Revista de Sociología - Volumen 11 - 1999 - Número 12


Maria A. Benavides


    

 

Lo que más me impactó fue la gran diferencia entre el comportamiento y la mentalidad china con las que había conocido anteriormente: las sociedades europeas y americanas, tanto del Norte como del Sur del continente. Si es posible hacer algún paralelo, la única que de algún modo se le equipara sería la sociedad andina en las provincias peruanas de Ancash y de Caylloma. Lo sorprendente es que estas últimas no han pasado por grandes cambios recientes como el maoísmo y la Revolución Cultural.

Mirando hacia el pasado, ¿qué cosa recuerdan los chinos? Yo diría que, más que nada, recuerdan la falta de comida durante su infancia, la falta de instrucción, las privaciones sufridas. ¿Que cosa les impacta más de la época contemporánea? La posibilidad de acceder a la abundancia de las cosas materiales, y la posibilidad de educar a sus hijos. Las sociedades de los pueblitos andinos son tan conscientes de las miserias pasadas, de la última moda en ropa juvenil y de las novedades en televisión como lo son los chinos de las ciudades, e igualmente fascinados con las gaseosas y las grandes comilonas. Tienen la misma curiosidad de saber la vida íntima de cada uno, y su nivel económico y de poder; y son igualmente escépticos de todas las teorías que quieren demostrar la falsedad de sus mitos, ritos y divinidades telúricas. La gran diferencia está en que, en gran medida, los ancashinos y los cayllominos no han alcanzado la bonanza de que empiezan a gozar tanto los habitantes urbanos como los campesinos de la zona agrícola aledaña a las grandes ciudades chinas. No tienen el gran apoyo del Estado, único dueño de los bancos chinos y, por tanto, de créditos que favorecen empresas grandes y chicas.

Este ensayo tiene por objeto recoger las impresiones de mi viaje. Durante mi estadía en China, yo dependí en gran medida de la ayuda de un amigo intérprete, pues mi conocimiento del lenguaje chino es rudimentario, y más o menos equivalente al conocimiento de inglés que tienen las personas en China que se ocupan de negocios. Prácticamente las únicas personas que tienen un buen manejo del inglés son las que trabajan en turismo internacional, y conocí solo un chino que sabía algo de castellano, y un viejo cura que recordaba algunas palabras de alemán. Por otro lado, ya tenía algunos conocimientos básicos sobre la cultura contemporánea china por mis amistades chinas que residen en el Perú, y por una amiga china que es catedrática en Estados Unidos. Y había leído todo lo que había podido sobre China moderna, si bien es difícil encontrar literatura sobre la sociedad contemporánea.

 

Qingdao y las ciudades del litoral

Estuve dos semanas en Qingdao, en la provincia de Shandong, frente a la península coreana. Qingdao fue una concesión alemana, y ha conservado edificios de estilo alemán; es un centro turístico con casi dos millones de habitantes, con gran malecón y playas, un puerto importante, y está desarrollando un gran centro industrial. En general, la provincia de Shandong es una de las mas industrializadas del país, con importante red de carreteras modernas.

Visité también otras ciudades de la provincia de Shandong, y estuve en Shanghai, una gran metrópolis en la costa central, y en las ciudades cercanas a Shanghai de atractivo turístico: Suchow, Wuxi y Hangchow. Luego estuve en Cantón, Hong Kong, Macau y Shenzhen, todos en la costa sur. En cada una de estas ciudades tuve la oportunidad de visitar hogares, oficinas y fábricas que la mayoría de los extranjeros no llegan a conocer. También conocí un personaje famoso: el abad del monasterio de Qingdao, sede principal de la secta budista más importante de China.


La naturaleza

El clima en el norte era seco y muy frío; en Shanghai, lloviznoso y menos frío; en el sur, entre tibio y fresco. Debido a las diferencias del clima, en el norte los árboles estaban desprovistos de hojas; en el centro había verdor y bosque; y en el sur la naturaleza es subtropical.

Hay elevaciones naturales que en el norte son peladas y de formación rocosa, en el sur cubiertas de vegetación. En el centro, el paisaje es totalmente plano, cubierto de un suelo denominado loess, famoso por su fertilidad, fofo y de color amarillo. El loess es resultado de la erosión eólica transportada tanto por el viento como por los ríos, cuyas desembocaduras varían de lugar a través de los siglos, formando deltas que luego se vuelven playas con poquísimo declive y con fondo barroso. El campo alrededor de Shanghai en el invierno está prácticamente sumergido en charcos de agua, a pesar de los múltiples canales construidos supuestamente para desaguar el excedente de agua.

En todos los lugares es común la neblina que puede ser espesa o rala, y es poco frecuente el clima despejado y soleado. Cuando la carretera sube a las montañas, como sucede entre Wuxi y Hangchow, se sale de la neblina y se goza del sol y del cielo azul. Pero la neblina también tiene su encanto misterioso, y la temperatura es más tibia cuando hay neblina, y más fría cuando corre el viento que despeja el cielo. La neblina es especialmente fascinante cuando descansa sobre los grandes lagos, haciendo imposible distinguir la línea del horizonte. Los barcos que se deslizan sobre las aguas toman formas etéreas, haciendo dudar si flotan sobre el agua o sobre las nubes, como sucede en las pinturas tradicionales chinas, en que unas cuantas pinceladas caligráficas sugieren un barco con su ocupante.

 

La gente: opiniones religiosas y políticas

Las personas que traté se preocupan muy poco de religión y política. Sin embargo, si por alguna circunstancia se encuentran en un templo budista, realizan actos de devoción, es decir, compran atados de incienso con los cuales hacen grandes reverencias y luego los dejan ardiendo en los grandes incensarios de bronce al aire libre, frente a los pabellones donde se encuentran las estatuas de los Budas. También es común que los fieles entreguen considerables cantidades de dinero a los monjes en los templos. Aparentemente, su objetivo en estos actos es obtener de los poderes supremos algún beneficio material.

Algunas personas opinan que el taoísmo ha tenido más influencia en China que el budismo, a pesar de que los templos Tao son más chicos y modestos que los budistas. Otras personas sostienen que Guang Dong, el dios del dinero, es el único a quien se le reza. En efecto, en todos los restaurantes y lugares comerciales se ven estatuas de ese dios, que tiene una expresión feroz y lleva una gran espada, porque la gente le quiere sacar dinero. Delante de la imagen hay pequeños incensarios.

La iglesia católica tiene relativamente pocos fieles, y no presenta las riquezas de pan de oro de los templos budistas. Se considera que la iglesia católica es foránea, si bien toda la jerarquía eclesiástica es exclusivamente china y no se permite la residencia en China a padres y monjas del extranjero. Es motivo de objeción que la Iglesia católica considere como su jefe al Papa en Roma, es decir, un extranjero. No tuve ocasión de conocer a miembros de las iglesias protestantes ni a israelitas, pero si a un bahai catalán, quien me dijo que había un grupo de su religión en Shanghai.

En cuanto a la política, la gente está contenta con el sistema actual, que permite el enriquecimiento individual. Hoy en día es libre la compra de comida, ropa y menaje de casa, que durante muchos años estuvo racionada, y esto es visto como un gran progreso. La gente compra cantidades considerables de ropa. En invierno, la ropa preferida para hombres y mujeres son los sacos de cuero negro con o sin cuello de piel. Los muchachos jóvenes usan casacas, pero es poco común el uso de guantes y de gorros aún en los días más fríos, en que las mujeres levantan los grandes cuellos de sus abrigos para protegerse de las ráfagas de viento. Los hombres de negocios andan siempre enternados y encorbatados, los ternos son siempre de colores oscuros.

Hoy en día se puede comprar o alquilar departamentos, desde los muy modestos hasta los más lujosos, pero cada familia tiene derecho todavía a una vivienda adjudicada por el Estado: un cuarto por familia, por el que pagan un alquiler simbólico; solamente los jefes de las empresas estatales tenían buenos departamentos.

En relación a la política internacional, hay una cierta paranoia por la historia de las relaciones que han tenido todos los países, tanto occidentales como orientales, con China. Pero los japoneses y los coreanos del sur que vienen como turistas o como inversionistas son bien vistos, así como los taiwaneses y los hongkoneses. En las ciudades como Shenzhen y Shanghai, donde hay más afluencia de taiwaneses, se ha desarrollado toda una industria de la diversión, tanto legítima como clandestina. La población de las provincias del norte que colindan con Rusia y Corea del Norte considera a sus habitantes como hermanos.

Ha habido poco trato con los extranjeros de Europa y América. Se opina que la preocupación por los «derechos humanos» que estos países defienden es una hipocresía cuya finalidad verdadera es recortar la autoridad centralizada del gobierno chino. Se considera que los progresos durante las décadas recientes en los campos de salud, alimentación, educación y poder adquisitivo, pueden ser considerados una mejora en "derechos humanos". Y la Historia de China que se enseña en los colegios procura demostrar que los períodos en que ha habido un gobierno central fuerte han sido años de bonanza, y cuando se ha fragmentado el poder ha habido pobreza y saqueos. Los chinos están convencidos de que Hong Kong, Taiwan y Tíbet son parte de la nación china, y que todo el que los quiere separar está atentando contra la soberanía china no solamente en esas zonas, sino en todo el territorio chino. En general se opina que China necesita un gobierno fuerte, un "emperador" para gobernar las ingentes masas. Un sistema democrático y multipartidario sería muy peligroso: los gobiernos de otros países, que temen el poderío chino, aprovecharían para hacer negocio vendiendo armas a ambos partidos, llevando la población a una guerra civil en que los chinos se matarían entre ellos.

Hay personas mayores que extrañan el período de Mao Tse Tung en que, sostienen, cada uno se sacrificaba para la colectividad y la gente no era egoísta y metalizada como ahora. Pero a la vez lamentan no haber sabido aprovechar la oportunidad de enriquecerse cuando se abrió la economía a partir de 1979. Esta ambigüedad es una característica marcada de los chinos, quienes no tienen problema en sostener simultáneamente que la vida es sagrada, que se debe vivir en armonía interior y social, que la salud depende del equilibrio de la energía y del pensamiento, y que el progreso material es lo que más importa.

En cuanto a la limitación de la natalidad, la gente en las ciudades generalmente está de acuerdo con el principio de que no debe haber más que un hijo por pareja. Los que quisieran tener un segundo niño aceptan el principio de que hay que renunciar a la propia voluntad para el bienestar colectivo, ya que la infraestructura de salud, educación, etc., no puede atender una mayor población juvenil. Aparentemente, hay más libertad para tener un segundo hijo en el campo y en las provincias de la periferia meridional, donde están las llamadas "minorías étnicas". En las ciudades, un año después del nacimiento del primer hijo, se exige que la mujer se haga ligar las trompas. Que yo sepa, no hay un programa equivalente de vasectomía para hombres.


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