| La metafísica del poder:
excursus histórico sobre la identidad cultural a partir del estudio de la producción y
reproducción del capital religioso de las comunidades judía e islámica en Lima (1950 -
2000). Jaime Ballero, Martín O. |
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CONCLUSIONES
El desarrollar una visión de la tradición religiosa de
cualquier cultura es entregarse a una búsqueda incansable, en la cual el investigador
debe estar dispuesto a encontrarse con realidades que emanan un sentido particular y que
se muestra autónomo y trascendente. Su carácter sagrado la hace indiferente a las
pesquisas científicas, de las cuales se aleja debido a su designio a vivir en las alcobas
celestes de lo numinoso. Debido a ello, quien desee conocer su dinámica, debe entregarse
a una carrera en pos de un objetivo: llegar a comprenderla desde sus más recónditas
manifestaciones. Esta entrega debe realizarse humilde y pacientemente, ya que el misterio
de lo numinoso se revela en momentos y lugares específicos, a los cuales se debe atender
con mucho cuidado. El descuido puede llevar a una comprensión descontextualizada, la cual
sólo iría en detrimento de la investigación.
De la misma manera, el negar la realidad sagrada que emana de los símbolos religiosos en
favor de un estudio objetivo, corre el riesgo de desvincular el tema de su
fons et origio, cayendo, así, en un discurso sin valor, ya que el objetivo de las
Ciencias de la Religión es comprender las dinámicas religiosas a partir de sus propios
referentes, sumándole, claro está, una perspectiva especial, propia de la disciplina que
trata de estudiar estas dinámicas. De la innumerable cantidad de perspectivas posibles,
la antropología presenta una ventaja; ésta es su capacidad holística al abordar la
cultura, basada en la experiencia directa, propia de una interpretación que busca sus
resultados en el contacto con las personas mediante la conversación y el diálogo entre
culturas.
Las voces, al estudiar un tema dentro de la perspectiva antropológica, se multiplican
ricamente, para luego transformar ese coro polifónico en una dulce melodía, ordenada por
algunas sistematizaciones que sólo buscan elaborar el material, de tal manera, que la
realidad comunique por ella misma su sentido. De esta manera, el trabajo del antropólogo
consiste en presentar este diálogo, acompañado de algunas glosas, las cuales, acaso,
enriquezcan nuestro acercamiento al mundo de los hombres que hemos conocido.
La religión entendida desde la antropología se nos presenta de manera muy amplia, ya que
no sólo manifiesta aquel nivel exterior, en el cual se homologa con otras instituciones
sociales, sino que devela su núcleo profundo. Sin acercarnos a él, todo intento de
estudiar la religión es inútil. Debido a esto, hemos presentado un modelo analítico el
cual pueda relacionar los distintos planos mediante el ejercicio de una metodología
comparativa, cuyas unidades analíticas fueran algunas estructuras de la dinámica
religiosa.
La comprensión de un sistema social debe basarse en el acercamiento a la realidad por
parte del investigador, y a partir de éste poder elaborar un sistema que permita crear
algunas consideraciones que establezcan modelos referenciales. De esta manera, es
importante tener como punto de partida el conocimiento de casos concretos, los cuales nos
ayudarán a definir ciertos conceptos, de amplia variedad.
Existen distintas maneras de acercarse a la realidad social, y en definitiva, la elección
de una representa los deseos del investigador. Posiblemente, también, esta orientación
limite la realidad, corriendo el riesgo de parcializar las observaciones, pero a la vez,
esto permite dar forma a un corpus, que posibilita la comparación y el enriquecimiento.
Este trabajo ha privilegiado la religión, como medio para comprender las dinámicas
sociales de los casos escogidos. Para este fin, hemos elaborado, a partir de la lectura de
diversas orientaciones, una serie de herramientas metodológicas y teóricas. La reunión
de éstas no buscó caer en el simple eclecticismo formal, sino que a partir de una
comprensión personal de la religión y de la experiencia de lo sagrado, integrar diversas
perspectivas, con el fin de una mejor comprensión. Definitivamente, hemos escogido este
conjunto de las varias orientaciones teóricas que privilegian una orientación
fenomenológica, es decir, de las que hallan su fundamento en una acción humana
racionalizada.
Así pues, el fundamento de nuestra investigación ha sido la comprensión de la
experiencia religiosa, la cual se expresa en la manera que cada agente concibe la
revelación de Dios, es decir de su hierofanía. Éste es el principio de una serie de
construcciones desarrolladas en la sociedad. La experiencia de Dios se erige como
principio debido a su estructura primigenia, determinada como los límites de lo
ilimitado, así pues se presenta como realidad autosuficiente e increada, verdaderamente
real y certera. Ninguna convención social posee ese carácter, ya que todas se conciben
como consecuencias de un cosmos, ordenado a partir de una realidad que se define a si
misma. Así pues, desde esta comprensión del mayor de los símbolos se entretejen,
progresivamente, una serie de relaciones de diverso carácter.
Lo numinoso mediante su revelación genera una serie de actitudes por parte de los
agentes, la cual se puede resumir en el sentimiento de criatura y en el temor respetuoso.
Estos sentimientos no son generados por la frustración de la limitación del individuo,
signada por la grandeza de Dios, sino antes bien, por el deseo del hombre de perderse en
Él, ya que es el único que puede donar un sentido certero a las acciones de los humanos.
Esta seguridad es hallada por cada agente en un determinado punto, el cual nosotros hemos
denominado el proceso de lo numinoso. Éste consiste en el desplazamiento que el numen ha
tenido en la historia de la fe de cada cultura, desarrollado a partir de la condiciones
sociales.
Mediante el surgimiento de un nuevo agente social se interpreta el misterio grandioso de
la divinidad, el cual no cambia a nivel estructural sino en el desarrollo de sus
contenidos. Estas continuas interpretaciones sólo pueden ser conocidas mediante el
estudio de las grandes obras que cada tradición ha elaborado acerca de Dios y su
concepción durante el devenir de los tiempos. El aplicar esto a grandes tradiciones como
el judaísmo y el islamismo corre el riesgo de generar conclusiones en ausencia de los
suficientes conocimientos, por lo cual siempre debe enunciarse las consideraciones con
mucho cuidado y haciendo énfasis en la específica realidad estudiada.
El proceso de lo numinoso está determinado por el proceso de interiorización, realizado
mediante la racionalización de cada sociedad. De esta manera, a la par que se va
generando una nueva interpretación de Dios, se va consumando la constitución de una
nueva unidad social. De esta manera, la conformación de la tradición es un constante
contrapunto objetivo entre Dios y el hombre. Éste se expresa en la innumerable cantidad
de obras sagradas y sobretodo en la actitud que posee el ser humano frente a lo numinoso.
Así pues, pudimos elaborar una tipología tanto del agente religioso como de la
comprensión de lo numinoso, en base a la idea del desplazamiento. Dentro de la historia
de la fe de los casos estudiados, pudimos encontrar cuatro tipos de agentes desarrollados
desde los orígenes hasta la actualidad: la criatura, signada por un interpretación
naturalista de la hierofanía que reivindicaba un medio de relación ritualista, en la
cual lo numinoso poseía casi en su totalidad el sentido de la vida. La persona, agente
que se había constituido a partir de la creación de la interioridad, espejo del alma en
el cual se hallaba reflejada la divinidad, pero que a la vez significaba que el hombre
estaba limitado a los deseos de ella, expresados en su depositaria oficial, la comunidad
moral.
El subjeto, se acercaba a Dios mediante su consciencia racional, por lo cual la divinidad
se encontraba relacionada con el cosmos de la razón, ubicada en la mente del humano; a
pesar de esta gran interiorización lo numinoso aún no perdía su carácter personal,
así pues, se legitimaban los medios tradicionales y sus depositarios. El individuo, el
último de los agentes, está basado en la formación de una estructura cerrada en sí
misma, a partir de la cual se iguala con otra; su creación tiene como origen a la razón
crítica, la cual interioriza el misterio numinoso a partir de sus propios deseos y
gustos; esta interpretación vacía el sentido de los símbolos tradicionalmente
religiosos, por lo cual se caracteriza por la búsqueda de otros que puedan compensar esta
pérdida.
En definitiva, podemos observar que estas interpretaciones están afincadas en las
relaciones sociales y en el carácter conflictivo de éstas. Conflicto que halla su
solución en cada hierofanía y en los símbolos que emanan de ella.
Específicamente, dos de estas cuatro interpretaciones se encuentran en las comunidades
judía e islámica de Lima, quienes a partir de su contacto con la sociedad limeña han
mantenido o desarrollado la tradición que habían traído desde el otro lado del
Atlántico. Obviamente, definir un tipo ideal, no significa parcializar la realidad, sino
más bien orientarla para que nos comunique un aspecto claro de toda la variedad que se
desarrolla en un grupo. De esta manera, hemos privilegiado en la explicación de cada
comunidad el tipo ideal que creemos significa a cada comunidad, sin olvidar que existen
otras variantes en las mismas. Por tanto, hemos observados, que los judíos en Lima se
caracterizan por presentar una interpretación secular de Dios, en contraposición con los
musulmanes que presentan una interpretación basada en el subjeto.
De esta manera, esta relación se expresa como Principium, a partir de cuya compresión se
inicia el largo camino del estudio del sentido social y de sus manifestaciones en la
construcción de cultura e identidad cultural. Todos estos análisis nos permiten aceptar
la relación dialéctica entre el numen y el sentido social; esto ha sido deducido de
nuestro análisis del origen del sentido social, a partir del cual explicamos la
resolución del conflicto mediante la síntesis simbólica que se desarrolla en el
establecimiento de un ciclo, no vicioso sino progresivo.
Por lo tanto, hemos determinado cómo el surgimiento del sentido en tanto respuesta al
conflicto está caracterizado por su condición mística, en cuanto dicha operación surge
desde la síntesis de unidades que se definen como opuestas, de las cuales la más
significativa es la unidad entre la razón y la sensación. Este origen místico del
sentido social nos ayuda a comprender las estructuras religiosas de la toda sociedad y a
la par cómo de éstas se derivan el sinnúmero de relaciones que se desarrollan mediante
las interacciones de los agentes, las que se realizan en espacios y tiempos específicos.
La mística del origen del sentido, como todo hecho social, está determinado por el
devenir del tiempo. Así pues, a este principio le siguen procesos de racionalización y
posteriormente de escepticismo. Esta secuencia nos permite comprender la dinámica de lo
numinoso en tanto unidad y cómo se desarrolla a través de la fundación del campo
religioso.
Esta expansión de lo numinoso nos permite entender cómo se logra la constitución del
campo mediante la estructuración de un sistema, el cual es acumulativo, como lo veremos.
Además del numen y del agente, el establecimiento del campo religioso requiere de otros
componentes: el medio de la legitimación, signado por la tradición; la oposición entre
los especialistas del campo, producido a partir de la división del trabajo religioso; y
el capital, producto de las múltiples relaciones entre estos elementos.
Todo este proceso del campo tiene como fin elaborar los símbolos sagrados, los cuales son
las herramientas que expresan el sentido de lo numinoso a la comunidad moral y,
posteriormente a la sociedad en su conjunto. Esta dinámica garantiza el papel de la
tradición en la elaboración de la concepción del mundo que se origina en estas
instancias. Por lo cual, es de suma importancia para estudiar una manifestación de los
símbolos religiosos, tener en cuenta el desarrollo de toda la tradición de un pueblo,
por lo menos de manera resumida.
De esta manera, podemos afirmar cuáles son las características de los elementos
constitutivos del campo religioso de los correspondientes casos estudiados, realizando una
proyección a partir del caso peruano hacia el mundial.
La comunidad judía está integrada por diversas interpretaciones del propio judaísmo a
partir de la experiencia de la modernidad, las cuales son: la ortodoxia, el
tradicionalismo y el secularismo. En Lima, este último es el más extendido por lo cual
lo tomamos como tipo ideal para dicha comunidad que posee las siguientes características
con respecto a dichos elementos: el medio legítimo es la razón crítica, por lo cual, el
campo se encuentra orientado al constante juicio del sentido de los símbolos
tradicionales; la oposición entre los especialistas y los laicos es muy grande, lo que
genera que la vivencia de la tradición esté alejada de la mayoría y se transforme en
patrimonio de unos pocos; ambas características determinan la pérdida del sentido que
viven estas comunidades, por tanto la conformación de su capital está caracterizado por
la constante búsqueda de sentido en diversos símbolos, los cuales pueden pertenecer a
otras tradiciones o a la obra individual expresada, usualmente, en el arte. Estas visiones
de los símbolos pueden ser extrapolados al resto de las comunidades judías del mundo
como hemos demostrado a través del análisis de distintas manifestaciones culturales del
secularismo judío.
En contraposición, los musulmanes presentan una mayor similitud dentro de la comunidad de
Lima, ya que todos se adscriben a un interpretación tradicionalista de lo numinoso. Ésta
caracteriza a los elementos constitutivos del campo de la siguiente manera: el medio
legítimo es la razón tradicional, es decir, la síntesis entre un cosmos desarrollado a
partir de los esquemas abstractos de la razón, y el carácter aún sólido de los
símbolos, por tanto, si bien esta racionalidad depura el sentido de muchas tradiciones no
instaura un cambio o una interpretación que niegue estos principios; la oposición entre
el especialista y el laico no está muy desarrollada, debido a la capacidad que tiene todo
musulmán de ser oficiante y por lo cual garantiza una relación con lo numinoso y su
sentido muy íntima; estas dos características determinan que el capital continúe siendo
el símbolo tradicional, ya que el hombre encuentra la suficiente certeza y seguridad
dentro de ellos. Esta condición también puede extrapolarse para los casos de las
naciones musulmanas y para las comunidades extendidas por el mundo, con la salvedad que
dentro de esta tradición existe, también, un reducido número de casos de secularismo, y
aquellos que existen, están poco organizados; además, se debe tener en cuenta que existe
un tercer grupo llamado fundamentalista, los cuales han desarrollado una vivencia de la
tradición exacerbando sus principios al grado de únicos referentes legítimos, aún en
contra de algunas convenciones instauradas en la modernidad.
Cada campo religioso, emanado del principio numinoso, entendido como origen del sentido
social y superación sintética del conflicto, hace converger una serie de relaciones de
diverso carácter. Así pues, a partir del numen, éste establece una red que funda
aquello que hemos denominado Metafísica del Poder. Esta idea se desarrolló a partir de
nuestra observación de que las acciones, en las cuales se basa la constitución de
identidad, cuya sumatoria genera una coherencia cultural, tienen como referente el
carácter tautológico de los símbolos primigenios, y sobre todo del misterio máximo: lo
numinoso.
Esta Metafísica del Poder permite constituir una identidad a partir del sentido,
atribuido a las acciones de cada agente y de la sociedad. De esta manera, la cotidianidad
llena de sentido, o microfísica del poder, se transforma mediante su fons et origio, es
decir lo irracional del numen, en una metafísica. Esta relación se expande a través de
toda la sociedad mediante la construcción de metáforas, expresiones profanas de la
riqueza simbólica. Estas metáforas son la expresión de la conformación de identidad
como producto de todo el proceso que hemos descrito anteriormente, y el cual está basado
en la constitución de la diferencia entre el uno y el otro. La concepción que cada
hombre posea de la diferencia que establece con el otro, es sumamente importante ya que a
partir de este modelo, desarrollará estrategias en base a su realidad.
En definitiva, la diferencia posee un carácter especial cuando hablamos de culturas que
se desarrollan dentro de la ciudad, y que por lo tanto están afectadas por los
desarrollos que en ella suceden; esta unidad analítica se halla constituida de manera
distinta en los últimos años debido a la modernidad y la globalización, ya que las
estructuras citadinas se han extendido fuera de los límites geográficos de las ciudades,
introduciendo en sus dinámicas una gran periferia que asegura constantemente un referente
del otro.
Así pues, a partir del estudio de las acciones del agente, constituidas en la identidad,
en base a la experiencia religiosa que caracteriza a cada uno, podemos observar cuáles
son las correspondencias entre los distintos niveles. Según nuestro estudio los judíos
corresponden al grupo secular, aunque haya también otras maneras de vivirlo, y los
musulmanes corresponden al grupo reformista, aunque también existan dos formas más de
vivirlo. Generalizamos de esta manera, debido a nuestra comprensión de los específicos
casos de las comunidades en Lima, en la cual estos dos grupos definidos sí son expresión
de las características de las comunidades culturales.
Las correspondencias entre una visión religiosa y una experiencia social, las encontramos
de la siguiente manera en estos casos. La visión secular de los judíos está relacionada
directamente con la conformación del agente individual, éste desarrolla relaciones
económicas a partir de la aceptación de leyes abstractas del mercado, por lo cual se
transforma a sí mismo y su trabajo en un bien de intercambio. Esta legalidad dentro de
las relaciones económicas, se expresa mediante la adscripción a la clase, no sólo a
partir del nivel productivo, sino principalmente al del consumo. Este tipo de relaciones
permite que la unidad social, es decir el individuo, constituya los intercambios con
otros, mediante el establecimiento de un estilo de vida definida por la similitud de los
gustos y los deseos entre una serie ilimitada de agentes. Este primer nivel nos permite
comprender cómo dentro de la comunidad judía se ha relacionado la constitución
estructural del individuo a partir de las múltiples relaciones que en ella convergen, las
cuales se desarrollan mediante las acciones y se encarnan en el cuerpo.
En cambio, entre los musulmanes de Lima, el agente subjetivo ha permitido que se
desarrolle una serie de relaciones económicas, las cuales no se caracterizan por una
adscripción completa a las leyes del mercado, sino antes bien, a una continua
integración entre elementos tradicionales y modernos. De esta manera, su integración a
la sociedad limeña ha sido de tipo horizontal. Así pues, estas relaciones económicas
tienen como correlato relaciones sociales no determinadas por la clase necesariamente,
sino por el sentido de comunidad moral, ya que en los subjetos a partir de su estructura
ontológica aún se conserva una realidad numinosa de carácter personal que concede un
sentido muy fuerte.
Estas relaciones entre el principio, el campo y la identidad, expresadas en estas primeras
relaciones, se desarrollan mediante la elaboración de dos grandes órdenes, en los cuales
se instauran las relaciones de poder en su metafísica, basada en la cotidianidad. Estos
dos órdenes son el gnoseológico y el axiológico.
En este sentido, la comunidad judía define, llamémoslo así, su teoría del
conocimiento, en cuanto la verdad de los hechos emana de la razón crítica, es decir de
la capacidad que tiene el hombre de interponer a lo tradicional una interpretación basada
en los deseos y gustos personales.
En contraposición encontramos la comunidad de los musulmanes, cuyo orden gnoseológico
emana de la compenetración de la razón tradicional, es decir de la aceptación metódica
de una racionalidad moderna entendida como estructura y medio legítimo de elaborar una
causalidad entre los hechos mediante el establecimiento de una lógica, y los contenidos
simbólicos, los cuales aún poseen un fuerte sentido condensado. La constitución de este
orden gnoseológico, en la medida que se conoce en donde se deposita la verdad de las
cosas, nos ayuda a comprender el carácter de las relaciones entre las culturas, es decir
cómo se miran los unos y los otros, los unos desde un espejo que tiene como marco la
tradición, y los otros en un espejo cuyos contenidos están disueltos en la estructura de
la unidad de la gente.
Así pues, este orden gnoseológico es la base de este último nivel, el cual ha sido el
tema de nuestra investigación. A partir de la comprensión que el judío posee de la
realidad, instaura una visión política basada en la constitución de la ética y la
civilidad, entendida como el surgimiento de un conjunto de valores, a partir del principio
del individuo y mediante su extensión a todos los rincones del mundo. La ética, desde
este punto de vista, es el conjunto de valores basados en una igualdad estructural, cuya
variabilidad de contenidos permite una separación entre el estado y la religión. En
contraste, podemos observar que dentro de la comunidad de los musulmanes, las relaciones
de poder se instauran en la constitución de una moral, es decir una norma de vida basada
en su adscripción a los contenidos tradicionales con respecto al comportamiento. Esta
relación íntima entre poder y religión define la extensión de una igualdad, basada en
la capacidad que tiene cada hombre de conocer y manejar los contenidos tradicionales.
En base a todo lo dicho, hemos podido observar que las discrepancias entre uno y otro
grupo se basan a partir de una cosmovisión distinta. Aunque en definitiva, son otros los
factores, los cuales manejan esta distinción, los que permiten el desarrollo de una
diferencia irreconciliable, la cual siempre es posible cuando uno fija la mirada en el
horizonte de la realidad y la razón práctica. Estos factores son las expresiones de las
radicales abstracciones que se han realizado de los contenidos, tanto seculares como
tradicionales, y por lo cual expresan una etapa que cederá paso a una pronta
reconversión del sentido, lo que nos permitirá comprender la realidad, ya no a partir de
un rígido caleidoscopio sino a partir de una serie de juegos entre continuos espejos que
nos reflejen y que reflejen las imágenes de los otros dentro de una comunidad, en la cual
se respeten las primigenias experiencias dentro de un verdadero consenso.
Las relaciones diseñadas a partir de los modelos rígidos de la abstracción siempre
exaltan las diferencias mediante una dialéctica que nunca llega a solucionar el conflicto
entre las partes; usualmente estas relaciones abstractas se condensan en las instituciones
y en los intereses económicos, los cuales siempre intentan dibujar la realidad según sus
conveniencias. En cambio, en todas las relaciones culturales establecidas en la historia,
unas solidarias, otras conflictivas, en las cuales el hombre, quien lleva y reinterpreta
su sentido a partir de la realidad, ha impreso su impronta, se ha podido observar cómo a
partir de la diferencia real y experimental se entretejen sólidos puentes entre distintas
culturas, puentes que tienen como base la solidez de la realidad.
Esta solidez es la última fuente del sentido de las sociedades, emanado del misterio de
lo numinoso, y a partir de lo cual todo es posible, sobretodo el milagro de superar el
conflicto mediante la aceptación real de las diferencias y no en la imposición de
afectadas y rígidas pseudo realidades.
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