La Gaceta Médica de Lima: Año I . Número 1. Agosto 15

 

FOLLETÍN.

LOS CIEGOS Y LOS SORDOS.
POR EL DOCTOR FRANCK.

Solemos preguntar con frecuencia cuál es mas desgraciado: si un ciego ó un sordo? Y si los ciegos son mas dignos de lástima que los sordos?

Esta cuestion no es tan fácil de resolver como parece á   primera vista, pues todo el mundo cree mas infeliz al ciego, y los escritores mas distinguidos de diversas naciones han compuesto poemas llenos de sentimientos, sobre la desdicha de la ceguera.

Para resolver filosóficamente esta cuestion he hecho muchísimas investigaciones en todos los establecimientos, y me he ocupado asíduamente de observaciones y estudios minuciosos.

Ninguno otro de nuestros sentidos nos ofrece mayores goces que la vista y el oido; la naturaleza ha hecho del primero el mas bello ornato, la principal belleza de la fisonomia humana. Los habitantes de climas cálidos de España, Grecia é Italia, se distinguen por la hermosura de sus ojos; su mayor ó menor espresion nos indica, por lo regular, la inteligencia del hombre, pues son el espejo del alma, la ventana del pensamiento, en el cual se halla igualmente retratado el idiotismo. ¿No existen hombres y aun animales que fascinan ó magnetizan con su mirada? La construccion delicada y previsora de todas las partes que constituyen el ojo y el oido, escitará siempre en nuestra mente tanta estrañeza como admiracion; y este portento nos demuestra mejor que las palabras, cuánto es el poder del Creador sobre todo lo que se halla al alcance del hombre.

El ojo es el instrumento óptico mas perfecto, es acromático y no se presenta con esfericidad ni movimiento alguno aparente. La oreja es el instrumento acústico mas estraño, mas complicado y perfecto que existe; ningun óptico, ningun mecánico, ha llegado todavia á simular la naturaleza con tal perfeccion.

El órgano del oido merece nuestra atencion; sus enfermedades ejercen una influencia funesta sobre el desarrollo intelectual del hombre y sobre su alma, sus síntomas tienen alguna analogia con los de la vista. Cuando el amaurótico vé un velo negro ante sus ojos, el sordo lo cree suspendido ante sus oidos; cuando el primero vé mejor en tiempo despejado y caluroso; el segundo oye tambien mejor; cuando aquel cree ver moscas delante de sus ojos, este piensa tenerlas en el oido.

¡Cuánta compasion me ha causado la presencia de esos infelices á quienes el Creador ha negado el sentido de la vista y del oido! No solo son acreedores estos infelices á ese interés de estéril curiosidad que demuestra la multitud cuando se espone á la atencion pública; á esa piedad exenta de grandeza, piedad que humilla, que se espresa con tristes periodos, y huye con esclamaciones sensibles, sino que tambien lo son á la simpatia generosa y grande que realza al hombre filantrópico. No hay espresiones bastante enérgicas para demostrar cuán grande es su infortunio, y patentizar cuán deplorable es su suerte! ¿Cabe existencia mas cruel que la de esos desdichados, condenados á pasar su vida en medio de privaciones, y por lo regular sin esperanza de salir un dia de esta funesta situacion que los aparta constantemente de los goces mas bellos de la vida?

Las tinieblas que sustraen al ciego del magnífico teatro de la naturaleza, son quizas menos terribles que las que ofuscan la inteligencia del sordomudo. ¿La armonía de la música, las ideas variadas del laberinto intelectual, no son mas seductoras que el brillo de los colores, el esmalte y verdura de las praderas? Hay algo comparable á las espresiones de una tierna amistad, pronunciadas con dulzura?

La mudez es únicamente el resultado inevitable de la sordera. He visto siempre, como signo precursor de las curaciones de algunos sordo-mudos, desarrollarse el habla con mas facilidad, y la pronunciacion hacerse mas correcta. Las palabras  que sueltan algunos sordo-mudos, se pierden del todo, si una educacion fisiológica no las ejercita continuamente. No es la falta de los goces musicales la que causa melancolía á los sordo-mudos, es mas bien la privacion de las conversaciones   confidenciales de la amistad. El sordo se halla en una sociedad animada, con sus mas íntimos amigos, como si estuviera en tranquila soledad, y cuanto mas jóven es el paciente, mas le aqueja la sordera: vanidoso por lo regular, degenera en provocador é interrumpe la dulce alegria que puede brillar en el seno de una familia.

Toda conversacion confidencial cesa cuando para ella se requieren grandes esfuerzos; cuando el lábio materialmente debe hallarse junto al oido del enfermo, no puede haber mútua confianza; aquéjanle con frecuencia los zumbidos de oidos que interrumpen á ratos su sueño, y son la primera sensacion que le afecta al despertar, le abruman la cabeza y alteran el libre desarrollo de sus ideas. Enmedio de tanto sufrimiento tiene á veces el triste consuelo de verse libre de los zumbidos, cuando la sordera es completa.  Otros no perciben una voz aunque fuerte y cercana al oido. El caracter de los sordos es detestable, no demuestran afabilidad con nadie, ni con el médico, ni con la esposa é hijos, ni con sus amigos, y procuran atormentar á cuantas personas los complacen; al contrario, el ciego escita generalmente piedad y se le ofrece consuelo, mientras que todo el mundo huye cruelmente del sordo, y se retrae de él cuanto le es dable. ¡Hay seres menos amables que los sordos, cuya enfermedad se hace cada dia mas grave y molesta para ellos y para los demas, interrumpiendo sus relaciones sociales! ¿Cuántos jurisconsultos, profesores, militares y médicos se han visto detenidos en sus carreras respectivas y obligados á renunciar á sus cargos?

¡Horrible situacion es la de una madre que tiene un hijo sordo mudo! ¡á veces su único consuelo  es la desgracia! de dia en dia, de mes en mes, espera que su hijo tartamudée el dulce nombre de madre, y que esprese su amor filial: ¡esperanza vana! esta voz tan agradable no la pronunciará nunca el lábio de su hijo; ¡jamás le podrá hacer entender su cariño maternal! su hijo permanece mudo á todas sus caricias; al contrario, el niño ciego ofrece todos los dias á cada momento, una agradable espresion de amor y de gratitud para con su buena madre, que es su sosten y su guia fiel. El horror de la ceguera se halla suavizado  con las ventajas del oido! Los ciegos son de un caracter constantemente alegre y feliz, su semblante es el espejo de una alma siempre risueña y resignada, con las criaturas mas tiernas y agraciadas, cuya imaginacion suple la vista.

He conocido mujeres ciegas que han hecho gozar á sus maridos de los placeres anticipados del paraiso; y sordas que han hecho sufrir á sus consortes los tormentos del infierno.

¡Cuántas personas cuya vista se haya apagada hace tiempo, me han hablado de las impresiones de su juventud, de hermosos paisajes, de sus viajes, de esas hermosas pinturas que se trazan en su imajinacion y en su memoria, aun en edad avanzada, como una cámara oscura!

Los ciegos ven con la conversacion de las personas: su espresion favorita es “ya veo:” su debilidad consiste en hacer creer á los estraños que no se hallan privados de la vista. El ciego manifiesta alegria en una sociedad, mientras que el sordo se encuentra triste y melancólico, privado de medios de comunicación para con sus semejantes. La señorita Mars, una de las mas lindas actrices de París, nos ha hecho con toda la gracia y los atractivos que la caracterizan, la pintura fiel de una ciega en la persona de Valéria. El tacto del ciego es tan perfecto, que á veces distingue los colores; el cutis de su cara siente con frecuencia la aparicion de la luz.

Los demas sentidos se ejercitan de tal manera, que suple al menos en parte el de la vista, cuya falta preserva al ciego de los alucinamientos que la vista nos hace formar de los hombres, cuando nos sucede el lenguaje pérfido de algunos, la espresion engañosa de la fisonomia, y el estudiado comedimiento en sus acciones. El ciego juzga de las personas comparando sus palabras con sus hechos; entregado á la soledad, no tiene otras distracciones que la meditacion, que contribuye á desarrollar una vida intelectual fecunda. Los ciegos gozan de conocimientos ámplios, y profesan particular aficion á las matemáticas; he visto en Angers y en Perpiñan, ciegos que eran profesores de esta ciencia.

Algunos como Homer, Milton y Delille, cegaron, y otros ciegos de nacimiento, como Juan Hernandez Schoemberg, se distinguieron en la literatura y en la poesia; y Hubert de Génova ha escrito una exacta historia sobre las hormigas y las abejas, que distinguia por el zumbido, siendo su tacto delicadísimo. Los ciegos tienen una memoria prodigiosa; en el Japon una congregacion de ciegos de nacimiento tiene á su cargo el cuidado de conservar los sucesos relativos á la historia del pais, que los trasmite de siglo en siglo, pareciéndose á un archivo viviente. Los ciegos exentos de las sensaciones que les trasmite la vista, ponen toda su atencion en objetos particulares; hé aquí lo que esplica por qué estan dotados de tanta memoria.

                                                                                                            [Concluirá].

 


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