|
| LA LUCHA POR EL PODER MUNDIAL Y EL ARMAMENTISMO
El propósito principal de este trabajo es el de avanzar en el análisis de un fenómeno sumamente delicado y complejo, como es la lucha por el poder y la hegemonía mundiales, la cual parece estarse convirtiendo en una verdadera amenaza para la humanidad, en la medida en que aquélla continúa, a pesar de haber concluido en lo fundamental la guerra fría, suceso sobre el cual mucho se ha escrito y especulado, pues es un asunto de importancia histórica que ha sido capaz de modificar el eje fundamental en que descansaba la política mundial: el bipolarismo. La premisa fundamental parte del supuesto de que, en la posguerra fría, se ha generado una intensa competencia en la opción de exportar armamento, sobre todo armas mayores y tecnologías militares, la cual es contantemente fortalecida, como se estudia en los trabajos de este volumen. Cabe destacar que esta vertiente del comercio está incluida en la guerra en los niveles productivos, financieros, comerciales o tecnológicos. Asimismo se ha establecido una competencia de carácter militar, para mantenerse en la punta de la investigación y producción de nuevas armas1a fin de disuadir a posibles o potenciales enemigos, pero también para su comercialización, pues de acuerdo con la estrategia y la geopolítica de largo aliento que han contenido emergencias políticas momentáneas, la opción de exportar armas puede ser conveniente con fines meramente comerciales cuando ese mercado específico es favorable. Cabe recordar que esta vertiente del comercio está incluida en la guerra económica entre las grandes potencias del mundo: Estados Unidos, el Reino Unido, Francia, China, Rusia, Alemania y Japón. Las cinco primeras han sido las exportadoras más importantes de armamento pesado al llamado Tercer Mundo, además de ser las principales potencias militar-nucleares y miembros permanentes del Consejo de Seguridad (CS) de las Naciones Unidas (ONU). En el ámbito competitivo en general, esas potencias, con excepción de Rusia, aportan más del 70% al producto mundial, junto con otros países de menor peso, como Canadá e Italia. Otro dato que conviene mencionar es que los países señalados también fueron los principales protagonistas de los dos más grandes conflictos bélicos que han afectado a la humanidad: la primera y segunda guerras mundiales, con la excepción de China y Canadá, que en esas guerras estaban total o parcialmente dominados por otras potencias. El origen y desenvolvimiento posterior de esas potencias puede hacerse residir en la competencia y rivalidad comercial, financiera, tecnológica, militar y política. Tal parece que en la actualidad las consecuencias político-militares de la creciente competencia entre los bloques económicos capitaneados por algunas de las grandes potencias del orbe es el más importante desafío, de los muchos que azotan a la humanidad, para unas expectativas de paz en tanto y cuanto las tendencias de la revolución tecnológica son a volcarse en la industria militar. Así, entre las diversas vías con que se tiende a contrarrestar las crisis recurrentes del mercado mundial está el comercio de armamento o de la electrónica aplicada al Departamento de la Defensa de Estados Unidos por relevantes corporaciones privadas no solamente de este país, sino de otras potencias, como Japón.2 Si viviéramos en un mundo de creciente colaboración social y económica entre empresas, regiones y países, donde los mayores y mejores esfuerzos se apostaran a alcanzar el paradigma del desarrollo económico y social, sin necesidad de entrar en la competencia salvaje, no habría bases para que los grupos políticos y económicos más poderosos del planeta tomaran sus decisiones en torno a la necesidad de incrementar su poderío militar. Como ello no está ocurriendo y no hay posibilidad de cambios debido a que la producción y el mercado están indisolublemente ligados entre sí, y con la producción y exportación de armamentos, se entienden los crecientes peligros que la humanidad enfrenta para garantizar su simple supervivencia como civilización, en la medida en que es cada vez mayor la capacidad de destrucción derivada de la producción de armas letales y no letales (las capaces de asegurar sólo la destrucción de bienes). Ello por cuanto en la propia destrucción va involucrada una necesidad intrínseca: la de renovar la valorización del capital en el siguiente ciclo, por ejemplo, con la reconstrucción.3 Es un contrasentido que en vez de destinar recursos financieros a la solución de los más graves problemas que en tanto sujetos sociales nos aquejan, los estados destinen presupuestos enormes a los establecimientos de defensa, a los medios de destrucción: la liberalización comercial mundial lo debiera hacer innecesario. Pero la realidad es muy distinta, ya que la competencia exacerbada también alimenta el nacionalismo, como la prueba el que la Unión Europea (UE) como bloque económico, se ha enfrentado a inmensas dificultades que pusieron en riesgo la unificación monetaria iniciada en 1999. Es relevante destacar que sólo en círculos muy reducidos de esos países se da importancia a lo que se avanza en materia de medios tecnológicos-militares industriales para los establecimientos de la defensa, incluidas las pruebas para lanzar las nuevas líneas de armamento y su posterior producción y resguardo. Todo se lleva a efecto en los marcos del mayor secreto posible ese a su necesaria autorización anual por el Congreso, por ejemplo, en Estados Unidos, de modo ambiguo: a] para que la opinión pública se informe mal acerca de los riesgos mayores, y b] sería una estrategia disuasiva de seguridad. Así, se observa que a lo largo de la década de los noventa continúa la investigación y la producción de armas, sin duda cada vez más eficaces como medios de exterminio, a pesar de que dicha década se caracteriza por la desintegración de uno de los polos del conflicto que justificaban dichas erogaciones, la Unión Soviética, y que generó la esperanza de que por fin se llegaba a un punto final de la carrera armamentista nuclear y convencional desatada entre las anteriores superpotencias, y a la que se sumaron otras naciones con armas nucleares aliadas en la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) o el Pacto de Varsovia (PV). La carrera armamentista convencional,
pese a las expectativas optimistas de la postguerra fría, continuaría aun en el
caso de que cesara la lucha por la supremacía nuclear que en un tiempo se consideraba
pieza fundamental de la estrategia de disuasión en el conflicto Este-Oeste por
razones económicas: el empleo y el desempleo, cuyas tendencias se modifican por la
revolución tecnológica que ha hecho descender la tasa de empleo y crecer la del
desempleo, especialmente en trabajo no calificado, por ejemplo en Estados Unidos. En la fase inicial de la posguerra fría
se llegó a pensar que ahora sí se podrían usar los escasos recursos disponibles para
satisfacer las necesidades acuciantes que han afectado a vastas proporciones de la
población humana; ello debido a la creencia de que poco a poco irían disminuyendo los
gastos con fines militares. Si bien es cierto que en el caso de la otrora Unión
Soviética la reducción ha sido significativa hasta 1997,6 ello se ha debido
más por la desarticulación económica y política en toda Rusia y las otras repúblicas
de la Comunidad de Estados Independientes (CEI) que por razones geopolíticas. En efecto,
los cortes en los montos anuales destinados a fines de defensa por Estados Unidos, el
Reino Unido y Francia han sido de escasa magnitud. En los casos de China, Japón y
Alemania, dichos gastos han aumentado. Por ello nos atrevemos a afirmar que desde hace 50
años la lucha por el poder y la hegemonía en escala mundial se va convirtiendo en una
creciente amenaza para la capacidad de supervivencia de la humanidad, superior tal vez a
la que supone el ataque continuo al ambiente que entraña el calentamiento del planeta a
causa de la combustión fósil y del efecto invernadero así generado, que acaso es
irreversible.
1. Se entiende que se trata de armas
convencionales, tanto pesadas como ligeras pero pueden ser armas de exterminio masivo no
necesariamente nucleares. La reciente revisión llevada a cabo con renovado consenso sobre
el Tratado de No Proliferación Nuclear (TNPN) 2. Sobre el papel que desempeñan los
tanques de pensamiento, como la Rand Corporation y la Heritage Foundation en la ideología
y los negocios de las grandes corporaciones, véase Luis Gonzáles Souza,. México
desde EU: ¿estabilidad sin democracia?, en Estrategia, núm. 113, México,
septiembre-octubre de 1993. 3. Véase Adolfo Kozlik, El capitalismo
del desperdicio, México, Siglo XXI Editores, 1968. En relación con la posibilidad de
reducir tal capacidad de destrucción y obtener unos dividendos de paz, después de la
guerra fría, el Fondo Monetario Internacional (FMI) advierte, en un estudio de 1992, que
es muy importante la diferencia entre reducir unilateralmente la capacidad de
destrucción por un solo país o grupo de países al disminuir su gasto militar, frente a
reducir dicha capacidad y gasto a nivel mundial. Véase Beneficios económicos
de la reducción del gasto militar, en FMI, Perspectivas de la economía mundial,
Estudios 4 Ello incluso hasta en Estados Unidos,
donde los resultados de una orden legislativa de 1985 para abordar los recortes
presupuestarios más bien gravitan sobre el welfare state; en cambio, permiten recortes
insignificantes en el presupuesto de defensa, según muestra Margot Sotomayor Valencia en
este volumen. 5. Pese a los recortes al gasto en investigación y desarrollo (ID) para la defensa en Estados Unidos entre 1990-1994, periodo en que disminuyeron en 1996 la tasa respecto a 1995 fue de 4.3% y su proporción del gasto federal en ID, fue de 37.5%. Véase Battelle, R & D Forecast Level, Columbus Ohio, 1994 y 1997. 6. Debido al supuesto proceso de conversión industrial y a los compromisos asumidos en las Conversaciones sobre Eliminación de Armas Estratégicas (START) bilaterales entre la ex URSS y Estados Unidos. Sin embargo, después del desmantelamiento de los proyectiles de largo alcance aún quedan más de 4 000 ojivas nucleares en la aviación estratégica, en submarinos nucleares o en bases terrestres de lanzamiento de misiles. |
|||