Folia Dermatológica Peruana
- Vol. 9 • Nº. 3 Setiembre de 1998

EDITORIAL

 

Al lenguaje de estos últimos tiempos se han incorporado expresiones para destacar fenómenos pretendidamente nuevos. Así, el término de "globalización" se emplea para explicar, en el caso de la gravísima crisis por la que pasa actualmente la economía, la repercusión de alteraciones en las finanzas producidas en determinados países, que condicionan una rápida reacción en cadena, comprometiendo en un denominado mundo "globalizado" a todo el conjunto de habitantes del globo terráqueo donde vivimos.

Pero, este concepto de globalización en su sentido real de interdependencia de los fenómenos socioeconómicos, socioculturales y sociopolíticos, con sus repercusiones sobre toda la humanidad, no es nada nuevo y el ejemplo lo tenemos cuando hace 5 siglos se produjo el llamado por el mundo occidental de aquel entonces, "Descubrimiento de América", que, lamentablemente, representó para las civilizaciones de este "Nuevo Mundo" un proceso de implacable conquista, esclavización y llegada de enfermedades desconocidas a estas tierras, que, como la viruela, tuvieron una explosiva expansión sobre una población virgen inmunológicamente para esos microorganismos, diezmando a centenares de miles de soldados del imperio incaico y permitiendo, así, en una inconsciente, pero exitosa "guerra bacteriológica", la conquista del poderoso Imperio del Tahuantinsuyo. Posteriormente, otro regalo de Occidente, entre otros, fue la lepra, que se extendió por toda América. A su vez, el Nuevo Mundo, en "reciprocidad", envió al "Viejo Mundo", portada por la soldadesca conquistadora, la terrible Sífilis venérea, que, en sus manifestaciones más severas, se extendió progresivamente por todos los países europeos. La incorporación del continente americano fue, desde aquel entonces, para bien o para mal, prototipo de un proceso de "globalización " en el planeta tierra.

Los "Casilleros estanco" históricamente ya no existen hace mucho tiempo sobre el globo y otro ejemplo que nos toca directamente a los dermatólogos peruanos, es el relacionado con las nuevas Bartonellas y nuestra verruga peruana, tema que viene ocupando con justificada relevancia varios números de la Folia Dermatológica Peruana. A través de contribuciones tan valiosas como las de Javier Arias Stella, Hugo Vizcarra, Zuño Burstein y César Pérez del Arca, entre otros, se pone en evidencia, como lo sostiene Hugo Vizcarra, que "la Enfermedad de Carrión, producida por la Bartonella bacilliformis, que siempre fue considerada una enfermedad histórica, anecdótica y enigmática "ha pasado a ser de interés mundial al encontrar los científicos norteamericanos y europeos que varias enfermedades infecciosas son producidas por microorganismos de la familia Bartonellacea. Esto suena para los bacteriólogos como uno de los impactos más fascinantes en el mundo de las bacterias, -dice Vizcarra- ya que, durante cerca de 90 años, la única Bartonella que se conocía y atacaba al hombre era la Bartonella bacilliformis. Nuestra tradicional, regional y muy peruana "Enfermedad de Carrión" se ha internacionalizado gracias a la "globalización" del conocimiento que en otras latitudes ha demostrado la responsabilidad que juegan estos microorganismos en enfermedades reemergentes humanas, todavía en estudio, con una conducta fisiopatogénica oscura.

Los biólogos y médicos veterinarios conocen desde hace tiempo bartonellas de diferentes especies, que han sido demostradas en condiciones de comensalismo y productoras de patología en animales. El autor de esta nota editorial recuerda, a propósito, que cuando trabajaba -en la década del 50- en investigación con el destacado biólogo peruano Aristides Herrer en el Instituto Nacional de Salud del Perú, con roedores de laboratorio, producía gran incomodidad la presencia de bartonelemias letales por Bartonella muris en animales esplenectomizados con fines experimentales.

La investigación médica en este campo, de enorme importancia para la medicina científica y la salud pública, despierta, desgraciadamente, poco interés entre los jóvenes dermatólogos modernos, que se rigen por una corriente "globalizada", orientada al aprendizaje y aplicación de técnicas y procedimientos que les permitan, en este mundo de "capitalismo salvaje", colocarse en condiciones de ventaja competitiva para ganarse la vida y así responder a la dura exigencia cotidiana de supervivencia, en una sociedad deshumanizada, que desestima actividades que resultan "románticas" y de "sacerdocio" sacrificado, o hasta calificadas de irresponsables en su entorno familiar; como son la franciscana dedicación a la investigación médica y el servicio social a la mayoritaria comunidad desamparada. Esperamos que nuevos vientos "globalizadores", correctivos de estas peligrosas distorsiones de la vocación y actividad médicas, modifiquen esta conducta en beneficio del hombre y que los organismos del Estado y otros comprometidos en lograr el bienestar colectivo creen las condiciones necesarias para incentivar el ejercicio profesional y otorgar el status de privilegio que se merecen los que dedican su vida al servicio de la humanidad.