La Crónica Médica: Junio 30 de 1884

 

Hospicio de Insanos

Memoria del médico en Jefe

Sr. Inspector del Hospicio de Insanos

S. I.

La memoria del Sr. Director de Beneficencia, que acaba de ver luz pública, consigna entre sus anexos la Estadística del movimiento del Hospicio, del año que ha terminado, siendo sus cifras un poco más o menos las mismas de los cinco últimos años y expresando, por consiguiente, los mismos resultados en cuanto al estado y marcha de nuestro asilo de insanos. 

En efecto, por esta última estadística, como por todas las demás, estudiando sus guarismos se viene en conocimiento del aumento creciente, que anualmente tiene el numero de enajenados que ingresan al Hospicio, la proporción igualmente creciente de los que por la incurabilidad de su enajenación, están destinados a permanecer en el Manicomio, y la cifra casi constante de las bajas en su población, por curación, alivio o muerte; de todas las cuales, un estudio detenido deja comprender cuales pueden ser y cuales son las necesidades del régimen medico, disciplina y administración del establecimiento, y cuales los defectos ó vacíos que existen, á fin de determinar el mejor medio de removerlos ó remediarlos.

De la cifra de entradas aparece que, a pesar de las restricciones impuestas á las admisiones, por la penuria de los recursos destinados al sostenimiento del Manicomio, esas entradas han sido casi las mismas, acentuándose así ese aumento creciente de los casos de enajenación, que con justicia están causando serias alarmas en todos los países civilizados, por el peligro que este fenómeno ofrece al porvenir de su población y á la suerte de las sociedades.

Entre nosotros, desde la fundación de las actuales Loquerias, el aumento de que me ocupo, ha revestido las mas serias proporciones, si bien él pudo explicarse al principio por otras causas que por el aumento real de las insanias.

Sabido es, señor inspector, que trocada tan ventajosamente la condición de los enajenados, con la instalación del actual Manicomio, se solicitó un lugar en él para muchos enajenados que eran asistidos antes en sus domicilios, trayéndose a muchos, no solo de las republicas vecinas, sino aún de otras mas apartadas.

Además de esto, la mejora en el trato y asistencia de los infortunados insanos, si bien ha producido un considerable aumento en las salidas por curación o alivio, ha prolongado la vida y con ella la permanencia en el hospicio de los incurables, aumentando así cada día su población fija. De este modo ha sido como el manicomio, destinado para la asistencia de solo 150 enajenados, ha llegado á dar asilo hasta el doble de ese número, haciéndose a veces insuficiente su local, para recibir otros mas, no obstante los numerosos ensanches que se han efectuado.

Estos ensanches, que ocasionaron y están destinados a ocasionar no pequeños gastos, son sin embargo tanto mas deficientes, cuanto que el Manicomio, desde su origen, no tuvo ni pudo tener la extensión y distribución necesarias ara su destino.

No construido él expresamente para su objeto, sino apropiado á él únicamente, la casa quinta que le sirvió de base, ni para su situación, ni por sus demás accidentes, ofrecía todas las condiciones adecuadas para un hospicio de insanos. Cierto es que, en su plan de apropiación se aprovecharon todas las circunstancias favorables que el edificio ofreció, como ningún otro, tal vez, de su género, en vista sobre todo de los pequeños fondos destinados a su reconstrucción, pero no es lo ménos que quedó mucho por desear a la ciencia, lo que una dolorosa experiencia ha venido á confirmar.

Desde luego, su situación no obstante la ventajosa idea que de ella pudo tenerse por la facultad de medicina y Sociedad de Beneficencia en 1857, la experiencia ha venido a confirmar los temores que se abrigaban de los peligros que pudiera ofrecer su proximidad á tantas casas huertas que la rodean, y su inmediación a extramuros, lugares por donde corren acequias numerosas, causa de constantes aniegos y focos, por consiguiente de miasmas pulúdicos.

A esta causa y á la existencia misma de la huerta del departamento de hombres, las ventanas de cuyos dormitorios se abren sobre dicha huerta, debe atribuirse la existencia casi constante de fiebres intermitentes, que casi en todos los cambios de estación atacan no solo a la mayoría de los insanos de uno y otro sexo, sino también a las personas encargadas de su asistencia, dando lugar anualmente á algunos casos de intermitentes perniciosas, de funesta terminación.

La distribución que ese mismo local permitió hacer, para apropiarlo al asilo y á la asistencia de los insanos, no pudo ser tampoco bastante satisfactoria, porque no pudo establecerse la conveniente separación de los departamentos ó cuarteles, destinados á cada clase de enajenados, y las celdas destinadas a los furiosos, no pudieron tener tampoco las condiciones higiénicas indispensables. 

Construidas en una especie de pasadizo, ellas no pudieron tener la luz ni ventilación necesarias, y pasando por medio de ellas el canal de desagüe de los dormitorios, su humedad agregada a las circunstancias anteriores, es causa también de que la residencia de los insanos en dichas celdas les ocasione graves enfermedades.

De esta desventajosa distribución del local, resulta también que no haya sido posible restablecer el aislamiento o separación de cada clase de enajenados, que requiere el buen régimen médico de todo asilo de insanos, y que en nuestro actual manicomio, se encuentren desgraciadamente confundidos, en especial durante el día, los insanos de todo género, lo que es un grave inconveniente para su cuidado y asistencia.

Felizmente los esfuerzos de la Sociedad de Beneficiencia, secundando la iniciativa mía y de los señores Inspectores que con tanto celo han desempeñado su filantrópico cargo, han remediado en parte todos estos inconvenientes, por la agregación que sucesivamente se ha ido haciendo de terrenos inmediatos al hospicio, que han permitido establecer nuevos cuarteles y dormitorios, y preparar un proyecto más vasto todavía de ensanche del local, cuyo terreno adquirió la beneficencia, pero cuyas proyectadas construcciones, que remediaran casi el resto de los defectos prenotados no ha permitido llevar a cabo el angustioso estado económico de la Sociedad de Beneficencia.

El presupuesto de las obras proyectadas y el de las que habría que hacer por la supresión de la huerta del departamento de hombres, supresión que es de una imperiosa necesidad para mejorar las condiciones higiénicas del Hospicio, no bajaría a mi juicio de quince a veinte mil soles de plata, y tal gasto sugiere la reflexión, de si convendra mejor destinar esa suma a la construcción de otro Manicomio, en un local más conveniente construyéndolo conforme a las prescripciones de la ciencia en su estado actual, y cuya construcción reclama, por otra parte, el creciente aumento de los infortunados que demandan la asistencia en las actuales Loquerías.

A pesar de todas estas desfavorables condiciones, la estadística a que me refiero en este oficio, arroja una cifra de curaciones, bastante satisfactoria y que confirma la proporción más ventajosa de casos de terminación feliz, que tiene nuestro manicomio, respecto de muchos de su género en Europa, no obstante sus condiciones de locallidad, construcción, disciplina y medios de asistencia, tan superiores a los de que podemos disponer y que no es permitido alcanzar fácilmente.

Respecto al género de enajenación, cuyo predominio acusa el registro médico del asilo, aunque no esté anotado en la estadística, consignada en la memoria de la Dirección, él es siempre el de las locuras que reconocen por causa el abuso de las bebidas alcohólicas.

Hay por decirlo así, una población de insanos por dicha causa, que sale y entre periódicamente al Manicomio, hasta que el carácter crónico de su enajenación los radica allí hasta su muerte.

Estos desgraciados son una carga, así para la sociedad en general, como para la Beneficencia Pública, tanto más grave cuanto que su número crece anualmente, a medida que más se propaga, entre nosotros, como en toda partes, el desgraciado vicio de la embriaguez.

Repetidas veces he llamado la atención de la Beneficencia sobre este hecho, y la necesidad de ponerle el más eficaz remedio.

He señalado como principal de estos remedios, el establecimiento de una casa de corrección, donde remitir a los insanos por hábito inveterado de embriaguez, luego que salgan curados o aliviados de sus accesos de delirio alcohólico, y en donde permanezcan el tiempo necesario hasta la curación radical de su mal hábito, cuando sea posible, o permanentemente, en caso contrario. De esa manera, no sólo se evitará la entrada y salida constante de estos enfermos en nuestro manicomio, sino que se preservará a la sociedad de los malos ejemplos, de los daños y del bochornoso espectáculo que su presencia ocasiona en el seno de ella, con daño hasta de la moral pública.

Junto con el establecimiento de esta casa de corrección, deben también adoptarse todas las demás medidas, que han sido ya puestas en práctica por otras naciones, para combatir la funesta plaga de la embriaguez; medida que, como el Reglamento contra este vicio debe solicitar la sociedad la Beneficencia de las autoridades correspondientes, reservando su inciativa para los de carácter filantrópico o humanitario, como las sociedades de temprancia, que debe promover por todas partes.

Anexo a la embriaguez, anda casi siempre el vicio de la vagancia; así es lo que digo de la una, como causa de la frecuencia de la insania, es también aplicable a la otra; siendo también  su más eficaz y poderoso medio de combatirla, la referida casa se corrección.

Las locuras producidas por la lue venerea, tan frecuentes hoy en todas partes, por haber sido mejor estudiadas y conocidas en estos últimos años, no lo son menos entre nosotros; lo que era de esperarse, desde que el estado de atraso de nuestra higiene pública no ha permitido todavía reglamentar esa otra plaga social, no menos funesta que la embriaguez, a  que se da el nombre de prostitución.

Toca también a la sociedad de Beneficencia, cuyos asilos son poblados anualmente por gran número de las víctimas de ese vicio, iniciar la realización de su remedio, que he apuntado anteriormente.

 En cuanto a la cifra de defunciones, sensible en que ella contraste con las de las curaciones; es decir, que ella sea desgraciadamente mayor que la de otros establecimientos de su género.

Ya ha podido comprenderse por lo que llevo expuesto, respecto de las desventajas condiciones de construcción, higiene y asistencia de nuestro Manicomio, que ellas deben reconocerse como causa de esta desproporción.

En efecto, muchos de los casos de la muerte, son ocasiones por enfermedades que reconocen su origen en la humedad, falta de ventilación y existencia de miasmas palúdico de asilo.

A ellas debo agregar, el estado en que son conducidos muchas veces los insanos al Manicomio, ya proceden del seno de sus familias, ya sean remitidos por nuestra policía.

Muchas familias remiten al manicomio, a sus deudos anajenados, después de haberlos asistidos largo tiempo en su domicilio, y cuando han llegado a un estado de postración, al que no puede sobrevivir sino muy poco  tiempo.

En cuanto de los remitidos por la policía, y esto es mucho más grave todavía exigiendo el reglamento del Hospicio, para la admisión de los enajenados, la presentación del certificado de su insania, firmado por dos facultativos, la policía para que tenga lugar al reconocimiento y certificación por sus médicos, mantiene  a los enajenados, que recoge en los  enajenados, que recoge en los lugares públicos o que llevan la familias, muchas veces hasta seis u ocho días, sin darle alimentación alguna.

De esta manera, algunos son transportados al hospicio de un estado de completa inanición, presentándose el caso de llegar cadáveres ya, o de morir pocos minutos después, de ser recibidos en el manicomio.

Por otra parte, los agentes de policía dotados mucho de ellos de muy débiles sentimientos humanitarios, infieren especialmente a los enajenados furiosos maltratados crueles, llevándose a veces al Hospicio, enajenados cubierto no sólo de grandes contusiones, sino de muy graves heridas. Algunos de estos desgraciados sucumbem a consecuencia de estos malos tratamientos.

Cumple también a la sociedad de Beneficencia llamar la atención a nuestras autoridades de policía sobre estos abuso, a fin de aplicarles su más eficaz correctivo.

Entre las causas a que deben atribuirse los casos de incurabilidad, una de ellas quizá es no haber podido establecer todavía el régimen médico, económico y disciplinario del Hospicio, tal como lo demanda los progresos de la ciencia en esta materia.

Desde luego, una de las condiciones del buen régimen médico, es el local mismo, que permita establecer el servicio entre las diferentes clase de enajenados, y prestarles a estos la habitación, ocupación y distracciones; en una palabra, el empleo de todos los materiales y morales, que la ciencia y la experiencia aconseja, para mejor asistencia y curación de los enajenados.

A este respecto, la actual deficiencia del manicomio no puede ser mayor, como ya lo tengo demostrado anteriormente. No existe una sala de reunión para los enajenados tranquilos y de cierta educación donde puedan pasar el día entregados a la lectura u otra distracción, tan necesarias en su estado.

Por lugar de paseo, en el departamento de hombres, no hay sino un corredor estrecho, desde que dos partes de el, están ocupados por el refectorio y por la huerta.

No hay salones donde establecer talleres para ocupar a los enajenados, conforme a las profesiones o artes manuales correspondiente a cada uno de ellos.

La huerta destinada emplearse en el cultivo, tampoco ofrece por su pequeñez, campo bastante para los que puedan o deban entregarse a este género de ejercicios o trabajos manuales.

Las celdas para aislar; o secuestrar a los enajenados furiosos, además de su pequeño número, están situadas en tal proximidad a los dormitorios, que ellas ofrecen un grave inconveniente, para el silencio y tranquilidad que debe reinar en estos.

No hay un departamento especial y apropiado para los pensionistas, cuya condición social requiere cierta decencia y un tratamiento más especial que el de los enajenados comunes.

Finalmente, aunque exista una sala de baños, los defectos de su construcción son tales, que su servicio ha ofrecido dificultades insuperables, que han obligado a suspender este servicio, mientras se reforman esos defectos. Todo esto en el departamento de hombres.

En el departamento de mujeres, existe una sala de labor; el corredor donde se pasean las enajenadas, es más completo y espacioso; las celdas para las furiosas, están bastante alejadas de los dormitorios; pero, no existe allí la sala de baños, tan indispensable, y estos tienen que administrarse en el pozo  o baño común, lo que ofrece no pocos inconvenientes.

De estos defectos de ambos departamentos o loquerías, resultan que el aislamiento, las ocupaciones manuales, el paseo o las distracciones, los baños y todos los demás medios para un buen régimen o tratamiento médico de los enajenados, no pueden emplearse con la extensión y eficacia que son necesarios para su buen éxito, contribuyendo de este modo a hacer más difícil o imposible su curación.

Dr. José Casimiro Ulloa

 


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