HIPERTENSIÓN ARTERIAL SISTÓLICA
PAS = 100 + edad, implicando que la PAS promedio de una persona de 70 años, por ejemplo, debería ser de 170mmHg, lo que no es aceptable a la luz de las nuevas evidencias. El estudio Framingham aportó algunos indicios de que la PAS podría tener importancia como factor de riesgo cardiovascular en hipertensos, sin embargo, mucho más interesante fue el análisis de las curvas tensionales según edad en USA entre 1976-19802. Como se ve en la Figura 1, con la edad se elevan tanto las presiones diastólicas como las sistólicas, pero a partir de los 50 años, las curvas son diferentes: mientras la PAS continúa elevándose hasta los 80 o más años, la PAD entra en una meseta e incluso disminuye, sugiriendo que es la HAS la que más influiría en el desarrollo de las complicaciones cardiovasculares de la HA3. Sin embargo, el estudio epidemiológico que más influenció para cambiar los conceptos, fue el estudio de prevalencia de la Hipertensión Arterial Sistólica Aislada (HASA) -pacientes con cifras sistólicas altas pero -con presiones diastólicas normales- en la población en general. Es fácil observar en la Figura 2, cómo la HASA aumenta con la edad, pero también se observa que existe un importante grupo en quienes a pesar de estar en la tercera edad su presión sistólica no está elevada, ergo, la ancianidad no condiciona -necesariamente- que el paciente sea hipertenso. Lo que es una realidad que cotidianamente confirmamos: muchos pacientes nuestros entre 65 y 90 años tienen PA normal, a pesar que el ecocardiograma demuestra la presencia de esclerosis de la pared aórtica y supuestamente "rigidez". Por otro lado, se observó también hipertensión sistólica en pacientes más jóvenes, entre 40-50 años, en quienes es más difícil invocar esa misma esclerosis- rigidez. Ya Laragh4 había expresado: "A pesar de la alta incidencia de la HAS en la ancianidad, la elevación de la PA no es parte normal del envejecimiento". Una primera gran evidencia
clínica de la importancia de la HAS como factor de morbi-mortalidad cardiovascular y de
los beneficios de su tratamiento, se publicó en 1985 con el ensayo European Working Party
on High Blood Pressure in the Elderly Trial5, iniciado en 1972, en 840
pacientes de ambos sexos mayores de 60 años, con presiones de 160-240/90-120 mmHg, que
recibieron un diurético y un antihipertensivo central versus placebo, el cual demostró
que controlando ambas presiones, pero fundamentalmente la sistólica, se conseguía una
disminución de 52% del riesgo relativo de accidente cerebrovascular y de 60% de las
muertes por infarto del miocardio.
Aún no conocemos con exactitud los mecanismos fisiopatológicos de la HAS y sin duda es fundamental el estado de la pared de los grandes vasos. En algún momento, a medida que aumenta la edad, en las arterias -grandes y pequeñas- se producen cambios estructurales y cambios funcionales. En las grandes arterias como la aorta , se incrementa el depósito de matrix extracelular, calcio, colesterol, etc., aumentando el grosor de la pared y configurando lo que denominamos esclerosis. Esclerosis, rigidez, elongación, aumento de volumen, no son sino elementos de la "remodelación" aórtica a medida que aumenta la edad, explicando -en parte- la elevación tensional sistólica (Figura 3). Sin embargo, cómo explicar la HAS de los más jóvenes, o más aún, cómo explicar su normalización con ciertas drogas, como los diuréticos, que hasta donde se sabe, no alteran la distensibilidad aórtica. Dustan11 ya lo había señalado en 1989: "No se conoce con certeza los mecanismos fisiopatológicos de la HAS y aún cuando la disminución de la elasticidad de las grandes arterias contribuye, eso mismo ocurre en otras personas de la misma edad que sin embargo son normotensas, por tanto, deben existir otros mecanismos". El hecho mismo de que las drogas antihipertensivas, por no tener acción selectiva, controlen tanto la hipertensión sistólica como la diastólica, sugiere que existirían mecanismos afines responsables de ambas hipertensiones. Con la edad ocurren otros cambios fisiopatológicos importantes12: disminuye la sensibilidad de los baroreceptores, aumenta la norepinefrina plasmática, disminuye la actividad de la bomba de Na-ATPasa, que actúan incrementando la resistencia vascular periférica, alteración hemodinámica capital de los hipertensos diastálicos (tono vasomotor de las arteriolas), reforzando la hipótesis de la existencia de similitudes fisiopatológicas aún no bien conocidas. Ocurren también cambios en el árbol arterial periférico, entre otros degeneración hialina de la capa media arteriolar12, que daría lugar a una disminución de su distensibilidad, contribuyendo probablemente a la elevación de la resistencia vascular periférica que presentan los ancianos, sin que por ello presenten -necesariamente- hipertensión diastólica. Por último, es posible que las mismas consideraciones genéticas que expresan la HAD se cumplan para la HAS, es decir, que un grupo importante de la población nace con el genotipo hipertensivo por alteración o mutación de ciertos genes que controlan su presión arterial, los cuales -en presencia de ciertos factores ambientales- expresarían fenotipos intermedios y posteriormente el fenotipo "hipertensión sistólica", que sería un fenotipo de expresión tardía, a partir de la sexta o séptima década de la vida13.
TRATAMIENTO Por lo que hemos revisado, en la
actualidad ya no hay duda entre los investigadores que la HAS predice la aparición de
eventos cardiovasculares futuros mejor que la HAD y que su tratamiento reduce la
morbimortalidad por ACV, enfermedad coronaria e insuficiencia cardíaca. El tratamiento de
la HAS en los ancianos, como en los más jóvenes, debe iniciarse modificando el estilo de
vida, sobretodo disminuyendo moderadamente la ingesta de sal y reduciendo el peso. Si con
ello no se consigue controlarla, se debe iniciar tratamiento farmacológico, teniendo en
cuenta que tal como lo demostró Sagie14 -y no ha sido rectificado- los
beneficios del tratamiento en los hipertensos sistólicos en Estadio I (140-160 mmHg), no
han sido fehacientemente demostrados en ensayos clínicos controlados.
Como se demostró en el estudio SHEP6, el objetivo del tratamiento en la HAS debe ser llevar las cifras sistólicas a menos de 140 mmHg si es posible, aunque un buen primer paso podría ser bajar la presión a 160 mmHg en los pacientes con HAS severa, tratando de cumplir la sentencia: "cuanto más cerca a lo normal, mayor el beneficio" (Tabla 3). El tratamiento farmacológico de la HAS, sobretodo en pacientes de la tercera edad, no deja de presentar algunos inconvenientes que ameritan manejarse con cuidado15. La hipotensión ortostática no es infrecuente, lo que obliga -más que en ningún otro grupo- a realizar las mediciones tensionales en tres posiciones. Tampoco es infrecuente -durante la medición de la presión- hallar una laguna auscultatoria, por lo que debemos cumplir con rigurosidad la recomendación de buscar el nivel sistólico de la presión palpando el pulso radial antes de colocar el estetoscopio en la flexura del codo. Finalmente, debemos saber reconocer la psudohipertensión buscando el Signo de Osler (Tabla 4). Para concluir, podríamos decir, que la hipertensión arterial sistólica aislada es una entidad clínica por sí misma, es un factor de riesgo independiente para enfermedad cardiovascular y requiere de un manejo terapéutico propio e individualizado.
REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS
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