La Gaceta Médica de Lima: Año I . Número 3. Setiembre 15

 

IMPORTANCIA DE LA HIGIENE PÚBLICA.

Cuando se considera la grandísima influencia que ejerce la higiene pública sobre la salubridad de las poblaciones, y la multitud de elementos de bienestar y desarrollo, que la aplicacion de sus principios engendra en el seno de las sociedades, no puede verse sin asombro la indiferencia con que hasta aquí ha sido mirada por nosotros esta ciencia, y la ignorancia tan absoluta, aun de sus mas sencillos principios, en que viven no solo nuestras masas sino tambien las autoridades encargadas de dirijirlas. El ánimo se abate al contemplar el estado de miseria y abandono en que se encuentran nuestros pueblos: el mayor de todos ellos, el mas civilizado, el mas poderoso el que encierra lo más escojido de la familia peruana, considerado bajo del punto de vista higiénico, no es mas que una inmensa cloaca, donde fermentan confundidos todos los agentes de las enfermedades y de la muerte.

Respetada en todos tiempos, adquiriendo siempre mayores proporciones y mayor prestigio, promulgados sus preceptos algunas veces como leyes divinas, y derramando por todas partes sus beneficios, la higiene ha atravesado todos los puntos de la tierra, siguiendo las vicisitudes de la civilizacion, y sirviendo de termómetro infalible de sus progresos y de su decadencia. Establecida definitivamente en las naciones modernas, estudiada por las mas civilizadas de entre estas con afán y profundidad aplicados sus principio á en mayor escala y con mayor entusiasmo cada día, ofrece á los ojos del observador concienzudo, por la multiciplidad y la grandeza de sus resultados, uno de los espectáculos mas dignos de admiracion. Por ella los lugares mas inhospitalarios y mortíferos se convierten en risueñas y salubres poblaciones; las epidemias desaparecen y pierden su vigor; las endemias ceden cada dia una porcion mas considerable de sus antiguos dominios; las masas pueden atravesar las borrascas que de cuando en cuando esperimenta la salud pública, sin temor de ser aniquiladas; los asilos de misericordia dejan de ser el sepulcro de los que llegan á sus puertas en busca de amparo; el cuerpo se robustece, la vida se prolonga y se desliza entre la felicidad y la alegría.

Nosotros, frios espectadores de este grandioso espectáculo que se desarrolla ante nuestros ojos, hemos permanecido en medio de las mayores calamidades en una inmovilidad estúpida, volviendo los ojos al cielo y demandándole en nuestras aflicciones un remedio que estaba en nuestras manos. Aun no han cesado las víctimas de una epidemia espan tosa, que estendiéndose de un estremo á otro de la república, con diferentes formas, pero siempre terrible y mortífera, ha destruido una porcion considerable de lo mas florido de nuestra poblacion. Esta calamidad, que tan graves males nos ha causado y que nos amenaza sériamente para el porvenir, no se habría estendido tanto, ni tan rápidamente, no habria permanecido un tiempo tan largo, á pesar de la influencia de las estaciones, ni habria originado una mortalidad tan considerable, si entre nosotros hubiesen sido mejor conocidos y mas respetados los preceptos de la higiene. Verdaderamente son dignos de considerarse sin embargo de lo poco que han llamado la atencion, el tiempo que ha durado y la mortalidad que ha producido la epidemia del interior. Rara vez presenta la historia un egemplo de esta naturaleza: las epidemias pueden durar un tiempo largo, trasmitiéndose sucesivamente de un punto á otro punto, ó reapareciendo en el mismo, favorecidas por la influencia de ciertas estaciones; pero una duracion tan continua en medio de todas las vicisitudes que la atmósfera presenta en el curso del año, y siempre con el mismo vigor y, con la misma tenacidad, no puede concebirse sin la existencia de circunstancias estraordinariamente apropiadas para dar pábulo á la enfermedad. Estas circunstancias han sido la miseria y la falta de higiene, capaces no solo de sostener, sino tambien de producir las mas violentas epidemias.

Preservado hasta ahora nuestro país de este horroroso género de males, al fin les ha abierto ampliamente su seno, cubriendo de sombras nuestro porvenir y perturbando así definitivamente la tranquilidad en que hemos vivido. El desarrollo que la poblacion debe ir esperimentando fatalmente; las nuevas industrias que deben introducirse poco a poco; el comercio cada vez mas estenso, mas contínuo y mas íntimo con los otros pueblos, abrirán, cada día mas y mas el camino á las epidemias y a las enfermedades. Es preciso, pues, que hagamos cuanto nos sea posible para sacudir los males que actualmente nos aflijen y para libertarnos de los que nos amenazan en lo venidero.

Una opinion sin fundamento, que ha echado raices muy profundas en todos los ánimos y que ha ido trasmitíendose de padres á hijos, ha contribuido poderosamente á desarrollar la inercia característica de nuestros pueblos en lo relativo á la conservacion de la salubridad pública. Hablamos de aquella opinion segun la cual es nuestro clima uno de los mas saludables de la tierra. Esta opinion insostenible en teoría, puesto que los climas situados en la zona tórrida son considerados por la ciencia como los menos salubres, lo es todavia mas en la, práctica, porque si es verdadero que las epidemias que tantos estragos han hecho en el mundo, rara vez han visitado nuestro suelo, en cambio las enfermedades esporádicas y endémicas se desarrollan en él en tanto número, con tanta variedad de formas y con un caracter tan grave, que constantemente arrebatan una gran parte de la poblacion. La estadística llamada á fallar sin apelacion en esta especie de cuestiones, pudiera desterrar toda, duda, sobre la materia, presentando sus cifras de mortalidad; pero desgraciadamente esta importantisima ciencia aun no ha sido cultivada entre nosotros. Sin embargo, valiéndonos de los datos que poseemos, podemos asegurar que nuestra mortalidad no baja de un a por ciento. Y bien, un clima que ofrece semejante mortalidad no merece el nombre de salubre (1).

Hé aquí un ligero resumen de la Mortalidad de los principales climas europeos.

Suecia           2 por c¡ento.

Noruega         2 por idem

Inglaterra       2 1/5 por idem

Aunque fuese verdadera la opinion que acabamos de refutar, por ella no disminuiria en un ápice, la necesidad en que estamos a hacer todo lo posible, para mejorar las condiciones de nuestro clima, con el fin de obtener la conservacion y perfeccionamiento de nuestra salud; pues si se observan detenidamente los efectos de las enfermedades, se verá que no son menos terribles por los dolores y por la muerte, que en algunas ocasiones producen inevitablemente, que por las huellas mas ó menos indelebles que dejan en el organismo, las cuales trabajandola sorda y lentamente destruyen el vigor de la salud y acortan la duracion de la vida. Pero esta necesidad crece de punto desde que viviendo en un clima insalubre, á cada instante estamos amenazados ó por las enfermedades ó por la muerte.

Uno de nuestros redactores ha comenzado ya á popularizar los principios de la Higiene pública, proponiéndose continuar en lo sucesivo este. importante trabajo. Yo que estoy profundamente penetrado de la utilidad de esta ciencia, y que de antemano me regocijo por los inmensos bienes que, hace hacer á mi patria, si ella la recibe con toda la fe y el amor que merece, no he podido resistir al deseo de ayudarlo, haciendo todo lo posible siquiera para allanar los obstáculos que pudiera encontrar en su Camino

F. Rosas.

 


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