maduro. Lo fundamental, sin embargo, fue la reafirmación no conflictiva sino asombrosamente armoniosa de que, para Querol, una genuina solidaridad humana es aun un ideal posible, de que justicia y libertad -así, juntas- son tadavía alcanzables, de que se puede ser disconfor me, frente a una realidad injusta en la que Querol quiere sentirse aceptado aun cuando se sabe a veces rechazado o "turista" en el corazón serrano de su propia patria.

Mariano ha escrito su libro. Un hombre bueno, sencillo, de figura engañosamente frágil, mezcla de modelo del Greco y de Quijote normosómico, bohemio, pianista, curioso, creativo y aventurero nos ha regalado a todos un testimonio claro y elocuente. Padre de tres hijos distintos porque son suyos, acogedor y cálido, tierno en la evocación de lo que le es querido, Mariano representa para mí esa mezcla de amigo, maestro, mentor, y padre, siempre el mismo en el terruño o a la distancia. Cuando hablé con él por teléfono desde Atlanta al día siguiente de su liberación, me comentó con orgullo cómo Antonio, Andrea y Daniel habían conformado un ideal equipo negociador, y algo nw dijo de su intención de poner su experiencia en letras de molde.

Lo escuché, lo sentí y hasta lo vi esa noche, con la misma sonrisa franca y contagiosa de la foto en la contraportada de su Menioria. Mirando a la vida con pasión renovada porque, efectivamente, el infierno quedó atrás.

Renato D. ALARCON