GACETA SAN MARQUINA

Año 11 - Nº 39 | Órgano Oficial de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos | Mayo - 2001

HONORIS CAUSA A UN SANMARQUINO UNIVERSAL

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Soberbio y fecundo talento creativo

 

Un acto académico, como el presente, que concita la atención de la comunidad sanmarquina y de la comunidad nacional, nos invita a la reflexión. Debemos empezar esta reflexión con una interrogante sobre la magnificiencia que engalana esta ceremonia. No se trata de seguir a pie juntillas el boato anacrónico de la sacralidad de un formulismo solemne. La ceremoniosidad casi ritual que aquí respetamos persigue más bien la forma idónea que pueda acoplar el sentido de un acto trascendental, con la eximia historia de nuestra universidad.

La institución que nos cobija es más antigua que la misma república y siempre acogió en su seno el discurso crítico y creativo de sus miembros como principio existencial.

Ahora, luego de un deleznable letargo autoritario, la Universidad recupera su institucionalidad, su peso histórico, su razón de ser, justo en el momento en que el país sale de un río cenagoso y busca construir su futuro con honestidad por siempre. No resulta ocioso repetir que lo que distingue a San Marcos es su irreductible pluralidad, la posibilidad de dar cabida a voces disonantes, aun antagónicas. Esta polifonía, sólo puede desplegarse en un clima de tolerancia, de respeto a lo disímil. En suma, sólo puede batir sus alas en el "reino de la libertad". La libertad es, pues, nuestro más grande tesoro, lo que podemos aquilatar en justa medida luego de un execrable lapso de intervención autoritaria.

De este modo, la presente ceremonia, símbolo del más alto valor académico en la vida universitaria, adquiere luces de esplendor que deben irradiarse a todos los espacios de la vida universitaria y la vida nacional. Es la puesta en escena de una universidad libre, íntegra, que levanta el venerable estandarte de la autonomía en un país que recupera su sentido moral; son por ello, actos de esta índole, una auténtica fiesta universitaria proyectando tradición y prestancia.

Conceder el Doctorado Honoris Causa a un peruano tan ilustre como Mario Vargas Llosa es muestra de un reconocimiento oportuno y cabal que la universidad da a uno de sus hijos más notables. La frase latina Honoris Causa nunca se ha revelado tan feliz como aquí y ahora porque, sin lugar a dudas, Mario Vargas Llosa es una figura descollante por su honestidad intelectual, su poderosa inteligencia y su ubérrima creatividad.

El laureado escritor que nos honra con su presencia siempre ha hablado con la verdad, con transparencia, haciendo gala de un auténtico apostolado ético tan necesario en los aciagos días que vive nuestra patria. Eso le significó, algunas veces, granjearse enconos, pero nunca claudicó en la fidelidad a la pureza de su mensaje. Por esta razón, nadie puede poner en entredicho su honestidad intelectual, pues ante todos y a veces contra muchos, se ha revelado siempre como un hombre íntegro, cuyo compromiso mayor es defender con veracidad el noble ideal de la libertad.

Mario Vargas Llosa resalta por el poder de su pensamiento. Estemos de acuerdo o no con lo que plantea puntualmente, siempre reconoceremos la fortaleza racional de sus discursos, esa armazón cartesiana que tienen sus mensajes, la hondura reflexiva que lo lleva a la cúspide del entendimiento. Cuando el autor de El pez en el agua argumenta, la elocuencia del humanista se complementa maravillosamente con el vigor de la razón pura.

Mas, con todo, el alto nombre de que goza Mario Vargas Llosa se debe a su soberbio talento creativo. Es el novelista peruano más afamado y con razón. Sus innovaciones técnicas, la riqueza psicológica de sus personajes, la fluida densidad de su recorrido narrativo, hacen que sus novelas se eleven a la categoría de ejemplos del arte universal. La creación de Vargas Llosa, ha generado ya, un ingente caudal de críticas laudatorias que parece no tener término.

Quisiera expresar el sentimiento muy personal que me embarga desde que se programó este acto y que ha llegado a su cima al imponerle la medalla honorífica al Doctor Mario Vargas Llosa. Un sentimiento de profunda admiración a nuestro más grande escritor.

Sin duda, todos los presentes reconocemos el valor de un hombre que ha sabido conjugar la más acendrada vocación humanista con un elevado espíritu moral.

 

 

 

Mi simpatía intelectual por Mario Vargas Llosa se nutre también de las profundas semejanzas que hay entre la ciencia y la literatura. Se trata, en términos retóricos, de la más pura simpatía que siente un hombre de ciencias por un hombre de letras.

Aunque ciencia y literatura son disciplinas que la modernidad puso en esferas diferentes y, a veces, son demarcadas con hitos exagerados, la investigación científica tal como yo la conozco y la pasión literaria que brota de la pluma de Mario Vargas Llosa tienen mucho en común.

En primer lugar, ambas son empresas de descubrimiento del conocimiento, cuya finalidad, cuyo motor ' cuyo destino es la creación. Esta insondable comunidad explica por qué un científico que embelesado al contemplar una obra de arte y asimismo de cuenta de una fascinación que muestra el hombre de letras cuando llega a comprender el sentido de un experimento o la estructura de una teoría científica.

Otra semejanza entre estos portentosos dominios tiene que ver con la importancia de la forma, cuya presencia es inocultable tanto en la ciencia como en la literatura. La literatura vive de la forma, de la expresión que se engalana con metáforas, con alegorías que le dan ornato al mensaje. Del mismo modo la ciencia va a la búsqueda de la belleza, de la expresión perfecta que se plasma en el ideal de la simetría, del orden, inherentes a toda ecuación o las más diversas fórmulas científicas.

Quisiera expresar el sentimiento muy personal que me embarga desde que se programó este acto y que ha llegado a su cima al imponerle la medalla honorífica al Doctor Mario Vargas Llosa. Un sentimiento de profunda admiración a nuestro más grande escritor.

Sin duda, todos los presentes reconocemos el valor de un hombre que ha sabido conjugar la más acendrada vocación humanista con un elevado espíritu moral.

Mi simpatía intelectual por Mario Vargas Llosa se nutre también de las profundas semejanzas que hay entre la ciencia y la literatura. Se trata, en términos retóricos, de la más pura simpatía que siente un hombre de ciencias por un hombre de letras.

Aunque ciencia y literatura son disciplinas que la modernidad puso n esferas diferentes y, a veces, son demarcadas con hitos exagerados, la investigación científica tal como yo la conozco y la pasión literaria que brota de la pluma de Mario Vargas Llosa tienen mucho en común.

En primer lugar, ambas son empresas de descubrimiento del conocimiento, cu)p finalidad, cuyo motor, cuyo destino es la creación. Esta insondable comunidad explica por qué un científico queda embelesado al contemplar una obra de arte y asimismo da cuenta de la fascinación que muestra el hombre de letras cuando llega a comprender el sentido de un experimento o la estructura de una teoría científica.

Otra semejanza entre estos portentosos dominios tiene que ver con la importancia de la forma, cuya presencia es inocultable tanto en la ciencia como en la literatura. La literatura vive de la forma, de la expresión que se engalana con metáforas, con alegorías que le dan ornato al mensaje. Del mismo modo, la ciencia va a la búsqueda de la belleza, de la expresión perfecta que se plasma en el ideal de la simetría, del orden, inherentes a toda ecuación o a las más diversas fórmulas científicas.

Por todo lo dicho, no sólo me enorgullece, es también motivo de verdadero placer asistir a esta hermosa ceremonia, Y aún cuando este solemne acto guarde muchos significados en su seno, uno de sus sentidos más profundos es el de poner de relieve la antigua armonía entre las ciencias y las humanidades. Tal es mi deseo.

En el año del 450 aniversario de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, bienvenido a este claustro Doctor Honoris Causa, Mario Vargas Llosa.

 


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