| El olvido está lleno de
memoria. Juventud, universitaria y violencia política en el Perú: la matanza de
estudiantes de La Cantuta. Sandoval López, Pablo G. |
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MEMORIAS DESDE LA CERTIDUMBRE
En esta nueva etapa de la guerra popular, las universidades nacionales cumplirían un
mayor papel protagónico al intensificarse las acciones del Comité Metropolitano de Lima
y de organismos generados, como el Movimiento Popular Intelectual y principalmente de
Socorro Popular (SOPO)39, que llevaban a cabo labores de proselitismo en las
barriadas más pobres de Lima.
Los discursos, en especial el de Sendero, se radicalizaban junto a una masa de jóvenes
que veían remota la posibilidad de ingresar al estrecho mercado de trabajo que les
exigía una mayor profesionalización y menos "rollos" ideológicos. Al respecto
cabe anotar la situación de las Facultades de Educación a nivel nacional. En el Perú
hay 36 universidades (19 estatales y 12 privadas) que tienen facultades de educación, 18
de ellas forman maestros primarios. Según cifras del año 1992, las universidades tenían
un total de 60,700 alumnos estudiando las diferentes especialidades de educación.
"Las cifras nos dicen que desde 1990 las universidades vienen produciendo alrededor
de 5,000 maestros por año. Si incluimos los egresados de los institutos superiores, la
cantidad de egresados llegarían a 26,000. Un problema crucial es que no todos los
egresados son absorbidos por el sistema educativo, ya que se estima que el sistema escolar
puede acoger aproximadamente a 6,000 maestros por año" (Oliart 1996:9). En ese
contexto, las universidades nacionales y particulares reproducen las diferencias sociales,
por la desigual formación universitaria que reciben los estudiantes provenientes de los
sectores más excluidos y marginados de la sociedad. Sin embargo, un objetivo en todos es
la obtención de un "cartón" que atestigue y prometa una posible inserción en
el mercado de trabajo.
Dennis Chávez de Paz al analizar los expedientes de los inculpados por terrorismo entre
1983 y1986, encontraba que su edad promedio era de 26 años; que el 16 por ciento eran
mujeres; solteros el 70 por ciento, y migrantes el 76.5 por ciento, de los cuales un 58
por ciento provenían de las provincias más pobres del país, y pese a que el 35.5 por
ciento tenían educación universitaria éstos eran pobres o muy pobres (Chávez de Paz
1989:24). Según el reciente Informe de Desaparición Forzada en el Perú publicado por la
Defensoría del Pueblo (2001), los jóvenes entre 15 a 34 años ocupan un considerable
66.9% del total de desaparecidos, de los cuales los que tenían educación superior se
ubican en segundo lugar en la lista con un 12% (340 desaparecidos), superados solamente
por el sector campesino rural con 34% (1352 desaparecidos).
Y si a ello le agregamos el abandono presupuestal del Estado para con las universidades
nacionales (y su repliegue a las universidades privadas), éstas entrarían en una aguda
crisis, entrampadas entre una mayor masificación de sus aulas, y un acelerado deterioro
de su infraestructura y calidad educativa.40
Ante el colapso de la izquierda legal,41 SL recoge el radicalismo impulsado por
los demás partidos de izquierda en las décadas previas, que habían construido una
"estructura de sentimientos42" y una subjetividad
"negativa" hacia la democracia y sus instituciones; prevaleciendo la intención
de destruir un sistema inservible con acciones y compromisos en las que no tenían mucho
que perder, o en todo caso, con la firme convicción que su participación en la guerra
popular les abriría la posibilidad de ascender socialmente en un sistema que le negaba
tal posibilidad. En todo caso es una violencia que nace, entre otras causas, de la
frustración, y de la incapacidad del sistema político por incorporar y ampliar la
participación política de las nuevas clases populares, surgidas de las masivas
migraciones campesinas de mediados de siglo.
Así, mientras la primera oleada de radicalización juvenil, iniciada a mediados de los
setenta (en fabricas, barrios, universidades), parecía haber conducido en buena medida al
proceso de radicalización del conjunto de las clases populares, la segunda oleada, de los
ochenta (y los noventa), se ve relativamente distanciada por su inorganicidad del resto de
las clases populares y se muestra proclive a inclinarse por propuestas como la de Sendero
Luminoso y el MRTA (Cotler 1987:144).
Nos detendremos entonces, un momento, a recoger las memorias de algunos militantes de SL
en la universidad La Cantuta, que pasaron por sus aulas entre inicios y mediados de los
noventa. Veremos primero su percepción de la universidad, de su militancia, y sus
memorias de la matanza de los estudiantes y la ubicación de este hecho en el
"equilibrio estratégico" de aquellos años.
3.1 La forja de la militancia43
Roberto tiene en la actualidad 30 años. Ingresa a La Cantuta en 1991 y se puede
considerar que fue un chico tranquilo en su infancia. Siempre tuvo vocación por
"servir a los demás", motivo que lo impulsa a estudiar educación o derecho.
"Siempre demostré que quería hacer algo, desde las colectas en mi barrio hasta las
actividades del colegio", nos dice:
"... Yo ingrese a Psicología en 1991 cuando tenía 20 años y ya tenía alguna
experiencia... Había participado en algunas marchas en Villa El Salvador, por cuestiones
de agua y luz. Pero para mí La Cantuta era algo nuevo, y es más o menos a los tres meses
cuando ya empezaba a apoyar algunas acciones del Partido... recuerdo que empecé
repartiendo volantes para una conferencia sobre el movimiento obrero. Creo que como estaba
bastante entusiasmado con participar en algo, después me invitaron para algunas reuniones
de discusión, aunque yo ya sabía para qué me invitaban. No me sorprendió cuando me
dijeron para militar aunque me tuvieron en observación por unos dos meses creo... y así
empecé a militar pensando siempre en cambiar la sociedad existente, en cambiar la vida de
mis compañeros, mi familia. A mi me invitan al partido porque tenía buena boca para los
discursos, para convencer a los más jóvenes, creo que se fijaron en el carisma que
despertaba en muchos estudiantes...
Caminábamos por las calles y nuestras pintas estaban por toda la ciudad. En la Facultad
todas las paredes eran nuestras, o casi todas. Recuerdo que pasaba todo el día en la
universidad. En el 91, cuando recién era cachimbo, me metí a activar en el comedor, me
pasaba todo el día en el comedor. Salía de mi casa tempranito y llegaba tarde como a las
diez, once de la noche... es recién en el 92 que pasé a las escuelas populares, pero la
universidad fue mi punto de inicio, ahí conocí a todos mis camaradas...
Sentíamos algo así como que estábamos tomando el poder. Recuerdo bastante fresquito que
para sentirnos mejor hablábamos sobre el miedo de los tombos y los milicos, para
demostrarnos que el viejo estado burgués estaba en crisis; y todas sus fuerzas represivas
y genocidas estaban asustadas... Pero la cuestión, o por decirlo de otra forma, nuestra
coraza era que no estemos muy triunfalistas, o sea que no demostremos mucho hacia fuera
ese triunfalismo que yo sí sentía muy adentro... En mi mancha, ahora les digo así,
ahora los recuerdo así, sí nos sentíamos triunfalistas, pero no debíamos mostrar hacia
afuera todo nuestro optimismo".
Pasemos ahora a Yolanda, por aquellos años estudiante de La Cantuta en la especialidad de
Literatura. Yolanda siempre quiso estudiar en la universidad Católica, por las
expectativas creadas durante sus años de estudios en un colegio religioso de Lima. Pero
por los magros ingresos de sus padres, una familia limeña de clase media golpeada por la
crisis económica del gobierno aprista, no pudo siquiera costearse el examen de admisión
a esa universidad. Postula e ingresa a La Cantuta en 1990 y a los cuatro meses ya
participaba activamente en el Movimiento Juvenil Popular, organización estudiantil
liderada por Sendero:
"Cuando ingresé a La Cantuta me chocaba un poco, porque yo no quería estudiar
aquí, quería estar en la Católica porque toda la gente de mi colegio entraba a la de
Lima o a la Católica, pero no me quedaba otra que acostumbrarme... Mi primera relación
con el partido será en el comedor. Como yo me quedaba todo el día en la universidad,
porque mis clases eran partidas en los horarios, tenía que comer en la universidad, para
ahorrar la poca plata que tenía. Allí recién me di cuenta del país en que vivía, en
este país de mierda en el que aún estamos. Veía cómo algunas amigas no tenían ni para
el pasaje. ¡Te das cuenta, ni para el pasaje!, y yo estaba pensando estudiar en ¡la
Católica...! hasta me daba vergüenza decir que quería estudiar en la Católica. Y
encima mi mamá, recuerdo, que me decía que estaba cambiando, que no pasaba mucho tiempo
en la casa, que ya no era la misma de antes, pero yo le decía que me quedaba en la
universidad en un grupo de danza en que me metí.
... Si quieres que te diga cómo empiezo a militar, creo que por mi rabia por no estudiar
en la Católica, y esta cólera todavía lo siento, hasta ahorita, por las cosas que hasta
ahora pasan en el país. No vayas a creer que es sólo por resentimiento, la cuestión era
destruir el Estado burgués que hasta ahora sostiene a este sistema de opresión de
clases, de los explotados por el imperialismo".
Un caso distinto es el de Rolando, estudiante de Ciencias Sociales en La Cantuta entre
1989 y 1995. Él proviene de un hogar de clase media, estudió en un colegio religioso
particular, y su padre era un médico medianamente exitoso. Su madre, profesora de
matemática, que se dedica desde que él nació a los quehaceres de la casa. Vivían en el
distrito de La Victoria, y tenían un terreno en construcción en el distrito de La
Molina. Postuló en 1989 a la especialidad de Derecho en San Marcos y la Católica, pero
no logró ingresar; entonces decidió ese mismo año postular a La Cantuta, "para no
perder el tiempo" dice, e intentar su ingreso a San Marcos para el próximo año. Sin
embargo, las cosas no sucedieron como él pensaba:
"Desde el colegio yo tenía algunas inclinaciones políticas. Participaba en cuanta
reunión de estudiantes convocaban los curas y yo siempre estaba allí. Armábamos
conferencias, charlas, sobre todo historia del Perú, de educación cívica; siempre me
apasionó las cosas que tenían que ver con la historia, me gustaba mucho explicarme cómo
sucedían las cosas. Hasta armamos un periódico mural, un concurso de cuentos y poesía
escolar... Entonces cuando ingresé a La Cantuta no me sorprendieron mucho las cosas, no
quiero decir que me resultaba normal, lo que no entendía muy bien era la doctrina
marxista-leninista, me resultaba muy pesada al principio pero luego con la formación
ideológica en mi célula me di cuenta que no era muy difícil.
... Yo asumí el compromiso revolucionario desde el principio, tal vez te lo cuente muy
racional ahora, después de algunos años, pero al principio fue un impulso sentimental.
Mis temores de ese tiempo, era que por mi procedencia de clase no me aceptaran. Finalmente
yo era un pituco, pequeño burgués en La Cantuta, siempre tuve problemas de aceptación,
pero el problema no era de estereotipos, sino de cuestiones económicas, de clases, de
conciencia de clase... En Sendero aprendí que lo que se dice se hace, así de simple. Si
dicen vamos al monte, nos vamos, si dicen vamos a un barrio nos vamos, si dicen volantear
a volantear, si dicen mata, matas. Eso es consecuencia con lo que se piensa, no mirar
atrás porque si miras atrás te jodes, porque si miras atrás te pones sentimentalón y
eso es contrario a la consecuencia con lo que piensas, y eso lo sigo hasta ahora, a pesar
que estoy en otra cosa como me ves"
Rolando en la actualidad trabaja como administrador en una fábrica de embutidos,
propiedad de uno de sus amigos de colegio. Además, tiene previsto postular a la
universidad a la carrera de administración de empresas para así "manejar mi propio
negocio y con mis propias expectativas para el futuro".
*****
(Parentésis): la captura del Presidente Gonzalo
Roberto se dedica desde 1996 al cambio de dólares en una céntrica calle de Lima. Dejó
de militar en Sendero Luminoso en 1993, cuando gran parte de la estructura partidaria se
desvanecía y sus principales dirigentes encarcelados a cadena perpetua. No piensa
participar nuevamente en política pues dice estar "defraudado del partido porque no
supo hacer frente a los golpes represivos de Fujimori". La captura, en setiembre de
1992, de su máximo líder, Abimael Guzmán, marcaría un punto de inflexión en la
certidumbre revolucionaria de Roberto:
"No te puedes imaginar lo que sentimos ese día. Ese día fui a la chamba de mi viejo
en la carretera central porque se había olvidado sus documentos y era peligroso andar sin
documentos en el '92, y de repente escucho por Radio Programas que habían capturado al
presidente Gonzalo. Mi primera reacción fue que era una mentira. No podía ser posible,
cómo iban a atrapar al presidente Gonzalo, no podía ser. Al toque me quite a la
universidad y no te imaginas lo que encontré... La gente de mi mancha y de otras manchas
estaban como muertas, caminando como si no supieran explicar lo que estaba pasando. De
repente se me acerca un camarada de Ciencias y me dice que salgamos en la noche a hacer
pintas y yo le dije que era mejor que aguantemos a ver que pasa, no vaya ser una trampa
del japonés... De todas maneras salimos, pero estabamos como si nos faltara el aire, pero
no podíamos contradecir la fuerza que demostrábamos hacia afuera con el miedo que desde
ese día empezamos a sentir..."
No era para menos la actitud de Roberto. En efecto, durante los doce años de "guerra
popular" Sendero había hiper-concentrado alrededor del liderazgo de Abimael Guzmán,
todas las leyes de la historia y con él proclamar "científicamente" una nueva
instancia en la doctrina revolucionaria: "el pensamiento Gonzalo". Se convertía
entonces en la nueva ortodoxia partidaria, la encarnación viviente de la línea correcta,
la aplicación del marxismo-leninismo-maoísmo a la realidad peruana. En resumen era:
"... el más grandioso fruto de la materia conciente, engendrado y forjado por la
clase, por el proletariado comunista: el jefe de la revolución mundial ... síntesis de
millones de voluntades, luz, maestro y guía de comunistas y revolucionarios que conforman
el pueblo... conductor de los oprimidos y explotados hacia su emancipación" (El
Diario, 13-12-91).
Incluso había logrado diseminarse en todos las instancias de la organización senderista,
haciéndose imperceptible incluso para los organismos del Estado:
"Simultáneamente lo buscan en el extranjero, entre los obreros, campesinos,
intelectuales, en todas partes. Pero él esta en cada célula del PCP, en cada unidad del
Ejército Guerrillero Popular, en cada Comité Popular... Esta dirigiendo personalmente la
revolución, esta presidiendo la República del Perú que avanza hacia la victoria
final" (El Diario:13-12-91).44
Pero las directrices del "pensamiento guía", en la medida que penetra en los
cuadros altos como en las bases, e inciden y motivan a la renuncia de la individualidad
dentro del partido, también pasa por el filtro subjetivo de los militantes. En efecto, el
pensamiento guía, y su visión hiper-clasista de la sociedad, tocaba fibras íntimas
entre los estudiantes, pues les ofrecía respuestas "concretas" a sus propias
frustraciones personales, y encontraban en el discurso senderista salidas científicas a
sus ásperas biografías individuales. En ese contexto, podemos decir que en los
militantes universitarios se da el paso de una inicial disposición por el sacrificio, de
un romanticismo revolucionario, a llevar la "vida en la punta de los dedos"; a
una mayor racionalización de la violencia, de la lucha de clases y su salida
revolucionaria.45
Igualmente le preguntamos a Yolanda cómo se sintió el día de la captura de Guzmán:
"... yo estaba activando en la carretera central, en Raucana. Era la encargada de un
grupo de danza y teatro popular, que llamamos "La Gran Marcha", y trabajábamos
con niños para formarlos en la fortaleza ideológica del partido y nuestra tarea era
sacudirles de la cabeza toda la mentalidad alienada que le imponían la televisión y las
escuelas del estado y sus profesores revisionistas, dizque de izquierda... Fue bastante
rápido. Una señora me pasa la voz que por el canal cinco estaban pasando un flash y que
Abimael Guzmán había sido apresado por un grupo de elite de policías, luego supe que
eran de la Dincote.46
... Lo primero que sentí fue mucho miedo, que algo terrible podía pasar y que íbamos a
empezar a desaparecer uno por uno. Yo he escuchado de muchos camaradas que al principio no
lo creían, pero yo sí lo creí apenas escuche la noticia, en ese sentido yo siempre he
sido bastante realista, las noticias las asimilo rápido, rapidito, y al mismo salí de
Raucana y me fui a mi casa a sacar algunas cosas y desaparecí por dos semanas y cuando me
reencontré con varios camaradas, después que pasaron los videos donde salía el
presidente Gonzalo medio desnudo y hablando con Ketín Vidal, sabía que no me equivoque
la primera vez, que si era cierto que habían capturado al presidente Gonzalo.
... Lo que paso luego era increíble. Muchos pedían tomar acciones inmediatas, que la
guerra se podía intensificar a partir de la captura del presidente Gonzalo, pero ya no
recibíamos directivas coordinadas, las directivas se cruzaban, no tenían muchas veces
sentido, las cosas se empezaban a hacer aguas... así estuve hasta 1994, dando brincos por
varios lados, estabamos como rebotando por varios lados pero sin una guía clara y de
repente deje de militar, y no porque me volviera soplona, porque empezaban a detener a
muchos por los soplones, sino porque mi célula ya no existía, se iba derrumbando las
cosas y una tenía que seguir viviendo, sobrevivir, ¿entiendes?, también tenía derecho
a vivir, pero sin renunciar a mis ideas,... así nomás dejé de militar".
Rolando, en relación a la captura de Guzmán nos dice:
"... ese día estaba en clases de Geografía, y por la ventana veía que la gente se
estaba agrupando en el patio de Ciencias y me parecía extraño porque a esa hora la gente
no se reunía mucho. Salgo del salón pensando que había una requisa y cuando llego al
patio me dicen que por la televisión decían que Abimael Guzmán estaba preso y que lo
iban a ejecutar porque una columna del Ejército de Liberación Nacional, estaba
preparando el rescate. Puta' que me quede cojudo. Al toque fui a buscar a mis demás
compañeros y al toque me quite de la universidad... Llego a la casa de unos amigos de mi
barrio y todos hablaban de lo mismo "¡que lo maten a ese concha su madre!",
"¡que lo maten, que lo maten!". Puta'que, todos decían lo mismo, todos.
... Me quede en mi casa unos días, no salí para nada, estaba prendido a la televisión
todo el día esperando que me llamaran para una reunión de urgencia. Hasta que veo por la
tele al "presidente Gonzalo", y lo veo en una casa de ricos, tomando tragos
finos, llenos de comodidades, ¡carajo, igualito que los perros! ¿de qué revolución
hablamos? Si llueve todos nos mojamos. Osea él bien cómodo, y todos nosotros jodidos con
miedo, osea la revolución se hace con todo, todos nos mojamos. Mao en ese sentido era
más consecuente con lo que escribía, él si era más consecuente".
Estos relatos nos introducen a una serie de cuestiones referidas a los modos elegidos por
cada militante para testimoniar la experiencia extrema y violenta que les tocó vivir a
partir de una serie de acontecimientos como la matanza de los estudiantes, la captura de
su máximo líder, Abimael Guzmán, y la descomposición de su aparato partidario. Los
espacios primarios donde forjaban su "certidumbre", como la célula, se
desvanecía y se aferraban a la creencia que estaban viviendo una mayor polarización de
la guerra, que el nuevo escenario (incluído la captura del presidente Gonzalo) estaba
previsto en la estrategia senderista, y que nada se había salido del libreto
revolucionario. Sin embargo, como hecho político, la captura de Guzmán generó en la
militancia senderista una modificación ideológica del tiempo y el espacio. La
certidumbre se desvanecía tan rápido como se había encendido. El impacto de la captura
golpeó fuertemente a la estructura partidaria, y dejó abierta la posibilidad para que
sus militantes de base racionalizaran desde sus propios "soportes subjetivos".
su ubicación en la guerra, y su posición en el futuro. En este punto de inflexión, que
significo la captura de su líder, empieza a desacreditarse la convicción que la toma del
poder era sólo cuestión de acelerar las contradicciones, y que el Ejército de
Liberación Nacional tomaría la ciudad, el corazón mismo del Estado burgués. Por
decirlo de otro modo, no tuvieron el tiempo, ni la posibilidad "objetiva" de
construir una memoria y una narrativa histórica que les permitiese elaborar un discurso
sobre los desaparecidos de La Cantuta. Quedaron en la mera denuncia de los hechos.
3.2 La memoria de secta senderista
Como se ha explicado, 1992 era un año especial para la organización senderista. Para un
grueso de sus militantes, las acciones militares en la ciudad se acrecentaban, y en las
zonas rurales se pensaba que la guerrilla estaba en la capacidad "objetiva" de
pasar a la ofensiva estratégica. La creencia que ya estaban tomando "el cielo por
asalto", y que la toma del poder era sólo cuestión de unos cuantos años, incluso
de meses, era muy fuerte en las dirigencias como en las bases47 como lo
demuestra el siguiente documento48:
"... (estamos) estableciendo un grandioso hito masivo en la lucha conjunta y logrando
plasmar un nuevo y más grande triunfo Político, Militar y Moral del Presidente Gonzalo,
el Partido y la Revolución, expresión palpable de cómo el Equilibrio Estratégico viene
remeciendo más el país, la Guerra Popular victoriosa va dirigida por el Partido
Comunista del Perú magistralmente jefaturado por el Presidente Gonzalo... nos reafirmamos
en nuestra inconmovible decisión de continuar la Resistencia Heroica en nuevas
condiciones y el insoslayable compromiso de dar la vida hoy, mañana y siempre por el
Presidente Gonzalo, el Partido, la Revolución y el Comunismo. Estamos más forjados aún
por nuestro presidente Gonzalo en el reto a la muerte y arrancarle lauros de triunfo, los
que llevamos la vida en la punta de los dedos, estamos dispuesto a entregarla en el
momento que la Revolución lo demande..." (p. 2).
En ese contexto, podemos pensar que para Sendero la desaparición de los estudiantes en
julio del '92 significaba un hecho más, un "no mirar atrás, porque te jodes",
como decía Rolando. En cierto modo, se negaban a reclamar a los estudiantes de La Cantuta
como "sus" desaparecidos porque ninguno de ellos llegaron a ser cuadros
importantes en la organización senderista, pero si representaban a la gran masa
periférica a la organización, esas masas movilizables para cualquier acto convocado por
el partido. O como nos dice Manrique para el contexto general de la partido: "... el
resto se mantiene como una periferia partidaria e inclusive al margen de toda actividad
política, manteniendo una actitud de simpatía con lo que Sendero representa sin
comprometerse organizadamente, aportando ese 'consenso pasivo' que es fundamental para
todo proyecto revolucionario, porque constituye su potencial de crecimiento"
(Manrique 1999:101).
Ante la gran avalancha de acontecimientos, la "certidumbre" revolucionaria en la
militancia senderista se fortalecía al palpar la intensificación de la violencia, al
sentir que sus "pintas estaban en la ciudad", al ver que el equilibrio
estratégico daba sus frutos, que el orden social que combatían con rígida disciplina
estaba en cuestión. En ese contexto, "mirar hacia atrás" significaba un signo
de debilidad. Además, ¿por qué reclamar como "suyos" a estudiantes que no
eran parte importante del partido?, ya que no formaban parte imprescindible de algún
organismo generado del partido, ni de ninguna columna armada. Incluso, si lo comparamos
con los recuerdos y memorias establecidas por Sendero a raíz de la matanza de presos
senderistas en el gobierno aprista, el 19 de junio de 1986, podremos observar que en este
caso sí existía una voluntad explícita por apropiarse de los acontecimientos y
establecer un hito en la historia oficial escrita por el partido: "¡El Día de la
Heroicidad!". Para SL los héroes de guerra pueden ser considerados sujetos activos
de la historia, mientras las víctimas como sujetos pasivos. Como declaraba Abimael
Guzmán en 1987:
"... Así, los prisioneros de guerra, como el personaje de la historia, siguen
ganando batallas más allá de la muerte, pues, viven y combaten en nosotros, conquistando
nuevas victorias; su recia e imborrable presencia la sentimos palpitante y luminosa,
enseñándonos hoy, mañana y siempre a dar la vida por el Partido y la Revolución...
Además debemos buscar que la verdad se abra paso y los hechos queden históricamente
registrados tal cual realmente han sido; como a nadie escapa, los episodios vividos son ya
parte imborrable de nuestra historia, sirvamos pues, a que las generaciones futuras
lleguen nítidos e imperecederos"49.
Cuando le preguntamos a Rolando cómo se vivió la matanza de estudiantes al interior de
su célula nos dijo:
"... no te puedes imaginar lo que era saber que estábamos logrando nuestros sueños,
que nuestros esfuerzos se hacían concretos, que el estado burgués se desmoronaba, que
las huestes genocidas se desesperaban. Nosotros discutimos sobre lo ocurrido y estábamos
más ocupados en recordar a los muertos en los penales en mayo del 9250. Ellos
sí murieron defendiendo al partido, fortaleciendo su moral de clase, son héroes caídos
en combate, nunca hincaron la rodilla, marcaron una epopeya dentro de la lucha del
proletariado peruano, abriendo trocha en la historia del mundo comunista... Ves, ¿me
entiendes?, ¿por qué detenernos a discutir y llorar si la revolución no permitía
miedos?, el miedo era indicio de traición".
En el contexto de 1992, las únicas menciones encontradas en los documentos senderistas en
relación a los hechos de La Cantuta son sólo referencias a la matanza como parte de una
"ofensiva mayor del ejército genocida contra el pueblo". No era una ofensiva
selectiva contra sus camaradas, sino contra la masa periférica":
"Denunciamos cómo este gobierno genocida de Fujimori y su pandilla viene aplicando
su política de guerra sin prisioneros que es la clara expresión de impotencia y
desesperación frente a la pujante y victoriosa lucha de nuestro heroico pueblo, cual
bestia herida de muerte que en su agonía arremete contra los que están a su alcance, es
así como diariamente secuestran, detienen, torturan, desaparecen y asesinan a dirigentes,
estudiantes y trabajadores, como parte del Genocidio Mayor contra el Pueblo. Por ejemplo
la desaparición de 9 estudiantes y un profesor de La Cantuta..."51
"La sangre de los combatientes no ahoga la revolución, sino la riega", era una
de las tantas frases retóricas lanzadas por Guzmán a sus camaradas. Esta consigna sería
bien asimilada por los estudiantes senderistas al discriminar entre combatientes muertos
en acciones de guerra, y la masa periférica y simpatizante al partido. Es que en su
ortodoxia partidaria Sendero establecía claramente la distinción leninista entre una
vanguardia de cuadros selectos y secretos por un lado, y el frente de masas periféricas
al partido, por otro. "Quien cae combatiendo tiene derecho a la resurrección"
rezaba otra consigna, esta vez de Lenin, impresa en muchos documentos senderistas.
Al preguntarle a Yolanda por sus recuerdos de la matanza nos dice:
"... por esos meses yo no paraba mucho en la universidad. Pero causó mucho miedo,
muchos camaradas tuvieron que salir de la universidad en previsión de otras
desapariciones... pero a pesar que conocía a algunos de ellos de vista no pertenecían a
ninguna célula importante, algunos incluso simpatizaban con otros grupos de izquierda...
En realidad, lo que causó fue mucho miedo, pero no nos movilizamos por ellos como gente
del partido sino como una estrategia para denunciar el genocidio de las mesnadas
fujimoristas contra el pueblo en general. Tratábamos de demostrar al resto de estudiantes
y al pueblo en general que el gobierno de Fujimori estaba desesperado desapareciendo a los
hijos del pueblo... ¿para qué darle mucha importancia si la construcción del Estado de
Nueva Democracia, estaba forjándose en las luminosas trincheras de combate y el
'Presidente Gonzalo' estaba a la cabeza dirigiendo personalmente la revolución?... la
desaparición de los estudiantes no ameritaba mayor reflexión, había otras
prioridades..."
Vicky, otra de nuestras entrevistadas, agrega:
"Desde 1991 los militares se metieron a la universidad y siempre chocábamos con
ellos en las asambleas, en los mítines, en las marchas internas, con los cachacos siempre
chocábamos... pero de lo que nunca se hablaba era que muchos camaradas de Huancayo, de la
Universidad del Centro, fueron desaparecidos y asesinados por la policía y sus
paramilitares desde los ochenta52; entonces lo que sucedió en el 92 no nos
toma por sorpresa, estábamos preparados, era nuestra contribución a la lucha popular,
nos querían desmoralizar, pero a más represión más resistencia, y nuestro lema de
moral partidaria era ¡Resistir y Combatir!, y resistíamos no desmoralizándonos, no
podíamos dar marcha atrás... sabíamos que venían muchas muertes pero estábamos
dispuestos a darla pero en combate, pero ahora en la nueva etapa revolucionaria de
defensiva estratégica..."
Esta entrega total de la vida en acciones del partido es lo que Gustavo Gorriti (1991)
denomina "la cuota": paso indispensable para convencer a los militantes
senderistas de la necesidad de matar en forma sistemática y despersonalizada. Con este
procedimiento se creaba la expectativa de entregar y sacrificar la propia vida cuando el
partido lo dispusiera. Si en la "guerra popular" había una larga travesía que
cumplir, para llegar entonces a la tierra prometida tenían que prepararse para la muerte,
y "la cuota" se convertía en un factor central en la preocupación personal y
el adoctrinamiento de los militantes y cuadros. Era necesario "llevar la vida en la
punta de los dedos", como declaraba Abimael Guzmán en una famosa entrevista de El
Diario, vocero senderista, en 1988.53 Dos manuscritos senderistas encontrados
en el penal de Lurigancho en 1985 muestran claramente esta disposición al auto
sacrificio:
"...otros se cuidan, temen cometer errores, entonces no son sinceros, no apelan a su
condición, cuidan pellejo, ¿qué cuidan?. Si nada tienen, si todo lo has dado al
P(artido), tu vida no te pertenece, le pertenece al P(artido). Así que tanta jeremiada,
qué tanto cuidar pellejo".
"Sobre la cuota: el sello de compromiso con nuestra revolución, con la Revolución
Mundial, con esa sangre del pueblo que corre en nuestro país (...) la cuota es una parte
pequeña de la revolución peruana y de la R(evolución) M(undial)... la mayor parte (de
muertes) son causados por la reacción y la menor parte por nosotros. Ellos forman
lagunas, nosotros empapamos sólo pañuelos" (Citados en Gorriti 1990: 167-8).54
Sin embargo, y pese a la inflexible retórica partidaria, podemos encontrar en los
testimonios resignificaciones individuales, en segundo plano, de lo ocurrido en julio del
92. Su subjetividad individual estaba atada a los acontecimientos, a la ideología
senderista, a esta "estructura de sentimientos", a esta aceleración del tiempo
político que significaba creer que "el estado opresor se desmoronaba". Pero sus
memorias varían de significado según cómo ubican y dramatizan la matanza en su propia
historia personal, cuando hablan de sus familias, sus amigos, de los resquicios de su vida
cotidiana. Se da pues esta tensión entre interioridad y exterioridad, lo público y
privado, lo individual y colectivo:
"... mis papás ya sabían que militaba, que estaba en el Partido, y estaban muy
asustados por mí, pero lo que nunca les dije que yo no tenía miedo por mí sino por
ellos. Ellos se enteraron después de la desaparición de los estudiantes porque revisaron
mis cosas y encontraron fotos y volantes... y me salí de mi casa porque ¿qué tal si
desaparecen a mis viejos? O sea yo lucho por ellos y al final me los matan. Por eso me
salí, por miedo a que les pase algo... aunque suene raro ahora, la matanza del 92 fue un
golpe fuerte para nosotros, sobre todo por el miedo, pero al contrario nos daba más
rabia, que ya íbamos a entrar en el enfrentamiento cara a cara, que los camaradas ya
llegaban y tomábamos Lima..." (Patricia, estudiante de matemáticas).
"... me dio una pena enterarme cómo habían muerto... jamás me imaginé que iban a
morir de esa forma tan cruel y me ponía a pensar hasta cuándo duraba esto, hasta cuándo
vivir así, hasta cuándo las muertes. Yo no los conocía personalmente pero me da una
pena porque pude ser yo, y sus familias siempre yo las veía dando vueltas por la
universidad, finalmente los familiares son los que más sufren por la muerte de sus
hijos... Mi mamá se hubiese muerto de la tristeza si se entera que me mataron, y eso que
mi mamá sabe que militaba, que estaba metida en la guerra popular, sabía que estaba con
Sendero desde que entré a La Cantuta, sabía pero también entendía que era mi
convicción y mi solidaridad de clase con los explotados por el imperialismo... Siempre le
decía: 'mamá si me matan no me llores, si me desaparecen no me busques, si me torturan
no me cures, yo sé a que me meto, estoy segura y entiéndeme por mi compromiso con el
partido, no soy fanática, estoy luchando por conquistar los derechos del pueblo y del
proletariado'..." (Adriana, 30 años, ex-estudiante de Educación Inicial).
Sobre la base de estos testimonios, podemos intuir que en Sendero se instaura una
"memoria de secta", al recordar en su historia oficial sólo a sus militantes, a
los cuadros que han muerto en las "luminosas trincheras de combate",
distinguiendo entre militante y masa, entre masa conciente y pre-conciente, como puede
leerse en la siguiente denuncia:
"Los crímenes de las FF.AA. son delitos de función, porque su función es aniquilar
a las masas ignorantes para que no accedan a la revolución dirigida por el PCP
marxista-leninista-maoísta-Pensamiento Gonzalo... Entonces ni fuero común ni fuero
militar. Sólo el pueblo juzgará y sancionará a los genocidas de los hijos del pueblo,
del pueblo oprimido, alienado e ignorante, al pueblo le tocará ajusticiar a los asesinos
de La Cantuta y todas partes del Perú".55
Pero la memoria sectaria -como se dijo anteriormente- sufre un golpe demoledor con la
captura de Abimael Guzmán en setiembre de 1992, produciéndose el derrumbe de la
certidumbre revolucionaria y la incapacidad e imposibilidad "objetiva" y
"subjetiva" de construir una memoria y una narrativa histórica que les
permitiese elaborar un discurso sobre los desaparecidos de La Cantuta. No lograron
solidarizase con los familiares ni con las nuevas memorias que sobre la matanza (re)surgen
a partir de 1997. Quedaron en la denuncia genérica de los hechos. Luego, con la
desmovilización de sus militantes, la memoria sectaria de SL se atomiza y quedará como
memorias marginales, privadas. No pueden oponerse a la "memoria salvadora"56
del gobierno fujimoristaque se acrecienta desde 1992 y se afianza con la ley de amnistía
de 1995.
3.3. La "memoria salvadora" se consolida
En efecto, el precedente jurídico de la amnistía se inicia nueve meses después de
ocurrida la matanza. El 2 de abril de 1993, el congresista por la izquierda democrática,
Henry Pease, leyó en plena sesión de la Asamblea Constituyente una declaración del
clandestino grupo militar "León Dormido", con detalles del crimen perpetrado
contra el profesor y los nueve universitarios. El documento señalaba a los miembros del
comando paramilitar "Colina" como los autores del secuestro, tortura, asesinato,
quemado y entierro de los universitarios. Cuatro días más tarde, se instala en el
Congreso Constituyente Democrático (CCD) una comisión especial de Derechos Humanos para
investigar los hechos, citando al ministro de Defensa y al presidente del Comando Conjunto
de las FF.AA. para que expliquen sobre el operativo militar de julio del 1992. Ambos se
resisten a prestar sus declaraciones, y el 16 de abril, a pedido de la Comandancia General
del Ejército, el Consejo Supremo de Justicia Militar abre una investigación en torno al
caso de La Cantuta. Días después, el presidente del Comando Conjunto de las Fuerzas
Armadas, Nicolás Hermoza, denuncia ante el Congreso y la prensa que un grupo de
congresistas de la oposición vienen desatando una campaña de desprestigio a las FF.AA. y
que las denuncias presentadas significaban una clara colusión con el terrorismo
senderista.
Pero el 8 de julio de 1993 los acontecimientos darían un giro inesperado. Un grupo de
periodistas de la revista Sí, descubren unas fosas con restos humanos calcinados en
Cieneguilla (un paraje distante de Lima), gracias a un croquis que le envío un anónimo.
Se presumía (para luego comprobarse) que esos cuerpos pertenecían a los universitarios
desaparecidos. La investigación que en un inicio fue asumida por el fuero civil, fue
desviada por el congreso, que en sesión de mayoría, decidió mediante una ley especial
-la llamada ley Cantuta- que los crímenes debían ser juzgados por el fuero militar. De
esa forma, la justicia castrense asumió acusar a los paramilitares del grupo
"Colina" bajo los cargos de negligencia, abuso de autoridad, desaparición
forzada de personas y de vil asesinato premeditado con nocturnidad, alevosía y ventaja.
Las sentencias a los paramilitares oscilaron entre los 6 meses y 20 años de prisión en
un cuartel militar.57
Sin embargo, el 14 de junio de 1995 la bancada oficialista aprobó en el congreso una
amnistía para los militares implicados en violaciones a los derechos humanos durante los
15 años de guerra antisubversiva; y todos los hechos derivados como consecuencia de la
lucha contra la subversión desde mayo de 1980 y denunciados por particulares fueron
archivados debido al mandato imperativo de esta ley de amnistía. Pero horas antes de
aprobarse la ley se dio en el congreso un debate entre quienes, por un lado sustentaban la
amnistía, y por otro, los que la rechazaban. Como veremos más adelante, este debate
sirvió para comprender las narrativas y discursos estatales sobre la violencia política
y el papel cumplido y que ocupaba la sociedad civil en ese proceso. Pero para más
detalles pasemos al siguiente capítulo.
40 Desde 1986 este organismo
generado se militariza ejecutando las acciones más sangrientas en Lima y provincias,
desplazando paulatinamente en importancia política y militar al Comité Metropolitano.
Entre sus principales dirigentes estuvieron los abogados Yobanka Pardavé Trujillo (a)
Rebeca, Tito Valle Travesaño (a)Eustaquio; y el mando militar, el profesor Víctor Zavala
Cataño (a) Rolando. En efecto, desde la década de los sesenta se produce un doble
movimiento en la relación del estado con la universidad. Por un lado, la universidad
pública sufre un nclaro proceso de masificación y explosión demográfica impresionante,
pues entre 1960 y 1980 la población juvenil que ingresa a la educación superior pasa del
19% al 76% teniendo el Perú unos de los níveles más altos de cobertura educativa y
enseñanza superior en América Latina (Degregori 1990:108). Sin embargo, los recursos
destinados a las universidades disminuyen aceleradamente. Para 1975, el presupuesto
universitario representaba sólo el 2,3% del nacional (vs. El 4,8% en 1965), situación
que se agrava hoy al contar con un pírrico 0,9%.
41 La Izquierda Unida se divide en 1989. Para una revisión de la parentela
ideológica de Sendero con los demás partidos de izquierda véase Hinojosa (1999).
42 Utilizamos la noción de "estructura de sentimientos" propuesta
por Raymond Williams (1980).
43 Los siguientes testimonios fueron recogidos entre enero y julio del 2000.
Los nombres han sido cambiados a solicitud de los entrevistados.
44 Citado en Degregori (2000).
45 Para el caso de la vida cotidiana de Sendero en el campo ayacuchano, véase
del Pino (1998), asimismo, Portocarrero (1998).
46 Dirección Nacional contra el Terrorismo. La detención de Guzmán fue
realizada en una casa de Surco, el 12 de setiembre de 1992, y organizada por el comandante
Benedicto Jiménez, bajo la supervisión del General Antonio Ketín Vidal. Sobre los
detalles de la captura, véase Jiménez (2000, Tomo 2).
47 Para una discusión sobre si Sendero tenía las condiciones
"objetivas" para tomar el poder, véase Tapia (1997).
48 "¡Viva el grandioso hito de la Heroicidad masiva de la lucha conjunta
de los Prisioneros
49 Carta del Presidente Gonzalo, junio de 1987. O como declaraba un estudiante
de la universidad de San Marcos en 1988: "La heroica muerte de los mejores hijos del
pueblo en los penales de Lima, se constituyó en un ejemplo para la clase obrera y el
pueblo peruano, sentando el precedente de la necesidad de defender nuestros sagrados
intereses aún a costa de nuestra propia vida. Esto significa enrumbar la lucha del
movimiento sindical hacia un Perú sin explotados ni explotadores." Testimonio
recogido en: "A dos años del genocidio en los penales. Hablan dirigentes, obreros y
estudiantes", en: Una batalla ganada más allá de la muerte, El Diario, 19.-6-1988.
50 Entre el 6 y 9 de mayo de 1992 se realiza una incursión del Ejército en el
Penal de Canto Grande controlada por Sendero Luminoso. Aquella ocasión se produjeron
muchas bajas entre los presos senderistas.
51 "¡Aplastar el genocidio en marcha contra los prisioneros de
guerra!", Comité de Familiares de Presos Políticos, Prisioneros de Guerra y
Desaparecidos del Perú, diciembre de 1992.
52 Desde fines de los ochenta y principios de los noventa se produjeron masivas
desapariciones de estudiantes y profesores de la Universidad del Centro. En los
testimonios recogidos son considerados héroes de guerra.
53 Faradh Khosrokhavar (1993:253) analizando la radicalidad de la revolución
iraní, nos deja pistas para entender la representación que la militancia senderista
establecía sobre la muerte: "la jerarquía de la pureza se define según el grado de
aspiración a la muerte: cuanto más el actor social aspire a morir, resulta más puro,
tiene más derecho a tratar de impuros a aquellos que persisten seguir viviendo".
54 Desde 1981, principalmente desde su IV Sesión Plenaria, SL radicaliza su
discurso y práctica, asumiendo sus militantes las consecuencias personales de la guerra.
Desde entonces todo militante debía hacer la siguiente sujeción simbólica al partido:
"Prometo ante el camarada Gonzalo, jefe del Partido Comunista del Perú y de la
revolución mundial./ Prometo ante el Comité Central del Partido Comunista del Perú./
Prometo ante el marxismo-leninismo-maoísmo, Pensamiento Guía del Camarada Gonzalo, de
asumir mi responsabilidad como militante del Partido Comunista del Perú y de no
traicionar jamás a Partido ni al pueblo./ Prometo luchar con valentía, decisión y
coraje contra el imperialimo y el feudalismo, hasta alcanzar la liberación de los pueblos
oprimidos del mundo./ Prometo luchar y entregar mi vida por la revolución mundial."
(Citado en Gorriti 1990:167).
55 El Diario, No. 632, febrero-marzo, 1993.
56 Aquí utilizamos la metáfora de "memoria salvadora" planteada por
Stern (1999).
57 En el juicio militar, Santiago Martín Rivas, jefe operativo del grupo
Colina, dijo: "Se está bajando la moral a nuestras Fuerzas Armadas, señor
presidente. Necesitamos un país digno y un país pacificado pero no nos dejan. Esto,
señor presidente, no me llama la atención. Casos como éstos ya se han repetido en otros
países. Cuando termine la guerra revolucionaria, cuando haya acabado, vendrá la última
fase, la que estará con aquellos que ganaron la guerra. Tenemos el caso de Argentina,
donde almirantes dignos en este momento purgan cadena perpetua, ¡Es el colmo!, los
generales victoriosos en la lucha contra los Montoneros purgando cadena perpetua y a lo
mejor los generales de la guerra de Las Malvinas, a lo mejor están en sus casas"
(citado en Aprodeh 1994:62).
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