GACETA SAN MARQUINA

Año IX - Nº 38 | Órgano Oficial de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos | Enero - 2000

 

PROHOMBRES DEL SIGLO XX

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Gustavo Pons Muzzo


Gustavo Pons Muzzo

¿Quién no ha consultado sus textos de secundaria para conocer nuestra historia republicana o, principalmente, los pormenores de la aciaga Guerra con Chile a fines del siglo XIX?.

Gustavo Pons Muzzo, maestro sanmarquino, preserva incólume un especial cariño por la tierra que lo vio nacer: Tacna. Quizá sea por las circunstancias difíciles que marcaron su infancia o la demostración explícita de una reivindicación patriótica, lo cierto es que nuestro historiador no cesa de repetir que «nació durante la ocupación chilena, un 12 de setiembre de 1916».

Y este compromiso con su pueblo, sin duda, ha sido correspondido con creces Así, fue elegido con el apoyo abrumador de sus coterráneos senador de la República en 1962, ha sido merecedor también de la medalla cívica del municipio tacneño, quien lo declaró además Hijo Ilustre, y no hace mucho fue distinguido como Doctor Honoris Causa de la Universidad Jorge Basadre Grohmann, una de las principales y más infuyentes casas de estudios del sur del Perú.

Sus inicios

Trasladada la familia a Lima y tras realizar la educación básica en el Colegio Nacional Nuestra Señora de Guadalupe, Gustavo Pons Muzzo ingresó a la Universidad de San Marcos para estudiar y doctorarse en Letras y Educación. Siendo aún estudiante fue llamado por sus méritos para colaborar en la parte bibliográfica de la primera edición de la Historia de la República del Perú, que preparaba don Jorge Basadre, quien reconoció esta colaboración y lo consignó públicamente en el prólogo de la obra. Corría el año 1939, y sin duda para el joven Pons representaba el espaldarazo en su incipiente aventura intelectual.

Durante muchos años ejerció el magisterio alternando la enseñanza en los colegios Dalton, Alfonso Ugarte y también en el Leoncio Prado, renombrado centro militar donde llegó a ser Director Académico. Posteriormente dirige también el colegio Mariano Melgar y participa en la fundación del Ricardo Bentín, en el distrito del Rímac.

En la primavera de 1956 Pons decide retirarse de la docencia secundaria para entregarse de cuerpo y alma a la investigación histórica y la cátedra universitaria. Así, en la Decana de América asume los cursos de Historia de América y Metodología de la
enseñanza de la Historia.

A la par con su recargada actividad universitaria, promueve la fundación de sociedades e institutos de Historia como el Centro de Altos Estudios Militares del Perú, la Sociedad Peruana de Historia, Instituto Sanmartiniano del Perú, Benemérita Sociedad Fundadores de la Independencia y el Instituto Libertador Ramón Castilla, de muchos de los cuales, en la actualidad, es miembro vitalicio.

Sus aportes

Desde diciembre de 1945 hasta noviembre de 1946 integró la Comisión Especial del Ministerio de Relaciones Exteriores, que con anuencia del Presidente José Luis Bustamante y Rivero evaluó la propuesta del gobierno de Chile para dar a Bolivia salida al mar por un corredor al norte de Arica en la frontera con el Perú. En esta participación, Pons Muzzo expuso claramente y dejó al descubierto las reales intenciones de nuestros vecinos del sur, que sin duda afectaban nuestra soberanía y la integridad territorial.

El principal aporte de Pons Muzzo recae en el aspecto bibliográfico, con una copiosa producción autoral que va desde textos oficiales para educación secundaria, investigaciones y tratados, así como un centenar de artículos y ponencias acerca de nuestro devenir socio-histórico, principalmente desde la instauración de la República en el Perú. Algunas de estas obras son: Hacia una doctrina de la Educación Nacional, Las Fronteras del Perú, El conflicto entre Perú y España de 1864 y el 2 de mayo de 1866, Francisco Bolognesi y el expansionismo chileno, Estudio histórico sobre el Protocolo de Río de Janeiro y Del Tratado de Ancón a la Convención de Lima.

Últimos reconocimientos

Hace algunos años el gobierno peruano condecoró al historiador sanmarquino Gustavo Pons Muzzo otorgándole las Palmas Magisteriales en el grado de Amauta y también la Orden del Sol del Perú en el grado de Gran Oficial. Pero el reconocimiento mayor lo vive, sin duda, cada día al saber que decenas de miles de escolares y futuros profesionales consultan su obra bibliográfica, tratando de encontrar y preservar las auténticas raíces de nuestra identidad histórica.

 



Raúl Porras Barrenechea

 

Nacido en Pisco el año 1897, Raúl Porras Barrenechea se inició como profesor universitario dictando el curso de Literatura Castellana en San Marcos.

Si bien Porras fue historiador, crítico, diplomático, hombre de letras y periodista, sin duda la vocación de su vida fue la enseñanza. En la cátedra universitaria, en el aula escolar, en los seminarios y conversatorios, transmitió a varias generaciones su saber histórico.

"En sus clases y conferencias, salpicadas siempre de fina ironía, Porras aprovechaba para condenar la irresponsabilidad de las afirmaciones irresponsables. Lo escuché alguna vez, libro en mano, demostrar garrafales errores en que incurrían escritores de alguna nombradía", así lo recuerda el ex presidente de la República Fernando Belaúnde Terry.

Belaúnde agregó que Porras fue un verdadero maestro. Un hombre de profunda sensibilidad que como historiador enseñó a cultivar la verdad, a investigar a fondo los hechos y a afirmar solamente lo que podía sustentarse con todo rigor y seriedad. "Tenía la habilidad de transportar al oyente o al lector al lugar donde se libró una batalla o se produjo algún dramático trance".
Pruebas contundentes de esta afirmación son los numerosos libros que Porras nos ha legado para la posteridad. Allí están sus Crónicas perdidas, presuntas y olvidadas sobre la conquista del Perú, Mito, tradición e historia del Perú, Fuentes históricas peruanas, este último mereció el premio nacional otorgado a los estudios históricos.

Otra de las obras importantes de nuestro personaje es El Inca Garcilaso en Montilla que aportó una valiosa información documental para esclarecer un extenso lapso de vida del autor de Los Comentarios Reales.

No olvidemos que Porras descubrió la casa de Garcilaso en Montilla, donde vivió hasta los 52 años. Estos aspectos de la biografía del inca no eran conocidos hasta 1949-50 cuando el historiador, por entonces embajador del Perú en España, se dirigió personalmente a Montilla para una tarea de investigación.

El jurista e historiador Javier Belaúnde señala que Porras Barrenechea estudió el incario y las culturas que las precedieron. "Son admirables, por su profundidad y análisis, sus investigaciones sobre la conquista y el virreinato. Severas y brillantes son sus páginas sobre la república. Así pudo lograr una visión integral del Perú y recoger el mensaje de auténtica peruanidad".

Jorge Puccinelli, uno de sus discípulos, resalta que Porras pertenece a la generación del Centenario y, dentro de ella, al grupo del "Conversatorio Universitario", institución que él fundara en San Marcos en 1919, congregando a lo mejor de la juventud estudiosa que había participado en la reforma universitaria para investigar el tema de la independencia del Perú.

Puccinelli agrega que en este "Conversatorio" Porras dio a conocer su trabajo juvenil sobre José Joaquín de Larriva, que marcó el inicio de sus indagaciones histórico-literarias acerca de los satíricos limeños.

Porras diplomático

Su ingreso como bibliotecario al Ministerio de Relaciones Exteriores en 1922, marca el inicio de su vida diplomática. Desde entonces no hubo problema internacional a cuya solución no ofreciera las luces de su inteligencia lúcida y rotunda que marcó siempre rumbos firmes y definidos a nuestra Cancillería.

En la cuestión de Leticia con Colombia le tocó a Porras desempeñar un papel destacado como asesor de nuestros delegados que discutieron en Río de Janeiro los términos de un arreglo que no soslayara importantes aspectos históricos del litigio.

Durante las acciones militares de 1941 en la frontera con el Ecuador, la oficina de Raúl Porras, en el Ministerio de Relaciones Exteriores, centralizó los despachos del frente y los vertía a los medios de difusión con los comentarios y aclaraciones que eran necesarios para ilustrar a los lectores y de paso contrarrestar los infundios de la campaña ecuatoriana.

El indeclinable amor por el Perú despertó en Porras su vocación por la historia, que lo cultivó desde remotas culturas indígenas, hasta la época republicana.

Su acogedora casa-biblioteca de la calle Colina en Miraflores, que hoy alberga al Instituto que lleva su nombre, ha sido y es el hogar espiritual de muchas promociones universitarias a las que ofreció su consejo y orientación permanente hasta su muerte en 1960.

Raúl Porras Barrenechea


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