Enfermedades del Torax.     Vol. 44 •  Nº 2 •  2001

 
EDITORIAL

 
Los Corticoides en los Procesos Inflamatorios de las Vías Respiratorias


La utilización clínica de corticoides para tratar enfermedades inmunológicas ha sido uno de los grandes avances farmacológicos del siglo XX. Muchos pacientes le deben la vida y bienestar a estos fármacos. La historia marca el inicio de los estudios al año 1855, cuando Addison da ha conocer la significación de las suprarrenales al describir un síndrome clínico resultante de la destrucción de las glándulas suprarrenales. En la tercera década del siglo XX se llega a la conclusión de que es la corteza y no la médula la productora de hormonas adrenocorticales y que son dos tipos de hormonas: una que regula la homeostasis de electrolitos (mineralocorticoides) y otras que interviene en el metabolismo de los hidratos de carbono (glucocorticoides). En 1942 se aísla, cristaliza y dilucida la estructura de 28 esteroides de la corteza suprarrenal. Cinco de estos compuestos resultaron biológicamente activos: Cortisol (hidrocortisona), cortisona, corticosterona, 11-dehidrocorticosterona y 11-desoxicorticosterona. En 1949 se usa la cortisona en artritis reumatoidea aguda con excelentes resultados. Afortunadamente se usó una dosis adecuada y los resultados fueron espectaculares. Esto mereció el Premio Nobel de Medicina conjuntamente para Kendall, Reichstein y Hench. En la década del 50 se estimuló una ola de investigación básica de la cortisona, introduciéndose casi todos los análogos sintéticos del cortisol que se usan actualmente, favoreciendo su uso económico.

Estos análogos sintéticos se diferencian entre sí por su potencia antiinflamatoria relativa, potencia relativa en la retención de sodio, duración de la acción, vías de administración. Actualmente se comercializan en nuestro país: Hidrocortisona, Prednisona, Prednisolona, Triancinolona, Betametasona, Dexametasona, Beclometasona, Budesonida, Fluticasona, Flunisolida, Deflazacort, Mometasona y otros de uso dermatológico.

El uso de estos corticoides sistémicos para el tratamiento del asma modificó la perspectiva de los pacientes, mejorando su calidad de vida y disminuyendo su mortalidad. Pero las complicaciones asociadas a su administración prolongada y en dosis altas, son bien conocidas por sus efectos tóxicos lentamente acumulativos sobre muchos tejidos. Los tratamientos no bien reglados crearon entre algunos profesionales de la salud y la comunidad un rechazo a su uso, aduciendo que eran medicamentos de "doble filo". Cosa, que por supuesto es una medida a medias. "Hasta el agua mata". No es que el producto cause daño sino lo mal que se emplea. Un corticoide bien administrado y por corto tiempo salva vidas.

A fines de la década de los 60 en Europa se inicia la terapia inhalatoria con corticoides y en 1977 es introducida en EE.UU. La ventaja de este sistema es que la cantidad de glucocorticoides necesaria se mide en microgramos inhalados que llegan directamente a la mucosa del aparato respiratorio (Asma-Rinitis-SOB-EPOC) alcanzando el efecto clínico deseado y mejorando el perfil de seguridad de esta clase de fármacos. Sin embargo, aquí también se pueden manifestar efectos sistémicos deletéreos cuando se usan en dosis altas causando la inhibición del eje hipotálamo-hipofiso-adrenal. Volvemos a lo anterior; no es el medicamento el que causa daño si no el mal uso que se le da. La relación entre dosis de un fármaco administrado a un paciente y su utilidad para el tratamiento de la enfermedad de éste se describe en dos áreas básicas de la farmacología: farmacocinética y farmacodinamia. Operativamente, estos términos pueden ser definidos como lo que el organismo hace al fármaco (farmacocinética) y lo que el fármaco hace al organismo (farmacodinamia).

Los efectos adversos de la terapia inhalatoria son menores y los médicos no deben dejar de reconocer los muchos beneficios que su uso reporta. Entre estos efectos adversos los más frecuentes son la Candidiasis oral y ronquera. Estas complicaciones disminuyen cuando el agente se administra con aerocámara y si luego de la aplicación se enjuaga la boca con agua. En estudios comparativos de pacientes asmáticos moderados y severos se ha comprobado que los corticoides inhalados son superiores que la teofilina, el nedocromil y el cromoglicato para prevenir las crisis de asma.

En resumen los corticoides inhalatorios parecen ser relativamente seguros y los beneficios que brindan superan ampliamente los riesgos. Nos encontramos a 52 años de la primera utilización de los corticoides. Los grandes avances de la farmacología nos pueden deparar en un futuro cercano una corticoterapia exenta de efectos potencialmente fatales o el tratamiento genético de las enfermedades inmunológicas.



Dr. Alfredo Sillau Gilone