Revista Peruana de Epidemología - Vol. 9 Nº 1 Enero 1996

 

HISTORIA

LA VIRUELA EN EL PERÚ Y SU ERRADICACIÓN: RECUENTO HISTÓRICO

Quirós Carlos*



RESUMEN

Los invasores españoles y sus aliados biólógicos, entre ellos, el virus de la viruela, diezmaron a la población precolombina a partir de 1492. De manera que el recuento histórico se inicia con la primera epidemia de viruela aparecida en el Tahuantinsuyo hasta su erradicación del territorio patrio. En concor-dancia con los intereses económicos y los ca-taclismos sociales, la política sanitaria del Es-tado adquiere diversas modalidades. Las asignaciones presupuestales y los vericuetos buro-cráticos son comentados con agudeza, lo que te confiere actualidad. La evolución de la técnica de conservación y transporte del fluido vacunal; así como el aporte de los médicos peruanos son registrados con objetividad. Uno de esos médicos es el mismo Dr. Carlos Quirós. (Resumen del editor)

Palabras clave: erradicación de la viruela, historia, Perú.

 

SUMMARY

The Spanish invaders and their biological allies, among them the smallpox virus, decimated the pre Columbian population from 1492 onwards. Hence, this historical account begins with the first epidemic ocurring in the Tahuantinsuyo and finishes with is eradication from our territory. lt desribes how, in accordance with economia interest and social cataclysms, the sanitary policy of the Sate acquires diverse modalities. Budger assignments and bureucratic intricacies are commented with acuteness, something that makes the article urrently valid. The evolution of the conservation and transportation of the vaccine fluid, as well as the contribution of Peruvian phisicians are recorded objectively. One of the latter is Carlos Quirós. (The Editor).

Key words: Smallpox’s eradication, history, Perú.


Rev. Perú Epidemiol. 1996; 9 (1): 41-53


La introducción de la viruela en el Perú por los españoles, entre 1528 y 1529, facilitó la conquista del Impe-rio Incaico. Según los cronistas de la Conquista, el Inca Huaina Cápac fa-lleció con esta epidemia, ocasionan-do su muerte el principio del fin del imperio Incaico. Su sucesión produ-jo una guerra civil entre sus hijos Huáscar y Atahualpa que escindió al imperio.

Luego de consolidar la conquis-ta, España, por iniciativa del Rey Carlos IV, tal como lo refiere el In-forme Final de la Comisión Mundial de Certificación de la Erradicación de la Viruela de la Organización Mun-dial de la Salud, aplicó una de las medidas mas espectaculares encami-nadas a fomentar la vacunación en sus extensos dominios de todo el mundo, por medio de niños que eran vacunados de "brazo a brazo" al en-viar a América y las Filipinas, la fa-mosa Expedición Filantrópica de la Vacuna que dió la vuelta al mundo, poco tiempo después del descubri-miento de Jener del efecto protector del Cow Pox en la prevención de la viruela. El Perú, uno de los Virreynatos en que se tuvo especial interés en la conservación y difusión del fluido vacunal, por la importan-cia que tenía como centro del poder colonial en América.

Muchos siglos después, concre-tamente en la década de 1950 fue en América, igualmente, donde la inicia-tiva de erradicar la viruela en el mun-do se plasmó y, nuevamente el Perú jugó un papel importante en el desa-rrollo y empleo masivo de la vacuna liofilizada que permitió materializar este ideal que fuera alcanzado por todos los países del mundo con la colaboración de la Organización Mundial de la Salud a fines de 1979.

A pesar de que Jenner demostró en 1796, el valor de la vacunación, en la erradicación de la viruela de todo el mundo, de una manera cien-tífica, la enfermedad subsistía en muchos países subdesarrollados con extensas poblaciones rurales dispersas a las que diezmó, implacablemente, debido a la ausencia de servicios de salud y a la dificultad de conservar la vacuna activa, sin refrigeración, pro-blema que fue obviado con la aparición de la vacuna liofilizada.

La información del presente tra-bajo, ha sido tomada fundamental-mente, de la obra del médico perua-no Juan B. Lastres titulada: "Historia de la Viruela en el Perú", publicada en 1954, así como de trabajos cientí-ficos de otros autores nacionales y extranjeros y del "Libro, de Ordenes y Actas concernientes a la Expedición Filantrápica de la Vacuna y la Mejor Conservación y Propagación del Fluido" (1806-1820), que existe en la Biblioteca del Instituto Nacional de Salud del Perú, en el que están asentadas dos Ordenes Reales de instruc-ciones del Rey sobre la Expedición Filantrópica de Balmis que trajo la vacuna a las Américas, la llevó a las filipinas y el Perú. La primera da instrucciones del Rey para la salida inmediata de la Expedición y la se-gunda nombra a sus miembros. En dicho documento, figuran también, el Decreto del Virrey del Perú que designa a los miembros de la junta de Lima, dispone la instalación de Juntas Subalternas en las Intenden-cias, y elige una casa donde debe ope-rarse la conservación del fluido, así como sesenta actas a partir de la llegada de Salvany a Lima en 1806 hasta 1820.

Clásicamente se describe como la primera epidemia en el Perú, la que ocasiono la muerte del Inca Huaina Cápac, que debió acontecer entre los años 1528 ó 1529, poco des-pués de la llegada de Pizarro a Tum-bes, en 1527. Aunque no esta bien precisado se presume que el Inca falleció de viruela, estando en Quito.

Con posterioridad a esta epide-mia de 1529, se describen durante los siglos XVI, XVII y XVIII, varias otras posiblemente de viruela, por distintos cronistas y médicos, aunque muchas veces es difícil precisar si se trato realmente de esta enfermedad y cual fue su verdadera magnitud. La obra de Lastres hace referencias bas-tante detalladas de estos acontecimien-tos.

Parecería que la última epidemia que se presentó antes de la llegada de la vacuna (Cow-Pox), descubierta por Jeriner en 1796; se produjo entre 1802 y 1805, época en que según Mendiburu, se "generalizo la viruela en Lima y Bogotá como una verdade-ra epidemia que hizo perecer a muchos pacientes, los más de la clase in-dígena" (1).

Con referencia a información es-tadística sobre mortalidad y morbilidad no existen datos estadísti-cos oficiales para el país, sino a partir del año 1940. Anteriormente a esta fecha, sólo hay referencias generales a distintas epidemias que causaron, aparentemente, muchos casos, muertes e invalideces.

Según Lastres, la epidemia a que hace referencia Mendiburu, entre 1802 y 1805, motivó el envío de la Real Expedición Filantrópica por el Rey Carlos IV de España, de acuerdo a una publicación hecha por el médi-co peruano Gabriel Moreno, apare-cida en el "Almanaque y Guía de Forasteros", que se editaba entonces y que dice así: "Al leer el Rey de España, en 1803, la publicación antes mencionada, en la que se refería los estragos que ocasionaba la enfermedad llenó de compasión y amor a sus fieles vasallos ordenó que se formase una expedición que trajera la vacuna a América y a otros países de sus extensos dominios en el mundo" (2). Esta afirmación parece ser cierta ya que la primera Orden Real que figura en el libro de actas arriba mencionado, dice textualmente: "Sabías instrucciones de Su Majestad en or-den a la expedición y su mejor arreglo. Amor y piedad del Monarca ha-cia sus vasallos de las Américas pro-porcionándoles el incomparable espe-cífico del fluido vacuno" y está fecha-da el 1 de setiembre de 1803.

La Expedición, fue cuidadosa-mente planificada y el Rey se hizo aconsejar por médicos prominentes habiendo dado su aprobación técnica el médico de Cámara, José Flores que, junto con Francisco Requena, trazaron el primer plan. Se propuso como jefe de la Expedición a Francisco Ja-vier de Balmis y Berdeguer, físico de Cámara.

Balmis tenía singular interés en la medicina preventiva y conocía América ya que había estado en Méxi-co cuatro veces entre, 1801 y 1803. Tradujo del francés la obra clásica de divulgación sobre vacuna de Moreau de la Sarthe que era el tratado de conocimiento obligado por los vacunadores de la época y que lleva-ba el siguiente epígrafe: Balmis Fran-cisco Javier "Tratado Histórico Práctico de la Vacuna, escrito en francés por J.S. Moreau. bibliotecario de la Es-cuela Médica de París y Catedrático de Higiene en el Museo Republica-no: Traducida al español por Don Francisco Javier de Balmís". Impreso en Madrid en la Imprenta Real (1803) (3).

El Consejo de Indias apoyó el proyecto, lo mismo que los médicos de la Casa Real y, se decidió que la Expedición estuviera constituida por dos profesores, uno para cada capital de Virreynato (México y Lima) con el objeto de probar el fluido. Por esta razón se nombró un Director que fue Balmis y un Vicedirector, José Salvany Leopart además, como ayudantes médicos a Ramón Fernández Ochoa, Manuel Julián Grajales y Antonio Gutiérrez Robledo. Como practican-tes se designó a los cirujanos: Francis-co Pastor Balmis, Rafael Lozano Pérez y para enfermeros a Basilio Bolaños, Angel Crespo y Pedro Ortega.

A Balmis se le asignó mil pesos fuertes de sueldo anuales y doscien-tos doblones por una sola vez para su alojamiento. A los médicos ayudantes mil pesos fuertes anuales a cada uno y cien doblones para su alojamiento. A los cirujanos practicantes seiscien-tos a cada uno y a los enfermeros 900 pesos y doscientos doblones para alo-jamiento que debían compartir con los cirujanos.

La ruta al Perú era por mar y por tierra según la Ordenanza, y Balmis llevaba 900 ejemplares del libro de Moreau de la Sarthe, traduci-dos por él.

Dice la orden: "que siendo lo más esencial y difícil de la empresa la conservación del fluido vacuno con toda su actividad en tan dilatados viajes ha resuelto el Rey que lleven los facultativos niños expósitos que no hayan pasado las viruelas para que mediante una progresiva vacunación en Madrid y abordo hagan aquellos a su criterio la primera operación bra-zo a brazo y después en los cuatro virreynatos el modo de practicarla enseñar a hacerla a algunos facultati-vos naturales".

Al parecer, no todos los niños que viajaban con la Expedición, eran huérfanos, pues se menciona también, que deberían tener consentimiento de sus padres, si es que los tenían. El compromiso era educarlos hasta que pudieran conseguir trabajo y debían ser colocados en centros educativos, según su clase, también debería de-volverse a España a los que viajaran en esa condición.

Se señala en la primera Orden que si el fluido no puede salir en la "Nao" de Acapulco, lo hiciera por el Callao en barcos comerciales.

La Expedición, salió de La Corruña el 1 de diciembre de 1803, llegó a Puerto Cabello, en Venezuela, el 1 de marzo de 1804 habiendo vacunado a su paso Tenerife (Islas Canarias) y Puerto Rico. Según Bahbehani, quien no indica su fuen-te de información; cuando la Expedi-ción llegó a Puerto Rico, la vacuna ya había sido introducida en Noviembre de 1803, desde la Isla Inglesa de St. Thomas, por el médico inglés Fran-cisco de Oller habiéndose vacunado a la llegada de la Expedición a 1500 personas, motivo por el cual Balmis, se encolerizó y tuvo un entredicho con el Gobernador Ramón de Castro que se negó a proporcionar un grupo nuevo de niños, para llevar el fluido. Este mismo autor refiere que, antes de llegar a México, Balmis pasó por Cuba; lugar al cual, ya había llegado, también la vacuna.

Al arribar a América Continen-tal, la Expedición se dividió: Balmis fue a vacunar a México para prose-guir a las Filipinas y Salvany fue en-cargado de traer la vacuna a América del Sur y al Perú pasando por el Virreynato de Santa Fe (Colombia actual) y Quito (hoy Ecuador), para proseguir al sur, hasta Buenos Aires lo que no pudo hacer ya que la muer-te lo sorprendió al llegar al Alto Perú (Bolivia actual).

Antes de la llegada de la Expedi-ción al Perú, en 1802 al saberse de la existencia de la vacuna, algunas per-sonas particulares se encargaron de traerla a América del Sur. Según Humboldt, en noviembre de 1802, un navío mercante que llevaba la vacuna para las Filipinas enviada por un español de Cádiz, llegó a Chile e Hipólito Unanue al saber de la existencia del fluido, vacunó a muchas personas sin éxito, no se sabe exacta-mente si por defectos en la técnica o porque se debilitó su potencia, al paso por la línea ecuatorial. Probablemen-te, por ambas razones.

Por otra parte, en 1804, se vacu-nó por primera vez en Bahía (Brasil) a iniciativa de Filisberto Baldeira Brandt Portos (portugués). Se supone que esta vacuna, según Schiaffino, llegó poste-riormente a Río de Janeiro en mayo de 1804, para alcanzar el Río de la Plata el 5 de Julio del mismo año, a bordo de la fragata "La Rosa del Río" que llevaba tres negros vacunados. El 28 de julio de 1804, fue transportada en vidrios a Buenos Aires (Argentina), donde se hizo las primeras vacunaciones, con éxito. Fue esta misma vacuna la que el Marqués de Sobremonte, Virrey de Buenos Aires, envío a su colega de Lima; el Virrey del Perú, Avilés, por correo terrestre en vidrios (en esa época se usaba esta modalidad de envío de la vacuna que fue el principio que se utilizó, muy posteriormente para el desarrollo de la técnica de la liofilización)

Los vidrios conteniendo el flui-do vacuno, fueron recibidos en Lima el 22 de octubre de 1805, según re-lata la revista limeña: "La Minerva Peruana" (4) y, el Dr. Pedro Belomo cirujano del Apostadero Naval del Callao, después de numerosos ensa-yos, presentó al Virrey su primer niño vacunado, con éxito, siete meses antes que llegara la Expedición de Salvany a Lima.

No se conoce mucho sobre la vida del Dr. Belomo pero, parecería que fue un cirujano de éxito que contribuyó a elevar el prestigio caído de la cirugía, en esa época. Por el aprecio que le tuvieron los Virreyes, Avilés y Abascal, se supone que era un hombre de talento y eficacia técni-ca, que llegó a tener una buena clien-tela. No se sabe exactamente su nacionalidad y Valdizán supone que fue italiano de origen, aunque residente en el Perú por muchos años, por lo que no es cierto que trajera, personal-mente, la vacuna de Buenos Aires a Lima, como algunos afirman.

Al instalarse la Junta Conserva-dora de Vacuna, en el Perú, Belomo junto con Dávalos, fueron nombra-dos sus Consultores, cargo que desempeñaron con eficiencia, Belomo, hasta diciembre de 1807 fecha en que pidió su reemplazo, por enfermedad por Félix Deboti, y Dávalos hasta 1820, según consta en el Libro de Actas de la junta al que hemos hecho mencion.

El éxito de Belomo de haber ob-tenido el primer "grano" Vacunal, fue resaltado por el Cabildo limeño, en Oc-tubre de 1806, el que declaró: "haber proporcionado, a esta ciudad, con sus apreciables diligencias, dignas de per-petuo reconocimiento el beneficio de la vacuna, muchos meses antes que llegase la Comisión y cuando la pes-te estaba haciendo mayor estrago".

Sigamos ahora el curso de la Expedición una vez llegada a Améri-ca Continental. De acuerdo a lo pre-visto se dividió y Salvany fue el encargado de llevar la vacuna a los Virreynatos de Nueva Granada y el Perú hasta Buenos Aires.

De acuerdo a Lastres la Expedi-ción llegó a Cartagena de Indias, el 24 de mayo de 1804, no sin antes haber sufrido los percances de un naufragio en la boca del Magdalena, junto a Barranquilla. Afortunadamen-te no hubo desgracias personales y desembarcaron en una playa desierta. Las primeras poblaciones que se va-cunaron en esa zona de América del Sur, fueron Soledad y Barranquilla (Colombia actual) y, posteriormente Cartagena. Parecería que en esta opor-tunidad, Salvany hizo inocular algunas vacas, para renovar el fluido y poder seguir vacunando. Luego siguió a Villa Honda, Mompox, el Valle de Cucuta, Santa Fe de Bogotá y otra ciudades. Para precisar las atribucio-nes de la Expedición, el Virrey Amat hizo preparar un reglamento.

Posteriormente pasó a Popayán donde Salvany enfermó al atravesar el Río Magdalena, posiblemente de tuberculosis pulmonar, enfermedad

de la que murió pocos años después, como ya se ha mencionado en el Alto Perú, sin poder cumplir con su mi-sión de llegar a Chile y Buenos Aires. De Popayán, la Expedición pasó a Quito recorriendo las ciudades de Cuenca, Ambato, Riobamba y Loja (Ecuador actual).

Es posible que desde Quito, Salvany enviase un oficio al Virrey de Lima, pidiéndole instrucciones sobre la ruta que debería seguir la Expedi-ción y, dispuso la subdivisión de la misma, siguiendo una parte de ella a Guayaquil y Paita, y el resto al sur.

Al informarse de la epidemia de viruela en Lima, apresuró su viaje pasando por Paita en 1805, lugar don-de encontró las cartas del Virrey Avilés informándole del éxito obtenido por Belomo, en Lima en la reproducción de la vacuna, hecho al que nos he-mos referido. De Piura, pasó a Trujillo, el 8 de enero de 1806, ciu-dad en la que se había presentado una epidemia de viruela. Luego de dejar sus instrucciones para comba-tirla, regresó a Lambayeque vacunan-do todas las poblaciones existentes en el camino. Según Ruiz Moreno, en todas estas poblaciones encontró re-sistencia del pueblo, por lo que enco-mendó esta tarea, al Padre Justiniano, quien vacunó: Vicos, Olmos, Motupel Salas, Jayanca, Pacora y otros pueblos. Esta labor se ejecutó en los primeros meses de 1806.

De Lambayeque, Salvany se diri-gió a Cajamarca, en marzo de 1806, vacunando a su paso: Reque, Chepén, Chota y otros pueblos de los alrede-dores. De Cajamarca volvió a Trujillo, donde el Gobernador costeó los gas-tos y lo agasajó con pompa.

De Trujillo, Salvany se dirigió a Lima, donde llegó el 23 de mayo de 1806, prodigándosele en la capital del Virreynato un buen recibimiento, en compensación de las fatigas que ha-bía sufrido, aunque no con mucho entusiasmo, pues ya el Lima se estaba vacunando, desde hacia seis meses. Salvany demostró su decepción, según Díaz Yraola, al escribir: porque habiéndose ya, en una gran parte de lo moradores propagado la vacuna, se desdeñaban en declarar contra ella e ir diciendo que no éramos necesario y, que, cuanto podía hacer la Expedición, lo tenia hecho el Cabildo".

Ya hemos señalad que en el Instituto Nacional de Salud de Lima existe el original del "Libro de Acta, Concernientes a la Expedición Filantrápica de la Vacuna y la Mejo, Conservación y Propagación del Fluido" (5), documento de incalculable valor histórico que, conservara el Dr. José María Quiroga quien, como veremos después, tuvo a su cargo la conservación y propagación de la vacuna a principios de la República por muchos años; labor que desempeño con singular devoción, habiendo sido el primer Director del Instituto de Vacuna, cuando éste se fundó en 1896. Este documento fue donado la biblioteca del Instituto, por el Dr. Quiroga en 1899.

Según consta en el libro de actas, la instalación de la Junta se realizó el día 1 de julio de 1806. constituían los siguientes miembros Presidente, el Virrey Avilés, Copresidente el Arzobispo, Vicepresidente el Oidor de la Real Audiencia, Manuel García del Plata. El Alcalde era el primer voto y el resto de los miembros: El Regidor, Antonio Elizalde, el Síndico Procurador General; como individuo del Cabildo, Pedro Gutiérrez de Cos, el Canónigo Doctoral, como individuo eclesiástico, el Brigadier Marqués de la Montemira como individuo militar, el Dr. Antonio Chacón, como inidividuo de la Real Audiencia, el Dr. Juan Antonio Iglesias, como Rector del Sagrario, el Marqués de la Celada de la Fuente Francisco Moreyra, como particular Antonio Alvarez del Villar y Matías Larreta, como secretarios y los Dres. médicos: Pedro Belomo y Manuel Dávalos como Consultores, (sic).

Como vemos, por la composición de la junta, en ella estaban representadas las más altas autoridades tanto civiles como militares y eclesiás-ticas, lo que indica la importancia que le dio a la conservación y propaga-ción del fluido vacunal, el Virreynato del Perú, lo que es explicable ya que era una orden Real y, por la impor-tancia que debería haber tenido el problema de la viruela en todo su te-rritorio (actuales países de Grupo Andino) y que, por muchos años con-tinuó teniendo, hasta que se erradicó dicha enfermedad en la década de 1950.

A la primera sesión, asistió Salvany el día 3 de setiembre de 1806, quien posteriormente, el 19 de Octu-bre durante la segunda sesión, hizo entrega de la vacuna que trajera, oficialmente, desde España. La responsabilidad técnica de la conservación del fluido se encomendó a los médi-cos Consultores, Dres. Belomo y Dávalos.

En esta misma sesión se acordó constituir lo que se llamó las "Juntas Subalternas" en las capitales de las In-tendencias siguientes: Tarma, Huancabamba, Puno, Guayaquil, Trujillo, Huamanga y Arequipa. Por gentileza del Dr. Luis Gonzales Mugaburu quien lo encontrara en una biblioteca en Buenos Aires Argenti-na, tenemos la copia de un expedien-te relativo a la instalación de la junta Subalterna de Puno correspondiente al periodo 1817-18 (6).

La lectura de este documento revela que en este caso, la tradición de las autoridades coloniales de de-cir, al llegar alguna ordenanza de la metrópoli o autoridades centrales: "se acata pero no se cumple", como lo veremos a continuación.

Se inicia el expediente con un oficio del Virrey Joaquín de la Pezuela, fechado en Lima el 1 de diciem-bre de 1817 dirigido al Gobernador Intendente de la Provincia solicitán-dole información sobre la marcha de la Junta Subalterna en dicha circuns-cripción ya que había habido descuido de las juntas en la conservación y propagación del fluido y que era ne-cesario reparar dicha falta en caso de haberse perdido, proponiendo lo ne-cesario para superar los problemas.

Al revisar toda la documenta-ción, podemos observar como ésta pa-saba por distintas instancias que tra-tan de justificar el hecho de no ha-berse instalado nunca la junta, tal como sucedería; posiblemente, hoy día.

En efecto, el Gobernador pasa el oficio del Virrey al Ayuntamiento y éste a su vez al médico titular Dr. José Morel, el que en un extenso informe, manifiesta que no pudo conservar permanentemente el fluido, por no habérsele asignado los recur-sos necesarios para su remuneración así como para el transporte de la va-cuna. Dice que él recibió en 1805 una cantidad limitada de fluido con el que consiguió la propagación en la capital y en el partido de Carabaya, por espacio de tres años, hasta que llegó Salvany y que una vez que esté se retiró, en Junta celebrada con el Gobernador, en 1808 se acordó que él continuara en la conservación, bajo las indispensables condiciones que satisfieran su trabajo con cincuenta pesos mensuales y bajo su responsabi-lidad, en caso que se produjera el ex-terminio del fluido; pero como esas disposiciones no merecieron la apro-bación de la Superioridad del Reyno ni se señalase el Ramo que debería reconocer la remuneración de su tra-bajo y costeara la conducción del flui-do a otras ciudades, a pesar de su esmero y por las razones dadas este interesante "negocio" se exterminó.

Continúa en su informe el Dr. Morel, diciendo que por temporadas se ha dedicado siempre a propagar la vacuna que le era suministrada en vidrios de Arequipa y de Lima, sin-tiéndose sus buenos efectos.

El Ayuntamiento envió el infor-me del Dr. Morel al Gobernador el que a su vez lo remitió al Ministerio de Hacienda a fin de que este emita su opinión sobre la falta de recursos a que alude el facultativo.

El Ministerio de Hacienda res-pondió diciendo que en 1806 se en-tregó por orden del Gobierno 600 pesos al Visor de San Juan de Dios, Fray Pedro Bejar, al Dr. José Morel y al Dr. Francisco Alvarez que eran los facultativos comisionados para la ino-culación a 200 pesos cada uno; y en 1808, 500 pesos al Dr. José Salvany, Comisionado del Rey con 206 para auxilio de su marcha y dependientes, además 500 pesos que recibió de sus sueldos.

Este informe fue enviado al Vi-rrey quien, a su vez ordenó, al Cabil-do de Puno por oficio del 20 de fe-brero de 1818, que se instale la Junta de inmediato y se disponga de los recursos necesários para el pago de los médicos encargados de la propa-gación, a razón de 50 pesos a cada uno y, que la Junta Central enviara las instrucciones necesarias y "el pus"

Además el Virrey, transcribe al Gobernador un oficio en el que la Junta de Chancay da cuenta de su instalación como una forma de esti-mular la Junta Subalterna de Puno.

Finalmente, parecería que se instaló la junta pero esta no disponía de los recursos para el pago de los vacunadores, así, podemos ver que ya desde aquella época la falta de financiación para programas de salud siempre ha sido el principal obstáculo para que estos se cumplan a cabalidad.

Prosiguiendo con nuestras obser-vaciones sobre lo que dice el Libro de la Junta Conservadora de la Vacu-na de Lima es interesante anotar que, siendo la organización religiosa la más eficiente para llegar al pueblo, sobre todo la población nativa, se solicitará la cooperación de los Párrocos, para la mejor propagación de la vacuna, hecho al que se hace referencia en numerosas actas de la junta.

Posteriormente, en la sesión del 21 de enero de 1807, se acordó constituir una "Junta Subalterna" en Chile (Chile actual).

La Junta, solicitó con frecuencia la colaboración de los Alcaldes de Barrio en Lima, para que conduzcan las personas a vacunarse, en la Casa en que se encontraban los niños en los que se conservaba la vacuna. Es importante observar como se conti-nuaba utilizando a los niños (posiblemente huérfanos) con esta finalidad.

La lectura de las actas asentadas en el libro revela la minuciosidad con que se seguía la conservación y pro-pagación del fluido vacunal. Los médicos Consultores, presentaban una relación de los vacunados, en cada una de las sesiones, así como un in-forme del estado de la vacuna y tam-bién se revisaba los pedidos de las "Juntas Subalternas".

Un hecho interesante que debe-mos anotar es que como la asigna-ción de recursos económicos para la conservación y difusión de la vacuna, fue limitada, esta se financió, muchas veces, sobre todo en las poblaciones indígenas, con el producto del tribu-to que cobraban los españoles a las comunidades nativas, para la atención de su salud; así como con lo que se recaudaba de las limosnas de los tem-plos.

Siempre se utilizó el tratado de Moreau de la Sarthe, traducido por Balmis, como guía para todos aque-llos que practicaban la vacunación. Salvany, trajo al Perú, algunos ejem-plares de dicho documento, que se agotaron pronto, motivo por el cual la junta acordó, ante el pedido de varias "Juntas Subalternas", reeditarlo labor que no se pudo ejecutar por la falta de recursos ya que se requería 1000 pesos, cantidad de dinero de la que no disponía el Cabildo. Para obviar esta dificultad se acordó imprimir el pequeño libro que había resumido Balmis, al que se agregó los capítulos que consideraron necesarios los médicos Consultores de la Junta (Devoti y Dávalos). El Alcalde se en-cargó de la financiación de la impresión la que, finalmente, se hizo distribuyéndose a las "Juntas Subal-ternas".

Se observaba, ya en esa época, la preocupación de la propagación de la viruela, a través de los viajes en barco y se recomendó la vacunación de los viajeros y los tripulantes que navega-ban entre los puertos del litoral.

Como vemos, la Junta funcionó, activa y regularmente, en particular durante el Virreynato del Virrey Abascal que tanto se preocupó por los problemas de salud de la pobla-ción pues durante su gobierno se creó el Anfiteatro Anatómico y, el Real Colegio de Medicina de San Fernan-do, precursor de la Facultad de Medicina e la Universidad Mayor de San Marcos.

Por razones no especificadas en el libro, la junta dejó de funcionar desde 1 de Marzo de 1814, hasta el 6 de Marzo de 1817. Suponemos que debe

haber decaído el interés en la conservación y difusión de la vacu-na al dejar de ser Virrey, Abascal su principal propulsor.

El Dr. Belomo que como hemos visto fue el primero en reprodu-cir la vacuna en Lima, motivo por el cual fue nombrado Consultor de la Junta por el Virrey Avilés, solicitó su retiro debido a su mal estado de sa-lud y recomendó que lo reemplazara el Dr. Felix Devoti, según consta en el acta del 13 de Enero de 1808.

A partir de 1817 se nota una menor actividad de la junta, posiblemente por no haber mayores proble-mas de viruela, confirmando el viejo adagio de que a una epidemia de vi-ruela le sigue una de vacunación y en el acta de la sesión del 21 de agosto de 1818 se leyó un oficio del Virrey, quejándose de la mala conser-vación de la vacuna por descuido de los médicos que habían entregado esa responsabilidad a sus discípulos y que la vacuna debilitada era la causa de la epidemia que se presentó aparentemente en Jauja y Huancavelica; motivo por el cual, los médicos se ofrecieron a ayudar para emergencia habiendo propuesto uno de ellos, Deboti, pagar el viaje de alguno de sus discípulos para ir a vacunar dichos lugares, enviando la vacuna mediante el procedimiento "brazo a brazo", recurso que no se utilizaba con frecuencia para remitirla a las "Juntas Subalternas", por su elevado costo.

Posteriormente a esta sesión en la reunión del 18 de febrero los médicos Consultores informaron sobre la buena conservacióndel fluido. Sin embargo, poco tiempo después, en la sesión del 17 de abril 1820, los mismos facultativos, informaron que el fluido había degenarado, hasta llegar a un "extremo fatal" motivo por el cual pidieron que se enviara a Lima vacuna de Arequipa, Cusco o Chile y, también se vio en esa oportunidad el ofrecimiento de un Sr. Rendon para conducir vacas con "granos", desde Nazca.

La ultima sesión de la figura en el libro que comentamos se realizó el 19 de mayo de 1820, ocasión en la que se reemplazó a varios de sus miembros por fallecimiento o enfermedad de los originales. En esa oportunidad, los médicos Consultores informaron que se había logrado nuevamente una buena vacuna que se enviara de Arequipa en vidrios.

Según Lastres, de acuerdo a la información que toma del "Almanaque y Guía de Forasteros para el año 1820", la Junta de Conservación y Propagación del benéfico fluido vacuno estaba constituida como sigue: Presidente el Excelentísimo Copresidente el Excelentísimo e Ilustrísimo Sr. Arzobispo; Vicepresidente: Sr. Don Francisco Xavier Moreno; Vocales; Sr. Alcalde; Sr. Regidor Decano; Sr. Procurador General del Ayuntamiento; Sr. Don Carlos Orbea; Sr. Don Joaquín Bonet; Sr. Don Pedro Juan Sanz; Sr. Dr. Don Miguel Tafur; Sr. Dr. Don Mariano Tagle; Dn. Martín Aramburú. Secretarios con voz y voto: Don Ignacio Medizabal; -Don Juan Bautista Valdeavellano. Médicos Consultores con voz y voto afirmativo: D.D. José Manuel Dávalos. D.D. Félix Devoti. Porteros: los del Ayuntamiento. Este dato estaría con-firmando lo que dice el acta de la última sesión de la Junta, con refe-rencia al reemplazo de varios de sus miembros a que hemos hecho mención arriba.

Posiblemente, a partir de esa fecha y con motivo de la llegada al Perú de la Expedición Libertadora de San Martín que, lógicamente centro toda la atención del gobierno virreynal en contrarrestar los esfuerzos revolucionarios, la Junta dejó de funcionar, ya que, estaba constituida por los principales representantes del gobier-no colonial.

Durante el lapso en el que fun-cionó la junta Conservadora de la Va-cuna (1806-1820), aparentemente, los brotes de viruela disminuyeron de una manera notable por lo menos en aquellas zonas del Virreynato en las que ésta estaba disponible y existían "Juntas Subalternas", sin que esto signifique que la enfermedad dejara de ser un problema de salud importante en las áreas rurales remotas en las que no existían centros comerciales o de explotación de recursos naturales que eran los que les interesaban a los co-lonizadores españoles.

Al aproximarse la Emancipación Política del Perú en 1821, la activi-dad vacunadora había disminuido, considerando Dávalos, que había de-crecido la potencia biológica del flui-do, hecho al que atribuyó la presen-cia de las epidemias que sufrió Lima alrededor de 1818 y que fueron des-critas por Valdés (7).

El Dr. Dávalos que, junto con el Dr. Belomo y posteriormente el Dr. Felix Deboti, actuara como Consul-tor de la Junta desde sus inicios y que fuera uno de los que más empe-ño demostraba en la conservación de la vacuna, falleció en 1821, siendo sustituido por el Dr. José Manuel Valdés.

Al llegar San Martín a Lima en 1821, aún perduraban los rezagos de la epidemia de 1818, motivo por el cual se dictó el 16 de febrero de 1822 un Decreto Supremo que establecía una serie de medidas encaminadas a intensificar la vacunación por medio de la organización eclesiástica, —que seguía siendo importante para este menester— y también la civil. Los Párrocos, los Gobernadores y demás autoridades civiles debían nombrar en sus distritos un facultativo que se dis-tinguiera por su patriotismo y filantropía con el título de "Inspector de Vacuna", para que ayudara a los Pá-rrocos en esta interesante comisión (8).

Se dispuso en dicho Decreto Su-premo que los "Comisarios de Ba-rrio de las ciudades donde los hubie-ra y los Tenientes Gobernadores en las demás, pasarán cada mes una rela-ción de los niños que estuvieran va-cunados al Presidente de la junta de Conservación y Propagación del Flui-do Vacunal en Lima y en los demás pueblos a sus respectivos Párrocos para que se obligue, sin demora, a las madres a presentar a sus hijos en los términos en que se haya prevenido".

Por el contenido de este Decre-to, en el que se hace mención a la Junta Conservadora, suponemos que ésta continuó funcionando después de 1820. Ignoramos su composición posterior y el dispositivo que la oficializó durante la transición entre el Virreynato y la República, pues no nos ha sido posible obtener actas o documentos en los que esto conste.

Según Lastres, el año 1825 sigue figu-rando Valdés como médico consul-tor con voz y voto informativo, en la "Guía de Forasteros" de los años 1829 y 1830 y ya no aparece consignado el personal de la Junta Conservadora del Fluido Vacuno (9).

De acuerdo a este mismo autor, el Decreto que comentamos surtió

efectos favorables al extremo de no haber entorpecido la viruela, las operaciones militares de la Campaña Emancipadora.

A pesar de esta afirmación, este mismo autor señala que "por el año 1823, los médicos se quejan de la carencia de vacuna y que no deja de amagar la viruela maligna y que pue-da sobrevenir una epidemia calamito-sa" e indica que en aquella ocasión, los profesores encargados de la vacu-na: Valdez y Devoti expresan que "aún no han podido lograr una vacuna legítima para proceder a sus operacio-nes" hechos que atribuyen a la emigración que ocacionó la entrada del ejército español a la ciudad.

En las ciudades de la Sierra, por donde marchó el Ejército Libertador, se llevó a cabo campañas de vacuna-ción con las dificultades inherentes a los malos caminos y a la lentitud de los correos portadores del virus.

De acuerdo a referencias de enfermedades en el Ejército del Libertador, la viruela, aparentemente, no tuvo mayor importancia frente a otros problemas tales como: la malaria, la verruga peruana, el tifus exantemático; entre otros, lo que se puede deducir a cerca de lo que Lastres dice con referencia a esta enfermedad cuando dice que había dejado de ser un grave problema sanitario entre 1820 y 1824.

Sin embargo, cada cierto tiempo se presentaban epidemias que obliga-ban al gobierno a legislar sobre vacu-nación. Entre los Decretos mas importantes, dados en esa época, pode-mos señalar los siguientes: 2 de mayo de 1825, 24 de octubre de 1826, 30 de junio de 1826 y, otros más que se dan por consejo de los Protomédicos Unanue y Tafur hasta 1830.

Según lo que dice el Prólogo del famoso libro de Moreau de la Sarthe reeditado en Ayacucho en 1831, las gestiones gubernativas estaban dirigidas en ese lapso de tiempo (1822--1830) a que el gobierno tomara la dirección de la vacunación por me-dio del Ministerio de Gobierno, las Municipalidades, el Cuerpo Médico y los Párrocos.

Vemos, pues, que las Municipa-lidades, a principios de la época republicana tuvieron una ingerencia im-portante en la vacunación.

La tarea fundamental la tenían los Párrocos y debido a sus funcio-nes especificas es fácil imaginarse que no dieran dedicación suficiente a esta labor lo que significo un retroceso.

Esta etapa se prolonga hasta el ano 1847, año en que se asigna por primera vez, personal específico para la practica de la vacunación. Es así que durante el gobierno de Ramón Castilla —quien fue Presidente del Perú dos veces durante el siglo XIX (1845--1851; 1855-1862)— se nombra a los primeros vacunadores y se legisla sobre vacunación en cada provincia.

Entre 1847 y 1859 se destaca la participación de la generación de Cayetano Heredia, Casimiro Ulloa y otros profesores que, desde el Colegio de la Independencia y, posterior-mente, de la Facultad de Medicina de San Fernando, muestran su preocu-pación a raíz de las severas epidemias que ocurrieron entonces y la poca eficacia de la vacuna que durante la transición entre la Colonia y la Repú-blica había sido descuidada por los acontecimientos políticos que como es lógico, embargaban la atención de los gobernantes.

En los años 1847, 1852, 1859 y 1872, ocurrieron nuevas epidemias y esto motivo el interés de los profeso-res arriba mencionados y del Presidente Ramón Castilla quien dio una ley fundamental nombrando vacunadores ambulantes en las distin-tas provincias. Por circular del 7 de diciembre del mismo año, el Gobier-no designó el número de vacunadores y marido que los prefectos los nom-brasen y les designasen la duración de su encargo.

De acuerdo a lo que refiere Lastres, durante los gobiernos de este

Presidente se dictó una serie de medi-das para la propagación del fluido vacuno y fueron los profesores men-cionados, los que legislaron y organizaron la forma de vacunación a soli-citud del gobernante, quien prestó oídos a sus opiniones técnicas y cuya mira era la "erradicación" de la enfer-medad (10).

Este periodo puede prolongarse hasta 1883, época en que se instala el

Servicio Municipal de Vacuna, que tan importantes servicios prestó al país durante muchos años.

Se dio alrededor de 19 disposi-ciones legales encaminadas a comba-tir la enfermedad y mejorar y preser-var el fluido vacuno entre las que se destaca el otorgamiento de premios a quien descubra la vacuna primitiva y el verdadero Cow Pox, así como los reglamentos de la Comisión de con-trol del fluido vacunal.

En la Gaceta de Lima órgano de la Sociedad Médica se encuentran una serie de datos relativos a la labor de prevención de la viruela, siendo Ulloa el abanderado de esta campaña.

Los miembros de la Sociedad Medica ofrecieron sus valiosos servi-cios, colocando un aviso en el diario "El Comercio", cada ocho días para ayudar en la labor preventiva.

Ulloa se quejaba de que todavía en 1857 no se hubiera dado una legislación apropiada para la propaga-ción de la vacuna ya que los curas eran los encargados de esta tarea en los pueblos y solamente existía uno que otro vacunador e incluso en la Capital no había mas que uno encargado de la conservación del fluido y de su envío a los departamentos. Dicho médico indica que no había información estadística y que reinaba el mayor desconcierto estando la va-cuna librada a su propia suerte y a la explotación de los charlatanes.

La República, no gozaba de una buena vacunación y existían nume-rosos pueblos tanto en la sierra, la costa y la selva que no la tenían y, según Ulloa el fluido había perdido

su eficacia preventiva. Por eso algu-nos profesores de la Facultad de Medicina se ocuparon de hacer expe-riencias para mantener la potencia biológica del fluido y alguno de ellos se ofreció a hacer un viaje al interior del país con el objeto de buscar la "primitiva vacuna" o el Cow Pox para reemplazar a la vacuna degenerada.

La Sociedad Médica acogió esta idea con entusiasmo e incluso propu-so traer la vacuna desde Europa, conservándola por la "vacunación brazo a brazo", como en la Época de Balmis y Salvany, idea que le pareció a Ulloa la mas racional aunque un tanto dispendiosa, por lo que consideró la conveniencia de otorgar un premio a quien descubra el verdadero Cow Pox en el Perú aunque señala que esto es difícil por ser una enfermedad rara en las vacas del país.

En esta época se pone en duda la eficacia de la vacuna para proteger, adecuadamente, contra la viruela de una manera definitiva ya que muchas personas que fueron vacunadas, contrajeron la enfermedad por lo que Ulloa señala que la protección que confiere este producto biológico abar-ca un determinado periodo de tiempo y que de acuerdo a las experien-cias en Europa durante las guerras napoleónicas, muchas personas vacu-nadas tuvieron la enfermedad que se les presentó en una forma benigna. Se consideraba por estas razones que la inmunidad conferida por la vacu-na, sólo abarcaba un periodo de doce años y que era necesario revacunar en el curso de la vida varias veces.

El hecho de haberse presentado casos de viruela durante las epidemias en personas recientemente vacunadas también sirvió para dudar de la efica-cia de la vacuna,pero según explica Ulloa, esto no era más que una mera coincidencia ya que las personas así vacunadas, ya estaban contagiadas y se encontraban en el periodo de incubación. Señalaba también, que el publico creía que la vacuna precipitaba la viruela por el recuerdo de la variolización que estaba prohibida ya desde la epidemia de 1802-1805.

El 10 de Julio de 1859, se re-unió una Comisión de profesores de la Facultad de Medicina para dictar las medidas adecuadas con el objeto de detener la epidemia. En ella se discutieron los siguientes puntos: ¿Cuáles son los medios mas eficaces para impedir los progresos de la vi-ruela? Es conveniente renovar la va-cuna que circula en el Perú? ¿Es o no conveniente proceder a una revacunación general y establecer para el porvenir la práctica de las revacunaciones? ¿Cuál es el plan de organización más conveniente para el servicio de la vacuna?

Respecto al primer punto, la Co-misión propuso aislar a los enfermos en un hospital especial. Con referen-cia al segundo acordó solicitar la renovación del fluido trayéndolo de Arequipa, ofrecer un premio a la persona que descubra el Cow Pox y traerlo de Europa de "brazo a brazo".

Sobre el cuarto punto o sea el plan de organización, se acordó adop-tar las siguientes medidas: 1) Dotar de cuatro vacunadores a la provincia de Lima y uno para todas las demás de la República que fueran personas idóneas y de preferencia médicos. 2) Establecer una Comisión Central de Vacuna en la Capital de la Repúbli-ca, presidida por el Prefecto y compuesta por el Alcalde y miembros del Cabildo, el Decano de la Facultad de Medicina y dos profesores de la misma. Después, se incrementó su número con dos jefes de sección del Ministerio de Gobierno. Establecer premios anuales de 1000, 500 y 200 soles, para los vacunadores que se hubiesen distinguido en el desempe-ño de sus funciones. Adoptar las si-guientes medidas: exhibición del cer-tificado de vacunación para todos los empleados públicos, estudiantes y miembros del ejercito. Además, la vacunación y revacunación en todos los establecimientos de Beneficencia.

Posteriormente, los profesores de la Facultad de Medicina, Ulloa, J. Ra-món de los Heros y Domingo Porras firmaron el dictamen de Reglamento de atribuciones de la junta.

Los objetivos específicos de la junta eran: 1) Confeccionar la esta-dísticas de todos los vacunados y re-mitirla cada mes; 2) Vigilar el cumpli-miento de los decretos y reglamentos; 3) Proponer y discutir las medidas más eficaces para la propagación de la vacuna; 4) Expedir un informe anual; 5) Distribuir los premios establecidos por decreto y; 5) seguir la marcha de las epidemias de viruela que sobre-vengan.

Los dispositivos establecidos en el dictamen de los profesores, fueron aprobados por el gobierno en su inte-gridad, el 14 de febrero de 1860.

Con las medidas tomadas, apa-rentemente, se detuvo la epidemia de una manera temporal ya que, nueva-mente hizo su aparición la viruela con bastante violencia en 1863.

Todos los informes de la época, coinciden en el debilitamiento de la potencia que había sufrido el fluido vacunal, motivo por el cual se crea-ron, los premios para el que obtuvie-ra, en el Perú, el Cow Pox. Destaca en esta campana Cayetano Heredia, entonces Decano de la Facultad de Medicina.

Con posterioridad se señalaron como epidemias de consideración las que ocurrieron en 1872, 1879 y 1885.

Si bien se sabe que, durante la guerra con Chile, hubo una epide-mia en Lima, no hay datos precisos sobre lo que aconteció con las tropas que combatían en el sur. Es de presu-mir que como consecuencia de la movilización de hombres reclutados en las localidades remotas del país, la viruela tuviera mayor significación en las ciudades, como Lima, en las que se hizo ostensible su aparición. Du-rante el conflicto bélico, el país no contaba, todavía, con una organiza-ción sanitaria de significación y en la

emergencia fue la Cruz Roja la que prestó los cuidados de asistencia médico sanitaria a los combatientes.

Es de señalar que durante la ocupación chilena de Lima fue el Dr. José María Quiroga el encargado de conservar el fluido vacunal, sin remuneración de ninguna clase.

Ya en esta época se conservaba el fluido vacunal en tubos capilares, cuando este procedía de niños de padres conocidos para evitar la inoculación de otras enfermedades y de la sífilis en particular.

El 10 de octubre de 1884 con la dación del Reglamento General de Sanidad recién se esboza lo que podría considerarse como la primera organización sanitaria a nivel nacional. Se creó la Junta Suprema de Sanidad y juntas Departamentales a las cuales se asignó la responsabilidad de la conservación y difusión del fluido vacunal.

Tal como se ha mencionado, an-teriormente, la conservación de la vacuna, durante la época Colonial, es-tuvo a cargo del Cabildo Metropolita-no y luego de la Municipalidad de Lima, al inicio de la República y, con esta finalidad, se estableció el Establo Vacunal a cargo del Dr. Quiroga y dos ayudantes.

Respecto al origen de la cepa vacunal que se utilizó, en toda esta época, no hay datos precisos y se menciona el envío de varios países de Europa y Argentina.

Siendo la viruela una enferme-dad endémica, especialmente en las áreas rurales de la sierra, al estable-cerse un mayor intercambio entre Lima y estas zonas se hizo más osten-sible su presencia en la capital.

Durante el gobierno de Cáceres, el 7 de febrero de 1887, se dio la ley que aprobó el Reglamento General de Sanidad Terrestre y Marítima con el propósito de prevenir las enferme-dades epidémicas que existían enton-ces, entre ellas la viruela. El cumpli-miento de las funciones de sanidad estaba encomendado a los Médicos Titulares que había en cada Departa-mento.

Si bien, a nivel mundial, se ob-tuvo la vacuna animal 70 años después del descubrimiento de Jeriner; en el Perú, esto aconteció recién en 1894, año en el que los Dres. Manuel C. Barrios y Andrés Pérez Roca, obtuvieron éxito en la vacunación de una ternera con una cepa procedente de Inglaterra.

En 1895, los Dres. José María Quiroga y Ricardo L. Flores obtienen igual éxito en el Establo Vacunal, momento desde el cual se empieza a utilizar este tipo de vacuna en el Perú.

El año 1896, el Establo Vacunal se transformó en Instituto Municipal de Vacuna y en 1902 el Ministerio de Fomento asignó en su presupuesto, una partida de 10 000 soles; con la cual, se creó dentro del mismo, el Instituto de Vacuna y Seroterapia, asumiendo así el gobierno central, por primera vez la responsabilidad de la preparación y difusión de la vacuna.

La ley de vacunación antiva-riálica obligatoria se dio recién en 1896, durante el segundo gobierno de Piérola.

El nuevo Instituto produjo va-cuna de muy buena calidad e incluso se exportó a Ecuador y Bolivia, ha-biéndose empleado en 1902, la cepa Cow Pox, importada del Instituto Pasteur de París.

Al fallecimiento del Dr. Quiroga, lo sustituyó el Dr. Ramón Ribeyro, quien trabajara a su lado como Jefe del Laboratorio del Instituto. El gobierno comisionó al Dr. Ribeyro para que estudiara en Paris, las técnicas de producción de vacunas y sueros que ya se empezaban a utilizar en la pre-vención y tratamiento de las enferme-dades infecciosas. El Dr. Ribeyro, mejoró la organización del Instituto dándole un nuevo Reglamento.

Al retiro del Dr. Ribeyro lo su-cedió el Dr. Roca y Boloña, que fue el primero en obtener el Cow Pox en el Perú, en 1916, con lo que consi-guió la primera cepa peruana, motivo por el que se le concedió el premio instituido por Cayetano Heredia, muchos años antes. Obtuvo el virus de vacas de la hacienda Muñoz, en las proximidades de Lima y la cepa se denomino, desde entonces, "Roca y Boloña", habiéndosele utilizado durante 38 años, en forma ininterrum-pida, con mejores resultados que las cepas importadas.

Con el correr del tiempo, en la década del 30, el Instituto de Vacuna y Seroterapia se transformó en Insti-tuto de Higiene, al cual se le asignó nuevas responsabilidades, además de la preparación de sueros y vacunas. Este hecho, añadido a la ausencia de brotes importantes de viruela, en el medio urbano y particularmente en Lima, hizo que se perdiera el interés primitivo en la vacuna antivariólica, a pesar de que la viruela nunca dejó de ser un problema en el medio rural y principalmente en la población campesina de los Departamentos menos desarrollados del norte y el sur del país. Las dificultades en el trans-porte de la vacuna, por la falta de vías de comunicación, su deficiente conservación, por la carencia de equi-pos de refrigeración en los lugares mas apartados, la ausencia de servi-cios de salud debidamente organizados y equipados fueron los proble-mas que por muchos años atentaron contra la erradicación de la enferme-dad en el Perú.

Es a partir de la década del 40 que en el país se empieza a organi-zar incipientemente los servicios lo-cales de salud; ya que, durante mu-chos años fuera de Lima y alguna de las ciudades mas grandes, solo se disponía de los Médicos Titulares, los Médicos Sanitarios, algún otro perso-nal profesional (Obstetrices) y los lla-mados Auxiliares Sanitarios que con-taban con una preparación muy rudi-mentaria o ninguna, muchas veces. Todos ellos dependían de la Dirección General de Salubridad del Mi-nisterio de Fomento que se fundara en 1902.

El Ministerio de Salud se esta-bleció a fines de la década del 30 y no disponía más que de algunos cen-tros asistenciales que desarrollaban programas de salud parciales, así como con de la antigua estructura de la Dirección General de Salubridad del Ministerio de Fomento que paso a formar parte de él y que probó siem-pre ser insuficiente para las necesida-des sanitarias del país.

Ya hemos indicado, al comienzo de este trabajo que por las razones expuestas, no se dispone de informa-ción estadística sobre mortalidad y morbilidad por viruela y otras enfer-medades infecciosas, a nivel nacional, sino a partir de los años 30 y que la que existe es incompleta por lo que no es posible tener una idea clara de la magnitud del problema que afec-taba fundamentalmente, a la pobla-ción rural. Sólo cuando se presenta-ba un brote importante en el medio urbano, cundía la alarma y, se procedía a organizar "campañas" de vacu-nación de carácter temporal.

En 1948 se produjo un brote importante en los Departamentos del Norte del país (Tumbes, Piura, Lamba-yeque y Cajarnarca), lo que motivó que el gobierno dictara un Decreto Supremo, declarando la emergencia sanitaria en dichos Departamentos y dispusiera la organización de una "campaña en gran escala". Hasta ese momento sólo se disponía de la vacuna antivariálica glicerinada, cuya ca-lidad no era de las mejores, motivo por el cual la labor fue dificultosa, más aún al añadirse a este hecho, la ausencia de servicios locales de salud debidamente organizados y la defi-ciencia en el transporte y conserva-ción de la vacuna especialmente en las áreas rurales.

De acuerdo a Antonio de la Fuente, en el periodo comprendido entre 1940 y 1955, hubo un total de 29 779 casos conocidos, según las estadísticas oficiales del Ministerio de Salud con una media anual de 1861, influenciada fuertemente, por cifras extremas de los brotes epidémicos, extremas de los brotes epidémicos, siendo la medicina intermedia correspondiente a 5 años, de 959 casos.

Es de tener en cuenta, que todos estos datos incompletos, pues la zona de denuncia del Ministerio de Salud, sólo comprendía el 40 %, aproximadamente de la población total del país.

A partir de 1940 se inició un periodo epidémico, que abarcó un total de 7979 casos notificados sien-do la media anual de 1992 con un máximo de 3143 en 1941, y un mínimo de 446 en 1940.

Este periodo fue seguido por otros cuatro años en los que la viruela tomó su característica endémica, habiéndose notificado en ese lapso, 1889 casos con una media de 472.

El brote epidémico de 1948 fue el más alto de los registrados en los 16 años analizados; ya que, en el quin-quenio 1948-1952 se registraron 19,600 casos, con una mediana de 3612, llegando la máxima del año 1948, a 7105 y la mínima a 1951 con 1218.

La Oficina Sanitaria Panameri-cana —hoy Organización Panamericana de la Salud y Rama Regional de la OMS— cuya labor fundamental y para la cual fue creada era el control de las enfermedades transmisibles, en parti-cular de aquellas sujetas al Reglamen-to Sanitario Internacional llamadas cuarentenables colaboró con los paí-ses, de manera preferente, en la apli-cación de las medidas encaminadas a controlar dichas dolencias que entor-pecían el comercio internacional, aunque con limitaciones, por los escasos recursos que disponía.

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Vacunadoras cantando el himno nacional al concluir un programa de adiestramiento en 1968


Solamente cuando el Dr. Fred L Soper —verdedero abanderado del discutido concepto de erradicación de las enfermedades transmisibles— fue elegido Director de la Oficina Sanita-ria Panamericana, estas actividades merecieron preferente atención y considerable impulso de parte de la Organización. Fue así que el Comité Ejecutivo aprobó un Plan de Erradi-cación de la Viruela para las Améri-cas en 1949, ratificado por la XII Conferencia Sanitaria Panamericana. Facilitó el interés de los países y en especial de los Estados Unidos para el desarrollo de este programa, la presentación de un brote epidémico (de viruela) provocado por un migrante mexicano en la ciudad de Nueva York, que produjo una verdadera comisión y pánico que obligó a las autoridades de salud a vacunar a siete millones de personas en un lapso de pocos días.

El objetivo más importante para alcanzar esta meta era la obtención de una vacuna antivariólica, resistente al calor, que pudiera ser utilizada con éxito en el medio rural en los países de América Latina.

Sobre la base de la experiencia que existía, del exitoso empleo de vacunas desecadas desde la Primera Guerra Mundial por los franceses —en sus colonias africanas y en las tropas negras que combatieron en dicho conflicto—, así como la preparada en el Instituto Pasteur de Indonesia, por el Dr. W. A. Collier —cuya utilización no se difundió suficientemente, al no haberse perfeccionado la técnica de su producción para reforzar su poten-cia y pureza— en 1948, la Oficina Sa-nitaria Panamericana, gracias al inte-rés del Dr. Soper, obtuvo del Comité de Coordinación de Ayuda Técnica de la Organización de Estados Americanos (OEA) 30 000 dólares para un proyecto de adiestramiento de personal en labores de vacunación y mejo-ramiento de los laboratorios de pre-paración de vacuna antivariólica en Latino América.

Con estos modestos recursos la Oficina solicitó al Servicio de Salud Pública de los Estados Unidos, que estudiase el perfeccionamiento de ese tipo de vacuna, libre de impurezas y mayor resistencia al calor que permitiera su utilización segura en las zonas tropicales remotas, sin necesidad de refrigeración, así como el desarro-llo de un sistema sencillo que permi-tiera su utilización en cualquier lugar del continente americano.

Los ensayos para la producción de la vacuna se realizaron en los laboratorios del Dr. W. G. Workman de los Institutos Nacionales de Salud Pública de los Estados Unidos y en los estados de Michigan, en Lansing y estuvieron a cargo de los Dres. J. T. Trip y W.J. Hornibrook así como el Sr. William Gebhard. Los resultados de estos estudios demos-traron que la vacuna, en el laborato-rio, mantenida a 37 grados centígra-dos durante 80 días, permanecía activa, tal como lo revelaron las pruebas en el conejo.

El Plan Continental de Erradi-cación de la Viruela, aprobado por la O.P.S. en 1949, se inició en el Perú, que se interesó vivamente en el pro-blema a raíz de la grave emergencia que acababa de pasar en los Departa-mentos del Norte.

Para ejecutar este plan, el Perú firmó en 1950, un Convenio con la O.P.S., uno de cuyos objetivos funda-mentales era la producción de vacu-na antivariólica desecada y el ensayo del primer lote producido en los laboratorios del Estado de Michigan y Bethesda, a los que nos hemos referido anteriormente. Con este propósi-to se seleccionaron los departamen-to de Piura y Tumbes, en la costa norte, por su clima cálido y en ellos se hizo el estudio comparativo de las vacunas glicerinada y desecada, pre-viamente al inicio de las actividades, cuyos resultados fueron satisfactorios de acuerdo al trabajo presentado por el Dr. Antonio de la Fuente, quien tuvo a su cargo en Programa y que fuera publicado en el N.o de la Revista: "Salud y Bienestar Social" del Ministerio de Salud, el año 1953.

 

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En campaña de vacunación por el río amazonas para contrarestrar la penetración de la viruela proveniente de Brasil

El Plan del Perú, con la colaboración de la O.P.S., tenía como obje-tivo vacunar el 80 % de la población como mínimo, con el propósito de erradicar la enfermedad en el lapso de cinco años. Tenía un carácter experimental en lo que al empleo de la vacuna liofilizada se refiere, ya que el país se prestaba por su extensa pobla-ción rural dispersa, con difíciles y deficientes vías de comunicación que hacían necesario disponer de una vacuna con suficiente potencia y es-tabilidad al calor que llegase a toda la población en buenas condiciones de conservación sin emplear la refrigeración.

Debido a que al iniciar el "pro-grama" de Salud eran de-ficientes y de escaza cobertura, este fue organizado para ser ejecutado de una manera vertical, dotado de per-sonal, debidamente capacitado, y pre-supuesto propios; así como, medios de movilidad, equipos y recursos suficien-tes como para hacer la vacunación "casa por casa". Al iniciarse las activi-dades, aún no se disponía de la vacu-na liofilizada en cantidades suficientes, motivo por el cual ésta era trans-portada al medio rural en depósitos térmicos con nieve carbónica y en de-terminados lugares estratégicos don-de no había energía eléctrica, se ins-taló refrigeradores a queroseno que eran transpotados a lomo de mula.

Además de la O.P.S, en el Pro-grama de Erradicación, participó UNICEF y se pudo disponer de re-cursos financieros locales suficientes con los aportes del Fondo Nacional de Salud y Bienestar Social, desafor-tunadamente hoy desaparecido, que fuera creado en aquella época, y que, proveía recursos económicos específi-cos para el Sector Salud.

Simultáneamente con este ensa-yo de campo y de acuerdo con el Convenio, se iniciaron las actividades de reorganización del laboratorio de producción de vacuna antivariólica liofilizada del Instituto Nacional de Salud la que se obtuvo finalmente en 1953; habiéndose comprobado su mejor calidad con referencia a la pro-ducida, experimentalmente en Lansing y Bethesda de acuerdo a las pruebas de campo y laboratorio con titulación en embrión de pollo a las que se te había sometido.

La Organización Mundial de la Salud desde 1948, se limitó a hacer ensayos de laboratorio en varios paí-ses de Europa, especialmente Inglate-rra y Dinamarca para mejorar este tipo de vacuna y probar las que se producían en el mundo sin decidirse a hacer un Programa Mundial de Erradicación, hasta 1966 y, por pre-siones de muchos países, especialmen-te Rusia, nuestro país y los Estados Unidos, tal como consta en el libro que se ha editado para conmemorar los 40 años de existencia de dicha Organización titutado: "Small Pox and its Eradication". También esta-bleció un laboratorio mundial de referencia: el Statens Serum Institute de Copenhague, Dinamarca.

La vacuna peruana fue remitida al mencionado laboratorio de referencia,

apta para su empleo,

pasando las rigurosas pruebas que allí se empleaba.

La potencia de nuestra vacuna era titulada en la membrana corioalantoidea de embrión de pollo y las técnicas utilizadas entonces se siguieron empleado en todo el mun-do hasta 1970, cuando el Programa

Mundial de Erradicación, ya había avanzado bastante.

En agosto de 1956, se realizó en Lima un Seminario de Vacunación Antivariólica, organizado por el go-bierno del Perú, con la colaboración de la O.P.S. al que concurrieron re-presentantes de: Argentina, Brasil, Estados Unidos, Perú, Uruguay y Ve-nezuela, así como el Dr. Douglas MacLean del Instituto Lister de Ingla-terra y la Dra. Else Krag Andersen del States Serum Institute de Copenhague del laboratorio referencial de la O.M.S.

Todos los trabajos y documen-tos del Seminario se publicaron en el Boletín de la O.P.S. de febrero de 1957, Volumen XLII.

Los equipos que se utilizó en el Perú para la preparación de la vacu-na liofilizada eran muy primitivos y tuvieron que adaptados localmente, aguzando el ingenio de los técni-cos nacionales. Se empleó un liofilizador de pequeñas dimen-siones, lo que limitaba la producción de vacuna en escala mayor. A pesar de ello, se produjo suficiente canti-dad para las necesidades del Progra-ma Nacional, y se exportó inclusive, a varios países vecinos que la solicita-ron.

El Programa de Erradicación de la Viruela en el Perú, terminó exitosamente, en 1957, habiéndose reinfectado el país en 1963 a raíz de la llegada de unos enfermos proceden-tes de Brasil, que ocasionaron brotes epidémicos en la Amazonía y unos pocos casos; en la ciudadde Lima, situación que fue controlada rápida-mente.

La producción de vacuna liofilizada se amplió con la provisión de equipos más adecuados durante el Programa Mundial obtenidos con recursos de la O.M.S y se llegó a enviar a distintos países del mundo, entre los que podemos mencionar: India, Pakistán, Brasil, Bolivia, Uru-guay, etc.

No podemos terminar este tra-bajo sin rendir nuestro tributo de agradecimiento y admiración a quie-nes hicieron realidad, en las Américas y en el Perú este gran logro de haber erradicado una enfermedad que fue el flagelo de la humanidad duran-te Siglos, con sus secuelas de enferme-dad, muerte e invalidez y deseamos mencionar entre éstos al Dr. Fred L. Soper, Director de la O.P.S., el Dr. Enrique Vllalobos Carranza, verda-dero artífice del Programa en nuestro país, al Dr. Antonio de la Fuente a quien le tocó dirigirlo y a todos aque-llos profesionales, modestos técnicos y trabajadores que con su esfuerzo, mística y dedicación hicieron posible este noble objetivo.

Si la labor del trabajador que atiende la salud individual, con abne-gada dedicación es de por si noble, la de los que entregan íntegramente su ejercicio profesional para atender esta necesidad en toda la población, es sublime y si bien es cierto que estos, los sanitaristas, en el desempeño de sus funciones no reciben, casi nunca la retribución económica material y fama que da la atención de un grupo de personas enfermas, que percibe el médico asistencial les queda una sa-tisfacción aún mucho mayor que es la de saber que han contribuido, aún cuando fuera modestamente a librar de la enfermedad, la muerte y la inva-lidez no a cientos sino a millones de personas, tal como ha sucedido con la erradicación de la Viruela.

 

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4. Minerva Peruana N.o 43. 1815: "Varios sujetos recibieron ayer por Correo la Vacuna".

5. "Libro de Actas Concerniente a la Expedición Filantrópica de la Vacuna y la Mejor Conservación y Propagación del Fluido", Lima, Perú (1806-1820).

6. "Expediente que trata sobre la Conservación y Propagación del Precioso Fluido Vacuno, tan en-cargada por su Majestad. Ante el Sr. Gobernador Intendente de la Provincia. Puno, Perú (1818).

7. Valdez José Manuel: "Memoria de las Enfermedades Epidémicas, Lima, Perú, 1827".

8. Gaceta del Gobierno de Lima. Tomos I y II, Buenos Aires, Ar-gentina 1850.

9. Guía de Forasteros, Lima, Perú, 1825.

10. Lastres Juan B: "Historia de la Viruela en el Perú". Salud y Bien-estar Social, Ministerio de Salud, Lima, Perú 1954.

11. De la Fuente Antonio: "Ensayo de la Vacuna Liofilizada en los departamentos de Piura y Tum-bes". Salud y Bienestar Social, Ministerio de Salud, Lima, Perú 1953.

12. Seminario de Vacunación Anti-variólica (celebrado en Lima, Perú. 20 al 25 de agosto de 1956). Boletín de la Oficina Sanitaria Pa-namericana. Febrero 1957.

13. R y J Fasquelle, Instituto de Pasteur de París: "La Vacuna Desecada en la Lucha contra la Viruela en los países cálidos". Boletin de la Oficina Sanitaria Panamericana, Noviembre 1949.