Revista Peruana de Epidemología - Vol. 9 Nº 1 Enero 1996

 


EL DOCTOR JOSÉ MANUEL DÁVALOS

Lastres Juan

 


Rev. Perú Epidemiol. 1996; 9 (1): 62-4


El doctor José Manuel Dávalos nació en Lima en 1758 cuando gobernaba el Perú el Virrey Conde de Superunda. Su padre Dn. Joaquín Dávalos lo matriculó en el seminario Conciliar de Santo Toribio, donde aprendió latín bajo la dirección de lo maestros Pedro Gil y Nicolás Corté (1). Del Seminario pasó a la Pontificia Universidad Agustiniana de San Ildefonso, donde cursó con provecho la Filosofía Escolástica con el profesor Fray Juan Antonio de Rivero graduándose de Bachiller en 1780. Dos años después alcanzó el grado de Maestro de Artes.

Muy joven aún se aparta de la carrera eclesiástica y sigue la de medicina, decidiéndose por la Cirugía, rama postergada del arte y a la que dedicaban su actividad los "pardos" Francisco de Rúa y Collazos, distinguido médico y abogado, le adoctrina en la Anatomía que se enseñaba en el Hospital de San Andrés, y luego pasa a practicar en los modestos Hospitales de entonces. Durante cinco años estudia teoría y práctica de la cirugía al lado de Cosme Bueno Aguirre, Moreno y Rúa. El aplicad estudiante sufre desde joven el impacto de las rigurosas normas sociales de la época, en que resistía una injusta diferencia de clases, disposiciones que databan de comienzos del siglo XVIII. Tales leyes eran una barrera infranqueable para las aspiraciones de inteligentes mulatos enaltecidos ya por magnífico Martín de Porres.

Pronto se da cuenta Dávalos del "vacío inmenso que le faltaba llenar para el desempeño a conciencia del difícil arte de curar", y por eso desea adquirir los conocimientos hipo-cráticos en el Viejo Mundo. Henchi-do de esperanzas marcha a Europa con el objeto de conseguir una sólida cultura médica. Aquel viaje era una empresa ardua, pues había que obte-ner un permiso especial de la Supe-rioridad y poseer una mediana fortu-na. Optó como areópago para sus ansias de saber, la vieja Facultad de Medicina de Montpellier, Mons pessulanus medieval, cuyas aulas escu-charon el verbo encendido de Amaldo de Vilanova y de Raimundo Lullio. Lleno su corazón de emociones en-contradas marcha a Europa el 27 de abril de 1784. Entre Montpellier y París distribuye su precioso tiempo, escuchando la docta palabra de los renovadores de Química, de la clíni-ca y la revolución terapéutica. Lavoisier, Chaptal o Fourcroy. Son años de gran conmoción social, en que Francia estremecía por los clari-nes de la revolución en ciernes, se prepara para la gran prueba social y los hombres de ciencia son los prime-ros en presentar batalla. Le será dado presenciar el cambio en la atención de los alienados operado por Pinel y la evolución sorprendente de la Quí-mica con el malogrado Lavoisier. Esta ciencia, con la Botánica, la Clínica y la Terapéutica, serán sus preferidas. Después de rendir brillantes exáme-nes obtiene la borla doctoral en la histórica universidad, presentando una interesante tesis en latín sobre las enfermedades reinantes en Lima, trabajo que mereció elogiosos comen-tarios en la prensa europea(2). Carga-do de saber y de diplomas debió re-gresar al Perú por los años 1788 ú 89, según apunta Polo. Por ese entonces a los estudios de Botánica alcanzaban hermoso auge gracias al éxito de las expediciones científicas que se habían enviado a América, Mutis para Co-lombia e Hipólito Ruiz y José Pavón al Perú y Chile. Fue opositor a la Cátedra de Botánica recién creada, pronunciando una erudita oración en 1795. Fue nombrado catedrático ad-honorem, preparando sendos progra-mas de curso, así como un magnífico Herbario, sin embargo, al poco tiem-po fue reemplazado por Tafalla, califi-cado por Herrera como mediocre. Cuando vaca la Cátedra de Método de medicina por muerte de Cosme Bueno en 1798, interviene en el con-curso siendo derrotado por Tafur. En 1809, al año de estar funcionando el Real Colegio de Medicina y Cirugía de San Fernando, es llamado por Unanue para ocupar la cátedra de ma-teria Médica, enseñanza que dictó hasta su muerte. El 16 de mayo de 1811 preside el grado de Bachiller de José Gordillo excelente colaborador de Dávalos, que después le remplazará en la docencia en 1816. Gordillo había venido en calidad de médico del Virrey Abascal y fue nombrado Cate-drático Substituto de Materia Médica con fecha 5 de junio de 1816, por ser "sujeto de conocida literatura y en quien concurren las calidades necesa-rias para el desempeño de dicha cathedra".

Los últimos años de su vida los pasa trabajando en la propagación de la vacuna. Tuvo oportunidad de firmar el día 15 de julio de 1821, el célebre documento en el Ayuntamiento de Lima en el que se declaraba la Inde-pendencia política del Perú, murien-do el 23 o 24 de octubre de ese año.

Su labor como epidemiólogo, al lado de Belomo, Devoti, Unanue y Tafur, es excelente. Llegado Salvany a Lima el 23 de mayo de 1806, le ayu-dan Belomo y Dávalos, colaborando en la juntas, preparando las Listas y las comunicaciones a provincias; así como los paquetes respectivos conte-niendo el fluido. Las sesiones de la junta se llevaban a efecto en las Casa Consistoriales, y convienen que la vacunación no se haga en la casa de niños expósitos, "sino se conservase y administrase al público en una casa particular destinada a este objeto". En la sesión del día 7 de octubre de 1806 celebrada por el Cabildo de Lima, se acepta la nominación de dos faculta-tivos: Dávalos y Belomo, con seiscien-tos pesos anuales cada uno. Estaban obligados a mantener a su costa a los jóvenes vacunados y dar las órdenes para la conservación del pus. Con Belomo absuelve una consulta del orden técnico que se les formula. "Enterado de la consulta que V. señoría hace a los infrascritos sobre varios puntos de la vacunación... nos ha parecido justos, juiciosos y arreglados por los medios que V. señoría propo-ne renueve al Excelentísimo ayunta-miento muchas dificultades, y perjuicios, pues no hay la menor duda que reasumiendo en una sola partida las cantidades que se deben convertir en muchas indefinidas e indeterminadas cantidades es más fácil la cuenta y razón de ellas, y así nos parece bien, y nos conformamos con lo que se le den al Doctor Pedro Belomo los ochocientos pesos dispuestos en la forma y disposición que V. señoría pro-pone, distribuyéndolos entre sueldos, conservación y propagación de la vacuna equivalentes a casa, camas, alimentos, gratificaciones, Sala de Junta en dicha casa, etcétera; y el Dr. José Dávalos por Idem, excepto la casa, seiscientos pesos en los que los facul-tativos quedan complacidos y el excelentísimo ayuntamiento beneficia-do en el numerario y claridad de cuen-ta, y razón como las extensamente V. señoría pueda hacerlo"(3). Suscribe y aplaude Dávalos que se le haga jus-ticia a Belomo, que "por su zelo y actividad", trajo este profiláctico y le somos deudores de "ocho mil vidas", sólo en la ciudad de Lima.

Cuando Salvany abandona Lima a principios de 1807, hace entrega formal del fluido a los Drs. Dávalos y Belomo. En su activa campaña con-tra la viruela, Dávalos trabaja tesoneramente y su voz informativa, es tomada en consideración en las diversas sesiones de la Junta. Se em-peña en obtener un buen grano y es sin duda en ésto un precursor, por-que fue el primero que tuvo la intui-ción de la degeneración o debilitación del poder biológico del fluido. Lo envía en una oportunidad a Puno y Arequipa, presenta sendas Listas de vacunados y hasta trabaja para ver si se obtiene el verdadero cow pox.

Es notable el informe que pre-senta a la junta de vacuna por el año de 1818 (4). Hace alusión a sus empe-ños en pro de la vacunación, trabajo que lo ejecuta desde 1806, "que tuve el honor de encargarme de esta bené-fica comisión hasta el día de la fecha he vacunado constantemente no sólo en las Salas del Excmo. Ayuntamien-to los días señalados, sino casi todos los de la semana por calles, plazas y suburbios y lugares más distantes, a fin de servir al público y conservar un don precioso que la munificencia de nuestro muy amado soberano en-tre tantos e indecibles que ha hecho y hace a estas sus Américas, éste se distingue con el epíteto verdaderamen-te paterno". Dávalos mantiene a sus expensas a cinco jóvenes y refiere que lo ha ayudado con toda eficiencia el Dr. Gordillo, "autorizado por este superior gobierno para mayor forma-lidad y respeto". Todavía el público persevera en la creencia que la vacuna "es un mal", y por eso han acudi-do pocos a las Casas Consistoriales del Cabildo, "en los días de tanda".

Se ha visto constreñido a recorrer los diversos cuarteles o barrios, "y no es-tando revestidos de ninguna autoridad pública ha sido preciso emplear la persuación, el ruego, y gratificar a las madres para que se presten al bien de sus hijo dejándolos vacunar". Todo ello le impele a recomendar a la junta que tome las debidas precau-ciones y haga la propaganda necesa-ria, para que el público concurra los días señalados a la Sala del Ayunta-miento, y "que expidiese orden a los alcaldes de barrio, para que congre-gasen algunos párvulos en sus respec-tivos quarteles". Piensa que la epide-mia de "Influenza" que ha sido tan severa ese año de 1818, puede muy bien justificar el deterioro que ha su-frido el fluido vacuno. Sin esa epide-mia funesta, "el pus existiría el día de hoy con la misma pureza, actividad y fuerza que lo ha conservado doce años consecutivos". Es cierto, añade "que las costras han costeado algunas tandas". Pero es evidente que el poder de la vacuna había disminuido y ya no se han producido resultados a los 8 días, sino a los 15, 20 o más días, "como aconteció en casa de un señor Ministro Conde de Vallehermoso que vacunada su niñita y dos criados seis veces sin prender el pus, éste tuvo efecto en uno de los párvulos domés-ticos a los seis meses, de cuyo grano está aún pendiente mucha parte de los vacunados al presente mes". Los granos ya no tenían los caracteres de la primitiva vacuna de 1806, y fue sin duda gran éxito el haber conservado la potencia del fluido durante doce años!. Hubo necesidad de costear expediciones a las Haciendas de Lomo-largo, Molina, Pariache, para mante-ner la fuerza del grano "y comunicarla de brazo a brazo en las tandas semana-les, abortando luego en la capital por la malignidad que la Influenza había introducido en sus hombres". Es pro-bable, piensa Dávalos, que en Jauja, Huamanga, Huancavelica o el Cuzco, exista el verdadero pus y sirva des-pués en Lima. "Con el mismo zelo he tenido cuidado de escribir a Europa

para tenerlo siempre de reserva, co-nociendo ¾como naturalista que es¾- que en calidad de producto exótico podría al fin degenerar". Añade que el grano está expuesto a muchas cau-sas que desordenen sus funciones e impidan su normal desarrollo. Unas son mecánicas, como el rascado, "un golpe de mano lo hace desaparecer entre las uñas"; las segundas, natura-les, los cambios de estación, las enfer-medades intercurrentes, etc. "Quizá por algunas de las causas dichas, la Expedición real tuvo la desgraciada suerte de arribar a esta capital sin el precioso fluido como consta del acta estampada en los libros de este Excmo. Ayuntamiento; de modo que si los esmeros del finado Dr. Pedro Belomo no hubieran de antemano logrado la operación en Cecilio Cortéz, la expe-dición hubiera malogrado su comisión y el público se hallaría privado de este beneficio". Estas frases de Dávalos, indicarían que el virus que llegó por la vía Buenos Aires en 1805, tenía más potencia; aunque no creo que el que trajo Salvany estaba totalmente perdi-do, ya que él había obtenido una buena vacunación en todos los lugares del norte del Continente. Es pro-bable que se hubiera debilitado su potencia al paso de la línea ecuatorial.

Tiene Dávalos la creencia de que en Jauja se pueda haber obtenido un buen grano y es necesario hacerlo conducir a Lima de "brazo a brazo y a todo costo". Agrega que el día 15 de septiembre vacunó en su casa a 30 jóvenes con los granos del párvulo Francisco Prieto, "que a su costa hizo conducir de la villa de Jauxa". La labor preventiva de este insigne lu-chador llega hasta el postrer día de su vida, pues se hace sentir con voz y voto informativo ante la junta Propagadora del Fluido Vacuno (5).

Perteneció Dávalos a la genera-ción que vino a la vida a mediados del siglo XVIII y de la que fueron portaestandartes Unanue Tafur, Rodríguez de Mendoza, Figuerola y Estrada, Valdés y otros prohombres que luego se distinguieron por sus luces. El nacimiento de estas genera-ciones precede, como escribe Petersen (6), a la "coetaneidad de la existencia, pero el ritmo y su dinámica se debe al azar de la naturaleza". Estos hom-bres hablan con un estilo que es el de la ilustración; son seguidores en cier-to modo de Rousseau. Teniendo como base la Universidad renovada, se conmueven ante el triunfo del es-píritu, "el ritmo vibrante de la vida y el tiempo de la nueva edad", avizoran-do un nuevo horizonte, una nueva onda de vida en donde aparece la aurora de la libertad. (pp-145/51).


BIBLIOGRAFÍA

1. PATRON, PABLO- El Dr. José Manuel Dávalos. La Crón. Méd. Lima, abril 30 de 1885.

2. POLO JT: El Dr. Dn. José Ma-nuel Dávalos. La Crón. Méd. Lima, mayo 31 de 1885. Año II. N.º 17.

3. Oficio de los Drs. Dávalos y Belomo resolviendo una consulta. Docu-mento "Bacuna", N.º 31.

4. Informe que dio el Dr. Dávalos a la Junta Central sobre el estado actual de la vacuna. Gaceta de Gobierno N.º 59. Lima, Sábado 26 de sept. de 1818.

5. Almanaque peruano y Guía de Forasteros. Lima, 1820.

6. PETERSEN, JULIUS: Las gene-raciones literarias (En la obra de ERMATINGER: Filosofía de la ciencia literaria. México, 1946).