| Revista Peruana de Cardiología : Setiembre - Diciembre 1997 |
EDITORIAL
La hipertensión arterial (HA), reconocida -junto con la isquemia coronaria y el accidente cerebrovascular- la principal causa de muerte del mundo occidental, es motivo de una revisión bastante completa, en el presente número de la Revista Peruana de Cardiología, por muy justas razones. Al margen de ser considerada una de las epidemias de la segunda mitad del siglo XX, la HA es una enfermedad crónica y perniciosa, con gran carga genético-ambiental, que se expresa en las décadas intermedias de la vida, cursa sin mayores molestias y pronto, a veces demasiado pronto, comienza a mermar implacablemente la salud del individuo hasta su muerte. ¿Se atreverá alguien a estas alturas a sostener que existe una hipertensión maligna, implicando -por antítesis- que existe otra benigna? La HA tiene características de malignidad en todos los casos, claro que a largo plazo o -tal vez a plazos-, lo que o disminuye su carácter mórbido mortal. Con agravantes severísimos, puesto que dirige sus dardos a los órganos más vulnerables del paciente -corazón, cerebro, riñones- que una vez comprometidos irán consumiendo su tiempo, su dinero, su paciencia y lo que es peor, su calidad de vida. La insuficiencia cardiaca y coronaria, la insuficiencia cerebral y la insuficiencia renal, asestarán la larga estocada final que significa vivir con las grandes limitaciones que todos conocemos. En las últimas décadas los cardiólogos, en razón del gran avance biotecnológico conseguido, deben procesar un flujo impresionante de información científica que les llega de manera torrencial y a veces caótica, lo que sucede particularmente en el ámbito de la HA. Paralelamente, asiste a un incremento exponencial de fármacos antihipertensivos, que aparecen ya no cada década o cada lustro, más bien cada año, lo que sin lugar a dudas abruma no sólo al especialista, con mayor razón al médico general, quienes deben saber escoger el fármaco más idóneo para el paciente que tienen en frente, con características clínicas particulares y elementos mórbidos propios. Para lo cual debe tener a mano todos los exámenes auxiliares necesarios que le permitan diagnosticar con la mayor precisión el compromiso cardiovascular de su paciente. Desafortunadamente esto colisiona con los intereses de las instituciones aseguradoras que en su afán lucrativo, ponen trabas a distintos niveles: "Ud. ya era hipertenso antes de tomar el seguro... ", "no necesita ecografía porque su HA es leve ", "el MAPA es un examen innecesario en Ud ", "le reconozco el antihipertensivo pero no el hipnótico aunque Ud. duerma mal(!)", etc., etc trabando con ello la fluidez que por ciencia y arte estamos obligados a brindar. La HA es una patología evidentemente compleja y multifactorial, aún con muchos claroscuros en su etiopatogenia, fisiopatología, diagnóstico y tratamiento. Se ha avanzado muchísimo no cabe duda y se sigue incursionando por caminos prometedores, lo que nos permite avizorar mejores estrategias futuras que a no dudarlo cambiarán la historia natural de la enfermedad. Debemos pues, saludar esta iniciativa de nuestra Sociedad, que ha invitado a un grupo de distinguidos especialistas a revisar actualizadamente ciertos tópicos de la HA, que además de contribuir a la educación médica continua de sus Miembros, servirá de motivación -ojalá- para la formulación de protocolos nacionales, en concordancia con nuestra realidad geográfica y socioeconómica, tomando como guía -tal vez- el recientemente publicado VI Reporte del Comité Conjunto para la Detección, Evaluación y Tratamiento de la HA (USA, 1997).
Dr. Juan Dyer
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