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ALMA MATER
© UNMSM. Fondo Editorial

ISSN versión electrónica 1609-9036

 

Alma Mater Nº 17, 1999

Tabla de contenido


ENSAYOS



El "Santuario de Pariacaca"

Cesár W. Astuahuamán Gonzales

Dedicado al maestro Waldemar Espinoza S.

"... y porq. deestos dos pueblos estauan cerca de tres famosos adoratorios el uno llamado y el otro llamado xamuña, y cerca el tercero llamado Pariacaca q. es el mas famoso y Celebre de
este reyno..."
(Juan sebastian 1611)

INTRODUCCIÓN

Esta investigación trata acerca del Adoratorio de Pariacaca, morada de una antigua y renombrada divinidad de la Sierra de Lima, su prestigio y alianza con los Incas permitió la expansión del Imperio en el Chinchaysuyo; en tiempos de Guayna Capac pronosticó la destrucción de los Incas.

Aunque todas las partes de nuestra exposición están estrechamente vinculadas, la iniciamos con el área de ubicación, la cual es recorrida por el Camino Inca. La geografía de dicha área fue sacralizada en tiempos prehispánicos por los grupos étnicos que rendían culto a las divinidades que allí residían, destacando Pariacaca y Wallallo; los adoratorios de dichas divinidades fueron parcialmente destruidos durante los procesos de extirpación de idolatrías en el siglo XVII.

Geográficamente, el área investigada se encuentra en las nacientes del río Cañete. Políticamente se localiza en el Departamento de Lima, Provincia de Yauyos, Distrito de Tanta, principalmente en el fundo La Escalera. Convencionalmente se ubica entre las siguientes coordenadas geográficas:

Latitud Sur:

12°00´00´´ - 12°07´30´´

Longitud Oeste:

75°52´30´´ - 76°07´30´´

LA RUTA DE LOS DIOSES

Proveniente de Pachacamac y dirigiéndose a Xauxa, si se realiza la ruta de subida, el Camino Inca recorre las cuencas de los ríos Lurín, Mala, Cañete y Mantaro. Nos concentraremos en el tramo del camino que recorre la cuenca alta del río Cañete, pues pasa por los lugares donde se desarrollan los mitos vinculados a las hazañas de Pariacaca, recopilados en el Manuscrito de Huarochirí; estos lugares han sido sacralizados y ello se aprecia a lo largo del camino. Al examinar el Camino Inca que recorre la cuenca alta del río Cañete, perseguimos dos objetivos: caracterizar esta importante obra de ingeniería prehispánica y entender su función.

Existen las siguientes referencias etnohistóricas acerca del Camino Inca que recorre la Cordillera del Pariacaca y los tambos que allí se encontraban: Cristóbal Vaca de Castro (1543), Cieza de León (1550), Agustín de Zarate (1555), Pedro Pizarro (1571), Diego Dávila Brizeño (1586), Pedro León Portocarrero (1600), José de Acosta(1573), Diego de Ocaña (1605), Guaman Poma de Ayala (1606), Garcilaso de la Vega (1609), Bernabé Cobo (1653), entre otros. Transcribiremos y mencionaremos las más importantes:

Cieza de León refiere admirado en dos párrafos que:
Los que leyeren este libro y hobiesen estado en el Perú miren el camino que va desde Lima a Xauxa por las sierras tan ásperas de Huarochirí y por la montaña nevada de Pariacaca…[Tupac Yupanqui] dio la vuelta al Cuzco por un camino que le hizo, que va a salir al valle de Xauxa, que recorre por la nevada sierra de Pariacaca, que no es poco de ver y notar su grandeza y cuán grandes escaleras tiene, y hoy día se ven por entre aquellas nieves, para la poder pasar. ([1550] 1977: 56, 207-208)

En el primer párrafo, Cieza de León compara el camino que recorre la Cordillera del Pariacaca con el Camino Inca que observó en Caxas y Ayahuaca, en la Sierra de Piura, este último transita por una geografía sacralizada similar a la Cordillera del Pariacaca. Este tramo del camino, según Cieza, habría sido construido durante el gobierno de Tupac Yupanqui, posteriormente Guaman Poma ([1606] 1987: 108) nos presenta a Huayna Capac consultando a Pariacaca y a otras importantes huacas de los Andes Centrales.

El padre Diego de Ocaña, quien estuvo a punto de perecer en esta ruta, considera que se trata de la puna más áspera que existe en el Perú, refiere que:

Y por orilla de estas lagunas [hondas] va el camino por una ladera, tan estrecha la senda que no cabe más que una cabalgadura…para bajar adonde están estas lagunas, esta una escalera hecha a mano, con escalones tan formados como los tiene una torre, salvo que son largos…Tiene esta escalera de Pariacaca, de escalones continuos, un cuarto de legua, que si no son los que han caminado este camino y visto esto no podrán entender el peligro grande y trabajo que se pasa y hay en estos pasos semejantes… (Ocaña [¿1605?] 1987: 237-238)

Guaman Poma de Ayala (1606) destaca la importancia del Pariacaca y menciona que el Camino Inca, que recorre el valle de Lurín, se usaba a inicios del siglo XVII como parte de la ruta a Huancavelica y Huamanga. Menciona brevemente los escalones del Pariacaca (Guaman Poma [1606] 1987: 283), este camino fue bastante transitado por él durante sus viajes (op. cit. pp. 1193-1194). En la lista de tambos, existentes entre Lima y Xauxa, que presenta (op. cit. p.1171) figuran:

[casa] Guarochiri, pueblo, tanbo rreal
[cruz] Pariacaca, tanbillo
[cruz] Xulca, pueblo, tanbo rreal
[casa] Xauxa, pueblo, tanbo rreal

En la década del ochenta, Farfán y Negro (1983) exploran el Camino Inca en la cuenca alta del río Cañete y realizan excavaciones arqueológicas en el abrigo rocoso La Escalera. Posteriormente, Bonavia et. al. (1984) registran el tramo del camino denominado Las Escaleras y plantean su vinculación con el Pariacaca, pero se ocupan principalmente de cuestionar el trabajo de Gilber (1983), acerca del primer registro del mal de altura realizado por Acosta.

El camino que conduce al Adoratorio de Pariacaca, dirigiéndose de Pachacamac hacia Jauja, es como lo supuso Hyslop, quien no exploró este tramo del Camino Inca, … uno de los más espectaculares caminos laterales construidos durante el Imperio… Merece que se lleve a cabo un reconocimiento arqueológico ya que debe ser indudablemente muy importante porque conecta a dos de los centros más grandes del Imperio (1992: 119).

El camino es importante además por otras razones, que explicaremos detalladamente más adelante:

• Es una impresionante obra de ingeniería.

• No sólo es un camino, es un sendero ceremonial por el cual transitaban los peregrinos rumbo al Adoratorio de Pariacaca, deidad considerada por algunos cronistas como una de las huacas más importantes del Perú.

En la presente década, a mediados de 1997, formamos parte de la exploración dirigida por Farfán, participaron además estudiantes de Villarreal y San Marcos, se recorrió el Camino Inca comprendido entre San Juan de Tantarache y Cerro Portachuelo, en la cuenca alta del río Cañete. En noviembre de 1997, Espinoza y Castro exploran el Camino Inca desde Jauja hasta Pachacamac, como parte del Proyecto Caminos del Antiguo Perú. A fines de 1997, acompañado de un grupo de docentes de la Universidad Católica exploramos el tramo comprendido entre Cerro Portachuelo y Quebrada Pumaruri. Recientemente (agosto 1998) Farfán ha dirigido otra exploración a la zona, cuyos resultados esperamos conocer en un futuro próximo. Presentamos a continuación los resultados de la primera y tercera exploración de esta década.

Dirigiéndose desde San Juan de Tantarache (cuenca del río Mala) hacia Ocscha, divisoria de aguas entre las cuencas de Mala y Cañete, el camino es completamente de subida. Inicialmente el Camino Inca se confunde con el actual, pero en las proximidades de Ocsha es definido por bordes de roca, la parte delimitada es de tierra afirmada (Ver Corte A-A’). En Ocsha, Pariacaca y Wallallo Carhuincho tienen una segunda pelea, la anterior se desarrolló en Mullococha, en ambas vencieron Pariacaca y sus hermanos.

Desde Ocsha el camino se dirige a Tambo Real, este asentamiento se ubica en la margen derecha del riachuelo por donde desagua la laguna Piticocha y al pie de un promontorio rocoso, está conformado por recintos y un corral, frente a él se hallan rocas con cavidades circulares (Ver Corte B-B’). El camino cruza el riachuelo, en la margen izquierda se aprecia otro asentamiento (que provisionalmente denominaré Tambo X), luego se observan rocas medianas y grandes que definen los bordes del camino, que alcanza aquí los cinco metros de ancho (Ver Corte C-C’). El camino es más notorio al ingreso y a la salida de este asentamiento (Tambo X), luego se dirige hacia Masho y es definido con bordes de roca mediana y tierra afirmada (Ver Corte D-D’). Hacia el fondo, a la derecha y lejos del camino, se observa otro asentamiento de grandes dimensiones, denominado Pirca Pirca.

El camino continúa desde Masho hacia la escalinata de Cachicancha, tiene un ancho de 3 a 4,5 metros, el muro de contención está conformado por dos hileras de lajas de roca y el piso es empedrado (Ver Corte E-E’). Luego se desciende a la quebrada Pumaruri, mediante una escalinata flanqueada por dos hileras de rocas cuyas gradas están conformadas por lajas de roca (Ver Corte F-F’); cruzando dicha quebrada se asciende mediante una escalinata elaborada en el afloramiento rocoso; el ascenso continúa hasta el cerro, Tiopata, en este tramo el camino alcanza de dos a tres metros de ancho, una hilera de rocas define el borde.

De cerro Tiopata el camino se dirige hacia el afluente de la Laguna Mullococha, está construido sobre la empinada pendiente del cerro que rodea dicha laguna, presenta muros de contención de 0,5 a 1 m de alto y un ancho de 2 m(Ver Corte G-G’ y Foto N° 1). Al descender al afluente de la laguna, se observan nuevamente escalinatas con bordes de roca, cuyo ancho varía de 2,5 a 3,0 m. Al cruzar el afluente, el camino está empedrado con bloques o lajas de roca, el ancho varía de 3 a 4 m. Luego se inicia el ascenso hacia la Laguna Escalera, sobre un extenso afloramiento rocoso y al costado de una corriente de agua atravesada por un puente de lajas de roca. El camino se adecua al afloramiento de modo distinto, en un caso las depresiones fueron rellenadas con barro y se colocaron lajas de roca que definen la superficie del camino; en otro, además del empedrado se colocaron bordes de roca a los costados, y en otro caso donde la pendiente del afloramiento es más pronunciada (100%), el camino está definido por escalinatas de lajas de roca y un borde (Ver cortes H-H’, I-I’, J-J’, K-K’, Foto N° 2).

 

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Foto N° 1. La laguna de Mullococha y el camino Inca que la rodea. Foto: César Astuhuamán


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Foto N° 2.- El Camino Inca sobre el afloramiento rocoso. Foto: Julio Orellana

 

En las proximidades de la Laguna Escalera, y antes de llegar al tramo del Camino Inca denominado La Escalera, se encuentra el abrigo rocoso Escalera o Cuchimachay, en cuyo interior se encuentran múltiples representaciones de camélidos. El camino bordea por el lado derecho, para quien asciende, las lagunas Culibrayoq («que posee serpiente», en quechua) y Escalera, entre estas dos lagunas se puede apreciar un afloramiento rocoso que reproduce la forma de un ofidio.

La caminata desde Tambo Real hasta el abrigo rocoso La Escalera es realizada en ocho horas. Es posible que existiese un tambo Inca al inicio del tramo denominado La Escalera o que el abrigo rocoso se utilizase como refugio en época seca, pues en época lluviosa se aniega. Respecto al tambillo de Pariacaca, mencionado por Guaman Poma, existen dos posibilidades acerca de su identificación, la primera es que sus restos se encuentren al inicio del ascenso a La Escalera, Bonavia (1984) reporta estos restos, pero en 1997 ya no eran visibles; es posible que el tambillo en cuestión haya sido desmontado para edificar la estancia de pastores que hoy se puede apreciar; la segunda posibilidad es que se trate de Tambo Real o Pirca Pirca, impresionantes tambos Inca situados en las proximidades de la laguna Piticocha y a un lado del Camino Inca.

Desde La Escalera hasta Cerro Portachuelo, que constituye la divisoria de aguas entre los ríos Cañete y Mantaro, el camino es principalmente de ascenso con algunas partes planas, se puede recorrer en dos horas. El primer tramo es el más impresionante, es una larga escalinata con algunos descansos y caminos laterales secundarios (Ver Foto N° 3), tres tipos de tramos predominan en la escalinata; en el primero, el camino es flanqueado por grandes lajas de rocas y muros de contención en el lado próximo al precipicio, los peldaños están conformados por lajas, el ancho varía entre 3,10 y 5,65 m (Ver cortes L-L’ y M-M’); el segundo tipo se caracteriza porque el camino recorre el afloramiento rocoso que constituye el borde del camino, la superficie es cubierta con lajas de roca, el ancho es 1,12 m; en el tercer tipo la roca es empleada como camino y lugar de ofrendas. Este tipo de caminos que permiten escalar los nevados sagrados también ha sido registrado en otras regiones de los Andes (Scanu 1986-1987).

PARIACACA Y EL PROCESO DE EXTIRPACIÓN DE IDOLATRÍAS

Trataremos de entender las circunstancias en las que se destruyó parcialmente el Adoratorio de Pariacaca durante el proceso de extirpación de idolatrías del siglo XVII. Los procesos de extirpación de idolatrías significaron un duro golpe pero no la destrucción de los cultos andinos, estos fueron registrados minuciosamente por los extirpadores, suerte de inconscientes arqueólogos al revés, como acertadamente los calificó Porras.

 

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Foto N° 3.- El camino Inca en La Escalera. Foto: César Astohuamán

 

Un hecho, vinculado al culto a Pariacaca, dio inicio a la primera campaña de extirpación de idolatrías en el Arzobispado de Lima. Francisco de Ávila, cura de San Damián, avisado por Cristóbal Choquecacca, descubre que la celebración católica de Asunción, 15 de agosto de 1608, encubría una ceremonia pagana, la fiesta quinquenal de las principales divinidades de la región: Pariacaca y Chaupiñamocc. La festividad debía durar cinco días y congregó a los nativos de las ocho parroquias de Huarochirí, localidad donde se realizó y que Ávila aprovechó para recriminar a los «idólatras», por esta acción fue hostigado por los seguidores de Pariacaca. Azuzados por Isabel Puiputic, renombrada sacerdotisa de Huarochirí, los nativos de San Damián le iniciaron un proceso; Pariacaca había dispuesto la expulsión o muerte del cura (Duviols 1977: 178-179).

La primera campaña de extirpación de idolatrías se inició en enero de 1610, las motivaciones de ésta no habrían sido sólo religiosas, sino principalmente económicas, políticas y hasta personales, a beneficio de los curas católicos (Acosta 1987). Desde 1532 hasta 1610, se conocía la existencia de los adoratorios de Pariacaca y otras importantes huacas de los Andes, principalmente de aquellas que se localizaban en lugares muy transitados, como La Escalera, su destrucción fue una venganza personal de Ávila contra los nativos que le iniciaron proceso. Es posible que el cura ordenara la recopilación del Manuscrito de Huarochirí en 1608 (Acosta 1987: 596), así se explicaría su extraordinaria habilidad para «descubrir» huacas. Poseedor de tan valiosa información, Ávila, acompañado de los padres Fabián de Ayala (quien elaboraría una importante relación), Francisco de Contreras y Juan de Córdova, se trasladó desde Huarochirí hacia Yauyos; en 1610 destruyeron el adoratorio de Cicallibia, y en 1611 los de Pillan, Xamuna y Pariacaca,

El ídolo de este último, que estaba situado en la cima de una montaña, fue destruido con la participación de los indios (Duviols 1977: 186, citando a Barraza 1936: 37).

Es muy probable que Pariacaca haya tenido una representación material, además de rocas labradas, a semejanza de otras divinidades de los Andes. Otra información parece corroborar la existencia del ídolo de Pariacaca y su posterior destrucción:

Hase hecho una obra entre otras que solo bastaua para empleo de un año que es auer deshecho el antiquissimo illustrissimo y muy nombrado ydolo de Pariacaca con otros muchos que estauan en su contorno (Ayala en Duviols 1997: 644)

La descripción de la destrucción del boquerón destinado a las ofrendas a Pariacaca permite entender cómo para algunos religiosos católicos, los jesuitas, el proceso de extirpación de idolatrías fue una cruzada cristiana, en este contexto ideológico se realizó el registro y destrucción del boquerón de ofrendas, luego del cual se escuchó un

… gran pesar del demonio que fue un ruydo muy grande que se oyo en el mismo cerro como de respuesta de arcabuz…quando los yndios lo oyeron dixeron «¡Ñan huañum!» que quiere dezir «¡ya murio!» y no dudo [sea ] cierto sino que el demonio queda vencido en estos adoratorios y que en la muerte de Pariacaca por ser tan celebre y uniuersal hizo particular demostración de sentimientos. Todas aquellas gradas y escaleras se desbarataron y otras muchas piedras que estauan puestas como almenas encima de los riscos se derribaron porque todas tenían su particular misterio. (Ayala en Duviols 1997: 645).

EL ADORATORIO DE PARIACACA

Al investigar el Adoratorio de Pariacaca tenemos por objetivos: ubicar y registrar sistemáticamente dicho adoratorio, y entender la importancia que tenía el culto al Pariacaca en los Andes.

Preferimos la denominación de «adoratorio» y no la frecuentemente utilizada «santuario», porque el primer término fue acuñado en territorio andino y no existía en Europa. El Diccionario de La Lengua Castellana (1791: 23) define así «Adoratorio»: «En la América llamáron así los españoles á los templos de los Idolos»; una versión más reciente define Adoratorio como «templo en que los indios americanos daban culto a algún ídolo» (Diccionario de La Lengua Española 1997). Mientras que «Santuario» es definido como «la capilla, o iglesia en que se adora y venera alguna imagen de especial devoción, o reliquias de algunos santos. El templo, la iglesia y cosas sagradas y eclesiásticas». (ed. 1791) y también como «templo en que se venera la imagen o reliquia de un santo de especial devoción» (ed. 1997). En cuanto al concepto de templo, que engloba los conceptos de Adoratorio y Santuario, es definido como «Edificio o lugar destinado pública y exclusivamente a un culto» (ed. 1997).

La investigación de uno de los principales adoratorios del mundo andino permitirá conocer el culto a los apus, antes, durante y después del gobierno de los Incas. Los mitos recopilados por Ávila (¿1598?) se refieren a acontecimientos ocurridos en diferentes tiempos míticos, ha sido necesario desagregarlos cronológicamente para situarlos en una secuencia ordenada y distinguir las evidencias materiales de cada época.

Al terminar el ascenso del tramo del Camino Inca denominado La Escalera se accede a una emplanada, donde se ubica una roca de grandes proporciones, la parte central de la planicie presenta una depresión que se aniega en temporada de lluvias. De aquí el sendero se dirige a una laguna, allí se bifurca, un tramo se dirige por el lado derecho de la laguna y otro por la izquierda, este último asciende a una prominencia rocosa ligeramente plana, allí se halla un conjunto rocas talladas que reproducen las cumbres de los cerros cercanos. Antes de ingresar al Adoratorio de Pariacaca el camino era uno solo, al llegar allí el camino se bifurca y al salir de allí vuelve a ser uno solo; estamos frente a dos caminos, uno ceremonial, otro profano, diferentes entre sí. El carácter sagrado del camino en el Adoratorio explica la presencia de ídolos de roca, lugares de descanso, pinturas murales al pie del mismo, lugares de ofrenda, todos ellos constituyen sitios míticos y lugares de encuentro.

El camino Inca divide el conjunto de ídolos de rocas en dos grupos, los de la derecha reproducen la cumbre del Cerro San Cristóbal (santo patrón de los viajeros y de los pasos peligrosos), tal como se aprecia en la Foto N° 4; la ubicación del templo de Wallallo, identificado por Tello y Miranda (1923) en Marcahuasi, en un enorme peñón que tiene la forma de un cono truncado, nos recuerda a la forma del Cerro San Cristóbal y nos permite proponer que dicho cerro era la morada de Wallallo. Los ídolos de la izquierda representan los dos picos de Pariacaca, siguiendo su distribución se llega a otros tramos del camino elaborados sobre la roca madre, su borde es definido por el afloramiento rocoso y lajas erguidas, a modo de almenas, que forman largos pasajes de 1 m de ancho. En todos los promontorios rocosos, situados a la izquierda del conjunto de los ídolos de roca, se observan también los dos picos que representan al Pariacaca.

 

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Foto N° 4.- Idolo de roca que reproduce la forma del cerro San Cristobal. Foto: César Astuhuamán


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Foto N° 5.- Idolo de roca que representa a Pariacaca y sus hermanos. Foto: César Astuhuamán

 

 

Toda la zona situada a la izquierda del conjunto de ídolos, y estos mismos, constituyen el Adoratorio de Pariacaca, caracterizado por la presencia de adoratorios al aire libre, precisamente el nevado Pariacaca se sitúa a la izquierda de dicho conjunto y es parte de la cordillera epónima, de donde nacen los ríos Cañete y Mantaro, termina en dos picos, de 5724 y 5571 msnm respectivamente (Bonavia et al. 1984: 6), esta cualidad bicéfala expresa el carácter dual de la divinidad Pariacaca, a semejanza de la representación de Pachacamac.

Los dos picos del Pariacaca y cuatro cerros importantes son representados en un adoratorio ubicado en las proximidades del conjunto de ídolos y en una posición dominante con relación a éstos (Ver Foto N° 5), es posible que se trate de Pariacaca y sus cuatro hermanos, o los cinco huevos que dieron origen a Pariacaca; los nombres de cuatro de los Pariacaca, hijos de Cuniraya, eran: Churapa, Puncho, Pariacarco y Pariacaca (Taylor 1987: 257). Un adoratorio similar al anteriormente descrito fue registrado por Ávila y otros sacerdotes en Yampilla:

Subieron luego aun çerro çercano donde auia vn adoratorio muy çelebre q. Eran siete piedras bien grandes dispuestas en orden, las quales representauan diuersos ydolos, vna los q. estauan deesta banda del rio, y otra los de la otra. La 3ª al Pachacama, la 4ª al punçhau, la 5ª a Pariacaca, la 6ª a Chaupinamoca, y la 7ª a otro ydolo. auia su sacerdote señalado para este adoratorio q. sabia muy bien las çeremonias, y sacrifiçios q. se auian de hazer en cada vna de aquellas fiestas... (Juan Sebastián en Polia 1996: 213).

Luego de cruzar el conjunto de ídolos de roca, el sendero ceremonial se dirige hacia otra laguna de mayor tamaño que la anterior. El camino recorre la pendiente de un cerro y presenta muros de contención; antes de llegar a la laguna se bifurca, un tramo asciende paralelamente al riachuelo por donde desagua la laguna y la rodea por el lado derecho hasta encontrarse con el otro tramo, este último presenta un largo trecho empedrado. Finalmente el camino se dirige hacia el cerro Portachuelo; antes de llegar a la divisoria continental de aguas que define dicho cerro se aprecia un conjunto de apachetas dispuestas a los costados del camino, al llegar a la divisoria se observa una impresionante apacheta de dos metros de altura. Acerca de las apachetas o camachico informa Albornoz que:

…las ay en todas las asomadas y bertientes de los caminos, a las cuales saludan y ofrescen los que van con cargas o fatigados de andar, y les ofrescen una oraçion o una piedra… (En Duviols 1984:197).

Los cerros en las sociedades andinas, especialmente los situados en las nacientes de los ríos, son considerados sagrados por varias razones, según Reinhard (1983, 1987):

Allí residen la divinidades que controlan los fenómenos meteorológicos (lluvias, nieve, rayos, trueno, nubes) y regulan el agua, que influyen decididamente en la fertilidad de las plantas, animales y hombres.

Eran el lugar de origen de la gente y a donde volvían cuando morían.

Protegían a los hombres y al ganado silvestre.

Debía rendírseles culto al construirse canales y caminos cerca a ellos.

Unifican los tres niveles del mundo, subterráneo, tierra y aire por donde circula el agua, allí se establece un axis mundi.

Reinhard (1987) sustenta la hipótesis de «la adoración de la montaña» para explicar el carácter sagrado de los principales centros ceremoniales del mundo andino, entre ellos: Chavín, Tiahuanaco, Moche y Pachacamac. En el caso de Pachacamac, los parientes de la divinidad eran adorados en las montañas; a ellos se les vinculaba con la fertilidad, la distribución de aguas (provenientes del Pariacaca) y el culto al agua. La relación existente entre la adoración de la montaña y el culto al líquido elemento habría dado origen a la edificación de construcciones ceremoniales en Pachacamac. La montaña-escalera como origen de las aguas y lugar de encuentro de los gobernantes Inca con las deidades estatales, es un tema recientemente abordado por Arana (1997).

Cuando los Incas conquistaron la Costa y Sierra Central del actual Perú, existían allí dos importantes centros ceremoniales dedicados a Pachacamac y Pariacaca, donde se realizaron cultos que se remontarían al Período Intermedio Temprano (200 a. C.- 600 d. C.), y posiblemente sea más antiguo pues el culto a los apus, que moran en los cerros, es uno de los conceptos religiosos elementales no sólo en los Andes sino también en otras latitudes. El Antiguo Testamento reporta la aparición de Yahvé a Moisés en el Monte Sinaí; en el Tíbet las montañas obedecen a una jerarquía y allí se desarrollan también peregrinaciones; los dioses griegos vivían en el Monte Olimpo. El culto a las divinidades que moran en los cerros, precedería a la expansión de los cultos monoteístas.

Durante el Período Intermedio Tardío el culto a Pariacaca fue más prestigioso que el de Pachacamac, la razón fue que los Yauyos desplazaron de las tierras altas a los yungas que vivían allí e impusieron a sus dioses. Pachacamac y Pariacaca serían los extremos de un vasto espacio sacralizado donde, entre otras actividades, se desarrollaba un complejo sistema de rituales. Las divinidades del mundo andino están emparentadas entre sí y obedecen a una jerarquía, que los hacen tener mayor o menor importancia.

Durante el gobierno de Huayna Capac (1490-1525) éste:

Quizo hablar con todo sus ydolos y guacas del rreyno. Dizen que nenguno de ellos no le quizo rreponder a la pregunta. Y ací le mandó matar y quebar a todos los ydolos. Dio por libre a los ydolos mayores Paria Caca y a Caruancho Uallallo; Paucar Colla, Puquina, Quichi Calla, Coro Puna, Saua Ciray, Pito Caray, Carua Raso, Ayza Vilca y el sol y la luna. Estos quedaron y los demas se quebró… (Guaman Poma [1606] 1987: 108).

Pariacaca es considerado por Guaman Poma una de los 12 principales «guacas» de los Andes. Es importante indicar que las tres primeras divinidades de la lista anterior eran de la región de Yauyos y que el Inca con relación a Pariacaca aparece en una posición de menor jerarquía (Murra et. al. 1988: 1325, nota 113). En otra cita, Guaman Poma (op. cit. p. 267) sostiene que Pariacaca era una de las 11 huacas mayores del Chinchaysuyo, a las cuales el Inca hacía muchos sacrificios. Pariacaca y Pachacamac son considerados las principales divinidades del Chinchaysuyo (Guaman Poma [1606] 1987: 258), estas divinidades aparecen estrechamente vinculadas en los mitos registrados por Ávila, ambos son hijos de Cuniraya. Sin embargo, la instrucción de Albornoz (Duviols 1984) refiere que el cerro Guallallo era la huaca principal de la provincia Inca de Yauyos y Guancas, mientras las huacas principales de los Atavillos eran Uravilca, Apallisca, Chuquimango, Yarovilca, Yanoyacolca, Nina Uinchos; las huacas de Ichma eran Pachacamac, Tantanamoc, Aysaculca, Rímac, Sulcovilca. Por su parte, Cieza de León ([1550] 1977: 105-108) no menciona a Pariacaca como una de las principales huacas del Perú.

Durante el Horizonte Tardío, los Incas propiciaron el culto a Punchao, el Sol, y a otras divinidades del panteón Inca, pero también emplearon a otras huacas para sus propósitos expansionistas, una de ellas fue Macahuisa, hijo de Pariacaca, quien ganó muchas tierras septentrionales para Tupac Yupanqui (Taylor 1987: 343-347), pues Pariacaca era muy venerado en el Chinchaysuyu. Esto incrementó la estima del Inca por el numen, aumentando sus sacerdotes de treinta a cincuenta (Taylor 1987: 285, 347). Respecto a los sacerdotes principales de los cuatro suyos, refiere Guaman Poma que en tiempos de Tupac Inca Yupanqui (1460-1490):

A éstos les lamaua uiza, layca camascacona. Éstos tenía en el tenplo del sol y otros muchos tenían en otros tenplos y uacas deste rreyno, como en Pariacaca, Caruancho Uallulo, Saua Ciray, Pito Ciray, Coropona, Suri Urco, Titicaca. (op. cit. p. 177)

Estos sacerdotes seguían en importancia a los sacerdotes del Sol y de Huanacauri, tenían grandes salarios (op. cit. p. 272).

La destrucción del Imperio de los Incas es anunciada por Pariacaca, que responde, mediante un sacerdote, a las preocupaciones de Huayna Capac, mientras las huacas menores son destruidas por callar; respondió Pariacaca que:

…ya no abía lugar de hablar ni gouernar por que los hombres que llaman Uira Cocha [los poderosos] abían de gouernar y traer un señor muy grande en su tiempo o después cin falta. (Guaman Poma [1606] 1987: 254).

El culto a Pariacaca en su adoratorio, durante su fiesta principal, implicó el uso de algunos materiales empleados durante los rituales, de los que tenemos información por el Manuscrito de Huarochirí:

a propósito de estos muertos [fardos funerarios] decían:

Los [transportaremos] mañana [a Pariacaca] para que él los reciba». Y aquella noche, les dejaban ofrendas de comida y de todo lo que prescribía [el ritual]. Entonces decían: «Ahora vamos a llevarlos a Pariacaca para siempre; nunca más volverán. Adoraban a Pariacaca sacrificándole una llama pequeña o, si no había llamas, coca que, metían en grandes bolsas de cuero (Ávila en Taylor 1987: 181).

Por considerarse a Pariacaca el lugar de origen de la gente, allí debían volver cuando morían; en el enfardelamiento o momificación de los cadáveres se expresa una doble y contradictoria tendencia, por un lado conservar intacto el cuerpo y por otro deshacerse de él (Malinowski 1982: 55).

En la Carta Annua de 1609, escrita antes de la destrucción del ídolo de Pariacaca, ocurrida en 1611, se informa que en el mes de abril:

Los q(ue) / tienen más deuoción. y quieren offrecer mayor. y más grato sacrificio. y han de offrecer llamas (q(ue) son carneros de la tierra)/ van a vna cueua muy grande q(ue) se llama chutinhuaque llevando alla sus muertos sobre carneros vestidos los hom-/bres con camiseta. manta. y llauto, y las mujeres con aczu. y lliclla aquella noche gastan en vela …y el día siguiente van/ al lugar donde han de sacrificar los cuyes. llamas, coca, y lo demas con muchas cerimonia…Aca-/bados los sacrificios de cuyes. y llamas se bueuen a la cueva de donde auian salido por la mañana. Y alli co-/men y duermen. y otro dia preua el Yañac [Sumo Sacerdote] la chicha . y Tecti…Y haze cierta seña. y con / esto le siguen todos. Y llegados a vn lugar señalado se confiesan con Pariakaka… ofrecen al idolo vnos mates de chicha.. y luego prosiguen su camino… y hacen composicion de lugar de q(ue) el mismo Pariakaka/sale al recebim(ien)to y se encuentra con ellos…los [oficales] nueuam(en)te electos se humillan a tres pedreçuelas q(ue) estan alli para esto…se acaba la fiesta en aquel lugar. Bueluen luego como auian ydo. y beuen . y da(n)çan hasta cumplidos los quinze / dias q(ue) ha de durar la fiesta… (Taylor 1987: 93).

La destrucción de una boca o boquerón situada en el Adoratorio de Pariacaca relatada por el jesuita Fabián de Ayala, en su carta del 3 de mayo de 1611, no debe entenderse como la destrucción del principal adoratorio de Pariacaca, sino la del más visible y accesible de ellos. Acompañados de 200 indios, los padres Ávila, Olmedo y Ayala llegaron en la mañana del 27 de abril:

… al pie del çerro o peñasco [Cerro San Cristóbal o Escalera] el qual es muy grande y de notable altura pero muy acomodado para poder subir a lo más alto del porque tenia una gradas hechas de piedras por donde subian los yndios a hazer su adoraçion y sacrificio en su fiesta y nosotros subimos por aquellas gradas no con mucha difficultad. A lo ultimo de la escalera estaua una boca que era el lugar donde echauan el tecgte chicha y sangre de animales y otras cosas que ofreçian y assi estaua todo este boqueron que no era muy hondo manchado y lleno de estas cosas. Mandole el doctor [Ávila] tapar a piedra y lodo… (Ayala en Duviols 1997: 645).

Duviols (1997: 649) sostiene que el boquerón era antiguamente un importante adoratorio de Pariacaca, próximo a su morada, pero que mientras no se hiciera una prospección arqueológica, un análisis etnohistórico y un estudio toponímico, no era lícito afirmar que el boquerón era el adoratorio mayor de Pariacaca.

La valiosa información proporcionada en la Carta Annua de 1609 y 1611, nos ha permitido identificar los lugares donde se desarrollaba el culto al Pariacaca en su adoratorio. La Carta Annua de 1609 menciona una cueva grande (Chutinhuaque), un lugar de sacrificios, un lugar señalado y tres piedras o pedrezuelas. La Carta Annua de 1611 menciona una boca o boquerón situado al final de una escalera empedrada, donde se realizaban los sacrificios y ofrendas.

Creemos que la «cueva muy grande» mencionada en la Carta Annua de 1609 es el abrigo rocoso La Escalera o Cuchimachay, porque es un lugar suficientemente espacioso para pasar la noche, prender velas, comer y beber, actividades a las que hace referencia dicha carta. Además, el topónimo Chutinhuaque está conformado por las palabras chutin y huaque, cuyos significados podrían ser:

Shutyi: nombre, en Jacaru, lengua emparentada con el Aymara y hablada en Yauyos (Belleza 1995).

Chutin: nombre, en Quechua (Lira 1944).

Ch’úti: adj. Desnudo, desvestido. Gente de baja ralea que logra subir socialmente cambiando la vestimenta y botando la antigua. En Quechua (Lira 1944).

Shuti: papa de color negro y rojo o rojo y blanco. En Jacaru (Belleza 1995).

Huaque: merecimiento. En Aymara (Bertonio 1612).

Haqqe tiy: cueva o concavidad en las peñas. En Aymara (Bertonio 1612).

Haqqe: peñasco. En Aymara (Bertonio 1612).

Waqi: precio, valor.

Aqhi: cueva, caverna.

De acuerdo a los dos vocabularios consultados, el topónimo Chutinhuaque podría tener los siguientes significados:

Nombre merecido o valorado.

Cueva con colores rojo, blanco o negro.

Cueva del cambio de vestimenta o estatus.

De estos tres posibles significados sólo el segundo nos podría corroborar que el abrigo rocoso La Escalera es el Chutinhuaque mencionado en la Carta Annua de 1609, en cuyo interior es posible apreciar pinturas de color rojo que representan camélidos preñados con el cuello extremadamente largo, la mayoría de ellos de perfil y orientados hacia el nevado Pariacaca. En 1968, Bonavia (1972) registró sistemáticamente estas pinturas, que tendrían por finalidad propiciar la fertilidad de los camélidos, pues la mayor parte de las representaciones de éstos se encuentran orientados hacia el Pariacaca. Sostiene Bonavia (1972: 136-37) que este arte pictórico es mágico-religioso y que por su ubicación, a los pies del Pariacaca, es posible vincularlo con los cultos ganaderos y a las cumbres nevadas, por el estilo es posible que sean tardías. Posteriormente Farfán y Negro (1982-83) registran las pinturas rupestres del abrigo rocoso, realizando excavaciones y concluyendo que fueron elaboradas en diversos períodos, posiblemente desde el Período Precerámico (10,000 a. C. - 1,800 a. C.); la cerámica registrada en las excavaciones dataría desde el Período Intermedio Temprano (200 a. C. - 600 d. C.), esto indicaría la larga secuencia de ocupación que ha tenido este abrigo rocoso, pero no la ubicación cronológica de las pinturas que corresponden a un solo estilo. En los alrededores del abrigo rocoso se pueden apreciar rocas talladas, que reproducen los dos picos del Pariacaca, lo que reafirma su vinculación. Tenemos referencia de otra cueva en la zona, cuyo acceso tiene forma trapezoidal (Joe Castro, comunicación personal 1998), la cual no hemos explorado.

Utilizando el Manuscrito de Huarochirí, pero sin especificar las páginas, Bonavia (op. cit. p. 137-138) une dos párrafos, alejados entre sí, y se pregunta si Cuchimachay es la morada de Pariacaca, contesta que es imposible saberlo; el artificio que emplea no es correcto, el segundo párrafo se refiere al culto a Llocllayhuancu (Arguedas 1966: 123) y no a Pariacaca, el artificio y la conjetura inferida son incorrectos.

El lugar de sacrificios, donde se ofrendaba principalmente sangre de animales (cuyes y llamas), coca, tecgte y chicha, era el boquerón o boca, que estaba manchado y lleno de estas cosas. Boquerón significa «abertura grande» (Diccionario de la Lengua Castellana 1791: 151), también se refiere a represamientos naturales de agua, albuferas, aberturas o deltas de ríos (Juan Gunther, comunicación personal 1998). Por otro lado, boquera significa «boca, o puerta artificial de piedra, que se hace en el caz, o cauce de agua para regar las tierras». Boca o boquerón puede referirse a una cavidad en el terreno pero también a una cueva, elegimos la primera posibilidad y explicaremos la razón, al final de la Escalera se encuentra una explanada junto a una gran roca, que en época de lluvias se aniega, pues presenta una cavidad en el terreno, se trata del boquerón descrito en la carta de Fabián de Ayala . La Carta Annua de 1611 no menciona que la boca o boquerón era el principal Adoratorio de Pariacaca.

El «lugar señalado» podría tratarse de la superficie llana situada en la prominencia rocosa, desde la cual se domina el boquerón, en esta explanada, que es cruzada por el camino Inca, se halla un conjunto de rocas talladas que reproducen la forma de los cerros San Cristóbal y Pariacaca. Este lugar está marcado por dichas rocas y es el tramo del camino que más destaca luego de ascender La Escalera.

Las «tres piedras o pedrezuelas», donde se humillan los oficiantes electos, pueden ser las rocas talladas situadas en la explanada, o un sector del Adoratorio de Pariacaca aún inexplorado.

Veamos algunas características del culto a Pariacaca, instaurado por él mismo (Taylor 1987: 169-191). En tiempos prehispánicos al Adora-torio de Pariacaca peregrinaban los hombres de todas partes:

…venían, con su ticti (potaje de comida), con su coca, con todas las cosas que debían ofrendarse durante la adoración, llegaban hasta el mismo Pariacaca (la montaña) (Arguedas 1966: 71).

Otra información acerca de las ofrendas al Pariacaca refiere que:

Y los yndios Yauyos al ydolo de Paria Caca sacrificauan con chicha y mollo [concha] y uaccri zanco [pan remojado en sangre] y comidas y conejos. (Guaman Poma [1606] 1987: 258).

Guaman Poma menciona además otras ofrendas comunes a las huacas del Chinchaysuyo: criaturas de cinco años con ropas de algodón de colores, oro, plata, comida, vajillas, coca, fruta y chicha. En la ilustración 266 (op. cit. p. 259) que acompaña su descripción se aprecia a dos personajes importantes, hombre y mujer, que ofrendan hacia una cueva situada en lugar elevado, al interior de ella se encuentra un fardo funerario o mallqui; una fogata prendida se halla al pie de la cueva, mientras el hombre ofrece a un niño, la mujer en espera tiene en sus manos un plato de comida o mullu.

Dávila Brizeño ([1586] 1965: 15) expropió a los adoradores de Pariacaca 400 camélidos y 14 vasos de plata; el Manuscrito de Huarochirí (Taylor 1987: 281) también menciona objetos de plata y ropa, que fueron robados por los españoles a los treinta sacerdotes de Pariacaca.

Respecto a la ubicación del Adoratorio de Wallallo Carhuancho, refiere Dávila Brizeño (1965: 161) que su ídolo se hallaba en el lago que está al pie del nevado Pariacaca; de hecho existen varias lagunas que tienen esta característica, entre ellas La Escalera y Piticocha, esta última es conformada por tres lagunas alargadas situadas exactamente al pie del nevado Pariacaca. En el Manuscrito de Huarochirí se indica que la morada de Wallallo se encontraba en el territorio de Mullococha o que residía en el Pariacaca de Arriba (Taylor 1987: 145).

El camino Inca, en la cuenca alta del río Cañete, no es sólo para transitar, es parte de un sendero ceremonial que une a dos importantes centros de peregrinación, Pachacamac y Pariacaca, y recorre un vasto espacio sacralizado; así se explica por qué el Camino Inca en la cuenca alta del Mantaro, luego de trasponer el Adoratorio de Pariacaca, no tenga las impresionantes características que en la del Cañete, pues los Xauxa veneraban a Wallallo y los Yauyos a Pariacaca (Duviols 1984: 208); se trata de dos espacios sacralizados distintos.

LA GEOGRAFÍA SACRALIZADA

Trataremos de ubicar y entender los lugares donde se desarrollan los mitos registrados en el Manuscrito de Huarochirí, especialmente los conflictos entre Wallallo y Pariacaca y sus hermanos. El conocimiento de los criterios utilizados para sacralizar algunos accidentes geográficos y otros no, permitirá entender algunos aspectos de las religiones andinas. Los lugares donde se desarrollan los conflictos entre Wallallo y los Pariacaca son Laguna Mullococha, Ocsapata, Caquiyoca y Pumarauca (Taylor 1987).

Uno de los accidentes geográficos sacralizados, en la cuenca alta del río Cañete, es una formación rocosa ubicada en una explanada al inicio del ascenso a Las Escaleras. La forma sinuosa de esta alargada roca y la cabeza de forma triangular que apunta hacia la laguna La Escalera, permiten sostener que se trata de la misma beta que describe Albornoz:

… en todas las lagunas antes que llegan a Las Escaleras, y es que naturaleza en aquellas peñas, en la traviesa dellas que recorre el camino real de una legua a otra, crió una beta de mármol blanco de longitud larga. Y los naturales a ella creen y dizen que, cuando los españoles entraron en estos reinos, salió de la una laguna la culebra llamada amaro para irse a la otra y con la nueva se enfrió y se tornó piedra. Tiene señal de culebra, porque yo la e visto. Todas las provincias alrededor de ella la mochan, cuando pasan por allí, con mucha reverencia. (Albornoz en Duviols 1984: 201-202).

La misma serpiente es mencionada también en el Manuscrito de Huarochirí, Wallallo arroja una serpiente de dos cabezas, el Amaru, contra Pariacaca, a quien hincó en el lomo con un bastón de oro y:

El Amaru se enfrió y se convirtió en piedra. Este Amarú helado se puede ver claramente, hasta ahora, en el camino que va por Caquiyoca, en las alturas. Y los hombres del Cuzco o de cualquier otro sitio que saben, que tiene conocimientos, rascan el cuerpo de este Amaru con alguna piedra y sacan polvo de ella para emplearlo como remedio. «No caeré en la enfermedad», dicen. (Arguedas 1966: 97-99).

La aparición del Amaru está vinculada a fenómenos de transición, de encuentro o límites (Molinié 1987: 265-268), su recorrido de una laguna a otra puede interpretarse como un arco iris, entidad asociada a la noción, temporal y espacial, de frontera. El Inca logró incrementar sus dominios territoriales mediante el juego de machacuay, donde se empleaba una serpiente de lana, machacuay es también la denominación que recibe el Amaru (Albornoz en Duviols 1984: 201). En nuestro caso la presencia del mítico ofidio volador indica la transición del predominio del culto a Wallallo al de Pariacaca.

La presencia de rocas talladas que reproducen, a escala, la cumbre de los cerros o porciones de geografía sacralizada en toda la cuenca alta del río Cañete, es registrada en la traducción de Arguedas del Manuscrito de Huarochirí, pero es omitida en la de Taylor:

Todo cuanto hemos relatado de la adoración a Pariacaca en los cerros, comenzó desde la llegada o aparición de los Huiracochas (españoles) pues, desde entonces [los cerros] simularon ser algo como piedras; antes de ellos, todos los hombres de todas partes iban hasta el mismo Pariacaca (Arguedas 1966: 69).

 

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Foto 6.- Idolo de roca, observar quue reproduce la forma de los cerros situados al fondo. Foto: Manuel Raéz


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Foto N° 7. Idolo de roca, al fondo el imponente Pariacaca. Foto: EDITUR S.A.


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Foto 8.- Idolo de roca, observar el detalle del trabajo en roca. Foto: EDITUR S.A.

 

Este párrafo es de gran importancia, pues durante nuestra segunda exploración registramos este tipo de rocas labradas que representan los cerros circundantes, que anteriormente hemos descrito e ilustrado (Ver fotos N° 6, 7 y 8). Este culto es preinca y se encuentra bastante extendido en la cuenca alta del Cañete. Duviols, luego de consultar la traducción de Taylor, pero no la de Arguedas, refiriéndose a las riquezas de Pariacaca sostiene que:

…ignoramos en qué lugar y en qué edificio se guardaban antiguamente. En cuanto a los eventuales adoratorios al aire libre tampoco encontramos datos en la relación. Duviols (1997: 644)

Duviols esperaba encontrar alguna cita referente a los adoratorios al aire libre, pero no eligió la traducción correcta. Estas rocas labradas que reproducen la forma de las montañas a menor escala no se encuentran solamente en la región que exploramos, veamos otros casos. En la ilustración 261 que presenta Guaman Poma (op. cit. p. 253) aparece el Inca hablando con un grupo de huacas locales, representadas en conjunto y formando un círculo, en menor tamaño que él, mientras el ídolo de Huanacauri observa desde lo alto del cerro; en la ilustración 268 (op. cit. p. 261) se aprecian los ídolos de Saua Ciray y Pitu Ciray, situados en lo alto de cerros, son representados como las cumbres alargadas. En el norte de Macchu Picchu, Binghan (En Hyslop 1990: 110-111, 317) registra una roca que reproduce la forma de un cerro ubicado en el horizonte; también allí Reinhard (1991: Figs. 21 y 25) ha registrado que el Intihuatana representa en forma abstracta la forma de la montaña Huayna Picchu y que la denominada Roca Sagrada reproduce las formas de las montañas Yanantin y Pumasillo.

Eliade (1974: 36) sostiene que las rocas son veneradas por su forma, tamaño o implicancias rituales, pero principalmente porque incorporan o revelan algo distinto de su condición normal de rocas. Las rocas sagradas participan de un simbolismo, en nuestro caso de los mitos recopilados en el Manuscrito de Huarochirí, conferido por un rito de consagración o adquirido por la inserción de las rocas en una región saturada de sacralidad, o por estar integradas a una región sagrada, en este caso la cuenca alta del río Cañete donde se desarrollan los mitos, o por ser consideradas la representación de una deidad. La cordillera del Pariacaca es considerada por Dávila Brizeño (1965: 156-157) el origen de los ríos Cañete, Mala, Lurín, Rímac y Mantaro, esta característica le confiere una connotación sagrada a dicha cordillera, morada de las entidades que regulan los fenómenos meteorológicos y el agua, de decidida influencia en la fertilidad de las plantas, animales y hombres.

Es probable que durante el Horizonte Medio, en la cuenca alta del río Cañete, la divinidad principal haya sido Wallallo Carhuancho, luego del conflicto con Pariacaca y sus hermanos, posiblemente a inicios del Período Intermedio Tardío, Wallallo es desplazado por Pariacaca y sus seguidores, pero la zona continuó siendo sagrada debido a la hierofanía primordial que la seleccionó como tal; incluso ambas divinidades son identificadas con el rayo y son parcialmente contemporáneas (Taylor 1987; Tello y Miranda 1923: 517), Dávila Brizeño (1965: 161) refiere que Pariacaca es denominado también Yaro. Respecto al significado del nombre de la deidad, los términos Paria (rojiza) y caca (montaña), hacen referencia a la montaña rojiza, otras acepciones de caca son foráneo o contribuyente (Zuidema 1986: 20) y podrían indicar el carácter foráneo de Pariacaca con relación a Wallallo. En un tercer momento, durante el Horizonte Tardío (1460-1532), el culto a Pariacaca coexiste con el culto al Sol (Punchao) y Pachacamac (Cf. Juan Sebastián en Polia 1996: 213). Eliade (1974: 49-50) explica esta permanencia de lo sagrado en momentos distintos, como revalorizaciones de hierofanías sagradas, considera que la historia de las religiones es en gran parte la historia de las desvalorizaciones y revalorizaciones del proceso de manifestación de lo sagrado. La relación entre los antepasados míticos y las rocas en Australia es explicada por Durkheim (1974: 289) como un fenómeno de contagio psíquico, dichas rocas se encuentran sólo alrededor de lugares sagrados.

Se ha planteado que, sobre la base de la identificación de algunos topónimos mencionados en el Manuscrito, es posible identificar los lugares que han sido escenarios de los mitos, con esto:

Se demostraría, pues, que el área de las escaleras ha sido efectivamente el centro del mundo mágico-religioso indígena de esa área y que, quizá, no fue por azar que los incas decidieron pasar por allí su camino… (Bonavia et al. 1984: 13)

La identificación de los lugares donde se desarrollaron los mitos registrados en el Manuscrito de Huarochirí no es suficiente para demostrar que Las Escaleras o la cuenca alta del río Cañete son el centro mágico-religioso de la región. Es necesario demostrar con mejores argumentos y evidencias la hipótesis de Bonavia, explicar por qué estos lugares son sagrados y por qué otros mencionados en el Manuscrito no lo son, entender las características que poseen, distintas a su condición normal, y en qué simbolismo participan al integrar una región sagrada.

La laguna Mullococha tiene más de dos kilómetros de largo, un islote destaca en su interior (Ver Foto N° 1), se encuentra rodeada de cerros y rocas talladas que reproducen las cumbres de los cerros circundantes, es una de las lagunas que dan origen al río Cañete, su topónimo alude a las ofrendas de mullu que recibían Wallallo y Pariacaca; una característica saltante es el islote que presenta, de todas las lagunas de la zona es la única que presenta esta característica, otras lagunas con islotes de los Andes también son consideradas sagradas, por ejemplo, el Titicaca y Rey Inca (Las Huaringas, Piura), y lo son porque constituyen una representación física del mundo, tal como los andinos lo entienden, el islote es la tierra rodeada de aguas; al respecto existe una referencia en el Manuscrito de Huarochirí donde se señala que:

Los ingas creían que los límites de la tierra se encontraban en Titicaca y, por la parte del mar, en [las tierras de] los pachacamac; mas allá no había otras tierras; ya no había más nada. (Taylor 1987: 331)

Ocsapata u Ocsa, puede tratarse de Ocsha (Bonavia et al.1984: 12-13), que no es sólo un cerro sino que integra la divisoria de aguas entre los ríos Mala y Cañete, expresa un simbolismo de frontera, es un lugar de encuentro y de donde se originan parte de estos ríos; estas dos características le confieren una connotación sagrada a Ocsha. A Caquiyoca ya nos hemos referido cuando tratamos del Amaru petrificado al pie de la laguna La Escalera. A semejanza de Ocsha, Pumarauca, donde Pariacaca y Wallallo tienen la última pelea, integra la divisoria de aguas entre los ríos Mantaro y Cañete, además es la divisoria continental entre el Atlántico y el Pacífico, frontera y origen de ríos son las características que le otorgan una connotación sagrada.

LOS GRUPOS ÉTNICOS QUE RENDÍAN CULTO A PARIACACA

Al Adoratorio de Pariacaca, por ser un lugar sacralizado, peregrinaban, tributaban y ofrendaban diversos grupos étnicos, locales y foráneos. Era tal su importancia que los señoríos de la costa y sierra de Lima suspendían sus conflictos durante la celebración de estas fiestas religiosas y se acordaba una tregua para venerar al Pariacaca (Rostworowski 1978).

Los Yauyos eran un grupo étnico estrechamente vinculado al Pariacaca (Rostworowski l972, 1978), inicialmente habitaron en el valle alto de Cañete y luego se desplazaron a lo largo de la divisoria continental de Lima, expulsando a grupos étnicos locales y sus divinidades, entre ellos: Colli, Huanri, Sutca, Rímac, Checa e Ychma. Los Yauyos eran muy aguerridos y sostuvieron luchas con todos sus vecinos, venciéndolos y apoderándose de sus tierras, eran integrados por los Chaclla (habitaban las partes altas del Rímac y Lurín), Carampoma, Picoy, Yaucha; la incursión de estos

grupos a los valles del Rímac, Lurín y Chillón, hizo declinar el prestigio de Pachacamac, permitiendo el control serrano y una mayor presión sobre la costa.

Los yungas de Lima peregrinaban al Adoratorio de Pariacaca, llevando ofrendas rituales, el Manuscrito menciona los siguientes grupos: Colli (Collique), Carhuayllo (Carabayllo), Ruricancho (Lurigancho), Lati (Ate), Huancho-huaylla (Huanchihuaylla), Pariacha (Pariachi), Yañac (Ñaña), Chichima, Mama, Sacicaya (Sici-caya), Pachacamac, Caringa, Chilca, Huarochirí, Carango (Taylor 1987: 189-191). Fuera de la región de Lima, Pariacaca también era venerado: «Nuestro padre Pariacaca, en todos los confines del Chinchaysuyo tiene hombres a su disposición. ¿Cómo podría ser él abandonado?» (Taylor 1987: 279).

Los topóminos Pariacaca o Pariagaga también han sido registrados en otras regiones como Huancabamba, en Piura; Carhuas, Uco y Poma-bamba, en Ancash; Dos de Mayo, en Huánuco (Paz Soldán 1877; Stiglich 1992).

En Huancabamba, Ramírez (1966: 31-34) ha registrado de modo análogo al conflicto entre Pariacaca y Wallallo, un mito que tiene por antagonistas a dos cerros, Pariacaca y Guitiligun, el primero está relacionado con el fuego y el calor, además es rojizo, forastero y vino caminando, el segundo está relacionado con el frío y el agua (Camino 1992: 104-110). El Pariacaca guarda «encantado» al pueblo Inca de Huancabamba, mientras el Guitiligun mantiene cautivo al Rey Blanco y sus soldados españoles, que se enfrentaron y dieron muerte al Inca. En el mito registrado por Ramírez, destaca la estrecha relación entre el Pariacaca de Huancabamba y los Incas, además de la preferencia por el color rojo, recordemos que una de las principales ofrendas a Pariacaca era el rojizo mullu.

Esta coincidencia de mitos y cerros, la distribución de topónimos en el Chinchaysuyo, la referencia del Manuscrito de Huarochirí anteriormente citada y las hazañas de Macahuisa en el norte, nos permiten plantear la hipótesis de que el culto a Pariacaca no era sólo un culto local en la Sierra de Lima, sino que era un culto regional de carácter expansivo, cuyo adoratorio principal se hallaba en la Cordillera del Pariacaca y los adoratorios secundarios se encontraban en otras regiones del Chincaysuyo. El culto a Pariacaca sería semejante al de Pachacamac (Burger 1989; Rostworowski 1992) y, al igual que éste, los Inca lo utilizaron para anexar otros pueblos del Chinchaysuyo, siendo por ello el apu muy estimado por ellos al constituir un waca aliado del Estado Inca.

AGRADECIMIENTOS:

Mi agradecimiento a Carlos Farfán, quien nos motivó a viajar al nevado y a escribir este artículo a raíz de una conferencia que ofrecimos en 1997. A los alumnos de San Marcos y Villarreal que participaron en la primera exploración: Victoria Aranguren, Julio Orellana, Jhony Apcho, Jack Chavez, Mónica Suarez, Carlos Montezuma, Manuel Perales y Anderson Chamorro. A quienes participaron en la segunda exploración: Susana Aldana, Manuel Raez, Alex Diez y Bedford Betalleluz Meneses. A Joe Castro, con quien intercambiamos muchas opiniones y fotocopias. A Carolina, que mecanografió parte del texto y a Cristian, que dibujó las láminas. Finalmente agradezco a los investigadores interesados en el culto a los apus Johan Reinhard, Lupe Camino y Sabino Arroyo, de quienes recibí valiosas sugerencias y comentarios.

 

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