Revista Peruana de Epidemiología - Vol. 5 N.º1 Marzo de 1992

 

DÍA DEL EPIDEMIOLOGO 20 DE SETIEMBRE DE 1991 DISCURSO DE ORDEN: PRESIDENTE JOSÉ NEYRA RAMIREZ

 

Hace 15 años merced a los esfuerzos y el interés desplegado por el entonces Director Superior de Salud, Dr. Joaquín Roberto Cornejo Ubillus a quien la Sociedad Peruana de Epidemiología ha rendido merecido homenaje de reconocimiento, se creó la Semana de la Epidemiología y dentro de ella, el Día del Epidemiólogo como tributo al trabajo que realizan esos especialistas en provecho de la salud del país.

Y decimos bien de la salud del país, es decir de la comunidad. Pasaron los tiempos en que la Epidemiología era la ciencia que estudiaba las epidemias. La epidemiología tiene que ver con todo lo que afecta o incide en la masa, en la colectividad y por eso la labor del epidemiólogo a la par que importante pasa a menudo desapercibida para el gran público a quien solamente le pueden interesar hechos individuales de trascendencia como un transplante renal o uno cardíaco. Mientras que la prevención y el control del dengue o del cólera o de la peste no son objeto de un gran despliegue publicitario.

Pero ese especialista, ese hombre de campo, de sierra, de selva; ese hombre que trepa las cordilleras en pos del tifus como diría el maestro Pesce o ingresa a la selva en busca de la fiebre amarilla y tiene que vadear ríos o atravesar pantanos, ese hombre decía, está siendo cada vez más raro. Me refiero al verdadero epidemiólogo, el de la mística, el sacrificado. Y por que una de las razones es la pésima retribución económica y otra es la tendencia a dejarlo atrás en la resolución de los grandes problemas de salud del país, cuando en Salud no se puede hacer nada sin una base epidemiológica.

De manera que para los que subsistimos, la tarea es múltiple: tratar de encontrar adecuado nivel para los epidemiólogos tanto en lo remunerativo como en su jerarquía científica y por otro lado incentivar la formación de más cantidad y calidad de epidemiólogos.

Para atraer a los profesionales al campo de la epidemiología hay que brindarles incentivos. La epidemiología vista de lejos pareciera que es solamente una rama de la medicina que se ocupa del análisis y descripciones de cuadros estadísticos y del manejo de programas de control de enfermedades cuando en realidad estudia la salud y sus factores condicionantes, el control del medio ambiente, el factor de riesgo, la etiología, la evaluación de los programas, servicios y tecnología que se aplica, la vigilancia epidemiológica y la repercusión de todos estos elementos en la situación de salud de un país. Todo ello con fines evidentemente, de prevención. Ya se ha dicho y debo insistir: para ser un buen epidemiólogo debe haberse sido previamente un buen clínico e inversamente un buen clínico solamente será aquel que tenga base, conocimientos y aficiones epidemiológicas.

0 sea, que un atractivo para los futuros epidemiólogos debe ser este conocimiento de la amplitud de está rama y por tanto para formarlos debemos comenzar por efectuar cambios en los programas de capacitación de los estudiantes, con educación módica brindada en los servicios de salud tal como lo propugna el PRONIDAS y además formando profesionales con los objetivos que demanda la salud pública del país.

Propugnamos en estás palabras la formación de epidemiólogos que tanta falta nos hacen. Al parecer ya no hay esa formación en la Escuela Nacional de Salud Pública y en realidad creemos que debería ser un programa de formación bastante completo en un postgrado tipo residencia en la que el residente de Epidemiología ejecutaría o tendría funciones de servicio, de investigación de los problemas de salud del país, de docencia a los estudiantes de medicina y de administración de servicios. El plan de estudios podría ser como en las otras especialidades de tres años en los que se impartiría enseñanza sobre conocimientos generales, el estudio de los riesgos y el diagnóstico de salud en una comunidad para terminar con una integración a los servicios de salud tal como sucede en Cuba donde el programa de formación de epidemiólogos es muy racional.

Nos compete como Sociedad especializada reclamar la formación de este personal idóneo que el país necesita con urgencia acabando así con la improvisación que conduce a una pésima administración sanitaria y el descalabro de la situación de salud.