«Medalla de Oro Hipólito Unanue»
Ceremonia de Entrega del Premio
Trienal
Tengo el honroso encargo de dirigirme a ustedes en nombre de los profesionales premiados. Recibir uno de los máximos galardones de las Ciencias Médicas en el Perú, evoca en nuestras mentes algunas ideas en torno a esta distinción: Agradecimiento y Significado, Responsabilidad y Obligaciones, Reflexión sobre las Ciencias Médicas y finalmente, una Invocación.
Consideramos un alto honor el haber sido elegidos para recibir el Premio "Medalla de Oro Hipólito Unanue 1997. Agradecemos por ello a la Fundación Instituto Hipólito Unanue, institución reconocida por su valiosa y altruista labor en apoyo de la investigación, la docencia y la divulgación de las Ciencias Médicas. Agradecemos también al Jurado Especial conformado por las figuras más representativas de las Ciencias Médicas en nuestro país. Así mismo, agradecemos a las Universidades y a las Sociedades Científicas que nos propusieron como candidatos. En mi caso, a la Sociedad Peruana de Cardiología, cuya Junta Directiva preside el Dr. Miguel Sánchez Palacios. Quienes hemos recibido este galardón queremos recalcar que estamos plenamente conscientes de los elevados méritos profesionales y científicos de quienes nos acompañaron como candidatos en esta Convocatoria.
El premio recibido significa un reconocimiento de méritos. Estamos conscientes, sin embargo, que este reconocimiento no es a la persona individual. A lo largo de varias décadas cada uno de nosotros ha desarrollado sus actividades en un entorno conformado por valiosos colaboradores y por facilidades otorgadas por nuestras universidades, por las instituciones de salud y, en algunos casos, por el apoyo recibido de entidades científicas extranjeras. En este entorno están incluidas también nuestras familias cuya tolerancia y comprensión a lo largo de tantos años fue esencial. En consecuencia, el galardón obtenido lleva implícito el reconocimiento a todo este complejo e invalorable entorno que hizo posible el desarrollo de nuestras actividades. En mi caso, fue el Profesor Demetrio Sodi, científico de renombre internacional, quien estimuló las investigaciones sobre electrocardiografía vectorial que conjuntamente con Joao Tranchesi, becario brasilero, iniciamos en el Instituto Nacional de Cardiología de México. A mi retorno al país, fue el profesor Alberto Hurtado, pionero de la investigación en el Perú, quien motivó y alentó nuestras investigaciones sobre corazón y circulación en las grandes alturas. Entre mis más cercanos y destacados colaboradores es necesario mencionar a los doctores Raúl Gamboa, Francisco Sime, Juan Dyer Emilio Marticoreno, Max Echevarría, Luis Ruiz, Natalio Banchero y Julio Cruz, los tres últimos con residencia actual en los Estados Unidos.
El galardón recibido conlleva así mismo una responsabilidad. El peso de esta responsabilidad se comprende si se recuerda la ilustre imagen de quienes recibieron en el pasado la "Medalla de Oro Hipólito Unanue". Mencionaremos solamente algunos de ellos, ya desaparecidos. En Medicina resalta la egregia figura de los Profesores Alberto Hurtado y Pedro Weiss, hombres de ciencia de renombre internacional e iniciadores de la moderno investigación científica en el Perú. En Cirugía, Aurelio Díaz Ufano y Carlos Pescheira están entre los pioneros de la moderno cirugía, el primero en el área de la cirugía general y el segundo en el campo de la cirugía cardiopulmonar. En Odontología, los nombres de Ricardo Solazar Southwell y Pedro Ayllón son paradigmas de una ejemplar y ética actividad profesional y docente. En Farmacia y Bioquímica, las figuras de Fortunato Carranza y Gonzalo Gurmendi resaltan por su actividad pionera en investigación de alimentos y medicamentos respectivamente.
Si bien nuestra responsabilidad nace del brillante sendero trazado por estas señeras figuras, tal responsabilidad tiene también una proyección al futuro. Implica obligaciones. El galardón recibido es un poderoso estímulo para perseverar en nuestras actividades profesionales, docentes y de investigación. Es también una motivación para mantenernos actualizados y permanentemente informados de los más recientes avances y para divulgar los conocimientos adquiridos.
La honrosa distinción que hemos obtenido en el área de las Ciencias Médicas nos lleva a meditar por un momento sobre la evolución de estas disciplinas. Tenemos frente a nosotros la visión de un mundo científico en constante y rápida evolución. Los procedimientos de diagnóstico, tratamiento y prevención han experimentado una verdadera revolución con el progreso de la tecnología en la instrumentación, con el explosivo desarrollo de la informática y con el creciente aporte de la Biología Molecular y Genética. La observación se está trasladando del escenario clínico a la célula, la molécula y el gen. La Biología Molecular nos enseña la armoniosa relación que a nivel celular existe entre agentes neuro-hormonales, receptores, canales de iones, mediadores, mensajeros y transductores de señales. Nos enseña también los mecanismos moleculares de la enfermedad y las rutas para modular dichos mecanismos con el fin de lograr la reversión de las alteraciones a nivel celular, molecular y genético. El Proyecto Internacional del Genoma Humano está ya en pleno desarrollo y está programado para finalizar el año 2005. Esta investigación permitirá establecer el nexo entre genotipo y fenotipo en la mayoría de las enfermedades. Hará posible la identificación de los genes responsables de las enfermedades que causan la mayor morbilidad y mortalidad. Las técnicas de recombinación de ADN, clonación y transferencia de genes hará posible el tratamiento de las enfermedades degenerativas y de las infecciones emergentes hasta hoy consideradas incurables. El tratamiento de muchas otros enfermedades será más eficiente en el futuro debido a que la mayoría de los fármacos serán producidos por técnicas de ingeniería genética.
En contraste con este avasallador progreso científico debido a la efervescencia de la investigación en los países desarrollados, está la realidad de nuestros países en desarrollo. La diferencia es abismal y creciente. Estamos frente a un verdadero reto. Por ello, quienes esta noche hemos sido honrados con tan preciado galardón nos arrogamos la indebida autoridad para hacer una invocación a los profesionales de las Ciencias Médicas y, en particular a las generaciones jóvenes. Continúen trabajando con perseverancia y aprovechen el invalorable y enorme bagaje de conocimientos adquiridos con los métodos tradicionales. Sin embargo, para permanecer actualizados es ineludible que incursione en el ámbito de la Biología Molecular. Si nuestras limitaciones no siempre permiten una investigación activo en este campo, es obligación permanecer informados para comprender mecanismos y lograr conocimientos orientados a un mejor diagnóstico, tratamiento y prevención de las enfermedades. Ello, a su vez, redundará en una reducción de las elevadas tasas de mortalidad en nuestro país; particularmente en la población infantil y en los grupos de menores recursos. Queremos finalizar, reiterando nuestro agradecimiento a los directivos de lo Fundación Instituto Hipólito Unanue, a los representantes del Gobierno, de las Universidades, de las Academias Nacionales, de los Colegios Profesionales, de las Sociedades Científicas y, en general, a los asistentes de esta Ceremonia.
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