ENSAYOS


El Retrato de Atahualpa (continuación)

Virgilio Freddy Cabanillas


    En la composición de este polémico y celebrado cuadro, Montero nos presenta una treintena de personajes. Rígido, aparece el cadáver del inca cusqueño, broncínea imagen de príncipe vencido, rodeado por altivos conquistadores y religiosos dominicos.

    La perfección en el tratamiento del cadáver se explica porque Montero aprovechó el deceso de un trabajador de la embajada peruana en Italia. Este señor, de apellido Tinajeros, tenía rasgos andinos y Montero hizo varios dibujos de su rostro inerte, que luego utilizó para su “Atahualpa”17.

    En un estandarte negro que domina la ceremonia fúnebre, se aprecia una calavera coronada y un par de tibias cruzadas. Es la Muerte, y de cuya mano nadie puede escapar, ni siquiera los reyes.

    Miró Quesada resaltó el liberalismo y anticlericalismo del pintor piurano. Por eso pintó una imagen deprimente de los religiosos. Aparecen como cuervos, con mirada torva, ante los despojos del cusqueño. En cambio los conquistadores lucen cierto aire de dignidad.

    Mientras tanto, un grupo de mujeres pretendidamente “indígenas” lloran y tratan de acercarse al cadáver del Hijo del Sol. Los soldados contienen al desordenado tropel de mujeres que interrumpen la ceremonia religiosa. La escena se inspira en el relato de Guillermo Prescott en su Historia de la Conquista del Perú: “se celebraron sus exequias con gran solemnidad. Pizarro y los principales caballeros asistieron de luto, y las tropas escucharon con devota atención el oficio de difuntos, que celebró el padre Valverde. Interrumpieron la ceremonia muchos gritos y sollozos que se oyeron a las puertas de la iglesia, las cuales abriéndose de repente, dieron entrada a gran número de indias esposas y hermanas del difunto, que invadiendo la gran nave, rodearon el cuerpo diciendo que no era aquél el modo de celebrar los funerales de un inca y declarando su intención de sacrificarse sobre su tumba... Después las intimaron que se saliesen de la iglesia, y muchas de ellas al retirarse se suicidaron con la vana esperanza de acompañar a su amado señor en las brillantes mansiones del sol”18.

Estudio preparatorio para la figura del Inca Atahualpa (Museo de Arte de Lima)

    Montero trató obtener la información apropiada para no errar en los detalles históricos. Francisco de Paula Vigil le envió datos por correspondencia. Además pidió asesoría al señor Calderera de Madrid sobre el atuendo de los embajadores19. Hay corrección en los personajes hispanos, pero el resultado es desigual en el tratamiento de los indígenas.

    Como tantas veces se ha dicho, las nativas son más bien –por su físico y vestimenta– mujeres europeas. Decía Miró Quesada: “ ... el único personaje indio verosímil es un muerto, el resto de “indígenas” presentes en el cuadro son cualquier cosa menos indios salvo una de las mujeres que luce una lliclla...”20. En realidad se aprecian dos llicllas. Además, la vestimenta del niño que acompaña a las mujeres se asemeja a un unku incaico.

La versión indigenista: Atahualpa, por José Sabogal, 1933

    Asumiendo que el niño es un indígena, creemos que el cuadro podría leerse así: lo andino como jefatura está muerto, pero dignamente enterrado. Son los criollos quienes asumen el país y construyen su futuro. Sin embargo, lo indígena está presente aunque se le quisiera negar (el niño); puede ser aceptado pero para ser guiado y protegido. Una actitud paternalista. Una más en la historia de las relaciones entre criollos e indígenas.

    En reciente investigación, Max Hernández identifica los colores de la bandera nacional en el traje del niño. Esto podría significar una promesa de futuro y ampliaría la complejidad del contenido de la obra. Incluso la luz que penetra al recinto puede estar anunciando una futura reivindicación21. Esta pintura evidencia los esfuerzos por construir una identidad criolla, marcada por gestos, sentimientos y conductas encontradas, contradictorias. Como todo en el Perú.


    El tema de Atahualpa es recurrente. Juan Lepiani pintó un lienzo titulado “Captura de Atahualpa”, en los primeros años de este siglo. Recientemente la obra ha sido incorporada a la colección del Museo de Arte de Lima. Ahí mismo se conserva un óleo de Carlos Baca Flor que representa el “Rescate de Atahualpa” (1896).

    También los indigenistas se ocuparon del tema. En 1933 Camilo Blas hizo la acuarela “Captura de Atahualpa”, en ella el inca contempla imperturbable, la carga de caballería española sobre la multitud aterrorizada de sus súbditos. La obra ha sido ampliada por Danilo Oyarce y se exhibe en el Museo Nacional de Arqueología, Antropología e Historia.

    Finalmente, mencionaremos el “Retrato de Atahualpa” dibujado por José Sabogal también en 1933. Se deja de lado la escena trágica, para representar a un inca en la plenitud de su poder, orgulloso, con la mirada fija en el horizonte. ¿Mirando el futuro?

Entrada al palacio del Gran Chimú, en Chan Chan



NOTAS BIBLIOGRÁFICAS

1. Javier Lozano. “Proceso y muerte de Atahualpa”. En: Época N° 246 Ag.-Set. 91 p. 30.

2. Pedro Cieza de León. La crónica del Perú, Cap. XXXVII.

   Entre los artículos más importantes sobre este tema, tenemos el trabajo de Ella Dunbar Temple: “Atahualpa, cuzqueño”. En: Revista Universitaria. Universidad Nacional de Trujillo. 3ª Época, Año I, MCMLII. N° 1 y 2, pp. 32-43. Agradezco a Miguel Maticorena, que me facilitó una copia de este valioso artículo. Para una síntesis más reciente del tema se puede ver el trabajo de Luis Guzmán Palomino y Hernán Amat: “Atahualpa fue y será cusqueño. Derribamos una historia de mentiras”. En: La República 1-3-96, pp. 12-13.

3. Teodoro Hampe. “Descubrimiento, conquista y virreinato. Siglo XVI”. En: Compendio Histórico del Perú. Lima: Milla Batres, 1993. T. II, p. 63.

4. Winston Orrillo. Antología general de la prosa en el Perú. Lima: Ecoma, 1971, p. 105.

5. Idem., p. 32.

6. Guillermo H. Prescott. Historia de la conquista del Perú. Lima: Peisa, 1970. T. I, p. 395.

7. Rolena Adorno. “Retórica y resistencia pictóricas. El grabado y la polémica en los escritos sobre el Perú en los siglos XVI y XVII”. En: Roger Zapata (ed) Imágenes de la resistencia indígena y esclava. Lima: Wari, 1990, p. 39.

8. Enrique Marco Dorta. “Las pinturas que envió y trajo a España Don Francisco de Toledo”. En: Historia y Cultura N° 9. Lima, 1977, pp. 67-78.

9. Idem, p. 43. También ver: Santiago Sebastian. Iconografía del indio americano. SVII y XVII. Madrid: Tuero, 1992, p. 124.

10. Brevísima relación de la destrucción de las Indias. Madrid: Sarpe, 1985, p. 124.

11. Alejandro Ortiz Rescaniere. De Adaneva a Inkari. Una visión indígena del Perú. Lima: Retablo de Papel, 1973, p. 132.

12. Gustavo Buntinx y Luis Eduardo Wuffarden. “Los incas y reyes españoles en la pintura colonial peruana: la estela de Garcilaso”. En: Márgenes. Encuentro y Debate. Año IV, N° 8, Dic. 1991, p. 159.

13. Uriel García. “Escuela Cusqueña de arte colonial. La iglesia de Huároc”. En: Cuadernos Americanos. Año XXII, N° 2, Marzo-abril 1963. México D.F., p. 180.

14. Daw Ades, et. al. Arte en Iberoamérica (1820-1980). Madrid: Ministerio de Cultura, 1990, pp. 28-30.

15. Roberto Miró Quesada. “Los funerales de Atahualpa”. En: El Caballo Rojo. Suplemento del Diario Marka 13-11-1983, pp. 10-11. Ensayo reproducido en: Pueblo Indio N° 1, 1985, pp. 37-40 y En: Márgenes. Encuentro y Debate. Año VI, N° 10-11 Oct. 1993, pp. 107-114.

16. Gustavo Buntinx. “Del Habitante de las cordilleras” al “Indio alfarero. Variaciones sobre un tema de Francisco Laso”. En: Márgenes. Año. VI, N° 10-11, p. 56.

17. Max Hernández “Los funerales de Atahualpa”. En: Domingo, suplemento de La República, 5-7-1998, p. 22.

18. Guillermo Prescott. Ob. Cit. p. 396.

19. Juan Portal. “Biografía y anecdotario del pintor peruano Luis montero”. En: Expresión. Vol. 1 N° 4. 1939.

20. Roberto Miró Quesada. Ob. Cit., p. 10.

21. Max Hernández. Ob. Cit., p. 23.