Revista de Sociología - Volumen 11 - 1999 - Número 12


Ángel Espina Barrio


    
 

Estamos en un mundo masculino donde quedan, de hecho, excluidas las mujeres siempre que se trate de algo relevante. Las supuestas diferencias psicofísicas entre los sexos se resaltan en favor de la virilidad y su aventajada adecuación a la guerra. Precisamente esta obligada convivencia entre hombres, en la que todo lo femenino queda desvalorado y relegado a la "vida civil", hace que en muchos casos se produzcan enlaces afectivos y eróticos entre hombres y que se oponga, concomitantemente, un fuerte rechazo institucional contra los mismos. Para explicar las desorbitadas penas que los códigos de justicia militar imponen a las relaciones homosexuales hay que acudir al mecanismo que hace mucho tiempo puso de manifiesto Freud al hablar de la prohibición del incesto: sólo se prohíbe aquello que de alguna forma se desea o se está tentado de hacer. Y esta prohibición es tanto más dura cuanto mayor es el deseo7. En lo individual, la represión de la sexualidad entre individuos de igual sexo, y su conversión en una relación agriamente competitiva, viene motivada por una especial solución del complejo referido, sobrecargado de contenidos agresivos y amenazadores. En casos extremos, este amor-rivalidad puede llegar a tales cotas que desemboque en una paranoia8.

Naturalmente que la creciente integración y aceptación de la mujer, e incluso de personas homosexuales, que en los últimos años y en algunos casos se está produciendo en los grupos militarizados, puede rebajar en parte los efectos negativos que estamos comentando; pero ya sabemos que tal integración no ha hecho más que empezar, es muy parcial y criticada por los sectores más puristas.

Otra pauta de comportamiento militar es el extremado ritualismo y meticulosidad con que se realizan muchas actividades, extremo éste que ya se puso de manifiesto al hablar del empleo del uniforme9. El orden, la limpieza y escrupulosidad, la puntualidad10, la economía11, etc.; son resaltados como virtudes castrenses y, curiosamente, coinciden punto por punto con los rasgos que la psicología dinámica tilda de "carácter anal"12. Este carácter estaría conectado con nudos afectivos no resueltos en la etapa del desarrollo psico-sexual en la que se produce la primera gran prohibición, símbolo de las restantes: el obligado control de los esfínteres. No es de extrañar que se hayan asociado fijaciones en esta etapa anal-retentiva con alteraciones de tipo paranoico y con otras disfunciones, como son las obsesivo-compulsivas que ahora nos ocupan. La tendencia hacia la ejecución de acciones simbólicas precisas, a actos con movimientos rituales estereotipados (v. gr. rendir honores a los muertos), presenta notables parecidos con las prácticas realizadas por los neuróticos obsesivos y hace suponer que la normativa y las costumbres militares puedan fomentar tales salidas sintomáticas.13 Como bien saben los psicólogos clínicos, en el núcleo de esta tendencia obsesivo-compulsiva se encuentra la figura paterna, y los síntomas que la caracterizan no son más que reparaciones simbólicas a la fuerte agresividad que el individuo desarrolla frente a quien ve como hostil y castrante. Ante la idea de la eliminación del padre se da un profundo sentimiento de culpabilidad y una angustia tal que sólo puede aplacarse mediante complicados rituales realizados periódicamente con toda escrupulosidad.

Una última pauta, algo diferente a las ya referidas, consiste en la escisión entre la vida civil y la vida militar, separación que muchas veces se plantea de forma radical. El individuo se comporta casi con distintas personalidades según esté en el cuartel o fuera de él; en situación militar o fuera de ella. En toda institución, e incluso en muchas actividades, se da una diferencia de roles parecida, pero en el caso que nos ocupa –y dado que el estilo militar impregna más profundamente la personalidad– esta dicotomía puede llegar a ser altamente problemática.

La falta de motivación para actividades civiles de tipo científico, filosófico, artístico o poético –desdeñadas muchas veces como impropias de la milicia– hace que se produzca una desorientación en estos ámbitos y que se fomente el desarrollo de hábitos nocivos –como el alcoholismo y la drogradicción en general– tendentes a llenar el vasto tiempo libre del que se dispone. Otras veces estos inmensos huecos de tiempo se llenan con actividades prácticamente inútiles o carentes de otra funcionalidad que no sea pasar el tiempo. Fuera del ámbito castrense se busca un estado alterado de la conciencia y una huida de la realidad ya que ésta es vivida, a veces, de forma rígida y displaciente.14 El abuso del alcohol, práctica más extendida de lo que parece, se deriva de esa brutal escisión vital que puede llegar hasta la misma psicosis, enfermedad en manera alguna ausente de los hospitales para combatientes. Quizá puedan tender más a esa radical salida aquellos individuos que, ya siendo propensos, viven más crudamente el cambio o el choque vida civil-vida militar, como son los reclutas y los próximos a la licenciatura, los grupos aislados o los fuertemente amenazados, etc.


7- Véase: S. FREUD, Totem y tabú (1912), O.C., pp. 1757-1758 y Lecciones introductorias al psicoanálisis (1917), O.C., pp. 2252.
8- Ésta es la conocida explicación que Freud da de los síntomas de paranoia como derivaciones de la represión de la pulsión homosexual. S. FREUD, Observaciones psicoanalíticas sobre un caso de paranoia (1910), O.C., 1516-1526.
9- "Pondrá gran cuidado en observar y exigir los signos externos de subordinación y policía, muestras de su formación militar y de respeto a los demás. Se esforzará en destacar por la corrección y energía en el saludo y por vestir el uniforme con orgullo y propiedad". (Art. 40, R. Ordenanzas, O.C.)
10- Se reprueba duramente en el oficial "el llegar tarde a su obligación, aunque sea de minutos..." (Art. 72, R. Ordenanzas, O.C.)
11- Hablando de las funciones del militar se dispone: administrará con ponderación e integridad los medios y recursos puestos a su disposición, evitando todo consumo innecesario... (Art. 107, R. Ordenanzas, O.C.)
12- Y que pueden consultarse en S. FREUD, El carácter y el erotismo anal (1908), O.C., pp. 1354-1357
13- Que estarían también relacionadas con el complejo paterno, como nos indica Freud en el análisis de su caso más famoso de neurosis obsesiva, "Caso del Hombre de las ratas": Así había sucedido, en efecto. Como siempre que entraba en contacto con la vida militar, el sujeto se hallaba en plena identificación inconsciente con su padre, el cual había servido en el Ejército varios años y solía relatar muchas anécdotas de aquella época. S. FREUD, Análisis de un caso de neurosis obsesiva (1909), o.c., 1468.
14- Los jefes militares saben muy bien que no hay peor situación para las tropas que la ociosidad. El problema está en que, si no hay situación de guerra real o algún trabajo útil "civil", lo único que queda es el simulacro, el deporte o las actividades repetitivas carentes de significado (v. gr. limpiar armas ya limpias).


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