Folia Dermatológica Peruana
- Vol. 10 • Nº. 1 Marzo de 1999


EDITORIAL


El final del Siglo XX nos trae acontecimientos que no permiten hacer un buen pronóstico para el futuro inmediato de la humanidad y comenzar el próximo milenio, como lo hubiéramos deseado los futuristas optimistas, en un ambiente de paz, confraternidad universal y en camino de lograr el ideal de una buena salud individual y colectiva, entendida la "salud" como el perfecto estado de bienestar físico, mental y social del hombre. Este objetivo, para los que seguimos creyendo en la buena fe de quienes conducen el destino de la humanidad, no era ilusorio, ya que la tecnología de punta lograda con altísimos niveles de sofisticación, ha permitido muchísimos y extraordinarios logros, entre los que está el victorioso avance de la medicina en su lucha contra las enfermedades, que ha logrado un significativo aumento de la expectativa vital del hombre;¿pero va este logro de la mano con una satisfactoria calidad de vida para el hombre en general?, evidentemente no. Y esto, porque en este último aspecto los científicos y los médicos en particular no tenemos ninguna capacidad de control y quienes la tienen, al margen de libre juego de las circunstancias, son los grupos de poder económico que manipulan a gobernantes y a sectores dirigenciales para satisfacer las exigencias de un sistema socioeconómico impersonal, anafectivo, profundamente egoísta, en beneficio de un cada vez más pequeño grupo humano, en irremediable detrimento de los intereses de las grandes mayorías, que son cada vez más desfavorecidas, incluso en sus más elementales expectativas de conservación o recuperación de su salud física y creando como estrategia de dominio el desorden, el resquebrajamiento de la institucionalidad democrática y el quebrantamiento de los valores fundamentales que norman las sanas relaciones humanas basadas en la justicia, el respeto a los demás, la honestidad en la libre competencia, la solidaridad, etc.

El tan mencionado fenómeno universal de globalización que, teóricamente, beneficiaría, en sus aspectos positivos, a todos, en la práctica sólo lo es para pequeñas minorías; en cambio, sus facetas negativas, como las crisis económicas asiática, rusa y brasilera, golpean fuertemente a países como el nuestro, en el que se dan, además, curiosidades tales como el hecho de que cuando los precios mundiales del petróleo bajan, aquí no se modifican; en cambio, un ligero aumento en el mercado mundial, repercute inmediatamente con fuertes alzas del precio de la gasolina. Otra paradoja de esta pretendida universalización que sufrimos los peruanos son las fuertes barreras que ponen ahora muchos países para otorgar visas de ingreso.

La perplejidad en la que se ha sumido la intelectualidad frente a los dramáticos e inesperados cambios estructurales y políticos producidos últimamente en el mundo, no debería afectar a la clase médica, que tiene una gran carga de responsabilidad social por la naturaleza misma de su actividad profesional y sus principios éticos. A los médicos y, en este caso especial, a los dermatólogos nos toca jugar el rol que nos corresponde desde nuestro ámbito de mantener el equilibrio social que permita una vida sana. Una de nuestras obligaciones es reforzar y prestigiar las instituciones médicas, manteniendo una crítica constructiva y colaborando con ellas en sus tareas de lograr, a través de programas de educación médica contínua, la actualización permanente y el perfeccionamiento profesional, así como difundir y aplicar los principios de nuestros códigos de ética médica.

La concurrencia de un numeroso grupo de dermatólogos peruanos al Congreso lbero Latinoamericano de Dermatología y a la Asamblea del CILAD, en Málaga, España, este próximo mes de junio nos permitirá, además de aprender, enseñar y confraternizar, intervenir activamente en el reforzamiento organizativo del Colegio Ibero Latinoamericano de Dermatología (CILAD), institución a la que pertenecemos y que representa a la dermatología de habla castellana y portuguesa con un peso numérico significativo en el mundo.

El CILAD-PERÚ y el Delegado Nacional Peruano del CILAD Internacional han cumplido con creces con los compromisos adquiridos con la dermatología peruana e internacional. Su labor ha sido muy gratificantemente destacada y elogiada por la autoridades gubernamentales y representativas médicas peruanas.

El destacado y numeroso grupo, de calificados dermatólogos que bajo el nombre actual de CILAD-PERÚ han constituido una sólida y prestigiosa asociación dermatológica peruana que reúne todos los requisitos exigidos por las disposiciones legales peruanas, ha llegado a un tal grado de madurez que le permite a estas alturas agradecer al CILAD Internacional por la autorización y reconocimiento otorgados en el momento de su creación institucional y haberlo representado en el Perú durante este tiempo.

 

 

Dr. Zuño Burstein Alva
Presidente del CILAD-Perú