Revista de Sociología - Volumen 11 - 1999 - Número 12


Manuel Castillo


    

 

Este estar "in-out" (adentro y afuera) como en una indefinida frontera de demarcación de instituciones disciplinarias probablemente sea parte de su éxito; pero quizá también se deba a que, como señalamos anteriormente, el espíritu epistemológico de la época postmoderna en que vivimos trabaja a su favor. Con la crisis de la epistemología newtoniana y el renacer universalista del método hermenéutico, la presencia indudable de la epistemología relativista que el humor postmoderno retoma como suya y que hace argumentar y escribir a Feyerabend por una teoría anarquista del conocimiento y contra el método, los linderos demarcatorios de lo científico y no científico se desdibujan. Al perder piso la teoría del conocimiento de la objetividad y por consiguiente de la verdad insoslayable y única, al colocarnos en una teoría del conocimiento de la subjetividad y en una sociología de la conciencia, que echa por tierra los linderos demarcantes de una epistemología fisicalista que separaba nítidamente entre lo falso (conciencia) y lo verdadero (conciencia real, y recordemos aquí a Luckac’s de la conciencia falsa y conciencia verdadera), al ingresar postmodernamente al terreno de la relatividad se difuminan los linderos de la especialización del conocimiento. El periodismo ingresa a la "academia" y la academia quiere hacer periodismo.

Y es en la precisa relevancia del periodismo como lenjuage de libro de divulgación donde radica una de las ventajas más excelsas de la literatura de la pastoral administrativa. Se retoma, así, las cualidades de comunicación de masas de la literatura de divulgación, retomando también una de las características más notables de la cultura de masas anglosajona y que vemos reiteradamente en la industria cultural del cine como en la televisión. La de no despegarse de su público mediante alambicados y pesados discursos expositivos. La cultura light de lectura fácil y pegada instantánea caracteriza la editorialización de sus textos, y al contrario de los alambicados y duros discursos de la cultura europea mediterránea de la academia y sus interminables soliloquios sociológico-académicos, esta literatura se nos presenta fácil, agradable, entendible y digerible.

No menos cierto es que la difusión libresca de la pastoral administrativa y su impacto de masas está estrechamente relacionada con la globalización, la edición en masa y la atención que se presta a los nuevos mercados emergentes. La difusión masiva abarata costos por unidad y la globalización permite llevarlos a diversos espacios comerciales sin mayores restricciones. Las competencias nacionales quedan fuera de lugar y eso fortalece, aún más, la presencia de autores anglosajones en esta literatura.

Los autores que pueblan la membrecía de la pastoral administrativa suelen ser numerosos; pero algunos, a tanta insistencia, van quedando obsesivamente fijados en la memoria de sus heterogéneos consumidores. Nombres como Hampy y Hammer, Beckhard, Schein, Goldsmith, Leider, Hesselbein, Senge, Coleman acompañados de japoneses como Kanri, Hirata, o latinoamericanos como M. A. Cornejo, se sitúan al lado de la firmas más fuertes de todas Toffler o Drucker. Pero, en tanto el orden del sistema no busca ser alterado, el orden de la representación en la industria editorial reestablece las pautas de estratificación y división por jerarquías que todo orden presenta. También en la industria light hay firmas fuertes y débiles. Entre los primeros Drucker, Toffler, Coleman, entre los segundos el resto que quizá no podamos siquiera recordarlos.

Tal como en el sistema sociológico de representaciones simbólicas que Bordieu nos ofrece, también aquí el capital social, en este caso las distinciones del capital social adquirido por las firmas, se disputan el mercado entre los establecidos y lo que busca establecerse, entre lo reconocido y lo que pretende traspasar hacia nuevos reconocimientos, o como diría Castoriadis, entre los instituidos y los instituyentes. Sacerdotes de iglesias institucionalizadas y legitimadas versus profetas de grupos emergentes y de nuevas interpetaciones a difundirse. Siempre un libro nuevo, un alcance más, una nueva forma de decir lo mismo, la industria editorial de best-séllers no tiene cuándo parar. Pero si bien la disputa cruza todo el mercado, en la medida que es industria mundial y se encuentra globalizada, también sufre las alteraciones de la economía política de la nueva división internacional del trabajo. De ahí que a nosotros nos llegue, como ondas de efectos secundarios producidos en otros mares, los saldos por las disputas del capital simbólico de la producción editorial de la cultura light.

Pero, las firmas de este tipo de literatura no se agotan en la administración. Unidos por el cordón umbilical del descubrimiento de la nueva era informática ha surgido lo que se denomina la "futurología analítica", variante derivativa de la anterior pastoral administrativa en la cual la firma más destacada es la de Alvin Toffler, continuador de la escuela de "futurología sociológica" que floreció en norteamérica a fines de los cincuenta y que dio inicio a estudios como los Brezzinski y su propuesta de la era tecnotrónica, Touraine y su afirmación de sociedad postindustrial, y que incluso influenciaría a pensadores como Daniel Bell con su concepto de sociedad postmoderna. Ciertamente esta variante parecería ser menos pastoral y más consistente en sus apreciaciones. Rebajando las propuestas normativas Toffler en sus numerosos libros nos llama la atención sobre el advenimiento de un nuevo mundo anclado sobre la informática y los sistemas computarizados. Pero el manto de "objetividad" descansa en Toffler en su reconocido economicismo.

En efecto, a partir de anclar el supuesto de sus apreciaciones en los cambios tecnológicos, deduce, desde esta base económica productivista la estructura de la sociedad y la tipología de sus instituciones. La era Gea, Machina e Informática se convierten en clasificaciones de estructuras sociales en donde la discontinuidad histórica, el corte de la periodización, son los cambios tecnológicos. De esa forma entronca con uno de los principios básicos del programa de investigación del materialismo histórico, y actualmente aceptado como consenso por la academia, por lo menos hasta antes de la llegada de la propuesta habermasiana de insertar la teoria subjetivista de la acción (Parsons reconocido) y la teoría de la cognoscibilidad de Piaget, al interior del DIAMAT. A largo plazo la sociedad, la cultura, la política y las instituciones son endógenas a la economía. Por lo cual, para análisis de larga duración históricos, la ancla metodológica del paradigma productivista (sistema que ingresa al mundo de la vida, como señala Habermas) resulta valiosa.

Otra de las variantes derivativas de la pastoral de la administración, entre los varios troncos que podemos encontrar, es la literatura del constructivismo. Coleman con La inteligencia emocional junto con Montenegro y La sociedad digital, pueden ser fácilmente asociados a ella, siempre y cuando se establesca con claridad cuál es el puente tendido entre ambos. Y el puente es el reconocimiento de la individualidad, la exacerbación de la subjetividad y el voluntarismo que a fines del siglo se han vuelto a revalorar con intensidad. Lipovetsky señala que la cultura de la subjetividad individualista y su secuela de hedonismo y despersonalización egolatrizante marcan las características del humor postmoderno de fin de siglo. Si ello es así, la revalorización de lo individual y la voluntad, filosofía vitalista que a lo largo del siglo XX había sido apocada y aplanada por la filosofía de la estructura y la sociología del sistema arrogándose el nombre de la razón, vuelven a colocar sobre el escenario el papel de la voluntad y la acción.

Pero, esta revalorizante filosofía de la vida como sensibilidad de fin de siglo –con la revalorización que Vattimo hace de Nietzsche– cuando se traslada desde la academia y el foro exclusivista de los filósofos ilustrados a la cultura de masas y a su plebeyización callejera, aparecen como revalorización del "tú si lo puedes", "se positivo". Así, al final de la larga cadena de mediaciones que existe desde el foro filosófico a la "epistemología de la calle" nos encontramos con los aforismos del Dr. Barnard y sus recomendaciones para el buen vivir. Pero si bajo un ejercicio de imaginación sociológica juntamos estas polarizaciones extremas –el mundo del foro y el mundo cotidiano– veremos que los une un mismo cordón unbilical. Si observamos el "Tú sí puedes construir el futuro" y "tú sí puedes cambiar tu situación", frases manidas y recontracitadas en todos los libros del género "cómo mejorar la vida" que se expenden en los supermercados como "Santa Isabel", "Wong", "Metro" o "Top Market" –clara denotación de la influencia de la literatura best-séllers anglosajona de cultura de masas en nosotros– lo que veremos es la revalorización de la voluntad, la subjetividad y el individuo frente a las estructuras adversas que lo rodean.

Y si algo cruza y une a la pastoral administrativa, la futurología analítica y el constructivismo colemaniano es el individuo como centralidad para cambiar su situación ejercitándose en nuevas estrategias subjetivas interiores que, precisamente, estos libros divulgan. Es la divulgación en serie y por lo mismo, descomplejizada, homogeneizada, sencillizada, de la filosofía de la subjetividad que se impone hegemónicamente en el mundo de fin de siglo, trasladada a la calle y al kiosko vecino de la vereda de enfrente. Es también, por consiguiente, conformismo y conservadurismo, como dice Habermas cuando critica a la filosofía postmoderna de fin de siglo.

Pero, en lo que respecta a la propia pastoral de la administración, a nuestro entender el tronco mayor del que se derivan las diversas ramas futurológicas, planeamiento-estratégicos, constructivistas, y protovitalistas, la constitución de su "corpus" teórico en tanto que "ciencia" reciente se ha hecho canibalizando a otras culturas del saber. Así, la comparación entre el lenguaje de izquierda de los 70 y el de la "guerra de la competencia" puede terminar siendo muy ilustrativa. Términos como misión-visión, plan estratégico, posicionamiento, etc. bien pueden asimilarse al carácter de la época, estrategia y táctica, tarea del momento. Terminología que caracterizaba, justamente, al pensamiento izquierdista de los latinoamericanos del 70. Pero al realizar este traslape terminológico se realiza también un traslape de contenidos. El objetivo de la efervecencia terminológica de los setenta queda así convertido en la efervecencia de la guerra empresarial de los noventa.


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