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ALMA MATER
© UNMSM. Fondo Editorial

ISSN versión electrónica 1609-9036

 

Alma Mater Nº 16, 1999

Tabla de contenido


El impacto de Ricardo Palma en
América Latina
(*)

Estuardo Núñez

La "tradición" es el apelativo asignado a una forma de narración difícil de definir por las modalidades varias que adopta en los diversos países y aun dentro de la propia obra de un mismo autor. Gravita entre la leyenda y la anécdota histórica, entre los histórico y lo literario y se construye con un tanto de ficción y otro tanto de cultura histórica pero episódica, tomada de libros, documentos antiguos o de la tradición oral. Podríamos intentar la definición aproximada enunciando que es narración corta, evocativa de tiempos pasados, tomada de fuentes escritas u orales pero aderezada con elementos de ficción, de costumbres, con ingenio y gracia.

La "tradición" no es propiamente un género ni menos "un género nuevo". Es nada más y nada menos que una especie del género narrativo llamado cuento o de su variedad conocida como "cuento histórico"; fue contribución importante del romanticismo. Su característica más saltante es la retrospección al pasado, buscado como cimiento para construir la ficción, aunque también es peculiar que la acción se desarrolle en un ambiente local americano.

Para nuestros narradores del siglo XIX pareció sin duda insuficiente la denominación de "cuento histórico" y la prueba de ello es el usual subtítulo que evita este apelativo y que consigna, en afán de búsqueda de algo más original, más afín a la índole americana del relato y a su especial técnica narrativa, denominaciones distintas y diversas. Ricardo Palma, por ejemplo, utilizó antes de encontrar la expresión adecuada para sus relatos (o sea la voz "tradición") apelativos tales como "cuento nacional", "romance histórico", "romance nacional", "cuento de viejas", "cuadro tradicional", "cuento disparatado", "cuento de abuela", "crónica", etc. Sólo después de más de una década de búsqueda de la denominación más adecuada, adoptó definitivamente el apelativo "tradición". La misma actitud de evitar el uso de "cuento histórico" (aunque sus relatos lo sean en el fondo) se advierte en sus discípulos, quienes usan "historia tradicional" (Celso V. Torres), "leyenda tradicional" (F. Flores y Galindo), "leyenda histórica" (Clorinda Matto), "crónica peruana" (Aníbal Gálvez), "cuentecillo tradicional" (Nicanor Augusto Gonzáles), etc.

Pero a la larga se impuso "tradición" como apelativo para nombrar esa especial forma de narrar que Palma había caracterizado con su indudable talento literario. Sirvió sin duda para en-globar todas las diversas denominaciones utilizadas para relatos de la misma índole. La "tradición" resulta así una forma de contar, transcri-biendo lo que las gentes se cuentan o pasan de boca en boca y, en parte, como dice el Diccionario de la Real Academia Española, "la comunicación o trasmisión de noticias, composiciones literarias, costumbres, hecha de padres a hijos al correr de los tiempos" o, también, la "noticia de un hecho antiguo trasmitido de ese modo". Y por derivación, el mismo Diccionario apunta que "tradicionista" es "el narrador, escritor o colector de tradiciones".

Mas el Diccionario en mención omite la entrada del vocablo "tradición" en la acepción de especie, género o forma literaria. Tampoco existe esta acepción en otros diccionarios especializados en materia literaria ni en los de americanismos. No obstante esta ausencia de registro tan legítimo de aquella voz, la especie literaria así denominada ha proliferado extensamente en el Perú y en casi toda Hispanoamérica. Se anota también la ausencia de estudios específicos sobre este fenómeno literario de tan nutrida producción, con exponentes de calidad estimable. Tan importante producto espiritual merecería capítulos especiales de la historia literaria tanto del Perú como de otros países (Chile, Argentina, Guatemala, México, etc.) en donde ha tenido fortuna y merecido intenso cultivo y difusión en extensos círculos de lectores.

La "tradición", tal como la definió el propio Ricardo Palma, es una mezcla de historia y ficción. Pero habrá que agregar que, aparte de esos elementos fundamentales, por añadidura se encuentran en ella otros ingredientes: los giros de lenguaje local o antañón, la copla popular, los decires y refranes del pueblo, el cuadro costumbrista, los vocablos de significación especial, el efecto escénico (de procedencia dramática). Estos ingredientes complementarios entran en proporciones diversas y unos u otros son a veces dominantes o a veces también atenuados o inexistentes.

Sobre las características formales de la "tradición", Palma agregaba: "Estilo ligero, frase redondeada, sobriedad en las descripciones, rapidez en el relato, presentación de personajes y caracteres en un rasgo de pluma, diálogo sencillo a la par que animado, novela en miniatura, novela homeopática, por decirlo así, eso es lo que en mi concepto, ha de ser la "tradición"1.

De tal suerte, la "tradición" resulta una peculiar muestra de elementos diacrónicos (situados en el tiempo) y sincrónicos (fuera del tiempo). Temporalmente, la acción se sitúa siempre en pasado mediato o inmediato. Especialmente, la acción se desarrolla en un escenario propio del país, o sea un lugar determinado de Hispanoamérica.

En la "tradición" los escritores románticos encontraron asidero para reflejar un anhelo de síntesis de un pasado reconstruido un tanto a su imagen y semejanza y también el deseo popular de volcarse en el placer imaginativo e informativo de un mundo americano que le había pertenecido.

Es evidente que la popularización de la cultura en el siglo XIX determina cierto regusto general por el conocimiento histórico, por las cosas tal como fueron o como se las imagina el pueblo y no estrictamente por la información erudita sino por las reconstrucciones animadas y amenas, aunque no fuesen rigurosamente auténticas. Al poner el pasado al alcance de las masas, los románticos sentían cumplir un compromiso con su público lector. Había pasado ya el auge de la tragedia o de la epopeya, encumbradas en las abstracciones y entelequias alegóricas e infatuadas. Se explica así el buen éxito popular de la narrativa volcada en las formas de novela y cuento, y sobre todo, en sus modalidades históricas.

No cabe duda que la tradición cumplió un papel importante dentro del proceso de la literatura hispanoamericana en el siglo XIX. Contribuyó a perfilar una personalidad nacional, a definir parcialmente el ser y el acontecer americano en la literatura, a superar las tendencias imitativas de los modelos europeos, a popularizar la literatura. Esta forma narrativa constituyó el primer intento de definir el carácter regional, de recoger las características históricas y geográficas de determinados países. Aun con sus limitaciones, señala el surgimiento de una literatura propiamente hispanoamericana.

Ricardo Palma contribuyó considerablemente a la expansión de la especie "tradición" por todo el ámbito hispanoamericano, ya sea con sus contactos durante su estada en Chile (en 1860 a 1862), ya sea mediante la nutrida correspondencia mantenida con autores coetáneos en todas las latitudes del continente, ya sea con sus relaciones con escritores americanos de su época avecindados en Lima (como el venezolano Juan Vicente Camacho2, la argentina Juana Manuela Gorriti, el boliviano Julio Lucas Jaimes, el ecuatoriano Nicolás Augusto González, todos cultivadores de la "tradición") y por último gracias a la multiplicación de las ediciones de sus propias "tradiciones" que se difundieron a nivel continental en la segunda mitad del XIX, a partir de 1872.

Por los años 70 la fama de Palma se había extendido por todos los ámbitos de América, llevando prendida la inquietud por cultivar la especie "tradición". Varias publicaciones periódicas peruanas y especialmente El Correo del Perú (revista aparecida entre 1871-1878) recogen en sus páginas nutrida colaboración de "tradicionistas" no sólo del Perú sino también de otras regiones de América. Florecía ya la "tradición" no sólo en Chile sino también en Argentina, en México, en Guatemala.

Una enumeración de autores y de obras (aun siendo incompleta) demostrará por sí sola la expansión de la corriente "tradicionista" en todas las latitudes americanas y el impacto que produjo Palma entre sus coetáneos del continente y entre las generaciones posteriores.

En Chile produjeron "tradiciones" Miguel Luis Amunátegui (Narraciones históricas); Enrique del Solar, 1844-1893, (Leyendas y tradiciones); Aurelio Díaz Meza (Leyendas y episodios chilenos); Manuel Concha, 1834-1891 (Tradiciones serenenses, Santiago, 1883); Clodomiro Concha, también de la Serena; Benjamín Vicuña Mackenna, Carlos María Sayago, 1840-1926, de Copiapó; Hermelo Arabena Williams (Tradiciones chilenas); Vicente Pérez Rosales (Recuerdos del pasado); Justo Abel Rosales; Salvador Soto Rojas (Crónicas chilenas); Joaquín Díaz Garcés, s. "El Peregrino"; Daniel Riquelme; Augusto Orrego Luco, 1848-1933; Valentín Murillo; Julio Bañados, Manuel Amunátegui y Domingo Amunétegui Solar, 1860-1946.

En México los nombres de "tradicionistas" son también numerosos: José María Roa Bárcena (Leyendas mexicanas, 1862); Vicente Riva Palacio, 1832-1896 (Los Cuentos del General, Madrid, 1896); Luis González Obregón (México viejo, México anécdotico, Vetusteces, etc.); Heriberto Frías (Leyendas históricas mexicanas); José Jesús Díaz, Juan Díaz Covarrubias, Artemio del Valle Arispe (Tradiciones y leyendas mexicanas, Cuentos del México Antiguo, etc.).

En Guatemala, otro país de gran legado histórico, surgieron también "tradicionistas" como Manuel Diéguez, Fermín Aycinena (Relatos tradicionales); Agustín Mancós (Tradiciones de la Antigua Guatemala); Antonio Batres Jaúregui (Memorias de antaño, New York, 1896).

En Argentina destacan los nombres de los "tradicionistas" siguientes: Justo Pastor Obligado, 1841-1924 (con 10 series de Tradiciones argentinas); Bernardo Frías (Tradiciones históricas de Salta); Escandón Lassaga, Pedro M. Obligado, Florencio Escardó.

En Uruguay pueden mencionarse a Isidoro Demaría (Tradiciones y recuerdos del Montevideo Antiguo) y a Víctor Arreguine (Narraciones nacionales).

En Ecuador debe mencionarse a Gabriel Gangotena Jijón (de Quito); Nicanor Augusto González (de Guayaquil) y Modesto Chávez Franco.

En Bolivia figuran Julio Lucas Jaimes 1840-1914, (Cuentos tracionales), Nataniel Aguirre, 1843-1888; José R. Gutiérrez, autor de tradiciones paceñas y Abel Alarcón de tradiciones potosinas.

En Colombia se aprecia el desarrollo del "tradicionismo" con Luis Capella Toledo (Tradiciones bogotanas), Enrique Otero D'Acosta (Leyendas).

En Venezuela destacan Juan Vicente Camacho (Tradiciones y relatos), Eduardo Blanco, Arístides Rojas (Las Leyendas históricas de Venezuela, 1890). Carlos Pereira, Andrés A. Silva.

En Cuba surgió un principal representante de esta tendencia: Alvaro de la Iglesia (Tradiciones cubanas).

Y aun en Puerto Rico puede anotarse un foco importante de "tradicionismo" con Cayetano Coll y Toste, 1850-1930, (Leyendas y tradiciones portorriqueñas, 3 vols. 1924 y 1925); Manuel Fernández Juncos, 1846-1928, (Costumbres y tradiciones, 1883).

Una investigación más profunda en cada país, podría revelar nuevos nombres y salvar del olvido obras importantes en esta materia. Tan considerable caudal de producción merece un estudio detenido y amplio para dar lugar a un capítulo nutrido y revelador de la literatura hispanoamericana que todavía no se ha escrito.

NOTAS

1 Ricardo PALMA, Tradiciones peruanas completas, Madrid, Ed. Aguilar, 1964, p. 1474; y Epistolario, tomo I, Lima, Ed. Cultura Antártica, 1957
2 Cfr. Juan Vicente CAMACHO, Tradiciones y relatos, (Estudio biográfico, crítica y recopilación por Estuardo Núñez), Caracas, Biblioteca popular venezolana, Ministerio de Educación, 1962, p. 73.

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* Ponencia para el XVII Congreso del Instituto Internacional de Literatura Iberoamericana, 1980.

 

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